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Esta semana hemos sabido que Pilar Zabala es la persona que encabezará la candidatura de Podemos Euskadi a la presidencia del Gobierno Vasco. He de confesar que la propuesta me sorprendió en su momento porque pensaba que la persona elegida tendría un perfil más parecido al de Garbine Biurrun. Pero, en todo caso, he recibido con agrado la noticia. Esa es la verdad.

Siento una gran admiración hacia Pilar Zabala desde la primera ocasión en que la oí hablar públicamente de su experiencia y la de su familia tras conocerse el terrible final, a manos de la Guardia Civil, de su hermano José Ignacio y del compañero de éste José Antonio Lasa. Creo que esa admiración es compartida por muchísimas personas en Euskadi. Su actitud, junto con la de otras víctimas del terrorismo, ha sido una lección ejemplar de generosidad y la han convertido en una referencia moral para la sociedad vasca. Así lo pienso.

Al optar por una persona del perfil de Pilar Zabala, Podemos Euskadi parece apostar por abrir el espacio de la política hacia segmentos de la sociedad que no estaban, hasta ahora, directamente implicados en la actividad partidaria. En realidad, esa apuesta ya se había producido cuando la persona elegida había sido Biurrun, y lo mismo cabe decir de Juan Luís Uría, el candidato que presenta a las primarias la corriente crítica de ese partido. Tienen estas decisiones un aspecto positivo, pues así cabe calificar la intención de Podemos de llevar al ejercicio de la política real a personas procedentes de eso que se llama sociedad civil, de profesionales ajenos a la dinámica propia de los partidos políticos y que, por ello, carecen de los hábitos y tics que hacen de la confrontación partidaria algo tan previsible y, a veces, tan detestable. Además, si resultase ser cierto que los políticos viven en una burbuja propia, ajenos a las verdaderas preocupaciones de la gente, la participación de personas como Biurrun, Uría o Zabala contribuiría a romper esa burbuja y a acercar el debate y confrontación política a los intereses de la ciudadanía.

Pero esa forma de proceder a la hora de designar candidatos para dirigir las instituciones tiene su contrapartida. Y es que, en cierto modo, supone un cuestionamiento implícito de la valía de quienes ocupan puestos de responsabilidad en el partido. Porque, ¿cuál es la razón para desestimar la candidatura a Lehendakari de alguno de los dirigentes del partido en Euskadi? ¿Por qué no es aplicable la lógica seguida en las legislativas españolas a las legislativas vascas? ¿No era, acaso, Pablo Iglesias el candidato de Unidos Podemos a presidente del Gobierno Español? ¿Nagua Alba, por ejemplo, no es una buena candidata cuando Pablo Iglesias sí lo es? Ante esos contrastes se suscita la duda de cuál es la verdadera intención de Podemos Euskadi. ¿Pretenden abrir el ejercicio de la política a personas de valía procedentes de ámbitos sociales diversos? ¿O se trata, en realidad, de una decisión en la que cuestiones de imagen han tenido un peso importante?

Las anteriores son las dudas que me han surgido al tener conocimiento de la propuesta de la dirección vasca de Podemos. Pero al expresar esas dudas de ninguna forma deseo poner en cuestión la decisión de Pilar Zabala de lanzarse a la arena política y tratar de alcanzar la máxima representación institucional de nuestra comunidad autónoma. Lo que de ella hemos podido atisbar hasta la fecha sugiere que su discurso puede contribuir a enriquecer de forma significativa el debate político vasco. Por eso y por la admiración que me merece, quiero darle hoy la bienvenida.

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