Liu Xiaobo

Debo el haber escrito este post a un comentario de Io a la entrada anterior que dediqué a Mario Vargas Llosa. Liu Xiaobo es el disidente chino a quien le ha sido concedido el Premio Nobel de la Paz. El caso es que este año no tengo nada que objetar a estos premios, que son los que más polémica suelen generar. Ya expliqué la semana pasada semana que me alegró mucho el de Vargas Llosa. Este también me ha alegrado.

Liu Xiaobo es uno de los firmantes de la “Carta 08”, una declaración en la que, tras repasar los hitos más señalados de la historia de China, se analiza la actual situación de los derechos humanos en ese país. Tras ese análisis se declaran los principios que comparten los firmantes (libertad, derechos humanos, igualdad, republicanismo y democracia) y se formula una propuesta que supondría, caso de llevarse a la práctica, una verdadera revolución democrática en China.

Quien esté interesado, puede encontrar aquí el texto íntegro de la “Carta 08”.

Mario Vargas Llosa

Vargas Llosa es el autor que ha escrito las que para mí han sido las mejores novelas de la segunda mitad del siglo XX. El otro gran escritor del siglo, anterior a Vargas Llosa, fue William Faulkner. Para gustos están hechos los colores. Lo digo porque habrá quien tenga otras preferencias y es lo lógico.

Vargas Llosa, como Faulkner o Marsé, recrean vidas, fabulan, construyen (o reconstruyen) historias. Nos ofrecen experiencias que no podemos vivir; reproducen ambientes y situaciones que no conocemos, aunque puedan resultarnos, en ocasiones, familiares. Estos autores en concreto, y Vargas Llosa muy especialmente, ha desarrollado una técnica narrativa de gran potencia. Ofrece fragmentos y visiones parciales de una misma realidad, y es el lector el que, convirtiéndose en sujeto activo, en agente, reconstruye la historia. Es hasta posible que unos lectores y otros obtengan resultados diferentes de esa reconstrucción. Esa es una componente fundamental de su genio.

“Conversación en la catedral” y “La casa verde” son ejemplos sublimes de esa modalidad narrativa, la primera sobre todo, quizás la obra más importante de su autor (él así lo cree). De entre sus numerosas novelas, hay una que ha pasado, a mi juicio, injustamente inadvertida. Es “El hablador” contiene una reflexión esplendorosa sobre la lengua, el pensamiento, la estructura de las narraciones, los mitos fundacionales y cosas así. Es una maravilla. La recomiendo, aunque una de las dos narraciones que la completan puede resultar difícil de seguir al principio.

Hay quienes denostan al autor y se lamentan de que se le haya concedido el premio literario más importante que existe. La persona podrá ser lo que quiera; el personaje tiene, como todos, sus luces y sus oscuridades. Pero hay dos cosas que creo que no se le deben negar. La primera es que su obra literaria es un alegato a favor de la libertad, en contra de las dictaduras, de la corrupción y de la tiranía. Esa obra, aparte de por sus valores literarios también perdurará en el tiempo por esa razón. Y la segunda es que se podrá uno sentir identificado con lo que piensa o todo lo contrario, pero no se le puede negar su compromiso político, su implicación en los grandes problemas de nuestro tiempo. A mí hay aspectos de sus ideas que me quedan muy lejos, que no comparto, como su visión de las realidades nacionales que carecen de estado, por ejemplo. Pero comparto su ideal de la libertad individual, su reivindicación de la dignidad humana.

En todo caso, debemos ser capaces de disociar labor creativa e ideología o alineamiento político. Mario Vargas Llosa es un escritor enorme. Sus ideas y sus opciones políticas no las recordará nadie dentro de unas décadas. Pero su obra perdurará y ya es patrimonio de la Humanidad.

Nota: durante los próximos días no podré moderar los comentarios, por lo que es posible que, si la persona que lo envía no lo ha hecho antes, no aparezcan publicados hasta el próximo martes o miércoles