El carnaval de Terrasa

Seguimos hoy de carnaval pero desde un punto de vista rotundamente opuesto al de ayer. La chirigota de las Irrepetibles nos emocionó. El cartel de Terrasa nos enfada.

Puede que haya que ser de Terrasa para entender el cartel que Xavi Suárez y la Cofradía Mascarada, organizadora del carnaval, han aprobado como anunciador de las fiestas. Yo, desde el Botxo, no acierto a relacionarlo con el proceso catalán que es lo que al parecer han pretendido. Lo que veo es a una mujer a la que varias manos le tocan los pechos y otra hace la V de Victoria en el pubis. No veo otra cosa.

Dicen que nos la cogemos con papel de fumar y que vemos fantasmas donde no los hay. Oigan, es que para relacionar la imagen con el “procés” hay que echarle mucha imaginación.

Supongo que por eso, tanto en las redes sociales como entre el público que vive fuera de ellas se ha dado por supuesto que la imagen da rienda suelta al acoso y, en la triste época de “manadas” en la que vivimos, promueve el sexo grupal. Que si es consentido por todas las partes, estupendo. El problema es cuando hay quien da ese consentimiento por tácito cuando no lo hay.

Como suele pasar en estos casos, diferentes asociaciones y colectivos pidieron al Ayuntamiento la retirada del cartel. El consistorio justifica la petición por la “banalización de la violencia sexual implícita y la objetualización que se hace del cuerpo de la mujer”. Añaden que “aunque el carnaval es un periodo transgresor por naturaleza, en este caso el mensaje que da el cartel es claramente opuesto al objetivo de una sociedad igualitaria hacia la que todos tenemos que avanzar”.

Lo cierto es que quien quiso participar en la elección del cartel anunciador de los carnavales pudo hacerlo. Fue elegido en una votación popular en la que participaron cerca de 1.500 personas. Puede que el problema sea que un cartel protagonizado por una mujer con manos en todos sus genitales haya llegado a ser finalista. Tanto el autor como la Cofradía Mascarada se han saltado el análisis previo a la presentación del cartel y no han debido de ser conscientes de la responsabilidad social que tienen quienes organizan festejos populares. El “no es no” y las imágenes de mujeres manoseadas tristemente famosas en otras fiestas populares no ha sido tenido en cuenta por quienes presentaron el cartel.

La Cofradía ha cerrado, en falso, la polémica colocando un cartel de “censurado” sobre la imagen. A mi me suena más a pataleta y a un echar balones fuera sin querer reconocer que se han equivocado con su propuesta.

Las instituciones están cada vez más concienciadas con trabajar desde una perspectiva de género. Hace falta que ese esfuerzo vaya calando en el resto de las organizaciones. Solo así daremos pasos adelante. Por el momento vamos como el cangrejo y ya es hora de avanzar. Retroceder ni para coger impulso.

 

Si me arreglo soy una golfa

Reconozco que escuchar la chirigota de Las Irrepetibles me ha puesto la piel de gallina. Llega el carnaval y se multiplican las canciones con las que las comparsas carnavaleras cuentan, critican, denuncian, publican, reivindican o apoyan diferentes causas que se han ido sucediendo a lo largo del año.

La canción de este grupo de mujeres es real como la vida misma. Con este pasodoble han querido apoyar a la mujer víctima de “la manada” y critican la manera en la que se ha criminalizado a la joven. Aseguran que su objetivo es visibilizar el machismo en el carnaval. Dicen que es algo incómodo porque exponer actitudes machistas de un grupo que está haciendo un esfuerzo creativo no es agradable, pero el machismo tampoco lo es.

La canción de este colectivo llamado “Carnaval Feminista” cuenta la historia de una mujer que sale de fiesta después de su jornada laboral.

Dice:

Hoy me confieso sabiendo que habrá gente que no entienda,

hoy me confieso que no soy una monja ni estoy muerta.

Porque llega el jueves y voy sonriendo al fin de semana.

Un chaleco mono, unos labios rojos y una minifalda.

Dejo atrás el uniforme y despertar de madrugada.

Si es por trabajar a nadie le importa que salga de noche y en falda corta.

Pero si me arreglo para ir de fiesta, soy una golfa.

Dos me tomé, dos copas después del cine,

cena con amigos y luego fuimos a bailar y no paré de reirme.

No, no soy quien merece que me condenen, me encierren y me vigilen.

Yo se lo firmo, si ustéd lo pide,

no necesito más detectives

que aquel día pensaba que me moría

y después de esquivar las cornadas de aquella manada

salgo y celebro cada semana que sigo VIVA”

Aquí tenéis el vídeo. Ole, ole y ole.

 

Divide y vencerás

No, la seducción no es una agresión machista ni la galantería es un delito. No he visto ningún tratado feminista en el que se recojan estos términos. Tampoco creo que las mujeres que no denuncian acoso o violencia sexual sean traidoras o cómplices de nada ni de nadie.

Lo que sí creo es que el centenar de artistas e intelectuales francesas que han firmado un manifiesto opuesto a lo que ellas consideran un clima de “puritanismo” sexual se han equivocado. El movimiento #MeToo, tildado de “infecto” por alguna de las firmantes del texto, era más que necesario para acabar de una vez por todas con una situación de desigualdad nacida de la diferencia de poder entre hombres y mujeres en el ámbito artístico. No solo en ese sector se viene dando esa diferencia desde tiempo inmemorial, sino que el grito lanzado por las actrices de Hollywood ha sido secundados por mujeres de casi todos los sectores sociales: el deportivo, el cultural, el político, el comercial, el periodístico, etc, etc, etc.

Dicen estas mujeres, entre las que se encuentran por ejemplo la actriz Catherine Deneuve (quien después ha pedido perdón por apoyar un texto en el que se aplaude la libertad de los hombres a “importunar”), la escritora Catherine Millet, la cantante Ingrid Caven, la editora Joëlle Losfeld, la cineasta Brigitte Sy, la artista Gloria Friedmann o la ilustradora Stéphanie Blake, que el feminismo se ha convertido en un estalinismo con todo su arsenal: acusación, ostracismo, condena. Aseguran que la dominación masculina no existe y que si bien la violación es un crimen, la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista.

Tienen razón en esto último. Sin embargo, cuando todas las mujeres que hemos utilizado la etiqueta #MeToo lo hemos hecho, solo pretendíamos poner negro sobre blanco la existencia de un grupo de hombres, sin generalizar evidentemente, que aprovechan su posición de poder para obtener favores sexuales de aquellas mujeres a las que supuestamente pretendían ayudar o impulsar en su trabajo. Y, por supuesto, en ningún caso el objetivo era el de convertirnos en “pobres mujeres indefensas bajo el control de demonios falócratas” como apunta el manifiesto de las mujeres francesas.

El escrito recalca que las firmantes no reconocen “el feminismo que, más allá de los abusos de poder, toma el rostro del odio contra los hombres y la sexualidad. Pensamos que la libertad de decir no a una proposición sexual corre pareja a la libertad de importunar, sin encerrarse en el papel de víctimas”.

No sabía yo que existía la libertad de importunar, que puedes molestar a otras personas porque te da la real gana y que si lo denuncias te estas encerrando en un papel de víctima.

El derecho que nos asiste a las mujeres es el de no ser agredidas y el de ser respetadas.  En el texto francés se mezclan conceptos que nada tienen que ver entre sí como el de la seducción, ejercida por hombres y mujeres, el placer, disfrutado por ambos sexos, y la violencia y el acoso que se ha denunciado con la campaña #MeToo.

Flaco favor hacen a la libertad de las mujeres quienes ponen resistencias al despertar de las conciencias.

 

 

 

El lunes más triste del año

Por si no teníamos suficiente con el Black Friday, el cibermonday, la incipiente celebración por aquí del mítico Thanks Giving o día de acción de gracia y tantos otros conceptos que ya manejamos como si fuesen autóctonos, desde hace ya algunos años hemos empezado a vivir el tercer lunes del mes de enero como el “Blue Monday”, es decir, el lunes triste. No es que los demás lunes no tengan su parte de tristeza pero éste esta considerado como el lunes más triste del año.

¿Y por qué? Pues porque así  lo ha determinado el científico Cliff Arnal con la elaboración de una fórmula matemática en la que tiene en cuenta variables como el clima, el salario, las deudas, el tiempo transcurrido desde Navidad, el tiempo transcurrido desde haber fallado en los propósitos de Año Nuevo, la motivación y lo que él denominó la “necesidad de reaccionar”.

La fórmula no es nada sencilla:

1/8C+(D-d) 3/8xTI MxNA

“C” es el factor climático; “D”, las deudas que nos dejan las navidades; “d” es el dinero cobrado en enero y “T” es el tiempo transcurrido desde el final de la Navidad. Finalmente, “I” es el tiempo transcurrido desde el último intento fallido de eliminar un mal hábito (por ejemplo, fumar). “M” son las motivaciones del individuo y “NA” es la necesidad de actuar para cambiar la vida.

No se lo que os saldrá si resolvéis la fórmula con vuestros datos pero tened en cuenta que, en el años 20015, a Arnal le financió el estudio que le llevó a dar con el término “blue mondeay” la empresa Sky Travel, quien aprovechó el día para lanzar una campaña para promover sus viajes.

Ahora, si buscas en la red la manera de superar el Blue Monday te aparecerán centenares de propuestas comerciales que van desde visitar hoy la tienda pop up (esas que aparecen y desaparecen en un corto periodo de tiempo) de una conocida marca de chocolate hasta hacerte la manicura y depilación con hilo para ponerte guapa y subir la autoestima pasando por visitar el exotismo de La India con el paladar o hacer una escapada a Tarifa. Estos son solo algunos ejemplos de lo que yo he encontrado para superar este lunes deprimente. Y la publicidad en torno a este día, lo constata. Ahí va un ejemplo:

Total, que ya tenemos, pegadita a las navidades y a las puertas del día de los enamorados, otra nueva jornada en la que nos invitan a comprar, a consumir, a dejarnos el poco dinero que nos haya quedado tras las últimas fiestas y a prepararnos para sufrir un mes, y no solo un día, deprimente del todo.

Dicen que las rebajas no están yendo todo lo bien que se preveía. No me extraña viendo que cada dos por tres somos objeto de un bombardeo comercial al que somos aún poco permeables y que nos lleva de tienda en tienda intentando superar nuestra tristeza.

www.begoberistain.com 

 

 

 

 

Los pobres no nos gustan

Entre las muchas cosas que nos ha dejado el 2017 hay algunas que me gustan especialmente, las palabras, por ejemplo.

La Fundación del Español Urgente, la Fundéu,  ha elegido su palabra del año: aporofobia. Se trata de un neologismo que da nombre al miedo, rechazo o aversión a las personas pobres. Es un término relativamente novedoso que, sin embargo y por desgracia, alude a una realidad social arraigada y muy antigua.

Leía hace poco al criminólogo Juan Aldaz unas declaraciones como consecuencia de la supuesta falta de seguridad en las calles de Bilbao tras los últimos sucesos graves como el asesinato de una persona en plena calle o la paliza a un joven en las instalaciones de Metro Bilbao. Aseguraba que, en realidad, no nos dan miedo las personas inmigrantes porque si quienes vienen tienen dinero, no hay problema. “Nos dan miedo los pobres porque nos incomodan”.

Coinciden plenamente sus palabras con las de la Fundéu y las de la filósofa Adela Cortina, impulsora del término. Ella fija la atención sobre el hecho de que solemos llamar xenofobia o racismo al rechazo a inmigrantes o refugiados, cuando en realidad esa aversión no se produce por  su condición de extranjeros, sino porque son pobres.

Aporofobia está ya en el Diccionario de la lengua española. Además, el pasado mes de septiembre el Senado español aprobó una moción en la que pide la inclusión de la aporofobia como circunstancia agravante en el Código Penal.

Aporofobia pone nombre a una realidad, a un sentimiento que, a diferencia de otros, como la xenofobia o la homofobia, y aun estando muy presente en nuestra sociedad, nadie había bautizado. Conviene poner nombre a las cosas para hacerlas visibles. Si no lo tienen, esas realidades no existen o quedan difuminadas. No se pueden defender o denunciar.

La fobia a la pobreza, y más directamente a las personas pobres, no ha dejado de crecer con el drama de los migrantes en diversas partes del mundo y el empobrecimiento de extensas capas de la sociedad. Hay aversión a los pobres y la pobreza.

Al menos ahora esa fobia tiene nombre así que podremos combatirla llamándola por su nombre. Aporofobia, una palabra nacida para cambiar la realidad.

www.begoberistain.com