El mundo está mal

Acertaba de pleno mi vecino Javier Vizcaíno cuando anunciaba en la columna de al lado que un tal Pérez podría acudir a discutir sus argumentos cargado de tablas. Y a eso vengo, sí, a discutir argumentos, aunque no con tablas; esta vez voy a utilizar figuras, porque en las figuras las cosas se ven con más claridad.

El mundo está mal; eso es seguro. De entrada, hay mil millones de seres humanos que pasan hambre (hace año y medio escribí [Enlace roto.] sobre ello); demasiadas personas hambrientas, qué duda cabe. Falta el agua potable; algunas epidemias (malaria, tuberculosis, sida, y otras) acaban con las vidas de millones de personas cada año; hay miseria y explotación; y algunas zonas del planeta están severamente contaminadas. Esta es una realidad ante la que no debemos cerrar los ojos.

Pero ¿estamos mejor o peor que hace diez, cincuenta o cien años? Y la respuesta, sin asomo de duda, es que estamos mejor. Cada año que pasa hay más personas bien alimentadas (aunque en ciertos momentos el número de hambrientos pueda crecer de forma transitoria); cada vez más seres humanos tienen acceso al agua potable; cada vez hay mejores medios para controlar ahora y erradicar más tarde las enfermedades que más gente joven mata en el mundo; la miseria desciende a ojos vistas: países enteros ven cómo crecen sus clases medias y hasta en África subsahariana se están produciendo mejoras significativas; la explotación pierde terreno: hasta en China las autoridades comunistas saben que no pueden prolongar de modo indefinido la situación a que someten los “burócratas emprendedores” a millones de chinos con la complicidad del comité central de su partido; y nunca se ha contado con tecnologías tan eficaces para evitar y, en su caso, eliminar la contaminación.

Hay datos de sobra que avalan esas afirmaciones. Y con esto no digo que el futuro vaya a ser de color de rosa. Todavía no sabemos cuánto crecimiento poblacional puede asumir el planeta. Y tampoco sabemos, y esto es muy importante, si los países ricos van a seguir abriendo sus mercados a los países pobres. Tampoco sabemos si se seguirán consolidando en el mundo los regímenes democráticos que son la llave del progreso y la igualdad de oportunidades. Hay algunos síntomas preocupantes, como la involución que protagonizan países como Irán, pero en general, a trancas y barrancas, se avanza.

Pero como dice mi amigo Pedro en feisbuk, ante las cuestiones de fe no se puede luchar. En todo caso, y para no defraudar las expectativas de mi vecino Javier, tablas no, pero imágenes, las que hagan falta. Adjunto link a Gapminder World, donde se pueden seleccionar variables de desarrollo, educación, pobreza, salud, etc… y pinchando en la tecla que representa el “play”, se puede observar cómo ha cambiado el mundo (y muchos de sus países) desde hace más de un siglo. Recomiendo una gráfica en la que se seleccione en el eje vertical la esperanza de vida y en el horizontal el PIB per capita. Sí, las desigualdades han aumentado porque hay paises que se han quedado atrás, pero hasta en esos ha subido la esperanza de vida de manera espectacular a lo largo del siglo pasado; y ese indicador es, seguramente, el que mejor sintetiza las condiciones de vida.

Lo dicho, el mundo está mal, pero está menos mal que antes.

Buenas preguntas

Las últimas 48 horas he estado “fuera de cobertura”. Desde el lunes a las cuatro de la tarde hasta hoy a una hora similar, he permanecido en San Sebastián, participando en el encuentro “Passion for knowledge”. Cuando he recuperado la cobertura me he encontrado con lo de casi siempre: extrañas (por “casuales”) detenciones de militantes de esa izquierda abertzale que dice una cosa y otra a la vez, detenciones de presuntos militantes de ETA, declaraciones de unos y de otros, una convocatoria de manifestación y una huelga que algunos llaman general, pero que es particular. Como esas son las cosas de las que más escribo, voy a cambiar de tema.

Tengo la pena de no haber podido asistir a las conferencias de hoy, mañana y pasado mañana, pero todo lo bueno se acaba y no me podía permitir el lujo de seguir disfrutando. En San Sebastián se han juntado algunos de los mejores del mundo en sus respectivos campos. En total son diez premios Nobel, pero los que no lo son también están en lo suyo en primera línea.

El lunes, Robert Langer, ingeniero químico, habló de nuevos materiales y de su aplicación a la medicina. Lo que más me impresionó fue ver andar a ratas y a monos después de que les hubiera implantado huesos “fabricados”. Los había “hecho” en el laboratorio, utilizando células indiferenciadas que había cultivado sobre soportes artificales. Dejó boquiabierta a la concurrencia. Ayer Juan Ignacio Cirac, físico, habló de fenómenos cuánticos, cosas que pasan en la materia cuando estudiamos partes minúsculas de ella, y en particular, se refirió a la computanción cuántica. Parece que dentro de no demasiado tiempo, ordenadores de tamaño pequeño, cuyo funcionamiento está basado en fenómenos de naturaleza cuántica, serán capaces de realizar en unos minutos operaciones que hoy un superordenador de tamaño enorme tardaría años en completar. Richard Ernst, físico y premio Nobel, habló de la resonancia magnética y de arte centroasiático. Sylvia Earle, bióloga y exploradora marina, expuso su visión del estado de los océanos y su propuesta de crear reservas marinas. Y ayer también, otro premio Nobel, Jean-Marie Lehn, disertó sobre la capacidad de autoorganización de la materia y las posibilidades que esa capacidad ofrece.

Pero lo que verdaderamente me dio que pensar fue el tema con el que Aaron Ciechanover, médico y bioquímico y premio Nobel también, acabó su charla el lunes. Después de hacer un recorrido por los últimos 100 años de las enfermedades y de la forma de combatirlas, acabó aludiendo a las posibilidades que ofrece y ofrecerá la genética en los próximos años. El puso el ejemplo que voy a poner yo ahora, pero es importante no quedarse en el ejemplo. Hoy, cuando alguien va a tomar la decisión de emarejarse con otra persona tiene en cuenta todo lo que sabe de ella, incluidas sus enfermedades conocidas o, incluso, los impedimentos físicos visibles que pueda tener. Creo recordar que él aludió a la posibilidad de que la pareja pudiera ser tuerta o ciega incluso, no lo recuerdo bien. Pues bien, ya hoy podemos saber con qué probabilidad una persona va a desarrollar determinados tipos de cáncer. La cuestión que él planteó fue: ¿Quiero que lo sepa nuestro médico? ¿Quiero saberlo yo? Y si lo sé, ¿se lo diría a mi novia? ¿Querría saberlo ella? Buenas preguntas….