Los salmones han comenzado a remontar los ríos vascos

Se ha iniciado el espectáculo natural que supone el remonte del salmón atlántico (Salmo salar). Estos nadan desde el Atlántico y a contracorriente por unos 25 ríos del norte peninsular, que son lo que tienen salmones -desde el Miño hasta el Bidasoa-.

En esas cuencas fluviales todavía se pueden observar a los salmones remontando, con sus potentes coletazos, cascadas de considerable altura. Estos peces, que han pasado dos o tres años en el mar, buscan los lugares donde nacieron, es decir, aquellos en los que las aguas son frías, libres, raudas y transparentes. ¡Buenos lugares para amar y nacer!

Las poblaciones de salmón atlántico (Salmo salar) han sufrido a lo largo de todo su rango de distribución a nivel mundial una reducción del 50% en los stocks salvajes durante los últimos veinte y cinco años. Según los datos de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), de los más de 2.600 ríos con presencia conocida de la especie, esta se ha extinguido como reproductora en más de la mitad de los cauces.  La situación en la península Ibérica no es menos dramática, ya que de los 43 ríos salmoneros de los que se tenía constancia a principios del siglo XX se ha extinguido en 24.

En el caso del País Vasco y de Navarra, los ríos salmoneros históricos llegaron a ser más de una decena -Nervión, Oka, Lea, Deba, Urola, Oiartzun, Oria, Urumea y Bidasoa….-, y hoy en día se han reducido a cuatro, de los cuales, sólo el río Bidasoa está considerado en la actualidad como no vulnerable, y el único donde se puede pescar.

En el caso del río Bidasoa ha contribuido de forma importante la implantación de un temprano programa de recuperación, que consiguió invertir el descenso de población, que estaba en vías de extinción. Este se inició en 1988, que mejoró notablemente las existencias y de esta manera los salmones regresaron en el año 1992.

El llamado “Rey del Río” es un termómetro de la calidad de los ríos. Su presencia, y una población estable, indican que la zona es de gran calidad, tanto la calidad del agua, como el hábitat. Por otra parte, la existencia de este salmónido también indica la franqueabilidad del río, es decir, si existen obstáculos para su migración.

Todas estas condiciones eran adversas en los ríos guipuzcoanos, en los que reinaba la contaminación, lo que impedía que los salmones pudieran vivir, salvo en el Bidasoa. A esto se le añadía la existencia de un elevado número de presas que obstaculizaban la migración ascendente de los salmones, que trataban de llegar a las zonas de reproducción.

Desde 1994, la Diputación Foral de Gipuzkoa ha tratado de eliminar estos obstáculos o de colocar sistemas en las presas que permitan la accesibilidad de los peces migradores. Por otra parte, desde hace más de doce años, la Diputación viene reforzando de forma sistemática las poblaciones de este característico pez en aguas guipuzcoanas. El mayor esfuerzo se lo ha llevado el río Urumea, seguido del río Oria.

Bidasoa

Después de recorrer miles de kilómetros y pasar en el mar dos o tres años, al sur de Groenlandia, en las Islas Feroes, en las inmediaciones de la Península del Labrador o frente a las costas de Noruega, regresan a casa. El instinto reproductor del salmón, la supervivencia de la especie, les impulsa a llevar a cabo grandes migraciones hasta las desembocaduras de los ríos donde nacieron.

Como cada otoño, los salmones remontan el Bidasoa en busca de aguas óptimas en la cabecera del río para poder desovar, haciéndolo en algunos casos en el mismo lugar donde nacieron. Anualmente se producen dos picos de entrada de salmones en el río Bidasoa, en primavera y en otoño, y si el verano es lluvioso también se registran entradas, aunque de manera más discreta. El mayor número de ejemplares se concentra en otoño, y el remonte está muy condicionado con los picos de riada ya que después de una punta de caudal suelen producirse buenas entradas de salmones.

Es entonces cuando se llevan a cabo los censos en la Nasa de Bera (Navarra), situada junto a un salto de agua, un enclave adecuado para poder realizar el conteo. Allí, los guardas forestales de la demarcación de Bidasoa registran las medidas, el peso y el sexo de cada salmón. Así fue como el pasado 11 de noviembre se encontraron con una hembra de 9 kilos y un metro de longitud, que podía llevar en su interior hasta 18.000 huevos. Se trata del ejemplar vivo más grande que se ha localizado en más de una década en dicho lugar. El peso medio de los salmones pescados en los últimos años oscila entre un máximo de 5 kg. y un mínimo de 3, siendo de 3,135 en la temporada de 2016.

Tras recoger sus datos, la hembra de salmón fue trasladada a la piscifactoría de Oronoz-Mugairi, en Navarra, para poder ser utilizada como reproductora, ya que de esa manera tendrá más posibilidades de que sus descendientes lleguen hasta la fase de alevín en mayor porcentaje, contribuyendo de forma significativa a la recuperación del salmón del Bidasoa.

Fotos:

  • La primera corresponde a un salmón remontando un río asturiano. Autor: Eduardo García Carmona.
  • La segunda corresponde a la hembra de salmón de 9 kilos capturada en la Nasa de Bera en Navarra. Foto: Gobierno de Navarra.
  • La tercera corresponde a la Piscífactoria de Oronoz Mugairi en Navarra. Foto. Diario Noticias de Navarra.

Especies exóticas invasoras: ¿Qué daño producen?

Su introducción en nuevos ecosistemas es lo más parecido a abrir la caja de Pandora. Atacan a otras especies, se reproducen sin control destrozando las cosechas, provocan pérdidas multimillonarias y son una grave amenaza para la biodiversidad. Detrás de las plagas de las especies exóticas invasoras está la mano del ser humano.

Están ahí, por todas partes. Sigilosamente se han introducido en nuestras casas, nuestros bosques, nuestros ecosistemas, nuestros ríos, nuestras vidas…. Poco a poco se han hecho comunes y actúan de una manera muy negativa.

Una especie exótica es aquella que se establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural que no forma parte de su área de distribución natural. Pero su carácter de ‘invasora’ proviene de su proliferación, lo que causa daños al medio ambiente, a otras especies o a las actividades humanas y económicas.

La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN) tiene establecido que una especie exótica invasora es aquella que causa daños y perjuicios en el ecosistema huésped. Esta es la definición aceptada en la actualidad, y por ello podemos equiparar el término `invasor´ con perjudicial o dañino”.

“¿Son todas las especies de origen exótico invasoras? No. Muchas especies introducidas por el ser humano no tiene efectos negativos reconocidos sobre los ecosistemas. Este sería el caso de buena parte de plantas ornamentales o de los cultivos de plantas originarias de América que hoy se encuentran muy extendidos en todos los continentes, como el maíz, la patata o el tomate. Sólo algunas especies introducidas han demostrado ser perjudiciales, al desplazar o incluso llevar a la extinción a especies autóctonas.

El continente europeo no permanece ajeno a las plagas. Está infestado por más de 14.000 especies foráneas. Algunas de ellas se convierten en invasoras. Ocasionan pérdidas de 12.500 millones de euros anuales. Pero, no solo se trata de dinero. Estos invasores son “la segunda causa de la destrucción de la biodiversidad”, pudiendo a ser en el futuro próximo el factor más importante de desintegración ecológica.

Las vías de entrada de una especie invasora son múltiples. Así, este movimiento de especies a menudo es accidental y llevamos con nosotros, sin querer, aquellas especies que desde antiguo viven con nosotros. Así hemos poblado el mundo de moscas y mosquitos, de ratas y ratones, de gorriones y palomas, y muchas más. Pero, y, también muy a menudo, el transporte de especies se ha hecho con nosotros por el mundo con intención y por diversas razones, como las estéticas y para adornar nuestros estanques, caso del cisne; por razones económicas como el visón americano o el castor, que han llegado a Europa por el valor de la piel; por razones cinegéticas; o también como mascotas.

Euskadi no es ajena a esta realidad. Así, por ejemplo, el visón europeo se encuentra en una situación “dramática” y por ello se trabaja para extinguir del medio ambiente a su principal amenaza el visón americano, que, en el caso de Euskadi, son productos de fugas o sueltas de animales criados en las granjas peleteras. Con el objetivo de terminar con el principal competidor del visón autóctono, las diputaciones forales pusieron en marcha en 2014 un sistema de trampeo de los ejemplares de origen americano. Paralelamente, se trabaja para impulsar la población de la especie autóctona ya que en la actualidad quedan muy pocos individuos y con ese objetivo se mantiene un plan para no modificar los cauces y riberas de los ríos, principal hábitat de los visones.

Por otra parte, nos encontramos con los galápagos alóctonos, que desde hace muchos años son especies muy demandadas por la población infantil como mascotas. Existen varias especies, siendo el más común el denominado galápago americano o de Florida (Trachemys scriota), de gran difusión en los hogares por su fácil adquisición. Están catalogados entre las cien especies invasoras más peligrosas del mundo.

Y podríamos citar más especies invasoras, entre otras, el mejillón cebra, que es la especie animal que más pérdidas económicas provoca; el cangrejo rojo que casi ha acabado con el cangrejo autóctono, y el Coipú o rata nutria, que es una especie extendida en la zona del Bidasoa tras huir de granjas. O las estruendosas cotorras argentinas, que destruyen plantas y otros nidos. Como suele ocurrir en muchos casos, la gente las compró para tenerlas en jaulas, como animales de compañía, y las soltó en el momento en que fueron molestas.

¿Qué se puede hacer? Hacen falta campañas de sensibilización por parte de la Administración proporcionando información sencilla y útil sobre las especies exóticas invasoras como ya se vienen haciendo aunque hay que realizarlas con más perioricidad -muchas veces se desconoce el peligro que supone traerlas como mascotas-; hace falta también ejercer un control sobre dichas especies; y realizar campañas de erradicación lo más rápidamente, e investigando sobre los mejores métodos para ello.

Por último, una recomendación a los poseedores de animales exóticos invasores en sus domicilios para indicarles que si no desean seguir haciéndose cargo de sus mascotas en ningún caso se deshagan de ellas liberándolas en el medio natural, ya que pueden generar serios riesgos para la biodiversidad, trasmitir enfermedades, provocar accidentes de tráfico y otros daños. Es conveniente ponerse en contacto con los servicios correspondientes de las diputaciones forales.

Fotos

Cotorra argentina. Myiopsitta monachus. Papagai argentinarra.

Visón americano. Neovison vison. Bisoi amerikar.

Mejillón cebra. Dreissena polymorpha. Muskuilu zebra.

Cangrejo americano. Procambarus clarkii. Karramarro amerikar.