Un único vencedor

Como en casos anteriores, me interesa valorar los resultados electorales a partir del porcentaje que los votos cosechados por cada candidatura ha representado con relación al censo electoral total y no, como suele ser habitual, por comparación con los votos emitidos. Este método me parece especialmente esclarecedor, máxime si entre unas y otras convocatorias varía de forma significativa la abstención.

El PP desciende desde hace años de forma permanente. Después del 18,0% que obtuvo en 2001 no ha dejado de bajar: 11,7% en 2005, 8,2% en 2009, 7,4% en 2012 y 6% ahora. Los populares tienen hoy en la Comunidad Autónoma Vasca la tercera parte de votantes que hace quince años. El PSE se encuentra también entre los perdedores de estas y anteriores elecciones. Obtuvieron su mejor resultado en unas autonómicas en 2009, con un 17,9% de apoyo; bajaron al 12% en 2012 y ahora han llegado al 7,1%, el peor resultado de su historia. Además, el descenso de los últimos años está siendo vertiginoso.

Podemos ha obtenido el apoyo del 8,8% del censo electoral. No tenemos referencias equivalentes anteriores de esta candidatura dado que estas son las primeras autonómicas a las que se presenta. Sin embargo, si nos remitimos a las elecciones forales de hace una año, los partidos que han concurrido ahora de forma conjunta, obtuvieron entonces, en total, un apoyo del 10,3%, por lo que en un año han perdido una fracción significativa de sus votos en una convocatoria de ámbito similar.

La izquierda patriótica ha obtenido un resultado relativamente bueno (12,5%) si lo comparamos con los de las últimas legislativas españolas (10,3% y 8,6%), pero no tanto si se comparan con las forales del año pasado (14,1%) a las que –no lo olvidemos- ya se había presentado Podemos, y con las autonómicas de 2012 (15,7%). El del pasado domingo es un dato muy similar al que obtuvo Euskal Herritarrok en 1998 (12,2%), el segundo mejor resultado de la izquierda independentista en su historia, aunque en el 98, Eusko Alkartasuna, que se presentó con sus siglas, obtuvo el apoyo del 6% del electorado. Si tenemos en cuenta todos estos datos, la bondad de su resultado es sólo relativa.

Y he dejado para el final al PNV porque, a pesar de lo que anticipaban las encuestas, sus resultados en las últimas citas electorales (legislativas de diciembre y junio) habían sido modestos (16,9% y 16,5% respectivamente) y podían ser índice de cierta debilidad electoral. Sin embargo, el apoyo cosechado por el partido jeltzale ha despejado cualquier duda que pudiera haber: un 22,3% del censo ha optado por Íñigo Urkullu como lehendakari. Si prescindimos de los datos de las muy especiales elecciones de 2001 (33,3%) y de 2005 (26%) en que el PNV concurrió en coalición con EA (que venía de obtener un 6% en 1998 y 1994), el resultado obtenido ahora es, junto con el de 2009 -22,5% en una convocatoria en que la izquierda patriótica no se pudo presentar-, uno de los mejores cosechados por este partido en el último cuarto de siglo.

Así pues, si en junio pasado sostuve la tesis de que aquéllas fueron unas elecciones sin ganadores en Euskadi, en esta ocasión las conclusiones son muy otras: el PSE está en caída libre, el PP no consigue detener una sangría lenta pero ya crónica; Podemos accede al Parlamento Vasco, sí, pero con mucha menos fuerza que la que pensaban. Y EHBildu obtiene un resultado aceptable, pero lejos de las expectativas que alimentó en las anteriores autonómicas. El único vencedor, sin paliativos y a pesar de la altísima abstención, ha sido el PNV.

 

2 comentarios en “Un único vencedor”

  1. Impecable el modo de calcular el % de voto obtenido por cada partido para que no enmascare el grado de aceptación que logra cada cual.

    Y si, ciertamente, el PNV sigue cortando el bacalao ahí, sólo que su triunfo en la CAPV le queda corto para tener peso en las Cortes Generales.

    Y nada, visto el panorama, habrá que repescar su viejo dilema “¿Hacemos aceras o invertimos en ciencia?”

    Saludos y enhorabuena por esa Nauka 2016 ahí, en la parte que le toca.

  2. A fecha de hoy ya tenemos Gobierno de la Nación configurado, pendiente de la toma de posesión, y con su Presidente investido tras un largo periodo de bloqueo institucional que ha puesto en evidencia un diseño constitucional del proceso de investidura necesitado de reforma para evitar que pueda repetirse en el futuro esa situación de bloqueo.
    Me inclino por elecciones generales con segunda vuelta, en la que sólo participarían las dos fuerzas más votadas, para la Cámara o Cámaras en que no se obtenga mayoría absoluta. Y la cautela adicional de invalidar todo proceso electoral en el que la participación no supere el 50 % del censo electoral.
    Naturalmente, consideraré los pros y los contras de todas las alternativas que surjan sobre este asunto.

    El PNV, vencedor en el País Vasco en el último proceso electoral, ha visto su escaso peso para la investidura del Presidente del Gobierno de la Nación. Y ello tiene su importancia, me parece a mi.

    Otro tanto digo de los ex-convergentes, hoy en horas bajas y con un panorama de lo màs preocupante por contradictoris: se proclaman “los más democráticos” mientras quiebran reiteradamente la vigencia de la legalidad constitucional desde las propias instituciones democráticas. Mal asunto.

    Salud y saludos.

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