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may 10

IRENA


COLGAMOS HOY ESTA COLUMNA DE KEPA JUNKER, PUBLICDA EL 5 DE JUNIO DEL 2008 EN EL DIARIO DEIA, EN HOMENAJE A IRENA SENDLER, FALLECIDA TAL DIA COMO HOY 12 DE MAYO HACE DOS AÑOS.

«La razón por la cual rescaté a los niños tiene su origen en mi hogar, en mi infancia. Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o su nacionalidad.»

Irena Sendler, quien salvó a 2.500 niños del Gueto de Varsovia.

Irena Sendler, la madre de los niños del holocausto, fue una de tantas personas anónimas que lucharon por la paz en momentos que en Europa imperaba el terror y la guerra. En 1939 cuando Alemania invade Polonia, Irena trabajaba de enfermera en Varsovia. Pero esta historia comienza en 1942 cuando los nazis crearon un gueto de judíos en la capital polaca, en el que las condiciones de vida eran realmente insoportables. Entonces se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos y comenzó su labor en favor de los niños que habitaban aquel lugar. Trabajaba en un recinto que se dedicaba a tratar a personas con enfermedades contagiosas y, como los alemanes temían que en el gueto se propagara una epidemia de tifus, dejaban que fueran los propios polacos los que controlaran el lugar. Así Irena comenzó a sacar a los niños en ambulancias como falsas víctimas del tan temido tifus, aunque enseguida se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí: cestos de basura, cajas de herramientas, sacos de patatas, ataúdes, etc. Con la ayuda de personas que trabajaban en los diferentes departamentos de bienestar social elaboró cientos de documentos de identidad falsos para que los niños pudieran ser acogidos por otras familias sin levantar sospechas. El 20 de octubre de 1943 Irena fue descubierta y detenida por la Gestapo que, tras torturarla brutalmente, sin obtener resultado alguno, la sentenciaron a muerte. Cuando la iban a ajusticiar, un soldado sobornado por la resistencia, la dejó escapar, continuando su labor hasta el final de la guerra. 2.500 niños judíos fueron salvados de la muerte, por el esfuerzo y tesón de esta heroína que nunca alardeó de sus hazañas y que dio un ejemplo de humildad y sobre todo de entrega a los demás. Siento una profunda admiración por gente como Irena; capaces de darlo todo por una idea, por unos principios, sin importarles el protagonismo personal. Sin lugar a dudas éste es un canto a la esperanza de una especie como la humana que, si bien es capaz de lo peor, también lo es de lo mejor.

Columna escrita por Kepa Junkera y publicada en el diario DEIA