22
jun 12

Loturak

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Un ejemplo de lo que se puede llegar a lograr gracias a la música

YA hemos hablado muchas veces de que las dificultades personales plantean retos a los que el ser humano se agarra con fuerza para superar sus propios límites, pero hoy quiero recalcar la importancia de lenguajes como la música a la hora de tratar a personas con graves síntomas de aislamiento. Él mira hacia un punto en el vacío. Los preparativos se suceden. Comienza la actuación y el rostro del muchacho cambia. Cualquiera diría que la canción va resolviéndose de manera lenta, un teclado acompañado de una guitarra. Lo curioso es que el intérprete que lleva el peso del tema sufre de autismo. Me fijo en su mirada y está viva, consciente, busca la complicidad de la gente, sonríe como antes no hacía. Claro que el mérito es suyo, pero sin duda alguna, la música acaba de crear un puente milagroso capaz de superar los límites de una enfermedad como esta. Conozco desde hace muchos años el autismo y su problemática porque he colaborado con APNABI, la asociación de autistas de Bizkaia, y conozco varios casos de primera mano. Vivir en un mundo propio, incomunicado, supongo algo muy duro y al mismo tiempo tiene que dar una sensación de amplia soledad. ¿Que tendrá la música que es capaz de superar incluso al habla a la hora de entablar una comunicación? Desconozco los extraordinarios resortes que pone en funcionamiento para convertirse en un lenguaje universal, capaz incluso de combatir los terribles síntomas de enfermedades como esta. Hay un miedo que diría que es hasta genético en el ser humano, el de sentirse solo. Siendo animal de manada, el hombre ha buscado la compañía de sus semejantes, no sólo por necesidad ambiental, sino también por su esencia espiritual. No consigo imaginarme del todo el padecer una enfermedad así. Saber dónde estamos y a qué pertenecemos es esencial para nosotros y la música nos ayuda a comunicar eso y muchas otras cosas a los autistas. A veces creo que todos trabajamos con la música dando palos de ciego, inconscientes de su poder y su verdadero alcance real a la hora de lograr resultados. Creo que a lo máximo que llegamos es a jugar con ella, que a diferencia de muchas otras cosas, nos hace a todos mucho más iguales.

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12
nov 10

Sinfonía

A veces hay que olvidar lo que uno sabe para poder ser capaz de imaginar lo que debe. En ocasiones resulta más interesante saber crear y descubrir que recopilar el conocimiento necesario. Es complicado asumir porque los seres humanos nos obcecamos en instaurar leyes y conceptos de naturaleza casi invariable, sabiendo de la relatividad de las cosas. Mientras comentábamos la curiosa relación existente entre la música, las matemáticas y la física, un amigo me hablo de la teoría de la Música de las Esferas con objeto de tratar de entender la armonía existente en el universo. Según dicha teoría, apoyada por pensadores tan importantes como Pitágoras, el universo funcionaría como un instrumento musical gigantesco. Cada cuerpo celeste emitiría una nota musical en función de las proporciones aritméticas de sus órbitas alrededor de la tierra. Algo así como lo que sucede con las cuerdas de un arpa, cuyos tonos dependen de la longitud de cada una de ellas. Combinando los sonidos de cada esfera con las demás, se produciría una sincronía sonora única, llamada Música de las Esferas, que incluso podría explicar el origen del universo. Pero cuando aparece en escena el astrónomo alemán Johannes Kepler, se teoriza sobre lo que realmente podría decidir qué tipo de sonido emite cada cuerpo celeste, es la velocidad con la que se mueve y no la distancia que le aleja de nosotros. Hoy en día se sabe que la propia atmósfera del sol emite ondas sonoras imperceptibles auditivamente para nosotros, pero que demostrarían que los cuerpos celestes emiten sonidos armónicos confirmando la anteriormente citada Música de las Esferas. Y de nuevo lo relativo que es todo. Cuanto más sabemos, cuanto más conocemos más varía nuestra percepción de lo que nos rodea. Pero hay algo que se mantiene invariable para siempre. La importancia que posee el imaginar, el crear, el dar forma a lo desconocido, ya que ahí radica la esencia de toda búsqueda; la ausencia de respuesta.

Columna publicada el 11 de noviembre de 2010 en el diario [Enlace roto.]

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14
jul 10

Bidean (en marcha)

KEPA-14Los que me conocen saben que me gustan los contrastes y las emociones intensas. Este último año he vivido experiencias alucinantes. Ha sido un período de vivencias únicas que por suerte he podido compartir con mi familia. A lo largo de nuestra vida, las etapas se suceden y el inexorable paso del tiempo marca, de manera dictatorial, el inicio y el final de las mismas. Terminado en parte, mi experiencia fuera de Euskadi y de vuelta a casa, comienzan a llegar las fechas de los conciertos. Citas ineludibles que ya echaba de menos acompañado por los músicos de mi banda. Después de 2400 kilómetros en 3 días, 2 conciertos y muchos momentos de risas, reflexión y complicidad, ya estamos llegando. Estoy a punto de vislumbrar el “conocido” cartel verde que pone: “BIZKAIA” y que anuncia que ya estamos de vuelta. Un fin de semana de esos que hacen “afición”. El viernes concierto en Girona y el sábado en la localidad cacereña de Miajadas. Dos lugares distintos, alejados el uno del otro pero en los que he podido comprobar como la música en directo, la compañía de mi banda y el contacto con el publico son ingredientes a cuya ausencia difícilmente se acostumbra uno. Difícil poder explicar que se siente cuando escucho mi música con el acompañamiento de mis músicos. Los teclados, la txalaparta, el bajo, la batería, la alboka, percusiones… todos unidos llevando los ritmos y las melodías a puertos desconocidos. Ha sido increíble volver a experimentar mis temas junto a mi banda que hace grande lo que uno humildemente ha sabido componer. Fascinante volver a probar de esta manera la droga del directo. Una curiosa composición de lugar, sonidos y silencios que como todo en la vida, tiene una extraña bipolaridad, pues por un lado te acerca a lo sublime y a momentos te clava a la tierra para descubrir que muchas veces en lo simple, en lo sencillo, está la verdadera esencia de lo anhelado. La música compartida, los hoteles, la carretera, las luces, los vatios, el sudor, el público, los nervios, la noche y por supuesto, la luna… ¿nos acompañáis? Estáis invitados.

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