Correr de cabeza

Muchas veces me han preguntado qué es lo que pienso mientras corro. Hay personas a las que se les hace difícil imaginar que son capaces de correr durante horas porque creen que su cabeza no se lo va a permitir. “Yo es que empiezo a pensar que no puedo más, que estoy agotada, y me tengo que parar”. Seguro que habéis escuchado eso miles de veces. O “yo no tengo cabeza para correr”.

Quienes resaltan la importancia de la cabeza y los pensamientos a la hora de correr, están en lo cierto. Si la cabeza no va, es complicado que vayan las piernas. Es ahí donde reside la clave de una carrera o de un entrenamiento, en lo que pensamos mientras corremos.

Se trata siempre de pensar en positivo, de darle la vuelta a los malas sensaciones que intentan continuamente boicotearte el momento. Porque en esto de correr hay mucho de lucha interna. Tu quieres correr, pero si te vas lanzando mensajes negativos, vas a terminar por pararte. No es lo mismo pensar: “ya he hecho la mitad del entreno” que “todavía me queda la mitad”. No tiene el mismo efecto decirse “aún quedan 21 para teminar” que “ya está hecha la primera media”. Hay que ver la botella medio llena y no medio vacía.

Entre los corredores es muy famoso el “muro”. Es eso que se va levantando a tu paso y que quiere hacerte parar. Por supuesto, esta en tu cabeza. De repente empiezas a pensar que vas mal, que no puedes seguir, que no estas preparado, y te paras. O no. O cambias de imágenes y vences al muro. Yo aún no le he conocido. Nunca me ha visitado. Puede ser porque durante los entrenamientos me he ocupado de imaginarme muchas veces como sería y que tengo que hacer para esquivarlo. Y porque cuando estoy cansada, les doy la vuelta a mis pensamientos, y me concentro en la gente que me gusta e, incluso, en la que no me gusta. Si tengo algún problema, aprovecho para analizarlo desde varios puntos de vista y si tengo algo bonito por delante, lo imagino y os aseguro que a veces me parece que lo estoy viviendo ya. La concentración es clave para seguir en los momentos duros.

Es increíble la capacidad que tenemos para adaptar las distancias a nuestra cabeza. Si voy a hacer una media, cuando llegan los 10 kilómetros pienso en que queda poco más que un entreno fácil. Si hago una maratón, a los 21 kms pienso que solo queda la mitad, en los 30 pienso “ya está hecha la tirada larga” y a partir de los 40 me imagino que estoy a punto de empezar a recorrer la distancia que va del Paseo de Ereaga al faro y vuelta, que son 2.180 metros de mi recorrido favorito. Claro, que hay que pensar en los tramos intermedios. En esos me digo que voy bien, que estoy preparada, que me gusta mucho correr y que voy a ser feliz cuando pase por la meta y me abrace con los míos. Si es que están, ¡claro!. En la Maratón de Sevilla, llegue al final, había hecho mi mejor tiempo, había cumplido mi objetivo de sobra y no había nadie esperándome. Los finales suelen ser un poco caóticos y quedas en un sitio y siempre apareces en otro. Yo corro sin teléfono así que no tenía forma de llamar a nadie. Me acerqué a dos chicas y les dije: “ ¿podéis dejarme hacer una llamada?. He hecho mi mejor marca personal, estoy feliz, tengo ganas de abrazar a mi gente y no la encuentro”. Os aseguro que el abrazo de aquellas dos chicas me supo a gloria. Hay gente muy grande por el mundo. Y en esto del running, mucha.

Hoy, mi amiga Mónica se enfrenta a su primera tirada de 30 kilómetros. El 12 de abril estará corriendo la maratón de Brighton. La tirada de 30 es todo un ritual. Sirve para saber, más o menos, como estás de preparada. Me hubiera encantado hacerla con ella pero mis pies me llevan hoy a la Bilbao Mendi Trail, 24 kms de monte, con alguien que hoy se inicia en el mundo de las carreras, que tiene un reto muy grande y que necesita que le azucen para correr.

Mónica va a hacer su tirada sola. Ella, sus piernas, su corazón y su cabeza. Va a ser una experiencia dura, pero estoy segura de que esos 30 le van a saber a poco. Quiere 42 y los va a tener. Es dura de cabeza. Como Jessica. Y como yo.

En el 2016, el reto maratoniano será de las tres. Seremos tres mujeres contra la Gran Señora Maratón. Sabemos que si trabajamos, nos va a premiar. A por ella.

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