Malsonante

El debate de ayer fue, creo, como casi todos los debates de política general. No suelen tener demasiado interés salvo que se hagan anuncios de próximas actuaciones fuera de lo habitual. Los propios están a favor y los demás en contra. ¡Sólo faltaría que fuera de otra manera! La prensa ilumina unos u otros ángulos dependiendo de si es afín al régimen o si no lo es. En ese sentido, no me pareció nada especial.

Sin embargo, las palabras malsonantes que pronunció el lehendakari desde la tribuna sí me parecieron algo especial. He oído, en cortes de radio, dos veces la palabra “coño” y una vez “acojonan”. Y sigo sin salir de mi asombro.

Es evidente que el idioma cuenta con variados registros y que cada registro es adecuado a un entorno o auna situación. No me dirijo al pescatero del mismo modo como lo hago a mis alumnos en clase, por ejemplo. Y no se les habla igual a los hijos o al funcionario de tráfico. Tenemos bastante claro en qué circunstancias pueden utilizarse tacos. El más iletrado sabe que las palabras malsonantes sólo deben utilizarse en entornos de máxima confianza y haciendo uso de determinados registros. Quien se dirige a otras personas utilizando palabras malsonantes, si no son de su entorno próximo, les falta al respeto.

Por eso, lo que hizo ayer el lehendakari fue una falta de respeto. Faltó al respeto a todas las personas que representa, sean o no sus votantes y a dos instituciones, al Parlamento y a la del propio cargo que ostenta.

¿Hubiera hecho algo parecido en las Cortes, en Madrid, desde la tribuna? Estoy seguro de que no. Quizás lo que subyace a un comportamiento tan poco digno es que el señor López sigue sin otorgar al cargo que ostenta la naturaleza que verdaderamente le corresponde. Quizás no se cree que es lehendakari o quizás no ha interiorizado aún que el lehendakari es la más alta institución de Euskadi. En realidad da igual que la razón sea una o la otra; lo que no da igual es la merma que de esa forma sufre la dignidad de nuestras instituciones.

¿Emancipación?

Hoy he coincidido con Paul Ríos, coordinador de Lokarri, en Azpimarra (ETB1). Él sabe qué opinión tengo de los últimos comunicados de ETA ([Enlace roto.] y [Enlace roto.]) y hemos hablado de ello. Le he dicho que he empezado a cambiar algo mi punto de vista. Aparte del voluntarismo de las manifestaciones de los portavoces de la izquierda abertzale heredera de Batasuna, que hay que ponderar en sus justos términos, me ha sorprendido lo que dijo ayer Txelui Moreno y, sobre todo, cómo lo dijo.

Utilizó el término “obedecer” para expresar la obligación que tienen todos los miembros de la izquierda abertzale no emancipada de aceptar las decisiones de las bases. Pareciera que en lo sucesivo, con idas y venidas, se van a producir pronunciamientos que reafirmen ese principio de emancipación. Así que es posible que dentro de unas semanas o meses, ya no podamos utilizar el calificativo “no emancipada” para esa izquierda abertzale. Sería magnífico.

Es seguramente mucho pedir que la valoración de las gamberradas terroristas sean calificadas como lo que son, ataques inaceptables a los bienes e integridad de las personas y de la colectividad. De momento vienen a decir que eso “no toca”, aunque sólo sea por razones tácticas. Por algo se empieza.

Otra cosa es lo que haga la organización terrorista, la vanguardia. En su día sostuve que ahí, en ese ámbito, se están echando un pulso unos a otros, políticos vs. terroristas, vanguardia vs. retaguardia. Y creo que eso es lo que hay. Los terroristas se resisten; eso es lo que a mí me sugieren los comunicados. Pero parece que los políticos están por la labor. Para mí sería ya mucho. Porque una cosa es que una cuadrilla de delincuentes se niegue a dejar de delinquir y otra, muy diferente, que esa delincuencia mantenga algún tipo de cobertura política. Podría ser, pues, que los políticos decidan, si ello fuera preciso, que ya se acabó eso de dar cobertura ideológica a la delincuencia terrorista. Tampoco podríamos, entonces, hablar de vanguardia y retaguardia. También eso sería magnífico.

Mercadería

Dice la Real Academia Española que mercadería es mercancía, -del italiano mercanzia-, y da tres acepciones, de las que traigo aquí dos. Según la primera, es “cosa mueble que se hace objeto de trato o venta”, y según la segunda, “trato de vender y comprar comerciando en géneros”. Hablo de la palabra mercadería aquí porque esta mañana he oido a Pello Urizar, presidente de EA, que las competencias no transferidas aún, -en alusión a la actual negociación de las políticas activas de empleo- se están tratando como una mercadería.

Es, efectivamente, un escándalo que a estas alturas, treinta años después, no se haya completado el proceso de transferencias de las competencias que, según la ley orgánica del Estatuto de Autonomía, corresponden a la Comunidad Autónoma Vasca. Pero dicho esto, no deja de sorprenderme que algo que va a ser, sin ningún género de dudas, muy bueno para los vascos, sea merecedor de una denominación tan peiorativa. Pero no es ese el único aspecto de esta cuestión que me merece una reflexión.

Parte quien así opina de una curiosa, pero muy extendida, consideración de la mercadería, esto es, del comercio. Es llamativo que habiendo sido el comercio un evidente factor de progreso para la humanidad, tenga tan mala fama. Sospecho que parte de la culpa de esa mala fama la tuvo Jesús de Nazareth quien, expulsandolos del templo, impuso a los mercaderes un estigma que no les ha abandonado nunca.

Pero resulta que las mismas virtudes que tiene el “mercadeo” en el terreno económico, las tiene en el político. La política es, ante todo, negociación y acuerdo, o así debiera ser. En política se intercambian “bienes”de orden político; se cede y se consigue; en definitiva, se mercadea. Así es y así debe ser. Así ha sido en el caso que nos ocupa. Y sí, es cierto, algunas competencias llegan tarde, pero parece que llegan, y gracias a eso, el pueblo vasco cuenta cada año que pasa con más herramientas a su disposición para facilitar la creación de riqueza y progreso. Gracias a ese mercadeo. ¿Por qué no le preguntamos el escocés Alex Salmond a ver qué le parece?

… un tal Pérez

En el año 98 (o quizás en el 97, no recuerdo bien), siendo vicerrector de euskera de la Universidad del País Vasco, no tuve mejor idea que proponer que cualquier estudiante que lo desease pudiese optar por escoger la lengua en que cursar las asignaturas que se ofertaban en nuestros dos idiomas oficiales, vasco y español. Resultó ser una pésima idea. A partir de aquel momento se desató una feroz campaña en contra de mis propósitos, campaña que desembocó en una ocupación del Aula Magna mientras se celebraba un claustro universitario, con la consiguiente suspensión de la sesión. Se me acusó de querer acabar con el euskera en la universidad.

Pues bien, en aquel contexto de movilizaciones y declaraciones subidas de tono, un periodista preguntó a uno de los estudiantes “movilizados” por la persona responsable de tales desmanes contra el vascuence, respondiendo aquél que el culpable era “un tal Pérez”. Desde entonces, un reducido círculo de amigos utiliza esa expresión para aludir a mi persona cuando se quieren referir a alguna de mis ideas u ocurrencias más extrañas. Y esa es la razón por la que he optado por esta denominación para el blog, porque lo que escriba a partir de ahora aquí lo escribirá un tal Pérez, un tipo que tiende a pensar de casi todas las cosas como muchas otras personas, pero al que a veces se le ocurren ideas raras, ideas que pueden llegar a provocar hasta algún amotinamiento.