El cariño no se compra

Respeto absoluto para quienes deciden comprar una mascota pero mi opción es, sin duda, la adopción. Hay miles y miles de animales abandonados cada año, especialmente perros y gatos, que se merecen una segunda oportunidad. O tercera o cuarta o …

Solo en Bilbao, en el plazo de un año, se han dejado tirados 236 perros y 190 gatos. Son animales generalmente no identificados mediante microchip y cuyo futuro es negro negrísimo. Acabarán, en el mejor de los casos, en las perreras municipales a la espera de ser reclamados o adoptados . Más de la mitad de los canes que llegan a los Centros Municipales de Control Animal carecen de identificación, lo que da una idea del grado de responsabilidad de sus dueños.

“El cariño no se compra. Adóptame” es el lema de una campaña puesta en marcha por el Ayuntamiento de Bilbao en la que se apela a la conciencia ciudadana para sacar de sus jaulas a los animales que han llegado hasta allí por haber sido abandonados.

Adoptar a Pantxo, mi perro, es sin duda una de las mejores cosas que he hecho en los últimos años. No fue abandonado. Simplemente sus dueños ya no podían cuidarle y buscaron otro hogar para él. Aprendo cada día un poco más de animales, mi visión de ellos ha cambiado absolutamente y sí, eso de “uno más en la familia” se ha convertido en una realidad.

En esta época del año en la que los abandonos de mascotas aumentan considerablemente, las instituciones se ponen en marcha y nos alertan sobre la necesidad de adoptar una. El procedimiento es sencillo. Asociaciones como APA Puppy Bilbao, para los perros, y Felinos Bilbao, para los gatos nos lo van a poner muy fácil.

Si estás pensando en tener un perro, no lo compres, ¡adopta!

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Deshomosexualidad

Celebramos estos días el Bilbao Pride, la Fiesta del Orgullo Gay de Madrid y otros tantos festejos con la diversidad y la visibilidad del colectivo LGTB como objetivo.

Al mismo tiempo que leo el programa del Bilbao Pride para ver a que actos sumarme (la actuación del MaryKoro es uno de ellos), me encuentro con una serie fotográfica realizada por Paola Paredes titulada Hasta que cambies. A través de imágenes, Paola muestra los brutales tratamientos que reciben los y las “pacientes” que acuden a algunas de las más de 200 clínicas que , solo en Ecuador y por 800 dólares, prometen curar la homosexualidad de manera clandestina.

 

Sin necesidad de palabras, Paredes narra lo que sucede en esas clínicas donde las humillaciones son el pan de cada día. Régimen de feminidad forzada en forma de maquillaje, faldas cortas y tacones altos para convertir a las mujeres en “reales”; violación “correctiva”; tortura con soga y guantes; maltrato psicológico con insultos; horas de escucha de música católica; alimentación forzosa y “vitaminas” sin etiqueta que provocan insomnio o pérdidas de memoria.

Os invito a que conozcáis el trabajo de Paola a través de sus imágenes. Es lo que sucede en Ecuador pero no son una isla en esto. Nos queda un camino muy largo por recorrer. Y muchos dramas por denunciar.

Este es el enlace: Hasta que cambies. 

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Calor, tirantes y corbatas

La canícula, ese periodo de calor insoportable que se da entre el 24 de julio y el 2 de septiembre, se ha adelantado y la estamos viviendo en pleno junio. Las altas temperaturas nos alteran; a unos les da por aletargarse y a otros/as por ponerse de mal humor. Y aunque parezca mentira, el calor también sirve para hablar de sexismo y discriminación.

Os cuento la historia:

Un seguidor de este blog me remite este mensaje y me pide mi opinión sobre el asunto, tema, por cierto, que se da prácticamente en todas las empresas. Me pregunta si esto es una discriminación indirecta o una discriminación positiva. El mensaje dice así:

“Hace 35 grados. Tenemos reunión. Los hombres visten todos traje y corbata. Las mujeres con vestidos casi playeros. El jefe me reprende por no llevar corbata. Ni una palabra a las chicas. Todos tenemos el mismo puesto”.

Existen unas normas, más o menos universales, en lo que a la vestimenta en el trabajo se refiere. De hecho, cuando vamos a una entrevista que puede significar conseguir un puesto de trabajo, nos preocupa especialmente el “dress code” o código de vestimenta de esa empresa. Sabemos que la imagen puede ser el factor determinante que nos de o nos quite el empleo.

Una vez que lo hemos conseguido, debemos mantener esa imagen que nos ha ayudado a entrar en la empresa. Si trabajamos en una oficina en la que se requiere traje y corbata, pues traje y corbata. Pero, ¿qué pasa con ellas? Es la eterna polémica. ¿Por que ante una ola de calor como la que estamos viviendo ellas pueden acudir a su centro de trabajo en pantalón corto y tirantes y ellos tienen que mantener la corbata?

Entre el pantalón corto y los tirantes y el vestido semi playero del que hablaba el lector hay todo un mundo. La vestimenta femenina permite muchas más posibilidades que la masculina, cierto es, pero también hay todo un armario entre el traje y la corbata y acudir a trabajar en pantalones cortos de los de ir a la playa y chancletas.

Creo que todos y todas debemos mantener esas normas, en la mayoría de los casos no escritas, para que la imagen de la empresa sea la que sus dirigentes quieren transmitir. Sin embargo, la normativa debe ser lo más igualitaria posible. En situaciones como la que estamos viviendo estos días, con termómetros alcanzando los 40 grados, no es justo que nosotras podamos vestir ropa más fresca y ellos tengan que seguir con la corbata puesta. Vestir un polo, una camisa de manga corta y liberarse del lazo en la garganta es casi cuestión de salud.

Me da que quien aboga por mantener la corbata y permitir que las mujeres vistan con prendas más ligeras es un hombre. Debería saber que si sus trabajadores no están sufriendo con el calor, serán más productivos. Al menos por el lado egoísta del asunto debería contemplar el cambio.

En mi centro de trabajo hay de todo. Quien sigue las normas no escritas y mantiene el pantalón largo durante todo el año y quien se calza las chancletas en mayo y no las suelta hasta octubre. Las mujeres tenemos más libertad y nuestro ropero suele ser bastante más amplio que el de los hombres. Siempre que mantengamos la imagen lo más acorde posible a la que quiere mantener la empresa, adelante. Pero que no sean ellos los que tienen que axfisiarse con el nudo de la cortaba. Si a nosotras se nos permite vestimenta más ligera, que se os permita también a vosotros. De lo contrario, sí, estaríamos ante una discriminación hacia ellos.

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El entrenador que llevamos dentro

Se nos va de las manos. Que nuestros hijos jueguen a fútbol, pero también a otros deportes de los que no se habla tanto pero hacen lo mismo a la chita callando, se ha convertido en la máxima aspiración para muchos padres y madres que ven en sus chiquillos potenciales Ronaldos. No solo los padres, también los clubes andan a la caza y captura de jugadores que puedan hacerles, supuestamente, ganar una liga o ser cantera de equipos más grandes. Por muy modestos que sean, quieren que sus filas estén formadas por los mejores. Bueno, mejores a día de hoy, que mañana…. nunca se sabe. Especialmente cuando hablamos de niños.

Jugadores que tienen que perderse la última hora lectiva porque tienen que desplazarse varios kilómetros para llegar a su entrenamiento, que meriendan en el coche mientras van y vienen, que no tienen tiempo para jugar sin pretensiones porque tienen que jugar para hacerse un hueco en el equipo. Niños de diez años estresados porque tienen que cumplir con unos planes de entrenamiento, de disciplina y de partidos casi iguales a los de equipos semiprofesionales. Críos que se pierden una fiesta de cumpleaños porque hay que entrenar, que si no te quitan el sitio. El que fue a Sevilla perdió su silla.

En Euskadi, la Diputación Foral de Gipuzkoa ha emitido una nueva orden que  impedirá que los niños de hasta 14 años puedan inscribirse en clubes de fuera de su municipio o centro de estudios. Se trata así de poner fin a la  política de fichajes en edades tempranas que practican algunas entidades. El límite territorial para hacer deporte en esas edades será el propio municipio de residencia o del centro de estudios en el que se esté matriculado el niño y, en los casos de ciudades de más de 50.000 habitantes, el ámbito podrá ser inferior al municipal.

Lo que están tratando de evitar es el mercadeo que se da en edades tempranas y que los clubes se dediquen a fichar a jugadores que viven a decenas de kilómetros del lugar de entrenamiento.

Habrá que ver si de esta normativa se libran los equipos “grandes”, es decir, los de primera, que conforman sus equipos con los jugadores más destacados del territorio.

Parece que necesitamos que sean las instituciones las que nos regulen, nos pongan en nuestro sitio y no nos permitan entrar en ese mercadeo del que hablábamos. Las ganas de triunfo y éxito nos ciegan en muchas ocasiones y ponemos en el disparadero a quienes más queremos sin medir las consecuencias.

Todos llevamos un entrenador dentro y tenemos un Messi en casa.

Las cloacas de las redes

Me conmovió el sábado por la tarde la noticia de la muerte de Iván Fandiño. Llegué a entrevistarle alguna vez en sus comienzos. La empatía que provoca ser de la misma tierra, que fuese el torero vasco, nos acerca al dolor que hoy pueden sentir sus familiares y amigos.

En el momento de conocer su fallecimiento, alguien que estaba conmigo apuntó a “riesgos laborales” como justificación de su muerte. Claro, estaba en el ejercicio de su profesión y, como cualquiera, estaba sometido a unos riesgos que a veces pueden llevarnos a la muerte. Y  a otra cosa.

Además de recordar aquella entrevista de sus comienzos, inmediatamente pensé en lo que iba a suceder en las redes sociales. Sí, la afición y los compañeros de Fandiño se volcaron con sus mensajes de apoyo al entorno del torero pero de inmediato surgieron quienes mostraron su alegría porque esta vez las tornas habían cambiado. Era el toro quien mataba al torero y no a la inversa.

“Pagan entradas para ver morir y ven morir. Siempre al toro, alguna vez al torero. La es digna de psicópatas. Muere

“Hermoso. Ojalá haya sufrido mucho esa mierda de persona. Deben morir todos los toreros y los espectadores de esa masacre”

“Pues que haya sufrido mucho ese hijo de cien mil putas y que arda en el infierno por matar tanto toro”

“Vaya, ha muerto un asesino, por lo visto llamado Iván Fandiño”

“Leo sobre un matador que acaba de fallecer en el hospital. Envío mis bendiciones al toro”

Etc, etc, etc.

Dejamos de lado si la tauromaquia es un arte o no, si el toreo con muerte del animal debiera revisarse o no y nos centramos en si las redes deben de convertirse en lo que se convierten cada vez que sucede algo similar a lo que le ha ocurrido a Fandiño, en cloaca. Todo lo bueno que tienen estos nuevos medios de comunicación y de comunicarse con el mundo se viene abajo cuando leemos mensajes como los que hemos apuntado aquí.

Poco tiene que ver eso con la libertad de expresión. No todo vale. No todo puede escribirse ni con tu nombre por delante ni escondido en un nick que, a priori, no se sabe con quien se identifica. Mi libertad de expresión termina en el momento en el que insulto y falto al respeto gravemente a otra persona.

Mientras no aprendamos esto, las redes, este valiosísimo invento, se convertirán en eso, en cloacas para desalmados.