La rebelión de las cabezas blancas

Esta es una de esas noticias que pasan desapercibidas porque quienes la protagonizan no tienen la fuerza suficiente para ocupar portadas. Y mira que andamos preocupados por la población envejecida y la falta de relevo generacional, pero ni por esas.

Hace ya unos meses, los ancianos de un pequeño pueblo de Galicia, Rianxo, recogieron firmas para pedir a su administración que les habilitase un centro de día en la localidad. Recabaron unos 3.000, cifra que se antoja demasiado pequeña como para acaparar la mirada informativa. El pueblo tiene unos 12.000 habitantes, buena parte de ellos mayores de 65 años. Pasados los meses, caso omiso.

Ahora han decidido hacer lo que han calificado como “la rebelión de las cabezas blancas”. A mi me ha gustado mucho la denominación. La han llamado así porque dicen que no hay gente joven que se haya sumado a su nueva movilización, un encierro que protagonizan desde hace mes y medio, en el que solo se ven eso, cabezas blancas, canas, pelo con muchos años.

El Salón de Plenos del Ayuntamiento se ha llenado de sacos de dormir, esterillas, mantas, colchonetas y todo tipo de artículos para facilitar un descanso que se ha vuelto demasiado difícil para los y las mayores. El alcalde les apoya, sabe que la hora y media de desplazamiento diario que tiene para llegar al centro de día más cercano provoca que la mayoría de los mayores opten por quedarse en casa, pero la Xunta da la callada por respuesta.

Es una petición pequeña, de esas a las que los medios no prestamos atención porque hay cientos similares. Sin embargo, las palabras de quienes protagonizan el encierro apelando a la gente joven para que les apoyen y saber que, ojalá, todos seremos viejos algún día, a mi me ha hecho reflexionar sobre el trato que damos a nuestros mayores.

En este caso necesitan acompañamiento. Sorprende cómo destinamos fondos a crear residencias y centros de día en países en los que, por cultura, no son necesarios porque nadie los utiliza y aquí, al lado de casa, se les niega. Pero cómo y donde ejercemos la solidaridad es otra historia ….

 

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