Naturalizar la violencia

Viendo las imágenes del ataque que ayer que costó la vida a 50 personas y ha dejado 400 heridos en Las Vegas, me preguntaba si no estaremos “naturalizando” la violencia. Imágenes de cuerpos mutilados, cosidos a balazos y chorreando sangre se están convirtiendo en algo habitual en nuestro día a día.

El debate sobre si deben mostrarse o no estas imágenes esta abierto. Es cierto que lo abrimos cuando los muertos nos tocan de cerca y lo cerramos cuando la sangre es de fuera de nuestras fronteras. Ahora mismo hay un acceso inmediato a un torrente de información que nos llega sin filtrar, en crudo. Creo que debiéramos reflexionar sobre el impacto que tienen sobre la ciudadanía y, sobre todo, en las consecuencias que tiene ver todas esas imágenes como “normales”.

Me preocupan especialmente los y las menores. En la época dura de la guerra contra los cárteles de la droga en Colombia ( si no habéis visto la serie Narcos os la recomiendo porque ayuda a entender muchos comportamientos posteriores entre los colombianos y colombianas) se hizo un estudio sobre el impacto que la situación de violencia y las imágenes sangrientas tenían sobre los y las niñas. Se les pidió que dibujasen su cotidianidad y el resultado fueron imágenes de muerte, tiros  y asesinatos. El psicólogo encargado de interpretar los trabajos concluyó que contaban cómo era su vida como si se tratase de la escena de una película. Y concluía además que la muerte no les traumatizaba sino que los impactos visuales les había llevado a naturalizar la agresividad. Contaba que los y las colombianas se disociaban de la realidad para poder vivir.

Preocupa que pueda sucedernos algo similar a esto. Ya nos ha pasado con los accidentes de tráfico o con la violencia de género. Nos hemos acostumbrado a esa realidad para poder sobrevivir. Lo hemos separado del resto de nuestra vida y así, la muerte, la sangre y el dolor se ha convertido en algo normal porque si pensáramos en lo que significa, perderíamos la razón.

 

Decía el psicólogo colombiano que al terminar el conflicto, los niños y niñas continuaron dando respuestas agresivas. Lo hacían para poder sentir el equilibrio porque estaban tristemente adaptados a la violencia.

No hay un día en el que no estemos expuestos a imágenes terroríficas de muerte y desolación. Cada jornada nos sorprenden menos. Estamos empezando a pasarlas por alto, a sentir que no van con nosotros. Estamos en definitiva, naturalizando el terror. Eso va a dejarnos secuelas. Al tiempo.

 

 

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