Niños azafatos

Va a haber quien diga que no estoy contenta nunca con nada, pero la idea de sustituir a las chicas de la parrilla del Campeonato del Mundo de Fórmula Uno por niños no me ha parecido la mejor.

La decisión de la organización de hacer desaparecer a las azafatas ha sido aplaudida en muchos sectores salvo en el de quienes se dedican a trabajar en este tipo de eventos. No les falta razón cuando dicen que el de dar indicaciones, la salida o cualquier otra acción que realizan es un trabajo como otro cualquiera. La labor de los y las azafatas es necesaria en la Fórmula Uno, en eventos culturales o en Congresos médicos por poner un ejemplo. El problema es que las distintas organizaciones contraten solo a mujeres para ese trabajo, a un tipo de mujeres concreto, y les obliguen a vestirse de una determinada manera.  No habría ningún problema con la presencia de azafatas si no se les mostrase hipersexualizadas y si fuesen también azafatos los que hiciesen esas tareas.

El colocar a niños, los Grid Kids (chicos de la parrilla), en el lugar de profesionales que hasta ahora recibían un salario por su trabajo deja sin empleo a esas personas y pone a menores en su lugar, menores que, imagino, no percibirán compensación económica por su labor.

“Este será un momento extraordinario para estos jóvenes: imagínense, parados junto a sus héroes, mirando cómo se preparan para competir; estar junto a la elite de la elite del automovilismo en esos preciosos minutos justo antes de la salida”, dice el director general de la F1. “Qué experiencia inolvidable para ellos y sus familias. Una inspiración para seguir conduciendo, entrenando y aprendiendo para que ellos mismos puedan soñar con estar un día allí. Qué mejor manera de inspirar a la próxima generación de héroes de Fórmula 1”.

En eso estamos de acuerdo, en lo importante que es para los más pequeños tener modelos de referencia en los que proyectar sus ilusiones de futuro. Sin embargo eso se puede conseguir permitiendo que acompañen a sus ídolos en determinados momentos y no haciendo que realicen el trabajo que hasta ahora realizaban las azafatas.

El asunto es sencillo. No se trata de eliminar en ningún caso la figura de la azafata. Se trata de que cualquiera pueda serlo independientemente de su condición física y de su sexo. Yo no abogo por la desaparición de esa profesión sino por dignificarla y que quienes la ejercen no sean tratadas como objetos.

Sustituirlas por niños que no cobrarán por un trabajo disfrazado de ilusión y motivación futura me parece un engaño.

 

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