15
jun 12

Hitzen Musika

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Pido la Paz y la Palabra, lema del Festival Internacional de Poesia y título de una poesía de Blas de Otero.

Os habéis fijado qué atmósfera tan especial rodea a los escenarios en los auditorios y teatros? El silencio, los sonidos amplificados, la rivalidad entre luces y sombras,… sin olvidar toda la energía que durante años se ha ido impregnando en todos los rincones de la sala. El pasado sábado visitamos el Palacio Euskalduna de Bilbao con motivo de la celebración del Festival Internacional de Poesía. El acto consistió en la lectura de poesías de diversos autores con el acompañamiento cómplice de la música interpretada en momentos muy puntuales por José Luis Canal, Luis Delgado, Germán Díaz y yo mismo. Álex Angulo, Aitana Sánchez Gijón, Elena Irureta, Juan Echanove, Almudena Cacho y Miren Gaztañaga se sucedían en el recitar de cantidad de poemas que mantuvieron absorto a un público que abarrotaba el auditorio. Creo que la literatura nunca ha sido valorada en su justa medida; y menos aún la poesía que, por un motivo u otro, solo ha ido captando el interés de sectores muy específicos de la sociedad. Pero ¡que curioso!, sentado junto a mis compañeros músicos reparo en que nadie bosteza, no se escuchan cuchicheos, el silencio es atronador… Es decir, la poesía, la música de las palabras, ha captado el interés de todo el público. Para mí, poesía es contar una historia llena de sentimientos con el mínimo de palabras y el máximo de emociones. Hay un gran desconocimiento a nivel general de la poesía, de su riqueza, de su sabiduría. Es admirable leer o escuchar las palabras de autores que sintetizan en breves textos el conocimiento adquirido en 2 o 3 vidas. La poesía es muchas veces voz de canciones y hasta denuncia de injusticias, una de las más intensas y apasionadas formas de expresar el sentir humano. Y, en contra de lo que se cree, algo que atenaza al público a sus asientos, si se llega a él de manera humilde, cercana y verdadera. Vendría bien acercar más la poesía al pueblo, ahora que domina el desconcierto y la ignorancia; pues, como decía Walt Whitman, “…si todos los pensamientos de todos los hombres, de todos los tiempos no son tan tuyos como míos, entonces no son nada…”. ¿Os dice algo?

 


08
jun 12

Yeti

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BIGFOOT, Sasquatch, Almasty etc. son algunos de los nombres que se le dan al Yeti, término más conocido por nosotros para referirnos a un ser de grandes dimensiones, de apariencia humanoide y que vive recluido en lugares inaccesibles. Al igual que el monstruo del lago Ness, las sirenas o el Chupacabras, el Yeti es uno de esos seres misteriosos cuya leyenda no ha hecho más que crecer desde 1951 cuando se difundieron las primeras imágenes de sus supuestas huellas gigantescas marcadas en la nieve y el hielo. Entre lo animal y lo mitológico, no solo tiene diferentes nombres sino que, además, creo que pocas culturas carecen de una figura mitológica de enorme parecido con lo que hoy llamamos Yeti, sin ir más lejos nuestro Basajaun. Un equipo de la Universidad de Oxford y de la de Lausana han decidido demostrar la existencia de este ser y para ello han trabajado con restos orgánicos que supuestamente pertenecerían a nuestro protagonista, utilizando los últimos avances en pruebas genéticas. El resultado de los análisis confirma que los supuestos restos del Yeti son de origen humano, aunque se especifica que no son del todo concluyentes debido a que los mismos pueden estar contaminados. ¡Que pena acabar con la esperanza de descubrir algo tan mítico como el Yeti! Con las nuevas tecnologías desvelamos muchos misterios que durante años han permanecido en la duda pero, si analizamos el tema, pocos son los que se resuelven de una manera total, siempre queda un fleco, una posibilidad, algo que no se puede esclarecer, y eso continua alimentando el mito. ¿Qué extraña necesidad tiene el ser humano de que siempre existan cosas desconocidas a su alrededor? Quizá es necesario desconocerlas para tener nuevos retos y poder volver a descubrir que es el camino y no el resultado lo que verdaderamente merece la pena. Y por último, ¿tengo que creer a la ciencia cuando me aporta pruebas de que los misterios no existen? ¿La misma ciencia que descubre especies animales y vegetales desconocidos casi cada mes? Por si acaso, cuando suba la próxima vez al Ganeko, iré mirando por el camino a ver si encuentro alguna huella.


01
jun 12

Birziklatu

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Sencillo a la vez que absolutamente necesario…

 

JON y Bego fueron los encargados de entrevistarme en un estudio de 30 m2 en pleno paseo de El Arenal de Bilbao, en un evento llamado Reciclaje a la Vista. En él, Bego representaba el papel de una defensora del medio ambiente que trataba de concienciar a Jon, su primo, de la importancia de esta actividad. Me sentí muy a gusto con ellos, pero me dio que pensar el tema…

A veces, con todo esto de las nuevas tecnologías y el afán por innovar, parece que inventamos cosas que, por supuesto, ya estaban inventadas antes. ¿Acaso nos olvidamos de cómo nos cobraban los llamados cascos? Comprabas un refresco, cerveza, etc,… y cuando volvías con los envases a la tienda te devolvían parte del importe de la misma. Recuerdo, además, cómo había niños que en cuanto veían una botella tirada por la calle se la llevaban a casa para luego entregarla y cobrar por ella. No había tanto material de deshecho como ahora. La gente iba a comprar con sus bolsas de tela y había señores que se ganaban la vida recogiendo cartones por la calle. Incluso a diferencia de lo de ahora, televisiones, planchas, lavadoras etc,… eran elementos que se arreglaban una y otra vez.

La contradicción es una de las características más comunes del ser humano. En esta época donde el reciclado adquiere una enorme importancia a nivel social y en la que se ha convertido en una actividad aceptada por todos, curiosamente, es cuando más basura no reciclable generamos. Como pasa en todos los órdenes de la vida, la evolución está bien, el desarrollo marca una tendencia y la concienciación permite un cambio de actitud. Pero todo ello no se puede llevar a cabo a espaldas de la esencia de las cosas, lejos de la verdad; pues corremos el peligro de evolucionar en falso, que es peor que estar quieto.

Tratemos de comprar productos cuyos envases y materiales sean reciclables, procuremos abastecernos de elementos que generen los mínimos residuos y reutilicemos los mismos poniendo en práctica un reciclaje más de andar por casa. Así sí merece la pena ese pequeño esfuerzo de clasificación de residuos; pues si no, todo se queda en nada.

Por cierto, ¿alguien sabe dónde he de tirar los tapones de las botellas?


25
may 12

Tuntunak

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Como decíamos la semana pasada, lo invisible trasciende muchas veces a lo evidente. Desayunando un café muy rápido por la mañana, escucho una noticia que me deja asombrado: un alcalde subvenciona con 180.000 euros a la empresa que gestiona la plaza de toros de su ciudad mientras, al mismo tiempo, plantea cerrar la Escuela Municipal de Música porque económicamente, según el mismo edil, “es una ruina”. No voy a entrar a valorar ni quién es el alcalde, ni el color político del mismo, ni nada que se le parezca, puesto que no es eso lo que en verdad me interesa. En realidad lo que es verdaderamente preocupante es cómo tratamos a la cultura y más en época de crisis. Cuando hay dinero, la cultura es un bien común al que no se puede renunciar y, al mismo tiempo, es algo que se “usa” en beneficio del color dominante en su momento, mientras que cuando la economía comienza a fallar, la misma, se convierte en mero adorno totalmente prescindible y hasta con tintes superfluos e innecesarios. Mucho se podría discutir sobre qué es verdaderamente “cultura”. Ciñéndonos a la noticia, una corrida de toros también se dice que es cultura, pero creo que dentro de los diferentes tipos de “culturas” existentes hay una que para mí es fundamental, muy por encima de las demás, y es la “cultura” del aprendizaje, de la formación, en definitiva la de la creación. Cerrar un centro de aprendizaje cultural, sea cual sea la disciplina, por falta de dinero es algo duro y debería de ser una muy mala noticia. Pero cerrarlo cuando al mismo tiempo se destinan otras partidas a eventos y fiestas creo que es inaceptable. Lo triste no es este caso en concreto, sino que es una forma de actuar generalizada en nuestra sociedad, en la que no nos damos cuenta que de la misma forma que nosotros como individuos decimos que “somos lo que comemos”, nuestra sociedad “es lo que cultiva”, y ese cultivo junto con su futura cosecha es lo que llamo cultura. Quizás la verdadera crisis no venga motivada por la falta de dinero sino por el uso que le damos al mismo y el resultado que queremos obtener… porque una sociedad de tontos no sirve ni para los ricos.


18
may 12

Ikusezina

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EN muchas ocasiones, lo evidente bloquea parte de nuestros sentidos, imposibilitándonos llegar un poco más allá, donde también encontraríamos muchos complementos a lo obvio. Y es que, en el caso que hoy nos ocupa, lo invisible adquiere, si cabe, mucha más relevancia que lo meramente tangible. Este pasado domingo se ha celebrado el Día de los Montes Bocineros congregando a un millar de personas en torno a la cima del monte Sollube. El ya nombrado Sollube, Ganekogorta, Kolitza, Oiz y el Gorbea, son los picos que forman parte de lo que se ha dado en llamar Montes Bocineros, reductos donde antiguamente se encendían hogueras y tenía lugar la tradicional llamada para convocar los plenos de las Juntas Generales en Gernika. Supongo que los allí congregados disfrutaron de unas vistas impresionantes y de una temperatura excepcional pero, más allá de eso, es importante también entender la simbología del acto y sentir toda la carga emocional que alberga el lugar en cuestión. Es a eso a lo que me refiero cuando afirmo que lo invisible, lo que solo es posible desentrañar mediante los sentimientos, es tan importante o más que lo que a simple vista nos rodea. Es eso que no se ve, lo que ofrece ese plus de empatía y complicidad que hace que lo que uno está experimentando de manera ordinaria se convierta al momento en algo extraordinario, haciendo que se viva el instante mucho más intensamente. Sin ir más lejos, recordar o imaginar cómo en el pasado nuestros antecesores encendían las hogueras, se llamaban para las reuniones, los sonidos inundando los valles, las sensaciones, los olores, el frío o el calor… completan la esencia de una tradición centenaria de un pueblo y, sobre todo en muchas ocasiones, lo que no vemos ni oímos ni podemos tocar es justo donde se esconde la verdadera naturaleza de las cosas. Lo invisible es eso, invisible, pero no inexistente, como muchos creen, y si queremos disfrutar de nuestro patrimonio, de la cultura, del ocio o de nosotros mismos, nunca podrá ir por separado lo tangible de lo invisible. Juntos forman un todo para el hombre, aunque últimamente, se mueva demasiado en el terreno de lo evidente. Pero eso es tema de la siguiente columna…

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