Impresiones

1ª impresión: Uno de los dos asesinos de mujeres que han ejercido este fin de semana ha intentado, dicen, suicidarse. Sorprende en estos tipos el nivel de acierto a la hora de cargarse a su pareja y el escasísimo éxito que tienen cuando tratan ellos mismos de quitarse de en medio.

2ª impresión: No he leído la sentencia del caso Bateragune, entre otras cosas porque no entiendo algunas expresiones propias de esos textos. Estoy bastante harto de la tremenda banalidad, -banalidad del mal, esta también-, que se ha instalado en el mundo de la justicia. He visto en acción a la jueza que ha presidido el tribunal del caso; declaré como testigo en la Audiencia Nacional hace ya varios años ante un tribunal presidido por ella. Me fui pensando que la actuación que había visto era un mal sueño. Por lo visto no lo fue.

3ª impresión: España es campeona de Europa en baloncesto; tengo entendido que ya era campeona de algo muy grande también. Y qué decir del fútbol y la roja; también es campeona de todo. Nadal en tenis es muy bueno; Alonso ha sido campeón del mundo de fórmula 1 hace pocos años y en ciclismo varios corredores españoles han ganado las grandes vueltas durante los últimos años. Y yo me pregunto: ¿Todos estos éxitos no tienen nada que ver con que España esté en la ruina, endeudada hasta las cejas y al borde del colapso?

El nuevo éxodo irlandés

Cada trabajador irlandés debe 32.500 €. Esa cantidad, multiplicada por el número de trabajadores irlandeses es lo que va a tener que devolver la República de Irlanda a quienes le presten lo que necesita para salir del agujero en el que se ha metido. Lo de los 32.500 € sería en el supuesto de que en Irlanda haya la misma cantidad de gente que hay ahora, pero parece ser que va a haber alguno menos. Hay muchísimos jóvenes irlandeses, sobre todo los que cuentan con un buen nivel de formación, que se van a ir de Irlanda en los próximos años.

Según el Instituto Nacional de Ciencias Sociales, hasta el año 2014 abandonarán el país unas 250.000 personas. Recordemos que son cuatro millones las personas que viven en Irlanda. Una pérdida de población de esa magnitud tendrá, muy posiblemente, efectos negativos sobre el crecimiento. Pero en este caso, además, perderá un capital humano muy valioso, dado el alto nivel formativo de quienes emigrarán.

Los gobiernos de Canadá, Australia y Nueva Zelanda han empezado a organizar ferias en Dublín para ofrecer empleo a los jóvenes irlandeses. A esos países les viene de perlas contar con personas bien preparadas, anglófonas y…. ¡blancas! Y para los jóvenes irlandeses la oportunidad es magnífica: un buen futuro por delante en otro país de su órbita cultural y no tener que afrontar la pesada losa de la deuda colectiva que atenaza al suyo. A nadie le gusta irse de su casa y de su país, eso está claro, pero Irlanda tiene una larga tradición migratoria; todavía en el siglo pasado se produjeron grandes migraciones en los cincuenta y en los ochenta.

Es conveniente estar al tanto de lo que pasa en el mundo. En una Europa en la que a los estados ya no les es dado devaluar sus monedas cuando se empobrecen, la emigración aparece como válvula de escape. España lo tiene complicado. Incluso si finalmente no se cumplen algunos de los más negros pronósticos, le costará años levantar cabeza, y eso, si se hacen las cosas bien. El paro se mantendrá alto durante unos cuantos años y muchos serán los que no dudarán en buscar un lugar mejor para vivir. Otros lo hicieron antes.

Chinos

Hoy iba a escribir de la manifestación, de los eslóganes, de la lectura del comunicado final, del disgusto que se llevaron algunos, del cabreo con que se fueron otros, del mal trago de alguno que otro en Kilometroak y claro está, de la unidad abertzale. Pero he pensado que mejor no me repito. Así que he decidido escribir de chinos, que aunque los haya visitado el Lehendakari, están muy lejos. ¿O no?

El caso es ese, que quizás no estén tan lejos. El viernes pasado, en la tertulia de Onda Vasca, hablando del putsch de Quito, Juanjo Álvarez comentó, como de pasada, que en Ecuador hay cada vez más chinos. Yo no lo sabía pero resulta que el gobierno chino ha comprado muchas tierras allí y ha enviado a agricultores chinos a cultivarlas. La observación se me me quedó en el desván del cerebro y hoy la he recuperado. También he recordado la novela “El Chino”, de Henning Mankell, en la que trata de la nueva colonización de África por una potencia extranjera, la República Popular China, claro está.

En África están teniendo éxito. Están estimulando el crecimiento económico de las zonas en las que se implantan. En Ecuador, seguramente, harán algo parecido. Y lo propio harán en otros lugares. Los chinos necesitan alimentos y también lugares en los que colocar los excedentes de población. Así pues, matan dos pájaros de un tiro. Porque pueden: tienen capital.

Y aquí viene el dato que me ha hecho recordar hoy estas cosas. Alguno de los periódicos que he leído informa hoy de que los chinos van a comprar deuda griega y que estarían dispuestos a comprar deuda de cualquier país europeo en apuros. Afirman que lo hacen para apoyar a la Unión Europea, cosa que quizás sea cierta, en parte. Pero aunque sea cierto que lo hacen para ayudar, de lo que no hay duda es de lo que ello significa. China será el año que viene la segunda potencia económica mundial. Crece a tasas anuales asombrosas. Empieza a haber universidades chinas entre las 100 mejores del mundo (española no hay ninguna), y su investigación está empezando a codearse con la de los paises punteros. Dentro de unos pocos años China no se limitará a fabricar barato para vender en el mundo. Fabricará productos innovadores y de calidad, y también los venderá en el mundo. Y son más de 1.000 millones de seres humanos.

Y mientras tanto, una parte importante de Europa sigue echando la siesta y algunos más que echarse la siesta parecen haber perdido el conocimiento. Que nos sea leve.