¡Jamás me toques!

No nos queda a los y las periodistas camino que recorrer ni nada en esto de hilar fino a la hora de contar noticias relacionadas con las desigualdades, el acoso, las diferencias entre sexos, etc.

En los últimos días hemos visto, escuchado y leído docenas de informaciones relacionadas con los casos de acoso sexual a mujeres en distintos ámbitos. La política, el cine, el deporte, la vida social … nada escapa a esta lacra.

Precisamente el pasado fin de semana, en el que se celebró, por cierto, una marcha en Hollywood con la campaña #MeToo como bandera, conocimos el acoso al que había sido sometida la futbolista norteamericana Hope Solo. Preguntada por esta problemática, la portera  aseguró que Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, le agarró el trasero durante la ceremonia del Balón de Oro de 2013.

“Me palpó el trasero. Fue en la entrega del Balón de Oro hace unos años, justo antes de subir al escenario”. Solo no interrumpió la ceremonia y dio el galardón según lo previsto. “Después de aquello no volví a verle y fue malo porque no pude decirle directamente: “¡Jamás me toques! ”

Bien, pues esta información la escuché en una cadena de televisión en la que quien escribió y locutó la pieza relató los hechos tal cual lo he hecho yo ahora, pero no supo parar a tiempo. Finalizó la noticia diciendo que la futbolista Hope Solo es muy conocida en las redes sociales, que alguien le hackeó el teléfono y le encontró fotos suyas desnuda y que uno de sus sobrinos le había denunciado por violencia doméstica.

Y digo yo, ¿qué tienen que ver las churras con las merinas? Esos datos finales poco o nada tienen que ver con lo que la deportista denunciaba. Lo único que pretenden es desprestigiar y quitar valor a ese paso al frente que está significando que las mujeres hagan públicas las situaciones de acoso vividas en sus carnes. La sensación final que se transmite con ese tipo de datos no es otra que la de “puede que se lo mereciese” y no, ninguna mujer merece ser violentada por mucho que lleve fotos en su móvil que son de uso privado, esté vestida, desnuda o como le de la real gana.

Lo dicho. Mucho que aprender a la hora de contar tenemos aún y mucho que denunciar. En los medios de comunicación  recae una enorme responsabilidad en este tema. De cómo contemos las cosas dependerá en gran medida el mensaje final que cale en quienes reciben la información.

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