El cariño no se compra

Respeto absoluto para quienes deciden comprar una mascota pero mi opción es, sin duda, la adopción. Hay miles y miles de animales abandonados cada año, especialmente perros y gatos, que se merecen una segunda oportunidad. O tercera o cuarta o …

Solo en Bilbao, en el plazo de un año, se han dejado tirados 236 perros y 190 gatos. Son animales generalmente no identificados mediante microchip y cuyo futuro es negro negrísimo. Acabarán, en el mejor de los casos, en las perreras municipales a la espera de ser reclamados o adoptados . Más de la mitad de los canes que llegan a los Centros Municipales de Control Animal carecen de identificación, lo que da una idea del grado de responsabilidad de sus dueños.

“El cariño no se compra. Adóptame” es el lema de una campaña puesta en marcha por el Ayuntamiento de Bilbao en la que se apela a la conciencia ciudadana para sacar de sus jaulas a los animales que han llegado hasta allí por haber sido abandonados.

Adoptar a Pantxo, mi perro, es sin duda una de las mejores cosas que he hecho en los últimos años. No fue abandonado. Simplemente sus dueños ya no podían cuidarle y buscaron otro hogar para él. Aprendo cada día un poco más de animales, mi visión de ellos ha cambiado absolutamente y sí, eso de “uno más en la familia” se ha convertido en una realidad.

En esta época del año en la que los abandonos de mascotas aumentan considerablemente, las instituciones se ponen en marcha y nos alertan sobre la necesidad de adoptar una. El procedimiento es sencillo. Asociaciones como APA Puppy Bilbao, para los perros, y Felinos Bilbao, para los gatos nos lo van a poner muy fácil.

Si estás pensando en tener un perro, no lo compres, ¡adopta!

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Clasificación femenina

El fin de semana suelo dedicarlo, como tantas otras personas, a entrenar un poco más duro que de lunes a viernes y a competir. El domingo es el día en el que las redes sociales se llenan de imágenes de hombres y mujeres que cuentan cómo les ha ido en esta o aquella prueba.

Me gusta ver esas fotos, seguir a deportistas y ver resultados. Me gusta también ver que las redes sociales sirven para algo más que mostrar nuestros logros. Sirven además para denunciar.

El deporte, el running en mi caso, sirve no solo para hacernos sentir bien física y emocionalmente sino que tiene un potencial enorme como medio para trabajar, entre otras muchas cosas, por la igualdad. Parece difícil esto pero lo cierto es que aún hay muchas pruebas con reglamentos hechos sin perspectiva de género alguna.

Me he encontrado en las redes con la denuncia de una gran corredora y ciclista, Zuriñe Frutos. Es una de las habituales en las pruebas de montaña especialmente y es muy frecuente verla subida a los cajones, es decir, es de las que gana.

Denunciaba Zuriñe que el pasado sábado en una de las pruebas que disputó, la edición inaugural de la Otoi Igoera, una cronoescalada mtb, consiguió la primera posición pero se quedó sin premio. Suena raro ¿verdad? El asunto es que la organización había establecido premio para los/as diez primeras clasificadas pero no había contemplado la diferencia de sexos.

A nadie se le escapa que, en general, los tiempos de las mujeres son superiores a los de los hombres. De ahí que se establezcan categorías masculinas y femeninas de forma diferenciada. No se les exige menos a ellas para ganar; simplemente la naturaleza física de unos y de otras es diferente y las marcas, también.

Como no se habían establecido categorías solo lograron premio los diez primeros, todo hombres. Las mujeres, aún llegando en primera posición de su género, se quedaron sin premio.

El enfado de Zuriñe, que no había reparado en ese detalle al inscribirse, fue mayúsculo. Asegura que mientras sigan sin contemplarse las diferencias entre hombres y mujeres no volverá a disputar esta prueba.

Lo lógico hubiera sido establecer cinco premios para ellos y otros cinco para ellas. Y todo el mundo contento.

Habrá quien lea esto y piense que si queremos igualdad, ahí la tenemos. Premiar la clasificación absoluta sin tener en cuenta las diferencias físicas. Sin embargo, no hay discusión en este asunto. Los hombres , insisto en que en general, tienen una mayor capacidad física. De ahí que en cualquier prueba se establezcan categorías masculinas y femeninas.

Ahí queda  la denuncia del fin de semana y el trabajo que por la igualdad se puede hacer desde el deporte.

Se podrían contar otros muchos casos, como el de alguna carrera que desapareció con la crisis y que ahora se ha retomado permitiendo solo la participación de hombres porque quieren iniciarla con pocas plazas y consideran que ellas no van a llegar al nivel que ellos estiman óptimo.

Hay que seguir denunciando estas cosas. La presencia de las mujeres en el mundo del deporte se incrementará cuanto más visibles seamos en cualquiera de las disciplinas.

Por cierto, enhorabuena a las mujeres de baloncesto femenino de la selección española que ayer se hicieron con el triunfo en la Eurocopa. Y enhorabuena también a quienes retransmitieron el partido tanto por televisión como por radio. Así, contando y dando a los logros el valor que merecen, colocaremos a las mujeres en el lugar que les corresponde en el deporte.

Deshomosexualidad

Celebramos estos días el Bilbao Pride, la Fiesta del Orgullo Gay de Madrid y otros tantos festejos con la diversidad y la visibilidad del colectivo LGTB como objetivo.

Al mismo tiempo que leo el programa del Bilbao Pride para ver a que actos sumarme (la actuación del MaryKoro es uno de ellos), me encuentro con una serie fotográfica realizada por Paola Paredes titulada Hasta que cambies. A través de imágenes, Paola muestra los brutales tratamientos que reciben los y las “pacientes” que acuden a algunas de las más de 200 clínicas que , solo en Ecuador y por 800 dólares, prometen curar la homosexualidad de manera clandestina.

 

Sin necesidad de palabras, Paredes narra lo que sucede en esas clínicas donde las humillaciones son el pan de cada día. Régimen de feminidad forzada en forma de maquillaje, faldas cortas y tacones altos para convertir a las mujeres en “reales”; violación “correctiva”; tortura con soga y guantes; maltrato psicológico con insultos; horas de escucha de música católica; alimentación forzosa y “vitaminas” sin etiqueta que provocan insomnio o pérdidas de memoria.

Os invito a que conozcáis el trabajo de Paola a través de sus imágenes. Es lo que sucede en Ecuador pero no son una isla en esto. Nos queda un camino muy largo por recorrer. Y muchos dramas por denunciar.

Este es el enlace: Hasta que cambies. 

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Calor, tirantes y corbatas

La canícula, ese periodo de calor insoportable que se da entre el 24 de julio y el 2 de septiembre, se ha adelantado y la estamos viviendo en pleno junio. Las altas temperaturas nos alteran; a unos les da por aletargarse y a otros/as por ponerse de mal humor. Y aunque parezca mentira, el calor también sirve para hablar de sexismo y discriminación.

Os cuento la historia:

Un seguidor de este blog me remite este mensaje y me pide mi opinión sobre el asunto, tema, por cierto, que se da prácticamente en todas las empresas. Me pregunta si esto es una discriminación indirecta o una discriminación positiva. El mensaje dice así:

“Hace 35 grados. Tenemos reunión. Los hombres visten todos traje y corbata. Las mujeres con vestidos casi playeros. El jefe me reprende por no llevar corbata. Ni una palabra a las chicas. Todos tenemos el mismo puesto”.

Existen unas normas, más o menos universales, en lo que a la vestimenta en el trabajo se refiere. De hecho, cuando vamos a una entrevista que puede significar conseguir un puesto de trabajo, nos preocupa especialmente el “dress code” o código de vestimenta de esa empresa. Sabemos que la imagen puede ser el factor determinante que nos de o nos quite el empleo.

Una vez que lo hemos conseguido, debemos mantener esa imagen que nos ha ayudado a entrar en la empresa. Si trabajamos en una oficina en la que se requiere traje y corbata, pues traje y corbata. Pero, ¿qué pasa con ellas? Es la eterna polémica. ¿Por que ante una ola de calor como la que estamos viviendo ellas pueden acudir a su centro de trabajo en pantalón corto y tirantes y ellos tienen que mantener la corbata?

Entre el pantalón corto y los tirantes y el vestido semi playero del que hablaba el lector hay todo un mundo. La vestimenta femenina permite muchas más posibilidades que la masculina, cierto es, pero también hay todo un armario entre el traje y la corbata y acudir a trabajar en pantalones cortos de los de ir a la playa y chancletas.

Creo que todos y todas debemos mantener esas normas, en la mayoría de los casos no escritas, para que la imagen de la empresa sea la que sus dirigentes quieren transmitir. Sin embargo, la normativa debe ser lo más igualitaria posible. En situaciones como la que estamos viviendo estos días, con termómetros alcanzando los 40 grados, no es justo que nosotras podamos vestir ropa más fresca y ellos tengan que seguir con la corbata puesta. Vestir un polo, una camisa de manga corta y liberarse del lazo en la garganta es casi cuestión de salud.

Me da que quien aboga por mantener la corbata y permitir que las mujeres vistan con prendas más ligeras es un hombre. Debería saber que si sus trabajadores no están sufriendo con el calor, serán más productivos. Al menos por el lado egoísta del asunto debería contemplar el cambio.

En mi centro de trabajo hay de todo. Quien sigue las normas no escritas y mantiene el pantalón largo durante todo el año y quien se calza las chancletas en mayo y no las suelta hasta octubre. Las mujeres tenemos más libertad y nuestro ropero suele ser bastante más amplio que el de los hombres. Siempre que mantengamos la imagen lo más acorde posible a la que quiere mantener la empresa, adelante. Pero que no sean ellos los que tienen que axfisiarse con el nudo de la cortaba. Si a nosotras se nos permite vestimenta más ligera, que se os permita también a vosotros. De lo contrario, sí, estaríamos ante una discriminación hacia ellos.

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Los phubbers

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Suena rara la palabrita, ¿no? Es una de esas de reciente creación pero que vamos a entender, y a poner cara a los “phubbers” que conocemos, inmediatamente.

El phubbing no es otra cosa que ignorar a las personas con las que estamos en un determinado entorno o acto social porque estamos más pendientes de nuestro teléfono móvil que de nuestro acompañante. Seguro que en estos momentos se os ocurren un montón de phubbers.

El término surgió en Australia en 2008  y más recientemente se ha investigado en la Universidad de Kent  para conocer por qué se ha convertido en una práctica tan extendida. Se realizó una encuesta a 251 personas de entre 18 y 66 años, en la que todos afirmaron practicar el phubbing en cierta medida. Una de las conclusiones de la investigación era que se trata de una práctica de imitación. Es decir, que cuando haces phubbing a alguien, esa persona tenderá a hacértelo a ti, de manera que al final acaba por ser una forma aceptada de comunicación. De incomunicación diría yo.

A mí no me gustan. Me incomodan y me hacen sentir cómo si estuviese de sobra. Y mira que, como casi todos/as, yo también consulto mi móvil cada poco tiempo pero si he quedado con alguien es para dedicarle ese tiempo. Si no, deja la cita para otro día. O das un tiempo de calidad o te lo guardas para ti y para tu móvil.

Me ha gustado mucho el plan que ha elaborado  la doctora Gissela Echeverría para evitar que nuestras relaciones se enfríen y que una reunión con amigos o familiares nos haga sentir solos por estar pendientes del móvil. Es este:

Plan básico 

1. Empiece por usted. Suelte el teléfono.

2. Apague el teléfono al llegar a casa o a una cita y concéntrese en las otras personas. .

3. Disponga un lugar específico de la casa donde se ubiquen todos los móviles antes de sentarse a comer.

4. Instituya, como norma, que nadie se siente a la mesa con el teléfono.

5. Deje el teléfono fuera de la cama.

6. Preste atención a las personas cuando hablan, antes que a su teléfono. Priorice.

Plan avanzado hacia la libertad

1. Que buscar el teléfono no sea lo primero que haga al abrir los ojos cada mañana.

2. Postergue las respuestas a los mensajes de texto o los que le lleguen al Whatsapp, si eso interrumple alguna actividad de trabajo o estudio, y mucho más si está en una comida, una reunión familiar o de amigos, a menos que se trate de una emergencia que comprometa la salud o la vida de alguien importante.

3. Apague el teléfono cuando vayan de paseo, al cine, al teatro, para que disfruten del momento. Todo puede esperar.

¿Eres phubber? Piensa en lo que te pierdes si la respuesta es sí.

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