Círculo virtuoso

El avance de la tecnología y, más en concreto, de la de comunicaciones, ha propiciado que la inteligencia sea cada vez más valorada. Conforme los ordenadores han ido proporcionando más y más facilidades para acceder a la información y disponer de ella, más se valoran las personas capaces de hacer un buen análisis o uso de esa información (sea cual sea el campo de actividad).

Los hijos de padres que se han formado en la universidad tienen más posibilidades que los demás de formarse en la universidad y alcanzar un título universitario. Es muy probable que en esa concatenación incidan tanto factores hereditarios como ambientales. Entre estos está el ambiente familiar más o menos libresco, la riqueza de vocabulario de los padres y, en unos países más que en otros, la calidad de la escuela.

A lo anterior se añade el emparejamiento entre afines (desde el punto de vista formativo). Cada vez es mayor el porcentaje de hombres de alto nivel educativo que se emparejan con mujeres de su mismo nivel. Esto está ocurriendo en los países occidentales porque ha aumentado muchísimo el porcentaje de mujeres con titulación superior; en algunos países han llegado a alcanzar más mujeres que hombres el título universitario.

Eso es un círculo, círculo que puede ser calificado de virtuoso. En virtud de tal círculo, el talento está cada vez más lejos de la mediocridad, y dado que cada vez es mayor el valor que se otorga a la capacidad intelectual, cada vez habrá más distancia entre la remuneración de los más capaces y la de los menos. Y esto tiene evidentes consecuencias políticas y económicas de gran importancia.

Nota: Se me olvidaba decir que esto no se me ha ocurrido a mí. Lo he leído en un suplemento especial de The Economist, que, bajo el título “The few”, agrupa un conjunto de artículos sobre los líderes.

El mundo está mal

Acertaba de pleno mi vecino Javier Vizcaíno cuando anunciaba en la columna de al lado que un tal Pérez podría acudir a discutir sus argumentos cargado de tablas. Y a eso vengo, sí, a discutir argumentos, aunque no con tablas; esta vez voy a utilizar figuras, porque en las figuras las cosas se ven con más claridad.

El mundo está mal; eso es seguro. De entrada, hay mil millones de seres humanos que pasan hambre (hace año y medio escribí [Enlace roto.] sobre ello); demasiadas personas hambrientas, qué duda cabe. Falta el agua potable; algunas epidemias (malaria, tuberculosis, sida, y otras) acaban con las vidas de millones de personas cada año; hay miseria y explotación; y algunas zonas del planeta están severamente contaminadas. Esta es una realidad ante la que no debemos cerrar los ojos.

Pero ¿estamos mejor o peor que hace diez, cincuenta o cien años? Y la respuesta, sin asomo de duda, es que estamos mejor. Cada año que pasa hay más personas bien alimentadas (aunque en ciertos momentos el número de hambrientos pueda crecer de forma transitoria); cada vez más seres humanos tienen acceso al agua potable; cada vez hay mejores medios para controlar ahora y erradicar más tarde las enfermedades que más gente joven mata en el mundo; la miseria desciende a ojos vistas: países enteros ven cómo crecen sus clases medias y hasta en África subsahariana se están produciendo mejoras significativas; la explotación pierde terreno: hasta en China las autoridades comunistas saben que no pueden prolongar de modo indefinido la situación a que someten los “burócratas emprendedores” a millones de chinos con la complicidad del comité central de su partido; y nunca se ha contado con tecnologías tan eficaces para evitar y, en su caso, eliminar la contaminación.

Hay datos de sobra que avalan esas afirmaciones. Y con esto no digo que el futuro vaya a ser de color de rosa. Todavía no sabemos cuánto crecimiento poblacional puede asumir el planeta. Y tampoco sabemos, y esto es muy importante, si los países ricos van a seguir abriendo sus mercados a los países pobres. Tampoco sabemos si se seguirán consolidando en el mundo los regímenes democráticos que son la llave del progreso y la igualdad de oportunidades. Hay algunos síntomas preocupantes, como la involución que protagonizan países como Irán, pero en general, a trancas y barrancas, se avanza.

Pero como dice mi amigo Pedro en feisbuk, ante las cuestiones de fe no se puede luchar. En todo caso, y para no defraudar las expectativas de mi vecino Javier, tablas no, pero imágenes, las que hagan falta. Adjunto link a Gapminder World, donde se pueden seleccionar variables de desarrollo, educación, pobreza, salud, etc… y pinchando en la tecla que representa el “play”, se puede observar cómo ha cambiado el mundo (y muchos de sus países) desde hace más de un siglo. Recomiendo una gráfica en la que se seleccione en el eje vertical la esperanza de vida y en el horizontal el PIB per capita. Sí, las desigualdades han aumentado porque hay paises que se han quedado atrás, pero hasta en esos ha subido la esperanza de vida de manera espectacular a lo largo del siglo pasado; y ese indicador es, seguramente, el que mejor sintetiza las condiciones de vida.

Lo dicho, el mundo está mal, pero está menos mal que antes.