Los buitres, leonado y negro y quebrantahuesos, se encelan en estos días

El próximo 21 de diciembre entramos en invierno y parece que la vida tanto vegetal como animal comienza su letargo. Sin embargo, en diciembre, en pleno arranque del invierno, es cuando florecen algunas plantas, y cuando se encelan por lo menos tres de las más llamativas especies de aves, como son los buitres. Están de amores.

Los buitres, leonado (Gyps fulvus) y negro (Aegypius monachus) y el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), acuden a lo alto para exhibirse con alardes de sincronía. Un cuarto buitre es el alimoche común (Neophron percnopterus), que migra a tierras africanas.

Alimoche común

El quebrantahueso es un ave que puede alcanzar una envergadura de 2,80 m y llegar a pesar 7 kg. Requiere grandes sistemas montañosos, abruptos y con cavidades, cuevas y cantiles donde nidificar. Las puestas son dobles, pero nunca llegan a criar con éxito dos pollos, el hermano mayor mata siempre al menor, que le sirve de comida. Son aves carroñeras, necrógafas (comen animales muertos) que se alimenta principalmente de carcasas de huesos de mamíferos.

Navarra cuenta con nueve territorios de quebrantahuesos, algunos de ellos compartidos con Aragón y Francia, y algunos individuos dispersos que se pueden encontrar desde Aralar hasta el Pirineo, sin que hasta la fecha se haya constatado la reproducción en los montes vascos. En el caso de Navarra, este año ha habido éxito reproductor en dos parejas, de las que han nacido Zazpi y Basozain, que volaron del nido el pasado mes de julio. En la foto, de Diario de Noticias de Navarra, uno de los pollos nacidos en esta comunidad, concretamente, Basozain.

Bazozain, uno de los pollos de quebrantahuesos nacido en Navarra este año.

El buitre leonado es el único que no está amenazado, ya que en el último censo de 2008 se contabilizaron más de 24.600 parejas reproductoras repartidas por la península y Baleares, lo que representa el 94 % del total europeo. Cada vez más podemos observar buitres leonados en los vertederos, donde tienen abundante comida, como es el caso de la foto, realizada en el vertedero de Gardelegi (Vitoria-Gasteiz), junto a gaviotas.

Buitres leonados y gaviotas en un vertedero

El buitre negro, que figura en el Libro Rojo de las Aves de España elaborado por la organización conservacionista SEO/BirdLife clasificado como “vulnerable”, cuenta con 1.845 parejas reproductoras.

Fotos:

  • La primera foto es de Buitres leonados (Gyps fulvus), realizada en el entorno de la Foz de Arbayun (Navarra). Mayo 2017. Autor: Julen Rekondo.
  • La segunda foto es de un alimoche común (Neophron percnopterus), realizada en Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). Junio 2017. Autor: Julen Rekondo.
  • La tercera foto es de Basazoin, un pollo de quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) nacido en Navarra, que voló junto a otro, Zazpi, del nido el pasado julio de 2017. Foto: Diario de Noticias de Navarra.
  • En la cuarta foto, se puede ver a gaviotas y buitres leonados en el vertedero de Gardelegi (Vitoria-Gasteiz). Junio 2017. Autor: Julen Rekondo.

Los salmones han comenzado a remontar los ríos vascos

Se ha iniciado el espectáculo natural que supone el remonte del salmón atlántico (Salmo salar). Estos nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-.

En esas cuencas fluviales todavía se pueden observar a los salmones remontando, con sus potentes coletazos, cascadas de considerable altura. Estos peces, que han pasado dos o tres años en el mar, buscan los lugares donde nacieron, es decir, aquellos en los que las aguas son frías, libres, raudas y transparentes. ¡Buenos lugares para amar y nacer!

Las poblaciones de salmón atlántico (Salmo salar) han sufrido a lo largo de todo su rango de distribución a nivel mundial una reducción del 50% en los stocks salvajes durante los últimos veinte y cinco años. Según los datos de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), de los más de 2.600 ríos con presencia conocida de la especie, esta se ha extinguido como reproductora en más de la mitad de los cauces.  La situación en la península Ibérica no es menos dramática, ya que de los 43 ríos salmoneros de los que se tenía constancia a principios del siglo XX se ha extinguido en 24.

En el caso del País Vasco y de Navarra, los ríos salmoneros históricos llegaron a ser más de una decena -Nervión, Oka, Lea, Deba, Urola, Oiartzun, Oria, Urumea y Bidasoa….-, y hoy en día se han reducido a cuatro, de los cuales, sólo el río Bidasoa está considerado en la actualidad como no vulnerable, y el único donde se puede pescar.

En el caso del río Bidasoa ha contribuido de forma importante la implantación de un temprano programa de recuperación, que consiguió invertir el descenso de población, que estaba en vías de extinción. Este se inició en 1988, que mejoró notablemente las existencias y de esta manera los salmones regresaron en el año 1992.

El llamado “Rey del Río” es un termómetro de la calidad de los ríos. Su presencia, y una población estable, indican que la zona es de gran calidad, tanto la calidad del agua, como el hábitat. Por otra parte, la existencia de este salmónido también indica la franqueabilidad del río, es decir, si existen obstáculos para su migración.

Todas estas condiciones eran adversas en los ríos guipuzcoanos, en los que reinaba la contaminación, lo que impedía que los salmones pudieran vivir, salvo en el Bidasoa. A esto se le añadía la existencia de un elevado número de presas que obstaculizaban la migración ascendente de los salmones, que trataban de llegar a las zonas de reproducción.

Desde 1994, la Diputación Foral de Gipuzkoa ha tratado de eliminar estos obstáculos o de colocar sistemas en las presas que permitan la accesibilidad de los peces migradores. Por otra parte, desde hace más de doce años, la Diputación viene reforzando de forma sistemática las poblaciones de este característico pez en aguas guipuzcoanas. El mayor esfuerzo se lo ha llevado el río Urumea, seguido del río Oria.

Bidasoa

Después de recorrer miles de kilómetros y pasar en el mar dos o tres años, al sur de Groenlandia, en las Islas Feroes, en las inmediaciones de la Península del Labrador o frente a las costas de Noruega, regresan a casa. El instinto reproductor del salmón, la supervivencia de la especie, les impulsa a llevar a cabo grandes migraciones hasta las desembocaduras de los ríos donde nacieron.

Como cada otoño, los salmones remontan el Bidasoa en busca de aguas óptimas en la cabecera del río para poder desovar, haciéndolo en algunos casos en el mismo lugar donde nacieron. Anualmente se producen dos picos de entrada de salmones en el río Bidasoa, en primavera y en otoño, y si el verano es lluvioso también se registran entradas, aunque de manera más discreta. El mayor número de ejemplares se concentra en otoño, y el remonte está muy condicionado con los picos de riada ya que después de una punta de caudal suelen producirse buenas entradas de salmones.

Es entonces cuando se llevan a cabo los censos en la Nasa de Bera (Navarra), situada junto a un salto de agua, un enclave adecuado para poder realizar el conteo. Allí, los guardas forestales de la demarcación de Bidasoa registran las medidas, el peso y el sexo de cada salmón. Así fue como el pasado 11 de noviembre se encontraron con una hembra de 9 kilos y un metro de longitud, que podía llevar en su interior hasta 18.000 huevos. Se trata del ejemplar vivo más grande que se ha localizado en más de una década en dicho lugar. El peso medio de los salmones pescados en los últimos años oscila entre un máximo de 5 kg. y un mínimo de 3, siendo de 3,135 en la temporada de 2016.

Tras recoger sus datos, la hembra de salmón fue trasladada a la piscifactoría de Oronoz-Mugairi, en Navarra, para poder ser utilizada como reproductora, ya que de esa manera tendrá más posibilidades de que sus descendientes lleguen hasta la fase de alevín en mayor porcentaje, contribuyendo de forma significativa a la recuperación del salmón del Bidasoa.

Fotos:

  • La primera corresponde a un salmón remontando un río asturiano. Autor: Eduardo García Carmona.
  • La segunda corresponde a la hembra de salmón de 9 kilos capturada en la Nasa de Bera en Navarra. Foto: Gobierno de Navarra.
  • La tercera corresponde a la Piscífactoria de Oronoz Mugairi en Navarra. Foto. Diario Noticias de Navarra.

La vaca pirenaica, de estar al borde de la extinción a su recuperación

La raza bovina Pirenaica, es una raza autóctona, arraigada en nuestra tierra y en nuestra cultura, que en la actualidad se encuentra en auge, siendo cada vez más numerosas, proporcionalmente, las explotaciones que crían esta raza. Sin embargo, la vaca Pirenaica ha estado en grave peligro de desaparecer, siendo su época de máxima regresión en la década de los 70. Gracias al esfuerzo y mentalización de ganaderos y administraciones se ha ido recuperando hasta llegar a los niveles actuales. En el caso de Bizkaia, no llegaban a un centenar de cabezas. Hoy en día, gracias a los programas de mejora genética que la Diputación lleva a cabo en sus tres en sus tres granjas (Gorliz, Ganguren y Sollube), superan las 3.400.

Granja foral en Gorliz

Se trata de una raza autóctona, bien adaptada a las condiciones climatológicas y geográficas del territorio, que sin embargo había quedado desplazada en las explotaciones ganaderas en favor de otras foráneas, más productivas. Es una raza de predominante actitud cárnica.

En plena lactancia
Toro en Urederra (Navarra)

Esta vaca, de gran belleza y extraordinarias cualidades está siendo objeto de planes de fomento y mejora, promovidos por los ganaderos principalmente de Navarra, pero también de Gipuzkoa, Álava, Bizkaia, Aragón y Cataluña, ayudados por las administraciones tanto autonómicas como estatal.

Esta vaca, al igual que en Navarra, se está recuperando en Gipuzkoa, Bizkaia, Álava, Aragón y Cataluña, e incluso está incorporándose en zonas donde tradicionalmente no existía, como Burgos, Soria y Extremadura.

Factor primordial de la situación actual es el trabajo y entusiasmo de las Asociaciones de Criadores, empezando por la de Navarra, ASPINA, y siguiendo por la de Gipuzkoa (HEBE), Bizkaia, (ASGAPIR), Álava (ARPIEL), Aragón (ASAPI) y Cataluña (ASPIC), todas ellas agrupadas a su vez formando la Confederación Nacional de Vacuno Pirenaico, CONASPI, que cuentan con el apoyo de las diputaciones forales de Euskadi, de las instituciones autonómicas anteriormente citadas, y la estatal.

Sierra de Andia