Rebatiña gubernamental

Cuando era chaval y andaba en pantalón corto por las calles de Salamanca no era raro que, algunos domingos, algún padre feliz saliera a la calle con chucherías y golosinas y las lanzara al grupo de chiquillos que se apelotonaba frente a su portal para lanzarse a coger al vuelo o del suelo lo que se pudiera. Es algo parecido a lo que hacen los Reyes Magos y el Olentzero ahora en los desfiles navideños. Y es parecido, también, a lo que se propone hacer el Gobierno Vasco con los [Enlace roto.]: una rebatiña.

El plan del Gobierno Vasco de gastar casi un millón de euros en los próximos meses para, -supuestamente-, apoyar al comercio riza el rizo. El año pasado fueron los coches, los electrodomésticos y los muebles. Se recurrió entonces a la concesión de ayudas públicas para estimular un consumo deprimido, poniendo en práctica una medida de efectividad económica más que discutible. Y no nos engañemos, lo que entonces se gastó el Gobierno vasco en aquellas ayudas lo tendrán que pagar nuestros hijos dentro de unos años con sus impuestos.

Hace unas semanas salieron con lo de entrar en el capital de la Naval, prestos a resolver con dinero público los problemas que genera la falta de competitividad de la empresa. Y ahora vuelven a las andadas. El objetivo dicen que es el comercio. Y el procedimiento es de chiste: se sortearán bonos de compra. Medio millón de euros para comprar, y el otro se irá en publicidad. Dicho con otras palabras: medio millón de euros que se gastarán entre unos cinco mil afortunadosciudadanos vascos (a razón de 100€ por cabeza) por un lado, y cerca de otro medio millón de euros que irá derecho a empresas de comunicación y de publicidad. [Excurso: a mí me parece que son estas empresas las verdaderas beneficiarias de este plan y en las que se ha pensado para ponerlo en marcha].

Insisto en que todo esto saldrá del bolsillo de nuestros hijos dentro de unos años. Y eso es injusto; ellos no tienen la culpa de que nosotros no hayamos sabido administrar debidamente nuestros recursos ahora. Pero hay más, el dinero que gasta la administración ahora se detrae del circuito económico, donde podría estar ayudando a que otros sectores, esos sí, eficientes, tengan más dinamismo del que tienen.

Ese dinero se va a gastar en vísperas electorales. No soy un ingenuo; eso se hace con un propósito, pero para mí eso es lo de menos. No les va a dar ni un solo voto. El problema es la ideología que subyace a este tipo de operaciones y los efectos que ellas acaban teniendo sobre el dinamismo económico del país y la eficiencia y competitividad de sus empresas.

Mercadería

Dice la Real Academia Española que mercadería es mercancía, -del italiano mercanzia-, y da tres acepciones, de las que traigo aquí dos. Según la primera, es “cosa mueble que se hace objeto de trato o venta”, y según la segunda, “trato de vender y comprar comerciando en géneros”. Hablo de la palabra mercadería aquí porque esta mañana he oido a Pello Urizar, presidente de EA, que las competencias no transferidas aún, -en alusión a la actual negociación de las políticas activas de empleo- se están tratando como una mercadería.

Es, efectivamente, un escándalo que a estas alturas, treinta años después, no se haya completado el proceso de transferencias de las competencias que, según la ley orgánica del Estatuto de Autonomía, corresponden a la Comunidad Autónoma Vasca. Pero dicho esto, no deja de sorprenderme que algo que va a ser, sin ningún género de dudas, muy bueno para los vascos, sea merecedor de una denominación tan peiorativa. Pero no es ese el único aspecto de esta cuestión que me merece una reflexión.

Parte quien así opina de una curiosa, pero muy extendida, consideración de la mercadería, esto es, del comercio. Es llamativo que habiendo sido el comercio un evidente factor de progreso para la humanidad, tenga tan mala fama. Sospecho que parte de la culpa de esa mala fama la tuvo Jesús de Nazareth quien, expulsandolos del templo, impuso a los mercaderes un estigma que no les ha abandonado nunca.

Pero resulta que las mismas virtudes que tiene el “mercadeo” en el terreno económico, las tiene en el político. La política es, ante todo, negociación y acuerdo, o así debiera ser. En política se intercambian “bienes”de orden político; se cede y se consigue; en definitiva, se mercadea. Así es y así debe ser. Así ha sido en el caso que nos ocupa. Y sí, es cierto, algunas competencias llegan tarde, pero parece que llegan, y gracias a eso, el pueblo vasco cuenta cada año que pasa con más herramientas a su disposición para facilitar la creación de riqueza y progreso. Gracias a ese mercadeo. ¿Por qué no le preguntamos el escocés Alex Salmond a ver qué le parece?