Ikusezina

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EN muchas ocasiones, lo evidente bloquea parte de nuestros sentidos, imposibilitándonos llegar un poco más allá, donde también encontraríamos muchos complementos a lo obvio. Y es que, en el caso que hoy nos ocupa, lo invisible adquiere, si cabe, mucha más relevancia que lo meramente tangible. Este pasado domingo se ha celebrado el Día de los Montes Bocineros congregando a un millar de personas en torno a la cima del monte Sollube. El ya nombrado Sollube, Ganekogorta, Kolitza, Oiz y el Gorbea, son los picos que forman parte de lo que se ha dado en llamar Montes Bocineros, reductos donde antiguamente se encendían hogueras y tenía lugar la tradicional llamada para convocar los plenos de las Juntas Generales en Gernika. Supongo que los allí congregados disfrutaron de unas vistas impresionantes y de una temperatura excepcional pero, más allá de eso, es importante también entender la simbología del acto y sentir toda la carga emocional que alberga el lugar en cuestión. Es a eso a lo que me refiero cuando afirmo que lo invisible, lo que solo es posible desentrañar mediante los sentimientos, es tan importante o más que lo que a simple vista nos rodea. Es eso que no se ve, lo que ofrece ese plus de empatía y complicidad que hace que lo que uno está experimentando de manera ordinaria se convierta al momento en algo extraordinario, haciendo que se viva el instante mucho más intensamente. Sin ir más lejos, recordar o imaginar cómo en el pasado nuestros antecesores encendían las hogueras, se llamaban para las reuniones, los sonidos inundando los valles, las sensaciones, los olores, el frío o el calor… completan la esencia de una tradición centenaria de un pueblo y, sobre todo en muchas ocasiones, lo que no vemos ni oímos ni podemos tocar es justo donde se esconde la verdadera naturaleza de las cosas. Lo invisible es eso, invisible, pero no inexistente, como muchos creen, y si queremos disfrutar de nuestro patrimonio, de la cultura, del ocio o de nosotros mismos, nunca podrá ir por separado lo tangible de lo invisible. Juntos forman un todo para el hombre, aunque últimamente, se mueva demasiado en el terreno de lo evidente. Pero eso es tema de la siguiente columna…

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