Hipótesis no científica

Sostengo que el modo en que ha quedado configurado el entramado institucional vasco es, en cierta medida al menos, consecuencia de la política de alianzas que desarrolló el PNV durante la pasada década y, muy en especial, de la que dio lugar al último gobierno tripartito que finalizó su andadura en marzo de 2009.

Salvo que tengan carácter estable, nunca he sido partidario de coaliciones preelectorales. La formada por PNV y EA que ganó las elecciones de 2001, fue una respuesta de emergencia a la situación por la que atravesó el nacionalismo institucional durante el difícil bienio 1999-2000, y a las posibilidades reales que en aquel momento tuvo el PP de alcanzar la presidencia del gobierno vasco. Cuatro años después, sin embargo, aquella coalición no tenía sentido. Condujo a una representación excesiva de EA en el gobierno, situación de la que también gozó EB. Además, aquel tripartito dio aire a dos fuerzas en evidente declive y propició unas políticas públicas en los ámbitos de gobierno de esos dos partidos que poco tenían que ver con la tradición jeltzale. Pero ese fue, quizás, el precio que estuvo dispuesto a pagar el PNV por la pretensión de que el gobierno fuera el “cauce central” de la política vasca.

En marzo de 2009 aquella arquitectura se vino abajo. El excelente resultado del PNV resultó insuficiente, tanto por los efectos de la ilegalización de la izquierda abertzale, como por la debacle electoral de EA y EB. El PNV se había quedado sin fuerzas con las que pactar para evitar el gobierno de la coalición PP-PSE. Y aunque los partidos pequeños sufrieron un verdadero varapalo, no desaparecieron de escena.

En Guipúzcoa, el PNV ha promovido en estas elecciones una estrategia diferenciada que, bajo la denominación “Batu gaitezen”, ha querido revivir el planteamiento de un “cauce central”. Y lo cierto es que esa estrategia ha funcionado con notable éxito. El único problema es que los frutos del éxito los ha cosechado Bildu, coalición que, por nombre y naturaleza, encarna a la perfección el propósito de unidad que promovía “Batu gaitezen”. Esa parte del voto cosechado por Bildu que antaño había sido de EA, atendió a la llamada de unidad, solo que la unidad a la que se sumó fue a la encarnada por Bildu. Al fin y al cabo, la expresión “batu gaitezen” comparte campo semántico con “bildu gaitezen”.

En Álava las cosas podían haber ido mucho mejor para los jeltzales si la actitud que desde el principio mostró el Diputado General en relación con los casos de presunta corrupción hubiese sido adoptada con la misma energía y celeridad por el ABB y por los imputados. Los tres mil y pico votos que le faltaron al PNV para ganar, bien pudieron no haberse perdido. Pero se perdieron; esos y más. Y una parte importante seguro que también se fue con Bildu. Pero en este territorio las cosas no han sido como en Guipúzcoa. Han sido más tristes: un partido en descomposición el que ha acabado por enterrar las posibilidades de Xabier Agirre para repetir como Diputado General. Me muevo en el terreno de lo no contrastable, lo sé. Pero tengo la convicción de que la negociación con EB no hubiese acabado como ha acabado de no haber sido por la facilidad con la que esa fuerza política consiguió espacios de poder y de gestión en las negociaciones para formar los gobiernos anteriores, y muy en especial el segundo. No sugiero que en aquellos casos el PNV accediera a conceder lo que no se podía conceder. No era necesario, porque la sola presencia de EB en el gobierno ya servía para alimentar los comportamientos que denunció Xabier Agirre en la sesión de investidura, sin necesidad de complicidad por parte de nadie más.

No es posible contrastar la validez de la hipótesis que he formulado; tampoco es posible contrastar su falsedad. Está, por lo tanto, muy lejos de ser una hipótesis científica. Pero ello no es óbice para que sea válida; tampoco para lo contrario.

Medio llena

Hubiera preferido que [Enlace roto.] suscrito ayer por la izquierda abertzale heredera de Batasuna, Aralar, EA, Abertzaleen Batasuna y Alternatiba se hubiese limitado a pedir a ETA su abandono definitivo. No me gusta que se dirijan al gobierno español en demanda de nada en el contexto de ese acuerdo. En fin, me hubiera gustado que las cosas de ETA hubieran ido por un lado y todo lo demás por otro. Porque aunque todos esos elementos sean ingredientes de un mismo sistema político creo que es conveniente no mezclar los planos. Porque no deben equipararse las actuaciones del estado, por inicuas que nos parezcan, con las de una organización terrorista.

Pero dicho lo anterior, y en la línea que apuntaba en un apunte anterior (“¿Emancipación?”), parece que la izquierda abertzale heredera de Batasuna ha tomado la decisión firme de dedicarse a la política sin tutelas armadas. El acuerdo de ayer, aunque hubiese preferido que estuviese redactado en otros términos, es un hito más en esa direción. Así lo creo. Por eso, me he sentido identificado con lo que ha escrito Javier Vizcaíno en su “Mínimos” de “Más que palabras” y en cierta medida también conlo que ha escrito Pablo Muñoz ( “[Enlace roto.]“).

Aprovecho estas líneas para comentar, muy brevemente y sin ánimo de dar continuidad a la discusión previa, el último comentario de Mikel a mi entrada anterior. Dice Mikel que hoy hay dos razones más para creer que ETA va a acompañar a Batasuna en ese trayecto. Es posible, pero así como creo que la firma del documento de marras es un paso significativo, no lo veo tan claro en el caso de ETA. Sigue habiendo, a mi juicio, demasiado circunloquio. El circunloquio es una forma de sugerir, de afirmar algo sin hacerlo del todo, de dejar puertas abiertas, y de evitar la ruptura, sí, pero también puede ser la cortina tras la que esconder otras intenciones. Por eso, aunque no tengo elementos suficientes como para pensar con alguna seguridad que vaya a ser de una forma o de otra, no lo veo tan claro. El tiempo lo dirá.

Hoy, a pesar de todo, soy más optimista que ayer; empiezo a ver la botella medio llena.

Post scriptum: Recomiendo vivamente el artículo “[Enlace roto.]”, de Txema Montero en Deia.