Los pobres no nos gustan

Entre las muchas cosas que nos ha dejado el 2017 hay algunas que me gustan especialmente, las palabras, por ejemplo.

La Fundación del Español Urgente, la Fundéu,  ha elegido su palabra del año: aporofobia. Se trata de un neologismo que da nombre al miedo, rechazo o aversión a las personas pobres. Es un término relativamente novedoso que, sin embargo y por desgracia, alude a una realidad social arraigada y muy antigua.

Leía hace poco al criminólogo Juan Aldaz unas declaraciones como consecuencia de la supuesta falta de seguridad en las calles de Bilbao tras los últimos sucesos graves como el asesinato de una persona en plena calle o la paliza a un joven en las instalaciones de Metro Bilbao. Aseguraba que, en realidad, no nos dan miedo las personas inmigrantes porque si quienes vienen tienen dinero, no hay problema. “Nos dan miedo los pobres porque nos incomodan”.

Coinciden plenamente sus palabras con las de la Fundéu y las de la filósofa Adela Cortina, impulsora del término. Ella fija la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por  su condición de extranjeros, sino porque son pobres.

Aporofobia está ya en el Diccionario de la lengua española. Además, el pasado mes de septiembre el Senado español aprobó una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal.

Aporofobia pone nombre a una realidad, a un sentimiento que, a diferencia de otros, como la xenofobia o la homofobia, y aun estando muy presente en nuestra sociedad, nadie había bautizado. Conviene poner nombre a las cosas para hacerlas visibles. Si no lo tienen, esas realidades no existen o quedan difuminadas. No se pueden defender o denunciar.

La fobia a la pobreza, y más directamente a las personas pobres, no ha dejado de crecer con el drama de los migrantes en diversas partes del mundo y el empobrecimiento de extensas capas de la sociedad. Hay aversión a los pobres y la pobreza.

Al menos ahora esa fobia tiene nombre así que podremos combatirla llamándola por su nombre. Aporofobia, una palabra nacida para cambiar la realidad.

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6 comentarios sobre “Los pobres no nos gustan”

  1. Buen articulo… como siempre. Zori onak. Evidentemente los inmigrantes que invierten 2,5 millones de € (me parece) y con ello consiguen o abren el camino para conseguir la nacionalidad sólo nos dan miedo a unos pocos

  2. En tu titular dices que no te gustan los pobres. Ya que según dices, al conocer el nombre de la fobia ya puedes combatirla, vete aplicándote el cuento.

  3. Ahí, a seguir parapetándose en fobias varias de nuevo cuño y en jergas técnicas para seguir escurriendo el bulto, negando la realidad y sus nefastas consecuencias. Pobres por desgracia ha habido siempre, locales y de importación, ninguna novedad, los tecnicismos dejémoslos para los técnic@s de cobro y bajo pedido, viven de ello. Estáis en campaña de defensa de vuestra superioridad moral y de vuestra cómoda posición (algún técnico lo llamaría apoltronados o apesebrados….), menos mal que la calle distingue y saca conclusiones correctas mayormente, la manipulación del manejo de los tiempos de las demagogias, de los mantras y de la matraka inmigracionista os está dejando con las verguenzas al aire, manipulais malintencionadamente, sabemos distinguir, juzgar a las personas por su status social o por el número de ceros en su cuenta o su aspecto es una SOBERANA ESTUPIDEZ, con lo que algunos -bien situados- su único ánimo es enredar y seguir sin profundizar en la raíz de los problemas. Está ud muy perdida si se guía por sensacionalismos de alto standing y de consumo limitado…..

  4. ¿No nos gustan los pobres? ¿Qué otra cosa somos nosotros, más que pobres ciudadanos, contribuyentes a los que estos nuestros políticos irresponsables y endófobos sangran a impuestos para ser “solidarios” (con el dinero ajeno, claro, no sale éste de su bolsillo) con las hordas de inmigrantes invasores (que no refugiados, que en Argelia y Marruecos, de donde procede la práctica totalidad, no hay guerra alguna) que vienen al calor del efecto llamada del sueldo Nescafé para toda la vida, con nulas ganas de trabajar y aun menos de integrarse y respetar las costumbres de la sociedad que los padece?

    No, lo que no nos gusta son los manipuladores que se empeñan en mirar a otro lado, silenciar y minimizar los múltiples casos de robos y agresiones, sexuales y no sexuales, cuando no algo peor (y si no que se lo pregunten a la familia de Urren), perpetrados por parte de estos “angelitos”, inventándose neologismos al efecto. Ya no engañáis a nadie que tenga dos dedos de frente, ya sólo os sigue el cuento la chusma buenista estúpida y criminal, la progresía pija de pesebre y subvención. Claro que son cientos y cientos los que viven de chupar del dinero del contribuyente en torno a este nuevo negocio que se ha montado: cuidadores, educadores, cocineros, limpiadores, mantenimiento de los centros de acogida de estos angelitos, etc.

    Un negocio de cerca de 500 millones de euros anuales, RGI incluída. Esa cantidad da para chupar del bote a mucha, mucha gente. Y el negocio, ya se sabe, hay que protegerlo. Por no hablar, además, de todo el voto cautivo y la red clientelar que este negocio genera y os perpetúa.

    La pobre gente decente, honrada, que vivimos de nuestro sudor y somos fritos a impuestos (“solidaridad pero con dinero ajeno”) estamos hartos, y esto va a reventar por algún lado.

    Luego nos molestan las pintadas en el Casco Viejo y nos rasgamos las vestiduras por ello, pero de estos temas, ni esta boca es mía. Ocultación de la realidad, con el silencio y la mentira cómplice de los medios, y silbar y mirar hacia otro lado.

    Otros inmigrantes también son pobres, de otras etnias y culturas, y no tenemos nada contra ellos.

    Pero no, padecemos de aporofobia. Que viva el neologismo.

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