Carreras, ¿correr o andar?

 

madrid

El fin de semana lo he pasado rodeada de maratonianos. De los de verdad, de los que tienen ya muchas carreras de 42 en sus piernas y saben que a una maratón  se va entrenado/a, con respeto y sabiendo que en un momento u otro del recorrido vas a sufrir. Pero eso también lo has entrenado tanto en las sesiones de entrenamiento como en las carreras de preparación de tu maratón.

 

Nos habíamos reunido para participar en la Maratón de Madrid. Yo este año he optado por la media maratón. La paliza del Sáhara en febrero, la media de Donosti en abril, el día a día … Hay que dosificar se para cumplir con los retos ya marcados, que no son pocos.

 

El caso es que, como siempre, comenzamos a hablar de las distancias, del boom del running, de quien empieza por moda y se queda y de quien se equipa hasta los dientes, sale un día, se da una paliza de órdago sin saber cómo hacer las cosas y abandona.

 

Pasada la carrera, insistimos en el tema visto lo visto durante el recorrido.

 

La de Madrid no es precisamente una carrera fácil. Desde el inicio lo compruebas. Cuestas de las que se entrenan, no falsos llanos o tramos que pican hacia arriba. Y es así toda la prueba, incluyendo el tramo final. Cuando ya estas fundido/a y es tu cabeza la que tira, o no, de ti, te meten tres kilómetros de dura cuesta antes de entrar en el Retiro y poder cruzar la meta.

 

Sabiendo esto, que es público y lo puedes comprobar antes de formalizar la inscripción, hay corredores y corredoras que se apuntan conociendo de antemano que no van a poder completarla como es debido, es decir, corriendo.

 

Según la definición de la RAE, una carrera es la acción de ir corriendo de un sitio a otro. Existen otro tipo de pruebas, como las marchas, en las que el objetivo es completar el recorrido andando. Cada uno/a a lo suyo.

 

Hablábamos de postureo, de burbuja runner, de moda. Los expertos apostaban por que la mayoría de quienes comienzan a correr lo hacen precisamente por esa moda. Yo soy un poco más optimista y confío en que quien se calza por primera vez las zapatillas lo hace por sentirse mejor, por salud, por estética o por cualquier otro motivo, pero que lo hacen con intención de seguir. Claro que también he visto personas que se equipan hasta los dientes, salen un día, se dan una tremenda paliza y no vuelven al asfalto porque “correr no es para mi”, dicen.

 

En la carrera de ayer vimos a personas que disputaban los 42 kilómetros pero que más allá del 25 ya andaban porque estaban axfisiados. En la distancia de 21, hemos visto andarines a los 10 kilómetros y en la 10K, en el kilómetro 4, ya había supuestos corredores caminando. Insisto en que no me refiero a quien  camina por un repentino problema de salud o porque se ha vaciado en los últimos metros al haberlo dado todo. Me refiero a quienes no han dado la importancia que merece la distancia que hayan elegido.

 

A mi esto me parece una falta de respeto hacia quienes se han preparado a conciencia, han robado horas al sueño, al ocio y a la familia por entrenar y saben que van a pelear por llegar a la meta corriendo. Han preparado su cuerpo y su mente para no tirar la toalla cuando las fuerzas flaquean y los pensamientos boicoteadores se apropian de tu cabeza. Eso son corredores/as.

 

También ayer ví un tuit de Pablo Villalobos en el que mostraba su enfado al descubrir el historial de la carrera de alguien que hizó los 42 de Madrid. No aparecían los tiempos de paso en los 5, 10 o 15 kilómetros. Probablemente porque no los había cruzado. En el km 20 llevaba un ritmo de 4.30 el km y en el 21, de más de 8. Cruzó la meta en tres horas y 44 minutos. Seguramente falsos. Es el típico historial de quien entra y sale de la carrera solo con la intención de cruzar la meta y decir “yo he hecho la maratón de Madrid” en menos de cuatro horas. Un tramposo en toda regla. Seguramente sus compañeros y amigos creerán su hazaña pero los y las maratonianas sabemos que es uno de esos que se hace trampas al solitario. Esto sí que es postureo. Del malo.

 

Estuve dos años preparando mi cuerpo y mi cabeza antes de presentarme por primera vez a una maratón. No fue perder el tiempo sino ganarlo para el futuro.

Cada uno debe ponderar sus fuerzas y su preparación. Se que nunca subiré al Everest así que me quedo con nuestro gran Gorbea. Pues eso.

 

 

Sinergias

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Estamos en tiempo de sinergias. No queda otra. La palabrita no significa otra cosa que la unión de varias fuerzas y causas para lograr una mayor efectividad del mensaje. Por fin hemos entendido que lo productivo, lo que suma, es la colaboración y el compartir conocimiento.

Así que yo establezco mis propias sinergias y comienzo a colaborar con la página RUNNEA, una web para personas que corren y para todas aquellas que en algún momento lo han pensado aunque aún no hayan dado el primer paso.

Haré varias entradas cada mes y hablaré siempre de cosas que pasan cuando corres. Como siempre, con lenguaje sencillo, fácil, ameno. Con la intención de que el mayor número posible de personas se sientan identificadas.

El primero de los post ha servido para “vender” mi libro. Por si alguien aún no sabe de que va, pinchad  aquí y lo tenéis.

Espero que de blog a blog sigáis encontrando temas que os interesen.

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Donar bebés

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Hace un tiempo di mi opinión sobre la gestación subrogada en un post titulado “No somos vasijas”. Se correspondía con el nombre de un movimiento formado por personas contrarias a esa práctica por la que una mujer accede a gestar el hijo de otra persona.

Ha pasado el tiempo, he conocido a personas que han contratado a mujeres que donan su capacidad de gestar y les he visto felices con sus hijos/as. Sin embargo, mi opinión al respecto no ha variado. Sigo mostrándome contraria a una práctica que , incluso regulada, supone la renuncia de la gestante a la filiación del niño, “un derecho fundamental” que en España se garantiza en el parto

El próximo 6 de mayo se celebrará en Madrid  la feria Surrofair , un encuentro que sirve para informarse de forma privada sobre la gestación subrogada. Aseguran que informarte de las agencias, asesores y clínicas que la practican es crucial para el éxito del tratamiento. Por ello, dicen, en Surrofair reunen a los mejores profesionales del sector a nivel nacional e internacional para que puedas conocerlos sin necesidad de salir de España.

Vamos una feria como otra cualquiera de esas en las que se compran y venden autocaravanas, coches o últimos modelos tecnológicos. ¿Realmente se puede vender y comprar todo? No en mi opinión.

Ahora, un total de 50 organizaciones de mujeres y colectivos LGTBI han creado la Red Estatal contra el Alquiler de Vientres para evitar la legalización de lo que llaman  “explotación reproductiva”. Quieren advertir a la sociedad y a todas las formaciones políticas que “las mujeres no son ganado para satisfacer el deseo de crianza de unos pocos”.

Tengo mis dudas sobre si la gestación subrogada puede ser considerada como una técnica más de reproducción asistida. La gestación y el parto de un niño/a es difícilmente comparable con la donación de óvulos. Lo que aquí se dona es una criatura. Provoca no pocos dilemas éticos y jurídicos este proceso.

Por no hablar de la compensación económica, de las condiciones de vida de las gestantes antes de decidirse a prestarse como tales, del tráfico de mujeres contratadas a este fin en los países más pobres del mundo, etc, etc, etc.

Sí, todas las personas tienen derecho a ser padres y madres pero gestar hijos para otros, entregarlos en el momento del parto, recibir dinero a cambio, donar bebes y saber que hay empresas, clínicas y mercaderes lucrándose de esto está fuera de los límites.

Defiendo la acogida y la adopción como fórmula para ejercer la crianza. Se que en países como Canadá o Reino Unido la gestación subrogada está regulada y no hay, supuestamente, ninguna contraprestación económica por gestar. Parece difícil que en España, con un crecimiento demográfico negativo, haya mujeres que de forma libre y altruista entren en el proceso de gestación subrogada.

No es ético el tráfico de órganos. ¿Por qué ha de serlo el alquiler de vientres?

En los Registros Civiles no queda reflejada la procedencia de estos niños, nunca aparece el nombre de la gestante, con lo que se impide conocer su origen a unos niños y niñas que ven así vulnerado uno de los derechos que le atribuye la ONU en la Convención de los Derechos del Niño: saber de dónde vienen.

No es un asunto fácil este. Insisto en que he visto mucha felicidad en personas que han abogado por la gestación subrogada para ejercer la crianza, pero también he conocido a alguna gestante dolorosamente arrepentida.

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Champín y el síndrome del emperador

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Recuerdo perfectamente mis fiestas de cumpleaños infantiles. Aquellos sandwiches de nocilla, de chorizo de Pamplona, de foiegras o de jamón de york. Que se utilizase pan de molde ya significaba que era un día especial; aquel día nos saltábamos el bocadillo de pan de barra habitual y nos sentíamos especiales merendando algo tan distinto como ese pan que nos parecía extranjero solo con nombrarlo: sandwich. También había ganchitos de esos que te dejaban las manos pringosas, patatas fritas y jariguai de naranja o de cola.

Eso, el tocadiscos de maleta con música sonando a todo trapo y varios niños y niñas corriendo por la casa hasta que Delia, la vecina de abajo, se cansaba de escuchar las carreras infantiles y subía a quejarse. Ni un día al año perdonaba el ruido, oye.

Así celebraba yo mi cumpleaños. Como casi todas las de mi clase, mis compañeras de colegio.

Pero cada vez tenemos menos paciencia para aguantar a niños y niñas dando guerra alrededor y dejándolo todo revuelto así que hubo quien supo ver el negocio en las fiestas infantiles y decidió organizarlas en locales comerciales. Un éxito. De pronto aquellas reuniones caseras pasaron a mejor vida y los cumpleaños infantiles se convirtieron en fiestas de pago.

Este fin de semana he leído el reportaje de mi compañera Arantza Rodriguez y me he quedado sin palabras. Bueno, alguna me ha quedado para escribir esto y contar hasta dónde llega esto de las celebraciones.

Cuenta Arantza que” hay quien alquila un rocódromo con sesión de cine y palomitas incluidas. Quien se los lleva a batallar con pistolas láser o de bolas de pintura. Quien les invita a una clase de baile, artes marciales o submarinismo o les pone a hacer lo mismo experimentos que cupcakes. Otros contratan a un mago o reservan un paseo con karts a pedales, una yincana o una sala de escape. También hay quien organiza torneos de fútbol entre padres e hijos con copa para todos o una fiesta temática con disfraces de Star Wars, photocall, sesión continua de pelis y tarta del Halcón Milenario como colofón. Basta con hacer un pequeño sondeo entre una decena de madres y padres vizcainos para concluir que los cumpleaños ya no son lo que eran y la proliferación de negocios y actividades destinadas al ocio infantil es una buena prueba de ello. Lejos de las sencillas merendolas de antaño, la oferta es tal que uno no deja de sorprenderse. Entre las propuestas más novedosas destaca la de darse un garbeo con los amigos en limusina. Han leído bien. “Normalmente suelen contratar una hora y les damos un paseíto por Bilbao o por la zona de playas. Les incluimos, aparte del Champín, que es una especie de cava sin alcohol para menores, refrescos, agua y bolsas de cumpleaños. Luego les hacemos fotos dentro, fuera, saliendo por el techo, con las copitas… Lo pasan bien”.

Se nos va de las manos esto. Nos quejamos de que nuestros menores son cada vez más exigentes, tienen menos tolerancia al fracaso, son más competitivos y valoran menos el esfuerzo y el trabajo. Pues señoras y señores, nuestros hijos e hijas no son más que un reflejo de nosotros mismos. Somos sus modelos. Si en vez de explicarles que una fiesta de cumpleaños es importante porque sirve para reunir a sus amigos/as, entramos en una competición por ver si nuestra fiestas es más que la de su compañero e intentamos ir más y más allá acabaremos por frustrarles si no les enviamos a la luna en cohete como fiestón.

Lo de la limusina me ha dejado impresionada. Niños y niñas imitando el glamour. Niños y niñas bebiendo “champín”. Padres y madres dejándose un pastizal para hacer supuestamente felices a unas criaturas que serían casi con seguridad más felices en una fiesta “normal”.

Vale que los tiempos cambian, que las formas de divertirse también, que evolucionamos… Lo malo es que esta evolución no tiene pinta de ir a dar muy buenos resultados. Generamos pequeños tiranos con síndrome del emperador, con capacidad de controlar lo que hacen sus padres y madres y no al contrario. Mucho champín y mucha fiesta pero tenemos un problema.

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