Todos los derechos

“Todos los derechos para todas las personas”. Este es uno de esos lemas que, a base de enunciarlo, ha acabado por convertirse en un mantra. Es, quizás, el lema más utilizado por los representantes de la izquierda abertzale heredera de Batasuna. Y cada vez se extiende más su uso: otros representantes políticos y líderes de movimientos sociales también se han apuntado.

Y sin embargo, a pesar de su apariencia inocente, -casi me atrevería a decir que beatífica-, consiste en lo que para mí es una trampa dialéctica. Quienes hacen esa reivindicación de “todos los derechos para todas las personas” meten en un mismo saco productos muy diferentes. Se vinculan de esa forma todos los derechos a efectos de su ejercicio y respeto. Y de un modo sutil, -o quizás no tanto-, se condiciona la reivindicación del cumplimiento de unos derechos al ejercicio de todos a la vez. En cierto modo, se otorga un mismo estatus a todos los derechos y, de forma casi subliminal, se condicionan unos al ejercicio de los otros, aunque no se sepa bien cuáles son.

A los juristas no les gusta que se hable de jerarquía de derechos. Aceptan, como mucho, que se hable de primacía de algunos de ellos. Me resulta indiferente que se utilice una u otra expresión, pero para mí está claro que no todos los derechos son iguales. La dignidad, la integridad física y moral, y la libertad, son bienes tan preciados que no es fácil anteponer unos a otros, y seguramente no sería objetivable una determinada prelación. Pero el derecho a la vida es la llave del cumplimiento de cualesquiera otros derechos. Por la sencilla razón de que los muertos no pueden ejercer ninguno.

Todo esto lo expresaba muy bien Clint Eastwood en una película excelente, “Sin perdón”. Pone en boca del protagonista, -interpretado por él mismo-, una frase que no se me ha ido nunca de la cabeza; reza, más o menos, así: “cuando matas a un hombre no sólo le quitas todo lo que tiene, también le quitas todo lo que podría tener”.

Nota: esta entrada ha sido publicada como columna de opinión en la edición en papel de Deia hoy (15/10/10)

Medio llena

Hubiera preferido que [Enlace roto.] suscrito ayer por la izquierda abertzale heredera de Batasuna, Aralar, EA, Abertzaleen Batasuna y Alternatiba se hubiese limitado a pedir a ETA su abandono definitivo. No me gusta que se dirijan al gobierno español en demanda de nada en el contexto de ese acuerdo. En fin, me hubiera gustado que las cosas de ETA hubieran ido por un lado y todo lo demás por otro. Porque aunque todos esos elementos sean ingredientes de un mismo sistema político creo que es conveniente no mezclar los planos. Porque no deben equipararse las actuaciones del estado, por inicuas que nos parezcan, con las de una organización terrorista.

Pero dicho lo anterior, y en la línea que apuntaba en un apunte anterior (“¿Emancipación?”), parece que la izquierda abertzale heredera de Batasuna ha tomado la decisión firme de dedicarse a la política sin tutelas armadas. El acuerdo de ayer, aunque hubiese preferido que estuviese redactado en otros términos, es un hito más en esa direción. Así lo creo. Por eso, me he sentido identificado con lo que ha escrito Javier Vizcaíno en su “Mínimos” de “Más que palabras” y en cierta medida también conlo que ha escrito Pablo Muñoz ( “[Enlace roto.]“).

Aprovecho estas líneas para comentar, muy brevemente y sin ánimo de dar continuidad a la discusión previa, el último comentario de Mikel a mi entrada anterior. Dice Mikel que hoy hay dos razones más para creer que ETA va a acompañar a Batasuna en ese trayecto. Es posible, pero así como creo que la firma del documento de marras es un paso significativo, no lo veo tan claro en el caso de ETA. Sigue habiendo, a mi juicio, demasiado circunloquio. El circunloquio es una forma de sugerir, de afirmar algo sin hacerlo del todo, de dejar puertas abiertas, y de evitar la ruptura, sí, pero también puede ser la cortina tras la que esconder otras intenciones. Por eso, aunque no tengo elementos suficientes como para pensar con alguna seguridad que vaya a ser de una forma o de otra, no lo veo tan claro. El tiempo lo dirá.

Hoy, a pesar de todo, soy más optimista que ayer; empiezo a ver la botella medio llena.

Post scriptum: Recomiendo vivamente el artículo “[Enlace roto.]”, de Txema Montero en Deia.

¿Emancipación?

Hoy he coincidido con Paul Ríos, coordinador de Lokarri, en Azpimarra (ETB1). Él sabe qué opinión tengo de los últimos comunicados de ETA ([Enlace roto.] y [Enlace roto.]) y hemos hablado de ello. Le he dicho que he empezado a cambiar algo mi punto de vista. Aparte del voluntarismo de las manifestaciones de los portavoces de la izquierda abertzale heredera de Batasuna, que hay que ponderar en sus justos términos, me ha sorprendido lo que dijo ayer Txelui Moreno y, sobre todo, cómo lo dijo.

Utilizó el término “obedecer” para expresar la obligación que tienen todos los miembros de la izquierda abertzale no emancipada de aceptar las decisiones de las bases. Pareciera que en lo sucesivo, con idas y venidas, se van a producir pronunciamientos que reafirmen ese principio de emancipación. Así que es posible que dentro de unas semanas o meses, ya no podamos utilizar el calificativo “no emancipada” para esa izquierda abertzale. Sería magnífico.

Es seguramente mucho pedir que la valoración de las gamberradas terroristas sean calificadas como lo que son, ataques inaceptables a los bienes e integridad de las personas y de la colectividad. De momento vienen a decir que eso “no toca”, aunque sólo sea por razones tácticas. Por algo se empieza.

Otra cosa es lo que haga la organización terrorista, la vanguardia. En su día sostuve que ahí, en ese ámbito, se están echando un pulso unos a otros, políticos vs. terroristas, vanguardia vs. retaguardia. Y creo que eso es lo que hay. Los terroristas se resisten; eso es lo que a mí me sugieren los comunicados. Pero parece que los políticos están por la labor. Para mí sería ya mucho. Porque una cosa es que una cuadrilla de delincuentes se niegue a dejar de delinquir y otra, muy diferente, que esa delincuencia mantenga algún tipo de cobertura política. Podría ser, pues, que los políticos decidan, si ello fuera preciso, que ya se acabó eso de dar cobertura ideológica a la delincuencia terrorista. Tampoco podríamos, entonces, hablar de vanguardia y retaguardia. También eso sería magnífico.