Échale un vistazo a la etiqueta

En el momento de escribir este post son ya 13 las personas fallecidas por la explosión que se ha producido en una fábrica textil en Bangladesh. La caldera estaba obsoleta y la licencia de producción de la empresa había expirado el 24 de junio. Sin embargo, a nadie parecía importarle un asunto tan nimio, con ironía, como que la falta de mantenimiento de uno de los aparatos de la fábrica pudiese estallar y llevarse por delante la vida de sus trabajadoras.

La industria textil de Bangladesh es la segunda más grande del mundo y genera el 80% de los ingresos por exportación del país. No es la primera vez que esto sucede. Recuerden que en el 2012 otro incendio dejó 112 muertos y que en el 2013 el derrumbe de otra fábrica causó la muerte a 1.110 personas.

La semana pasada, el pleno del Parlamento Europeo aprobó un compromiso por el comercio justo, que, de ser aprobado por la Comisión, obligaría a la industria textil por primera vez a corroborar que las prendas se han confeccionado respetando los derechos humanos en los países productores.

El texto, Iniciativa emblemática para el sector de la confección,  observa “con preocupación” cómo las iniciativas voluntarias para la sostenibilidad del sector han sido poco efectivas en abordar cuestiones relacionadas con los derechos humanos y laborales.

Dicho todo esto solo nos queda mirar las etiquetas de las prendas que compramos a bajo precio. O vienen de Bangladesh o vienen de China, el primer productor textil. Si nosotros pagamos por esas prendas el pequeño precio que paganos es porque quienes están a pie de máquina no reciben el salario que les correspondería ni trabajan con seguridad.

Miremos esas etiquetas y después decidamos si queremos contribuir o no a que la cadena siga funcionando y la rueda girando, aunque a muchas personas les cueste la vida.

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