Women Boycot Twitter

Esta vez hemos sido las mujeres las que nos hemos enfadado con la red social Twitter. Nos sobran los motivos, que diría Sabina.

El pasado viernes, un grupo de personas puso en marcha la etiqueta #WomenBoycottTwitter, es decir, mujeres boicotean twitter. ¿Porqué?

Seguro que han oído hablar de Harvey Weinstein, uno de los productores más influyentes de Hollywood durante varias décadas. Una larga lista de actrices  han destapado casos de acoso sexual protagonizados por el famoso productor, algo que , al parecer, era un secreto a voces.

“No ibas a ir a la policía. No te iban a tomar en serio. No ibas a llamar a un periodista porque en ese momento Harvey tenía al mundo mediático entero en su bolsillo y nadie iba a ir contra Harvey Weinstein”, “Harvey podía destruir tu carrera”, “Todo el mundo podía ver lo que estaba haciendo. Esto era lo más asqueroso. Todo el mundo sabía de lo que Harvey era capaz y nadie hacía nada”. Estas son algunas de las palabras que ahora, destapado el escándalo, hemos podido leer y escuchar.

Y en estas que sale un famoso actor, Ben Affleck, defendiendo a Weinstein y criticando a Rose McGowan, una de las actrices que ha contado lo vivido y sufrido con el productor, sobre su actitud.  La reacción, no solo de esta mujer sino de otras muchas que han permanecido calladas hasta el momento pero que han encontrado en el grupo el arrope necesario para denunciar, no se ha hecho esperar. Incendio en twitter y un largo hilo de conversación que acaba con la suspensión de la cuenta de la actriz por parte de la red del pajarito.

Por aquí llega el boicot. ¿Por qué los dirigentes de la red deciden suspender la cuenta de la mujer? Afirman que en algún momento de la conversación Rose publicó algún número de teléfono y se escudan en eso para el cierre. Sin embargo, el movimiento ha sido imparable. Miles y miles de mujeres denunciando el acoso sexual por parte de los poderosos. Años de silencio que ahora se convierten en un clamor que pone en evidencia que, llegado el momento, si a alguien hay que silenciar en las redes es a las mujeres.

La cuenta de Rose McGowan vuelve a estar activa pero el mal ya está hecho por parte de twitter. Supongo que no midieron bien las consecuencias de intentar acallar una denuncia que ahora está en boca de todos y de todas.

Invisibilizar nunca es la forma de acallar. Parece increíble que los responsables de la comunicación social no se hayan dado cuenta aún de esto. Tenemos cientos de ejemplos a los que recurrir para demostrar que cuanto más difícil nos lo pongan, más fuertes nos sentiremos, especialmente si trabajamos juntas.

Empezamos ya a cansarnos del acoso en la red, que se ha convertido en algo tan habitual que lo dejamos pasar. Pero va dejando poso y habrá que pararlo.

El último, putxi

Olga y Luis, los últimos participantes en entrar en meta

El último, putxi. Eso es lo que se decía hace unos años cuando, en un juego, alguien llegaba el último. Quería decir que era el que se quedaba sin premio, sin reconocimiento o quien se convertía en el flojo del reto.

Ayer acudí como espectadora al Santander Triathlon Series que se celebraba en Getxo. Quería animar a una pareja de participantes en la modalidad sprint: 750 metros a nado, 20 kms en bicicleta y 5 de carrera a pie. Habían preparado este triatlón con esfuerzo, constancia y ganas. Su objetivo no iba más allá de terminarlo y lo hicieron. Los dos entraron en meta con una sonrisa enorme y la satisfacción de haber superado un nuevo límite. Olga y Luis cruzaron la línea final los últimos de la prueba y esperarles hasta ese momento nos llevó a comprobar que también en este Santander Triathlon Series, el último, putxi.

Mientras esperábamos su paso en la prueba de ciclismo pudimos ver cómo se desarrollaba la prueba de carrera a pie. Me llevé una sorpresa enorme cuando al pasar el grueso de los y las corredoras, las voluntarias encargadas del puesto de avituallamiento comenzaban a desmontarlo. Mis amigos no habían iniciado aún ese sector y el agua, tan necesaria en todo momento de una prueba deportiva, era retirada. Me acerqué al puesto y les dije que aún había participantes que estaban en la fase de bicicleta y que necesitaban ese avituallamiento que estaban quitando. Me dijeron que ya no les quedaba nada. Eso sí, mientras una de las voluntarias me daba esa explicación, otra derramaba el agua que quedaba en las garrafas para ir depositándolas en el contenedor. Ante mi asombro me aseguraron lo que imaginaba: a nosotras el jefe nos ha dicho que desmontemos y desmontamos.

Al de unos minutos, mis amigos comenzaron la carrera a pie pero el agua se lo tuvimos que dar nosotros. Eso sí, la inscripción la habían pagado de la misma manera y al mismo precio que quienes entraron en los primeros puestos. Normalmente el reglamento de los triatlones prohíbe la “ayuda externa”, es decir, los avituallamientos ajenos a la organización , entre otras cosas. En el de ayer no quedaba otro remedio.

Se lo comenté a otro voluntario y me dijo que el jefe no era él. No pude hablar con el “jefe” porque estaba muy ocupado retirando las vallas y los conos cuando la prueba no había terminado.

No es la primera prueba en la que ocurre esto. Me gustaría que fuese la última pero tengo mis serias dudas. En una de mis primeras carreras de montaña llegué la penúltima. No quedaba ya ni el arco de meta. Imaginaos lo que se siente en ese momento.

Si la organización de una prueba tiene un tiempo limitado para su desarrollo debe limitar también el de los y las participantes. No se puede vender como un triatlón popular y accesible a todo el mundo porque no hay tiempos de corte ni un determinado número de horas para disputarlo y dejar a los últimos sin algo tan básico como el avituallamiento y los conos que delimitan el recorrido. Es una enorme falta de respeto hacia los y las deportistas.

Mal. Muy mal.

 

Euskadi – Nueva York

Hace mucho tiempo que no escribo aquí de las cosas del correr, que quienes siguen este blog saben que es una de mis grandes pasiones. Correr, cuanto más mejor. Y saben también que dentro de muy poco, el 5 de noviembre, estaré corriendo la Maratón de Nueva York, uno de los sueños de todo maratoniano.

Hay seis majors, las seis mejores carreras del mundo (Boston, Tokio, Chicago, Londres, Berlín y Nueva York) pero es esta última la que se ha convertido en la meca de las maratones. Hay que correrla al menos una vez en la vida. A mí me ha llegado ya mi turno.

Resulta que unos días antes del maratón más grande del mundo, se organiza un desfile con participantes de todas la naciones participantes. Cada grupo desfila por la meta en el Central Park con banderas y los colores de su país.

Euskadi también estará representada en ese desfile. La Delegación del Gobierno Vasco en Nueva York recibe a los y las atletas vascos que el 5 de noviembre nos pondremos en la línea de salida y nos invita a participar en el acto tras la ikurriña.

Este es el enlace en el que aparece el formulario que hay que rellenar para participar en el desfile y la recepción. Hay tiempo hasta el 20 de octubre para hacerlo. Os dejo además el enlace a la web de la Federación Vasca de Atletismo para que tengáis más información.

Si vas a correr la Maratón de Nueva York, os espero en este acto con el que los y las vascas tendremos una presencia especial en la carrera.

Begoña

Hoy es un día grande para todas las mujeres que nos llamamos Begoña, tengamos o no vínculos religiosos. Sí, también hay algún hombre que se llama Begoña, de segundo nombre la mayoría de las veces, pero los hay.

Aunque nos felicitan cada 15 de agosto, jornada en la que se celebra el día de todas las vírgenes se llamen como se llamen, nuestro día, el de las Begoña, es el 11 de octubre.

Begoña es un nombre muy bilbaíno y por eso estoy muy orgullosa de llevarlo. Insisto, más allá de la simbología religiosa, a mí lo que me gusta es que llamarse Begoña significa que o eres de Bilbao o has nacido donde te da la gana.

Pero estamos en peligro de extinción. Un nombre común hace varias décadas se ha convertido en una rara avis en este siglo XXI. Alguien me decía ayer que Begoña es “nombre de vieja”, así, tal cual. Ahora se llevan nombres más sofisticados como Noa, Sara, Lucia o Martina, que son los más utilizados en el conjunto del Estado.

Por dar algún dato decir que hay 39.755 mujeres que se llaman Begoña con una edad media de 44,8 años. Yo soy de las María Begoña. Somos 36.648 y tenemos una edad media de 53,3 años.

Cada vez que tengo a alguien esperando una niña, le invito a pensar en la posibilidad de nominarle Begoña. Aún no he conseguido que nadie lo haga, pero seguiré insistiendo.

Hoy es un día de fiesta en Bizkaia y especialmente en Bilbao. Necesitamos más Begoñas.

El vending

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Acérquense a cualquier máquina de vending de esas que nos colocan en lugares estratégicos de nuestro centro de trabajo, de la estación de autobuses e incluso de los hospitales y hagan un ligero repaso: bebidas azucaradas, aperitivos salados, bollería industrial, gominolas, chocolates, sandwiches con salsas prefabricadas… Sí, en alguna empezamos a ver tortitas de maíz o de arroz, pero son una entre un millón.

Y si nos ponemos a analizar lo que va en las mochilas escolares para media mañana, en el hipotético caso de que haya algo, o en las bolsas de la merienda, más de lo mismo. No solo de los escolares. Los adultos hacemos más o menos parecido. Que me ataca el hambre, un bollo. Que me ataca la sed, una bebida gaseosa.

Me fijo hoy en esto porque hemos sabido que uno de cada diez niños vascos es obeso y otro 23% tiene sobrepeso. Y nos damos con un canto en los dientes porque, según el estudio Aladino 2015 sobre Alimentación, actividad física y desarrollo infantil, la tasa de obesidad infantil en Euskadi está siete puntos por debajo de la estatal y presenta una situación mucho mejor que la de otros países como Estados Unidos, Canadá o Reino Unido.

Pero como el dicho ese de “mal de muchos consuelo de tontos” no puede consolarnos, Osakidetza va a poner en marcha un plan contra la obesidad. Se va a fijar en los menús escolares, que deberán incrementar los platos de verduras y alimentos saludables, y se promocionará la salud alertando de los peligros de las bebidas azucaradas y la bollería industrial.

Es imprescindible que las instituciones pongan en marcha planes como estos, pero hay iniciativas como la de incrementar los impuestos a las bebidas azucaradas, que no son bien recibidos por la ciudadanía. Queremos que nos ayuden a mantener un peso saludable pero cuando se ponen medidas drásticas, nos rebelamos.

Es cierto que nuestra cultura alimenticia ha olvidado los alimentos de la dieta mediterránea y hemos optado por modelos americanos que no hacen más que sabotear cualquier política saludable. Pero no es menos cierto que cuanto menor es el poder adquisitivo de las personas, mayor es su riesgo de llegar a la obesidad y sobrepeso por el consumo de alimentos más baratos, procesados y de escasa calidad y muchas calorías.

Todo esto, unido al sedentarismo del siglo XXI, nos coloca ante un peligro real de convertirnos en una sociedad enferma. La alimentación es la base de nuestra salud y una dieta incorrecta impedirá el normal desarrollo físico y mental.

Está bien que el departamento de sanidad del nuestros gobiernos nos apoye y de la voz de alarma ante las crecientes tasas de obesidad, especialmente en menores, pero somos todos y cada uno de nosotros/as quienes debemos optar por una alimentación saludable alejada de esos productos que determinadas industrias nos ponen ante la vista. Productos que, además, tienen ciertos componentes adictivos que son los que perpetuaran la empresa año tras año. Crean necesidades que nuestro cuerpo no tenía.

Merece una reflexión todo esto. Somos lo que comemos y seremos lo que comimos.

www.begoberistain.com