Larre Motzean

Para saber algo mas…

La palabra crisis, y más hoy en día, nos infunde más miedo que respeto. Sabemos que el ser humano es un animal de costumbres y que los cambios, más allá de alimentar nuestra capacidad de superación, muchas veces nos atenazan y paralizan, adoptando ante estos una actitud de simple disgusto y hasta, a veces, rendición. Todos, cada uno en la medida de nuestras circunstancias, estamos actualmente en plena crisis, sea personal, económica, etc., enfrentándonos continuamente a lo que yo llamo una batalla de resortes o, lo que es lo mismo, un constante caminar en actitud casi desafiante pero factible, pues los deseos y las ganas sirven solo desde la consciencia de la realidad que nos rodea. Pero también hay que tener en cuenta que esta época en la que vivimos es, si la enfrentamos adecuadamente, una oportunidad para el cambio a mejor, y me explico con dos ejemplos del panorama político y económico actuales: por un lado tenemos todo el asunto del pago de las recetas médicas y la curiosa apreciación de la ministra alentando el comenzar a valorar el uso de remedios más naturales, y por otro, los tan traídos y llevados rescates para diversos países europeos. En ambos casos podemos realizar una lectura bastante pesimista de la situación, pero al mismo tiempo podemos pensar que quizá esta crisis económica y moral sea el resorte necesario para que nos interesemos seriamente en impulsar tanto el desarrollo de las medicinas alternativas como el de lograr una verdadera unión y ayuda entre diferentes países. A veces una situación en concreto nos obliga a tomar decisiones que de otra manera rehusaríamos hacerlo. La vida no va a ser como nosotros queramos que sea sólo porque así lo deseemos. La realidad es tozuda y tratar de cambiarla porque sí es luchar por un fracaso seguro. Es muy sutil la línea que separa lo correcto de lo cómodo. Eso sí, hay un truco que nunca falla, escucharse a uno mismo, aunque para eso convendría el que ya hayan tenido lugar varias crisis a lo largo de nuestras vidas. A veces sólo desde el peso del dolor logramos orbitar hacia el cielo de la felicidad, un espacio lleno de nubes y claros.

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