El avión común habita en los nidos de barro que construye en los aleros de los tejados

El avión es de la familia de la golondrina común y muchas veces se confunde con ella. Aunque es de origen rupícola, hoy en día, tiene sus colonias en los edificios de las ciudades y pueblos. Es un ave de pequeño tamaño, muy cantarina, negra por arriba y blanca por debajo, de obispillo blanco, de alas largas y puntiagudas, cola ahorquillada y patas cortas cubiertas de finas plumas blancas.

El avión común está dentro del grupo de las tres insectívoras estivales que cubren nuestros cielos en primavera y verano; es el grupo de los vencejos, los aviones y las golondrinas. Las tres aves son migradoras que pasan el invierno en África.

El avión común elije para anidar los aleros de los edificios que se sitúan en las ciudades y pueblos, como se puede ver en dos de las fotos. Concretamente, se trata del pueblo alavés de Espejo, que forma parte del Ayuntamiento de Valdegobia, muy cerca del parque natural de Valderejo, en Álava.  En ellos construye afanosamente un nido de barro completamente cerrado excepto por un agujerito por el cual entra y sale para alimentar a las crías. Vive en colonias en las que se sienten seguros, ya que en grupo pueden plantar cara a los depredadores que asedian sus nidos, principalmente el cernícalo común y la grajilla.

Pero también los aviones tienen que hacer frente a otros problemas, como la falta de barro en las ciudades y pueblos para construir sus nidos, además de su destrucción, desgraciadamente, por el ser humano, e incluso por parte de algunos ayuntamientos para “limpiar” algunas fachadas. A pesar de que la ley protege a estas aves.

La península Ibérica es el lugar de Europa con mayor número de parejas de aviones. Los aviones funcionan como insecticidas biológicos comiendo toneladas de insectos voladores (principalmente moscas y mosquitos) al año. Por lo tanto, les tenemos que estar muy agradecidos.

Avión común. Delichon urbicum. Enara azpizuri.

Fotos sacadas en el pueblo alavés de Espejo (Ayuntamiento de Valdegobia). Marzo 2017.

 

Cambio climático y aves migratorias

2 golondrinas en un cable baja

Golondrinas en Espejo, Ayuntamiento de Valdegobia (Alava).

Van llegando las aves migratorias cumpliendo con un fenómeno ancestral. Así, millones de aves en todo el mundo realizan un viaje de los llamados cuarteles de invierno, en el sur, en África, donde permanecen por disponer de un clima más benigno en la estación más fría del año a otras zonas donde se reproducen. Ahora, en Euskadi, ya están entre nosotros las golondrinas, la abubilla, el colirrojo tizón, el vencejo, el pardillo común, etcétera. Y más adentrada la primavera llegarán otras aves, entre ellas, el abejaruco, tan bonito por sus colores, al que tanto le gusta la miel, pero que no es ningún problema para nuestras abejas y colmenas, cuyos enemigos principales son el cambio climático, los plaguicidas y la avispa asiática. Una excepción a esta regla la marca la cigüeña, especie en la que, desde los años 80, si se ha observado un adelanto de un mes en su llegada. Ya no llega el día 3 de febrero, San Blas, sino en enero, o incluso diciembre. Además, desde mediados de los años 80 se viene detectando un número mayor cada vez mayor de cigüeñas que pasan todo el invierno en distintas zonas de la península Ibérica, entre ellas en el País Vasco, y donde encuentran una fuente continua e inagotable de alimento en algunos de nuestros vertederos.

Pero, de hecho, las cosas están cambiando, y rápidamente. Los científicos están constatando variaciones sensibles en la fenología -la ciencia que estudia la relación entre los ciclos biológicos de los seres vivos y los factores climáticos- de muchas especies migratorias. Detrás de esas alteraciones se encuentra el cambio climático -el aumento de la temperatura en el año 2016 ha sido de 1,20º C respecto a la existente en los tiempos preindustriales (1880)-, particularmente sensible en la península Ibérica. Es un fenómeno de amplia repercusión, pues afecta a la distribución y la fenología de las especies, y condiciona, asimismo, la composición y la extensión de los hábitats y el funcionamiento de los ecosistemas.

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