Las kellys: dos euros por habitación

Seguramente muchos de los y las lectoras de este blog habrán pasado algunos de los días de sus vacaciones en un hotel. Soñamos durante todo el año con ese merecido, o no, descanso que nos permita vivir sin dedicarnos a las tareas domésticas durante unas cuantas jornadas. Adiós a la limpieza de tu casa, a hacerte la cama, nada de supermercado ni de cocina.

Volver de la playa y encontrarte el baño limpio, las toallas en sus colgadores, recién limpias y colocadas, los “amenitis”, esos jaboncitos, pañuelos, geles y gorros de baño que tanto nos gustan, repuestos, la cama hecha. Ese es el verdadero descanso que nos sirve para cargar pilas.

Pero mientras a unos se nos cargan las pilas a otras se les descargan y de que manera. Son las “kellys”, casi siempre mujeres, que se encargan de ese trabajo en los hoteles. Oficialmente se llaman “camareras de piso”, esa es su categoría laboral, aunque en el mundo de la hostelería son mas conocidas como eso, como las “kellys”. Les vemos en los pasillos tirando de enormes carros cargados de toallas, sábanas, papel higiénico, bebidas (porque sí, aunque no era su función ahora se la han asignado: reponer los minibares de las habitaciones) etc, etc, etc. Carros que no les llegan llenos sino que son ellas las que tienen que ir al almacén, reponer lo que falta, subirlos hasta el piso en el que están las habitaciones que les toca limpiar, volver a bajar al almacén para cargarlos cuando el material se acaba… vamos, que su trabajo va mucho más allá que limpiar las habitaciones y ponerlas a punto para cuanto nosotros regresamos de nuestra jornada vacacional.

Las kellys han estado todo el verano contando cuál es su situación laboral porque, razón tienen, es penosa. En un momento en el que el turismo vive sus mejores años y tira del empleo en todo el país, estas mujeres no hacen sino ver empeoradas sus condiciones laborales verano tras verano.

Resulta que con la última reforma laboral, los hoteles han dejado de regirse por el convenio del sector de la hostelería y han comenzado a externalizar este trabajo mediante empresas multiservicios. Se han suprimido categorías laborales y el resultado ha sido, seguro que os suena, crear esa figura polivalente que se echa a la espalda muchas más funciones de las que tenia hasta el momento.

A cada “kelly” se le asigna un número de habitaciones a limpiar. Suelen ser alrededor de 400/mes. El salario que se llevan es de 800 euros, es decir, cobran 2 euros por cada habitación que limpian. Pero hay que llegar a esas 400 habitaciones. Si te encuentras el cartelito de “no molestar” colgado de la puerta, no puedes entrar y es una habitación menos que haces. Si al final de mes no has llegado a la cifra estipulada tendrás que realizar otras tareas como la limpieza de los cuartos de basura para que te paguen los 800 euros. Y trabajar en los días que estaban señalados como libres.

Poco tiempo tienen para comer mientras trabajan. Lo tienen claro, si paran 40 minutos para almorzar es tiempo que dejan de hacer habitaciones con lo que no hay descanso. Dos palabras son las más utilizadas por estas mujeres: enantyum y nolotil. Nos imaginamos porqué. Arrancan su jornada con un ibuprofeno y la terminan con otro.

Después de escucharles y conocer las mil y un trabas que se encuentran en su jornada laboral diaria cabe apuntarse su reivindicación: volver a ser contratadas bajo el paraguas del convenio del sector de la hostelería y hacernos pensar si no deberíamos disfrutar de nuestras vacaciones en hoteles que respeten los derechos de sus trabajadoras/es.

Hoy es día de vuelta al cole, al trabajo y a la normalidad. Para las próximas vacaciones pensamos en este asunto antes de decidir si nos hospedamos aquí o allá.

 

 

4 comentarios en “Las kellys: dos euros por habitación”

  1. A ver si lo entiendo: este trabajo tiene sueldos de miseria, en buena parte, por la legada masiva de inmigrantes. Bueno, éste y muchos más.

    ¿Y ahora los inmigrantes se quejan de que les pagan poco?

    1. A mí me parece lamentable que se infle el mercado laboral para empeorar las condiciones laborales. Y me preocupa que afecte a los trabajadores autóctonos; sé que no queda tan “guay· como preocuparse por los inmigrantes pero alguien tiene que hacerlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *