Denbora

Recuerdo aquellos veranos en Zumaia, en la playa, con aquellos pequeños lagos de agua salada que se formaban en las caprichosas y pequeñas hondonadas que la corriente marina horadaba en la arena antes de tener lugar la bajamar. En aquellos oasis de agua solíamos disfrutar chapoteando sin peligro al odiado trago de agua salada tan común en aquellos días, cuando nos atrevíamos a jugar de tú a tú con el mar. Muchas veces, aprovechándolos, solíamos construir justo al lado castillos de arena impenetrables cuál obras de arte que antes o después sucumbían ante la más puñetera de las olas, convirtiéndolo en un montón de arena mojada. Entonces, pensaba que daría lo que fuera por poder construir uno con piedras de verdad, para que resistiera los embates del mar.

Hoy en día no soy de la misma opinión. ¿Porque siempre queremos que lo que hacemos perdure para siempre? El arte, las construcciones, las grandes hazañas… ¿no será nuestra defensa por lo efímera que es nuestra existencia? Todo lo que somos, lo que vivimos, es efímero en mayor o menor medida, sin embargo parece que nuestro único interés es materializar por siempre nuestro paso por el planeta, sin darnos cuenta que lo único que perdura de verdad en la memoria son esos momentos irrepetibles que se viven intensamente. Lo que creemos que va a durar despierta en nosotros una especie de extraño desinterés mientras que lo contrario nos alimenta la intensidad y el deseo de lo irrepetible. Un concierto una noche de verano, un dibujo en la arena, una comida en buena compañía, una pintura en la acera…

Hoy en día vivimos una vida que, por lo que sea, nos hace buscar emociones constantemente y esa emoción siempre surge gracias al momento, al instante, pues es ahí donde se guarda la chispa que arranca todo el complejo sistema de sentimientos que desembocan siempre en el mar de las emociones. Momentos únicos e irrepetibles que a lo largo de la vida perduran en nuestro recuerdo, insustituibles e imposibles de “encarcelar” en cualquiera de los miles de soportes materiales existentes hoy en día, pues los mismos sólo son registrables en el disco duro del corazón; el alma humana.

2 comments

  1. … precioso…

  2. Una mirada que se cruza, la intensidad de unos ojos negros y profundos como el océano. Una ráfaga de calor, una sonrisa. Música de fiesta. Un momento. Un recuerdo

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