Secesión (y II)

Los partidarios de la independencia de Cataluña sostienen, sin despeinarse, que una mayoría de escaños en el Parlament sería suficiente para aprobar una declaración unilateral de independencia. Al parecer lo de menos sería que las candidaturas que no se muestran partidarias de tal declaración obtengan más votos que las partidarias; en otras palabras, les daría igual que hubiera más catalanes que voten “en contra” de la secesión que los que voten “a favor” (asumo la lógica plebiscitaria al utilizar las expresiones “en contra” y “a favor”, por supuesto, ya que casi todas las candidaturas han asumido en la práctica que las elecciones del próximo domingo son, en realidad, un plebiscito). Esa pretensión carece de sentido. Una vez se han convertido las elecciones en plebiscitarias, el balance entre los partidarios y los contrarios de la propuesta que, mediante el voto a candidaturas, se somete a la consideración de la población, y no otro, debería ser el criterio de la aceptación popular de tal propuesta.

Es lógico que los partidarios de la secesión utilicen el argumento de que en el Mundo, y también en el Continente europeo, hay estados perfectamente viables que tienen el mismo o menor tamaño que Cataluña. Y por ello, si entienden que les iría económicamente mejor fuera de España, es comprensible que así lo sostengan. Pero sorprende, sin embargo, que menosprecien los argumentos contrarios a sus tesis. Hacen como si no fuesen relevantes, pero algunos lo son. Así, es absurdo ignorar el hecho de que el proceso conducente a la independencia comportaría inestabilidad, fuertes tensiones y, muy probablemente, la actividad económica y las inversiones, se resentirían, siquiera de forma transitoria. Y no basta con advertir a quienes se oponen a la independencia de que lo mejor para todos sería darla por buena y evitar así causar daños mayores. El argumento puede resultar, incluso, un tanto macabro.

Pero de la misma forma, igual de absurdas resultan las proclamas, admoniciones y amenazas que desde los principales partidos españoles, instituciones del Estado, grupos mediáticos, poderes fácticos y ¡hasta los banqueros! se vienen lanzando día tras día contra las intenciones de los independentistas. ¿A quién extraña que las encuestas detecten un aumento del voto soberanista en los últimos días? Qué lejos queda el Canadá, o el Reino Unido, al contemplar el espectáculo. Es cierto que un proceso como el que quieren llevar a delante las candidaturas secesionistas conduciría a un periodo de inestabilidad y de tensiones, quizás graves. Pero también es cierto que un eventual estado catalán independiente podría funcionar con tanta normalidad como cualquier otro estado europeo, y la inestabilidad y las tensiones antes o después terminarían. Al fin y a la postre, de una u otra forma, un proceso independentista, de llegarse a tal desenlace (cosa más que dudosa, a mi juicio), habría de culminar tras una negociación con el Estado español. Y de llegar a ese punto, cuanto antes hubiera un acuerdo, mejor sería para todos.

Por último, no me resisto a hacer notar el hecho de que las admoniciones, advertencias y amenazas, tanto si tienen el efecto que buscan como si tienen el contrario, constituyen una aceptación implícita de que la independencia de Cataluña es una posibilidad real, ya que esas proclamas pretenden, de hecho, evitar que se lleve a efecto. Pero uno no intenta impedir de esa forma algo si ese algo no puede llegar a ocurrir o, -Rajoy dixit- “no va a ocurrir”. Sencillamente estarían todos callados. En resumidas cuentas, esas declaraciones esperpénticas –amenaza de corralito incluida- son un paradójico pero muy real indicador de que la secesión de Cataluña sí es posible.

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La primera parte, aquí.

7 comentarios en “Secesión (y II)”

  1. Muy brevemente.
    Ha diferencia de usted, sostengo que estas elecciones autonómicas en Cataluña son para determinar la composición del Parlamento autonómico y no son otra cosa, por más que enreden secesionistas y otros.
    Y son unas elecciones raras pero importantes: se ha hablado poco de previsiones sobre acción de gobierno de lo que me interesa como ciudadano y se ha fantaseado demasiado sobre un “idílico” y fantasmagórico camino hacia un nuevo Estado desde la vulneración del derecho democrático vigente.

    Ya voté por correo: no quiero ninguna opción secesionista gobernando en Cataluña, quiero un Parlamento autonómico leal a la Constitución vigente, que legisle eficazmente desde sus competencias sin dilapidar ni más esfuerzos, ni más recursos.

    Salud y saludos

    1. Le contesto con un escrito del diputado Sabin Cuadra: Son tiempos revueltos. Nuevamente, al igual que en aquellos años 70, vuelven a oírse viejas melodías. Los unos dicen que «España es una nación de naciones»; los otros, que «el Estado español es plurinacional»; los de más acá hablan de «pacto entre iguales» y los de más allá de «proceso constituyente estatal». Nada que objetar, por supuesto, sino todo lo contrario, a esta evidente mejora conceptual, pero… ¿hasta dónde llega su auténtico contenido?
      El combate es desigual. Un pacto entre iguales exige que las partes tengan un estatus jurídico similar. Y de eso nada, monada. Las naciones de las que se habla no están en plano de igualdad. Hay una –España– que cuenta con Constitución, Ejército, leyes básicas, Tribunales y Delegados del Gobierno, y las demás se quedan con puros restos autonómicos. Por eso, sin ruptura democrática de las actuales ataduras constitucionales –soberanía única, patria indisoluble e indivisible–, la salida será un nuevo fraude, como en la Transición.
      Se afirma también que el reconocimiento del derecho a decidir ha de derivarse –lo demás, se dice, son callejones sin salida– de impulsar un proceso constituyente estatal que rompa los candados de la Transición. Digamos, en cualquier caso, que el titular del derecho a decidir son las naciones, no los Estados que las contienen… y las mayorías de dos tercios precisas para hacer estas reformas.
      El proceso catalán, sin subordinarse a nadie ni a nada, ha sido capaz de movilizar a millones de personas año tras año. Ha logrado el apoyo de mayorías parlamentarias de dos tercios, del noventa por ciento de los ayuntamientos catalanes y de cerca de cuatro mil entidades, sociedades, sindicatos y colectivos de todo tipo. ¿Realmente hay quien cree que algo parecido, o siquiera su cuarta parte, se hubiera podido conseguir bajo el paraguas y acicate de un proceso constituyente estatal?
      Pero en relación al derecho a decidir, la madre de todas las batallas se librará en Catalunya, Euskal Herria, Galiza… Subordinar esto a ritmos, contenidos y hojas de ruta electorales estatales supone desinflar el globo y apostar por perder. En ese juego las cartas están marcadas y los árbitros comprados.

      1. La añeja “Galeuzca” no me seduce lo más mínimo.
        Los experimentos de ingeniera social anclados en lo emocional me dan urticaria y en Cataluña llevan desarrollándose desde hace décadas.
        Tenemos la versión catalana de una bella canción montañera, “La muntanya venerada”, que llevo oyendo cantar a alevines secesionistas desde mucho antes del fin de la dictadura alterando la letra para incitar al odio y al revanchísimo más abyecto, con el texto siguiente:t
        “Quan la Espanya sigui morta,
        quan no hi resti ni un ser viu,
        Catalunya, encara forta,
        alçara son front altiu”

  2. Bastante de acuerdo en todo.

    Una hipótesis: las amenazas esperpénticas podrían no ser un indicador de que quienes las hacen consideren posible la independencia, sino de cierta incapacidad para realizar un debate ordenado y atendiendo a la cuestión.

  3. Yo he entendido que tras estas elecciones no habra declaracion unilateral de independencia en ningun caso. Seria un gobierno de transicion dedicado a preparar las estructuras de estado y redactar la nueva constitucion: esa mueva constitucion se votaria en referendum. Mientras, mantienen con el estado la oferta de organizar un referendum.

  4. Pre campaña para las generales ya.
    El Gobierno de la Nación ha hecho una complicada labor en esta legislatura y la ciudadanía ha soportado, unos más que otros, los graves efectos de la crisis.
    Nuestra economía está enturbiada por el elevado peso de la economía sumergida, lo que si bien evita estallidos sociales, dificulta la existencia de unos ingresos fiscales acordes con el volumen de la actividad económica real, además de los perniciosos efectos insolidarios de las SICAV, la fraudulenta tributación de Fundaciones que enmascaran actividad es empresariales ( el caso MAPFRE como ejemplo de lo que digo) y las anomalías tributarias de Navarra y la CAPV.

    Las autonómica catalanas han dado un ganador que pierde y nada han resuelto, más allá de evidenciar que los separatistas NO SON MAYORÍA en Cataluña, aunque sean muchos aún.

    Tiempos políticos agitados que viviré desde fuera de España.

    Y en diciembre a votar. Mi opción hoy es la renovar la confianza en el actual Gobierno y rehuir aventuras insustanciales por muy mediáticas que resulten. España puede y ha de ser un socio fiable en la UE y en los restantes foros en los que participamos, desde el Consejo de Europa al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

    Salud y saludos.

  5. Como lo que me importa es la defensa del sistema democrático, en España también, dejo para otros la cuestión de cuánto tenga de nacionalista o cuánto de cualquier otra cosa que se les ocurra. Me aburre.

    Voy a releer los criterios de la doctrina elaborada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la “Defensa preventiva del sistema democrático” que tiene más interés para mí.

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