Emakunde, 30 años

Después de un parón obligatorio por una gripe de esas malas, nada mejor que regresar celebrando un aniversario tan importante como el de Emakunde, el Instituto Vasco de la Mujer.

Era el año 1988 cuando un 5 de febrero se aprobaba la Ley de Creación del Instituto. En aquel momento lo de fortalecer las estructuras de igualdad en la administración, impulsarla en ámbitos privados, crear redes y coordinar políticas de igualdad sonaba algo utópico, pero ya había entonces mujeres comprometidas con el cambio social y con el deseo de equiparar a hombre y mujeres en todos los ámbitos. Había mujeres y también hombres liderando ese compromiso.

Este 2018 lleva camino de convertirse en el año de feminismo y, ojalá, en el año de los hombres feministas. Puede que lo recordemos dentro de algunos años como aquel en el que esas bases puestas hace más de tres décadas empiecen a dar frutos.

No es que no lo hayan hecho ya, porque en estos 30 años de funcionamiento de Emakunde, la lluvia fina de sus mensajes ha ido calando en la sociedad. No lo suficiente aún, pero ha calado.

Cuando en 1988 se creó el Instituto, el Parlamento Vasco estaba formado por 9 parlamentarias y 66 parlamentarios. Hoy tenemos un Parlamento conformado por más mujeres que hombres. 40 de los 75 asientos están ocupados por mujeres. Así todo, hace treinta años y en clara minoría femenina, se aprobó la creación de una institución que trabaja en favor de la igualdad. Fue un importantísimo paso adelante que hay que continuar impulsando.

 

Aún recuerdo la primera campaña puesta en marcha por Emakunde para celebrar el 8 de marzo. “Mujer, la igualdad es tu derecho”. Ese era el lema. Hoy, los mensajes han cambiado y se dirigen a hombres y mujeres pero entonces era necesario un mensaje claro y contundente que despertase la conciencia de ser mujer y tener derechos.

Planes de acción positiva, figuras por la conciliación ( Sorkunde, la curranta de Emakunde), entidades colaboradoras en igualdad de oportunidades, premios Emakunde para reconocer la labor de personas e instituciones en favor de la igualdad, acuerdos y planes para atajar la violencia de género, concejalías de la mujer, etc, etc, etc.

Sin embargo y pese al trabajo diario de tantas personas al servicio de la igualdad, las mujeres seguimos bajo ese techo de cristal que nos impide crecer profesionalmente, continuamos teniendo un salario inferior al de los hombres, seguimos siendo las víctimas de una violencia que urde sus raíces en la desigualdad y necesitamos que la política nos coloque en un lugar más preeminente de su agenda para que, efectivamente, la igualdad sea un tema tan importante en los planes de los gobiernos como los demás. Porque sin igualdad no hay avance posible. Porque cuando dejas fuera de juego a uno de los grupos más productivos de la sociedad, los pasos adelante son demasiado pequeños.

En el año 2015 Emakunde recibió el Premio de las Naciones Unidas al Servicio Público en la categoría de Promoción de la perspectiva de género por haber demostrado la excelencia en la implementación de la Ley Vasca para la Igualdad de Mujeres y Hombres.

Hoy, las mujeres y los hombres (no solo los que conforman la plataforma para fomentar su participación en el trabajo por la igualdad, Gizonduz) debemos trabajar de forma conjunta y coordinada en pro de una sociedad más justa e igualitaria. Las grandes revoluciones se gestan de manera silenciosa y ésta, la revolución por la igualdad, estuvo silenciada durante demasiado tiempo.

Este 2018 va a ser no solo el año de la celebración de los 30 años de Emakunde. Será, si hombres y mujeres nos empeñamos en ello, el año del feminismo que no es otra cosas que el deseo de que vosotros y nosotras podamos vivir igual.

 

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