Todos deberíamos ser feministas

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Hay un libro que yo siempre llevo en el bolso. Lo llevo desde que me topé con él por casualidad, la reseña me atrapó, entré en una librería, lo compré y lo leí de un tirón. No es difícil hacerlo. Son sólo 54 páginas, pero tan ilustrativas que se han convertido en mis acompañantes vitales.

Sí, puede que haya que ser muy militante de la igualdad y la no discriminación para llevar el ensayo de Chimamanda Ngozi Adichie en el bolso, pero su contenido me pareció conmovedor, fácil de entender y de seguir, de esos que te hacen asentir con la cabeza casi de manera inmediata.

Pensando en si era mi actitud vital proigualdad la que me hacía ver en “Todos deberíamos ser feministas” un libro de estilo, se lo dí a leer a un hombre. Uno de esos que entienden perfectamente que hombres y mujeres debemos ser iguales y compartir los mismos derechos pero de los que aún sienten que el término “feminista”  les chirría un poco. Cuando terminó esas 54 páginas, me miró y asintió. Vio puesto negro sobre blanco lo que en tantas ocasiones yo he denunciado.

La nigeriana Adichie explica, por ejemplo, cómo de joven le llamaban despectivamente “feminista”. Incluso un periodista cultural le aconsejó que no se definiese a sí misma como una feminista puesto que “las feministas son mujeres infelices porque no pueden encontrar un marido”.

Recuerda que la palabra “feminista” ha sido interpretada como alguien que “odia a los hombres, odia a los sujetadores, odia la cultura africana”.  Adichie reivindica la palabra como una manera de denunciar las injusticias que aún existen en las relaciones entre ambos géneros. “Mi bisabuela, por las historias que he oído, era una feminista”, explica. “Escapó de la casa de un hombre con el que no quería casarse y terminó haciéndolo con el hombre que ella quiso. Se negó a muchas cosas, protestó, se manifestó siempre que sentía que le estaban negando el acceso a tierras o cosas así. No conocía esa palabra, “feminista”, pero eso no significa que no fuese una.

Muchos de los ejemplos que pone son trasladables a cualquier parte del planeta.   Por ejemplo, cuando habla de los sacrificios que se hacen para el buen funcionamiento de la relación. Mientras que para los hombres eso suele significar “no ir al bar todas las noches”, para las mujeres eso quiere decir “renunciar a un trabajo, a un sueño, a tu carrera”. O la diferencia a la hora de hablar de la pérdida de la virginidad, algo que para las chicas parece que debe ser un momento sagrado, y que también se extiende al sexo: “Las chicas terminan convirtiéndose en mujeres que no pueden reconocer que sienten deseo. Y crecen –eso es lo peor que le hacemos a las chicas– para convertirse en mujeres que han hecho de fingir en una forma de arte”.

Hay algo de lo que expresa la autora con lo que yo me he sentido identificada rápidamente. Con casi todo en realidad. Asegura que no es fácil tener conversaciones sobre género. Ponen incómoda a la gente y a veces la irritan. Por eso yo he decidido llevar su texto encima, para cuando surgen estos temas. Saco el librito y se lo presto a quien cuestiona el feminismo y la desigualdad.

En algunas escuelas de los países nórdicos utilizan “Todos deberíamos ser feministas” en sus clases. Incluso la cantante Beyoncé llegó a incluir dos frases de la obra en su canción ‘Flawless’ :“enseñamos a las niñas a que se acobarden, para que sean más pequeñas. Decimos a las chicas, ‘debes tener ambición, pero no demasiado”.

Feminista: persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos.

Y tú, ¿eres feminista?

www.begoberistain.com

 

Un comentario en “Todos deberíamos ser feministas”

  1. Mira, llevaba tiempo con este título apuntado como próxima lectura, y al leer esto ya me he decidido, de esta semana no pasa. deseando tenerlo. Gracias

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