Pobres toros que se las prometían felices…

Los toros y quienes los difienden se sentían felices en las Islas Baleares. Lo hacían porque su  Parlamento había aprobado la “Ley Balear de Regulación de las corridas de toros” con lo que su muerte en la plaza ya no era segura.

Esa ley de toreo sin muerte obligaba a que todos los toros que se toreasen en las plazas de esa autonomía tuviesen un mínimo de 4 años cumplidos y en cualquier caso menos de 6, además del establecimiento de pesos mínimos de los toros y la obligación de una báscula de pesaje en todas las plazas independientemente de la categoría de la plaza de que se trate.

Los animales que a torear tenían que llegar a la plaza de toros como mínimo 48 horas antes de la celebración del espectáculo taurino; no ser recluidos en los chiqueros de la plaza durante su estancia y su vuelta tras la corrida se haría desde los mismos corrales. Un veterinario debía reconocer el estado sanitario y de bienestar del animal una vez terminado el espectáculo.

La presencia de caballos durante las corridas quedaba prohibida y se establecía la limitación a tres toros por espectáculo con una duración no superior a 10 minutos. Quedaban en esta ley suspendidas las divisas, puntas de pica, banderillas, picas, farpas, estoques o espadas, verduguillos puñales ni ningún instrumento punzante que pudiese producir heridas y/o la muerte del toro.

El presidente de la plaza de la corrida podía suspenderla si no se cumplían los requisitos de la ley.

Un mundo casi feliz para los toros pero no para los taurinos ni para el Tribunal Constitucional y el propio gobierno balear que considera que no tiene competencias específicas para la protección animal en su Estatuto. Y como una cosa es el Parlamento y otra el Gobierno, este último se salta lo aprobado por los y las parlamentarias y decide presentar un recurso para que los toros dejen de ser felices y vivir tranquilos en sus islas y pasen a esperar en su particular corredor de la muerte a que les llegue el momento de saltar al ruedo.

De momento la Ley ha quedado suspendida y el Tribunal que ha admitido el recurso tiene un plazo de cinco meses para para ratificar o levantar la suspensión.

Pobres toros que se las prometían felices …..

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4 comentarios sobre “Pobres toros que se las prometían felices…”

  1. Ya me extrañaba a mi que el gobierno permitiera a estos pobres animales vivir tranquilos. Se mueve demasiado dinero alrededor de esta salvajada. A unos cuantos les ponía en el ruedo para que les hagan lo mismo que a los toros. En fin, país de pandereta.

  2. Una vez mas la poderosa administracion central ejerce su poder sobre la autonomica.
    Una vez mas se demuestra que el gobierno central de la capital del reino considera a los gobiernos autonomicos como meros administrativos,siempre bajo su poder jerarquico superior.
    Situacion triste e indigna.

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