Las cuatro patas

En la CAV el PNV ha ganado las elecciones legislativas celebradas ayer y mejora significativamente sus resultados de 2008. Si comparamos estos resultados con los de las pasadas elecciones forales, los partidos de ámbito español han recuperado posiciones en esta comunidad, aunque no lo suficiente como para dar la vuelta a la victoria que ya entonces obtuvo el PNV. En Navarra, por su parte, la ganadora ha sido la coalición UPN-PP, aunque es reseñable el excelente resultado que, por comparación con anteriores legislativas, han obtenido las coaliciones vasquistas.

Parece claro que ha sido el electorado tradicional del PSE y del PSN el que menos se ha movilizado. También UPN ha perdido un buen número de votos. Y el PP, por su parte, ha obtenido en la CAV un resultado discreto, máxime si tenemos en cuenta la gran victoria conseguida en el conjunto de España y la bajada socialista. La subida en la participación se ha producido gracias a los votantes de Amaiur, muchos de los cuales se abstuvieron hace tres años y medio.

Amaiur ha protagonizado, en buena medida, esta campaña electoral y ha sido la fuerza política que mejores expectativas había depositado en estos comicios en el País Vasco. Después de los buenos resultados obtenidos en las forales de mayo, y teniendo en cuenta que sumaba a sus anteriores efectivos a Aralar, aspiraban a desbancar al PNV como partido hegemónico en el ámbito nacionalista. No lo han conseguido; en parte porque el PNV ha cosechado un resultado excelente en la CAV: aun habiendo subido la participación, mantiene su porcentaje de voto por encima del 27%, y en Navarra, Geroa Bai, con más de 42.000 votos se queda a solo 7.000 de Amaiur y consigue que Uxue Barkos repita en el Congreso de los diputados.

Para algunos, estas elecciones tenían especial importancia porque podían colocar a la izquierda patriótica en posición de aspirar a ser la fuerza más votada en las próximas elecciones autonómicas. Y lo cierto es que se trata de una eventualidad que no cabe descartar en ningún caso. De hecho, conforme el terrorismo y sus secuelas de dolor vayan quedando atrás, lo lógico será que la izquierda de ambito exclusivamente vasco se encuentre en disposición de ganar las elecciones en la CAV, como ocurre en cualquier otro país. Pero los resultados, a día de hoy, no apuntan en esa dirección. De hecho, las tendencias de PNV y Amaiur están siendo dispares. El PNV, además de ganar casi 17.000 votos con respecto a las anteriores legislativas, solo se ha dejado unos 10.000 de las forales a ahora (un 3%). La suma de los votos obtenidos por Bildu y Aralar en mayo fue de 310.515 en la CAV, por lo que ha perdido del orden de 25.000 (un 8%).

Para terminar estas líneas quiero hacer referencia a un dato de carácter general que me ha llamado la atención. Se refiere al hecho de que en el conjunto de la Euskadi peninsular, las cuatro grandes alternativas políticas han obtenido prácticamente el mismo resultado. Los socialistas han obtenido unos 327.000 votos en total; Amaiur, con algo más de 333.000, se encontraría en una posición intermedia; y algo más arriba la entente PP-UPN, con unos 336.000 votos. Las cuentas relativas al PNV son más difíciles de hacer, porque este partido ha obtenido 323.500 votos en la CAV, pero es indudable que una parte significativa de los cosechados por Geroa Bai (unos 42.500) también le corresponden. La suma de ambas cifras haría del nacionalismo progresista vasco la primera fuerza política de este amplio ámbito político. Aunque, dada la gran volatilidad electoral de nuestro país, lo más adecuado es considerar que la Vasconia peninsular es, de hecho, como una mesa de cuatro patas de similar tamaño. Conviene que nadie pierda de vista este elemental dato.

Ofrendas al ídolo

En la campaña para las elecciones municipales y forales del pasado mayo, los candidatos de Bildu manifestaron, una y otra vez, que el voto a su coalición era un voto a favor de la paz. El mensaje era cristalino: era bueno que Bildu cosechase muchos votos, pues de esa forma los más partidarios, de entre ellos, de la violencia verían con más claridad que apostando por vías pacíficas se obtienen más votos, y de ese modo se pueden conseguir mejor los objetivos perseguidos. El argumento funcionó entonces.

Los candidatos de Amaiur vuelven ahora a utilizar el mismo argumento. De manera más o menos explícita, invocan la consolidación de la paz para recabar votos para su formación. Sugieren, una vez más, que los votos a Amaiur apuntalan el cese del terror y ayudan a convertirlo en definitivo. Esto es, utilizan el terrorismo con el propósito de obtener réditos electorales.

Es en ese contexto en el que debe interpretarse la entrevista a ETA publicada estos días de atrás. Esa entrevista es el recordatorio de la existencia de la organización terrorista. Dicen que el desarme está en la agenda, sí, pero lo que está en una agenda puede dejar de estarlo, y más cuando a la cita no se le pone fecha. En esta situación, la mera existencia de ETA constituye una amenaza latente que ella misma, con su irrupción pública, nos recuerda de manera oportuna.

Que Amaiur va a obtener un buen resultado el 20N no lo duda nadie. A los votantes de siempre de la izquierda patriótica se suman ahora unos cuantos de EA, de Aralar y de la izquierda de la izquierda. Una vez ha cesado la práctica terrorista, muchos nacionalistas o patriotas de izquierda que antes tenían reparos en apoyar a una fuerza que tenía el respaldo explícito de las armas, dejan de tenerlos ahora. Esto es, más que premiarla, lo que ocurre es que una parte del electorado ha dejado de castigar a esa corriente política.

Pero además de esos antiguos y nuevos votantes de las fuerzas que confluyen en Amaiur, es posible que otros nacionalistas también les den su apoyo. Son, precisamente, esos a los que va dirigido el argumento de que votando a Amaiur se apuntala la paz. Y sin embargo, no hay tal apuntalamiento; el argumento es falaz.

No hay ninguna razón para pensar que un eventual buen resultado de Amaiur será beneficioso de cara a la desaparición de ETA. Al contrario, lo lógico es pensar que tal resultado actuaría como un incentivo que dificulte la solución definitiva del problema terrorista. Un buen resultado de Amaiur tendría un doble efecto. El primero sería que encarecería el proceso de liquidación del terrorismo, y ello por dos razones: 1) la organización armada, o sus representantes políticos, esgrimirían esos buenos resultados como baza en unas eventuales conversaciones para abordar la satisfacción o solución a dar a eso que eufemísticamente llaman “consecuencias del conflicto”; y 2) esos resultados reforzarían la interpretación que hace la izquierda patriótica de la historia del terror, lo que dificultaría una posible actitud favorable del gobierno español ante las eventuales conversaciones a las que he aludido. A este respecto, recordemos lo que ocurrió tras las elecciones de mayo pasado. Antes y durante la campaña, el tono y los mensajes de la izquierda patriótica eran conciliadores en grado sumo, pero ese tono conciliador se volatilizó una vez Bildu ocupó las instituciones en las que gobierna.

El segundo efecto de un eventual buen resultado de Amaiur sería que alimentaría la tentación que pudiera tener ETA de prolongar la situación actual, quizás con ligeras variantes, para de esa forma poder recurrir a la misma motivación en ulteriores convocatorias electorales. Es una simple cuestión de incentivos.

Así pues, quienes crean que es bueno que el ídolo (ETA) reciba ofrendas (votos a Amaiur), para conseguir apaciguarlo definitivamente, ha de saber que los ídolos no se sacian con facilidad, y que lo más probable es que esas ofrendas lo único que consigan sea estimular su apetito.

Percepciones electorales

El sondeo que publica DEIA este fin de semana prevé una participación razonablemente alta el próximo domingo. Pasaría del 65% de 2008 al 73% ahora. Es cierto que hace cuatro años la izquierda patriótica no se presentó y eso explica esa subida pero, en todo caso, ¿dónde queda el desprestigio de la política? ¿qué está en juego en estas elecciones que contrarresta ese desprestigio? Creo que la respuesta es que lo que está en juego es la consoldación definitiva de la paz.

Los vascos no nos hacemos ilusiones con respecto al papel de los partidos en la salida de la crisis; tampoco creemos que en los partidos haya gente preparada. Así las cosas, los motivos para votar a una u otra opción electoral tienen, erróneamente, poco que ver con esas cuestiones.

Los vascos, en conjunto, no parecemos muy satisfechos con los líderes del PP; quizás a eso se deba el pobre resultado que prevé el sondeo para este partido en la CAV. A pesar de todo, yo no lo acabo de tener tan claro. La tendencia a favor del cambio de gobierno en España no se va a manifestar aquí con la misma intensidad, pero creo que esa ola tendrá sus efectos.

A favor del PSE juegan varios factores. Es el partido cuyo candidato a presidente de gobierno despierta, por comparación con el del PP, más simpatías entre nosotros. Sus cabezas de listas aúnan conocimiento público y buena valoración. Y finalmente, es el partido al que más méritos se le otorgan en relación con el cese de la actividad terrorista. Al respecto, es muy llamativo que entre quienes manifiestan su intención de votar al PP, casi se igualan los porcentajes de los que atribuyen más mérito en ese aspecto al propio PP y quienes se lo atribuyen al PSE. En contra, claro está, actúa el desastre económico español, del que el electorado reponsabiliza, en buena medida, a los gobiernos de Rodríguez Zapatero.

A favor de Amaiur actúa, en primer lugar, el estado de movilización permanente de su electorado tradicional. Por otro lado, y esto ya ocurrió en las elecciones de mayo, muchos nacionalistas de izquierdas ya no castigan a esa opción política como lo hacían en el pasado por tener la percepción de que era connivente con el terrorismo. Y por último, también juega a su favor el hecho de que un buen número de votantes nacionalistas piense que es el modo más eficaz de conjurar una posible vuelta de ETA a las andadas. No es cierto que eso sea así, pero mucha gente lo piensa.

El PNV se encuentra en una posición intermedia, con las ventajas e inconvenientes que ello conlleva. A su favor juega el papel que se le atribuye de defensa de los intereses de Euskadi, -o sea, de los vascos-, en Madrid. Por otro lado, en lo concerniente a la búsqueda de la paz, se le reconoce un papel proactivo, y aunque seguramente tal papel ha sido y será determinante, esa percepción no ha acabado de calar en el electorado.

Resulta significativo que las percepciones del electorado del PNV con especto a las circunstancias del final del terrorismo se aproximan o coinciden con las percepciones medias del conjunto del electorado. Las del resto de electores se alejan en una dirección (PSE y PP) o la contraria (Amaiur) de los valores medios, pero las de los votantes del PNV se asemejan de forma notable a esas percepciones medias. El electorado nacionalista ocupa, por lo tanto, una posición central en la sociología política vasca, y eso complica a sus líderes las cosas. Es la servidumbre de la centralidad, el escenario al que deberá enfrentarse en adelante. En un mapa político con cuatro grandes actores muy equilibrados, las opciones centrales del rombo se encontrarán en condiciones idóneas para articular mayorías de gobierno pero, en contrapartida, deberán acertar con el discurso y las políticas que desarrollen.

Movilización vs. abstención

El CIS dio el golpe la pasada semana al hacer públicas las estimaciones de voto que arrojaba su sondeo para las elecciones del 20N en Euskadi. Causó sorpresa en casi todos, incredulidad en algunos, y estupor y rechazo en otros. Los partidos grandes manejaban encuestas que dibujaban un panorama diferente y, en general, coincidente: triple empate entre PNV, Amaiur y PP, y un resultado algo peor para el PSE. Por esa razón la encuesta del CIS cogió al personal a contrapelo.

Esta misma semana Deia ha publicado otro sondeo, realizado por Gizaker, con una muestra sensiblemente mayor a la que había utilizado el CIS. Según ese sondeo, PNV y Amaiur se disputan el liderazgo electoral en la CAV, mientras que el PSE queda muy rezagado. La clave, al parecer, radica en la fenomenal pérdida de apoyos que sufriría el PSE, porque pasar del 39% al 18% de los votos (de 9 a 3 diputados) es una gran pérdida.

Si los resultados de esta encuesta reflejasen la realidad electoral, habría dos preguntas clave que responder: ¿A dónde irían los votos que perdería el PSE? y ¿de dónde vendrían los votos que obtendría Amaiur? Si la participación se mantiene en términos similares a los de las anteriores legislativas, las respuestas a las dos preguntas están muy relacionadas la una con la otra. Porque la izquierda patriótica no se presentó a las legislativas de 2008 y parte de sus votantes, -muchos, quizás-, se abstuvieron. Y porque ahora, a la vista de los datos, da la impresión de que muchos de los que dejen de votar al PSE acabarán también absteniéndose. Se trataría, por lo tanto, de dos contribuciones diferentes, pero de similar magnitud, a la bolsa de la abstención. Y eso explicaría que, sin variar apenas el porcentaje de abstención, unos (PSE) bajen tanto, los otros (Amaiur) obtengan de repente tanto, y los otros dos (PNV y PP) no experimenten grandes variaciones.

Es evidente que, para ser fiel a la foto que dibuja la encuesta publicada por Deia, ese esquema general requiere matices importantes. Uno es que parte del voto que ganará el PP proviene, seguramente del PSE y el otro es que parte del anterior voto de EA, Aralar y EB será cosechado por Amaiur. Hasta aquí, todo parece claro, muy claro incluso. Pero dudo mucho que el día 20 las cosas transcurran de ese modo.

Sospecho que los resultados que obtendrán el PNV, Amaiur y el PP no serán muy diferentes, en términos absolutos, de los que proyecta el sondeo de Deia. Si acaso, podrían ser algo peores. Pero también creo que el PSE obtendrá mejores resultados que los que se le atribuyen. Porque creo que parte de su electorado que hace dos semanas pensaba abstenerse, a la hora de la verdad, votará. En Euskadi hay muchos votantes de izquierdas que no querrán facilitar una humillación electoral socialista como la que prevén las encuestas, y además, los cabezas de lista del PSE por Vizcaya, Álava y Guipúzcoa son muy buenos candidatos, probablemente los políticos socialistas mejor valorados en Euskadi.

Quizás los resultados electorales acaben finalmente en algún punto intermedio entre las estimaciones del CIS y las de Gizaker, aunque más cerca de estas que de aquellas. Y por ello, no habría que descartar algo parecido a un cuádruple empate en porcentajes de voto o, al menos, menores diferencias que las que proyecta el sondeo de Deia. Si ello fuera así, que el PNV y Amaiur puedan constituir grupo parlamentario quizás lo decida un pequeño número de votos, por lo que la capacidad de unos y otros para movilizar a su electorado en los últimos días de campaña adquirirá una importancia capital.