Si no aportas, aparta

Creo que no está de moda hablar de educación y respeto, pero es el asunto que traigo hoy hasta Veterana B. Lo hago porque la semana ha sido complicada. Hay quien no lleva bien las críticas y las denuncias y reacciona de una manera poco “educada” cuando lo que leen no les gusta.

El pasado lunes publiqué un post en el que describía algunos de los fallos que se habían producido en el desarrollo del Santander Triathlon Series celebrado en Getxo. PINCHANDO AQUÍ puedes encontrar el enlace a ese post.

Cada mañana, una vez que el tema se publica en la blogosfera del diario Deia, lo llevo a Twitter y a Facebook para que tenga mayor difusión y, sobre todo, para que los y las lectoras puedan opinar. Sin filtros. Jamás he eliminado ningún comentario ni he bloqueado a ningún usuario sea cual sea su percepción. En muchas ocasiones hay opiniones contrarias a la mía y ahí se quedan para que todo el mundo lea distintos puntos de vista.

Yo digo que lo bonito de escribir cada día en este blog es la posibilidad que me da de agitar el avispero, de hacer que vosotros y vosotras escribáis acerca de temas de actualidad y no os guardéis nada. Esta muy vivo este blog. Tanto que hemos sobrepasado ya los 200.000 usuarios únicos con más de 400.000 páginas vistas. Ha recibido varios premios y le han galardonado precisamente por eso, por haberse convertido en un espacio de opinión libre y plural.

Pero desgraciadamente no todo el mundo es igual de respetuoso. Están los famosos “haters”, esos que intervienen con la intención de crispar y de generar mal ambiente con salidas de tono e insultos y de intentar imponer su criterio. Están también quienes no aceptan bien las críticas y las denuncias y optan por atacar a la mensajera. Es muy fascista eso de “matar al mensajero” y atenta contra la libertad de todos y cada uno/a de quienes aquí nos encontramos.

Si os dais una vuelta por mi muro en Facebook y vais a los comentarios que suscitó el post titulado “El último, Putxi” veréis de lo que estoy hablando.

Hoy quería dedicar este artículo a quienes cada día o de vez en cuando se interesan por lo que digo y opinan. Sin trabas, con respeto y en libertad. Y queria transmitir además un mensaje a quienes intentan reventar esa cordialidad con insultos y tratando a los otros lectores como si fuesen ignorantes: si no me aportas, aparta.

La libertad de expresarse sí tiene un límite, el respeto, la educación y las buenas maneras. Quien no venga aquí con esa intención, que se vaya.

Gracias a todas y todos los que cada día leéis y opináis en Veterana B. Sea cual sea vuestra opinión. En la discrepancia está la sal de la vida. Fomentémosla desde el RESPETO.

 

Mujeres corcho

Hoy solo quiero mostrar estas imágenes de mujeres fuertes, luchadoras, esperanzadas, expectantes, entusiastas, anhelosas, confiadas, ilusionadas y optimistas. Mujeres que han sufrido y sufren.

Dice la escritora Teresa Viejo en su libro “Animales domésticos” que hay dos tipos de mujeres, las “corcho” y las “acero”. Las primeras siempre salen a flote y las segundas, se hunden.

Las mujeres con cáncer de mama son mujeres corcho. Nos gustan.

David Jay retrató a mujeres mastectomizadas. Ellas quieren mostrarse tal cual son después de sufrir la enfermedad. Y son así:

Yo también

Este post viene a ser una continuación del publicado ayer. Las redes se han llenado de mensajes acompañados de esta etiqueta, #YoTambién o #MeToo en su versión más internacional. En Francia, las mujeres han sido más directas y proponen colocar un contundente #DelataATuCerdo junto a la historia de acoso vivida.

De lo que se trata es de que todas aquellas mujeres que en alguna ocasión hayan sido o se hayan sentido agredidas por su condición femenina publiquen un mensaje y lo cierren añadiendo ese hastag.

La iniciativa partió de una mujer que escribió en sus redes sociales lo siguiente:

“Si todas las mujeres que han sido acosadas o agredidas sexualmente pusieran #YoTambién como estado en las redes sociales, le daríamos a la gente una idea de la magnitud del problema”.

A partir de ahí, las redes se han llenado de mensajes, de historias, de relatos y de situaciones de acoso que las mujeres sufren desde la infancia en su entorno escolar, sus centros de ocio, las calles o sus trabajos.

¿Cuántas de vosotras habéis vivido situaciones como la que relata, por ejemplo, Anna Pacheco bajo el paraguas de esta campaña?

“Hace cinco años tuve un profesor de TV en Argentina que me llamaba “españolita”. Una vez me invitó de visita a la cadena donde él trabajaba. Fui en bus y a la vuelta me dijo que me acercaba en su coche. Me subí. La cadena estaba alejada de la ciudad, en un polígono. Él tenía unos 60 años. Yo, 21. Al rato de estar en el coche, me puso la mano en mis piernas y me apretó tan fuerte que subió sus dedos hasta rozarme las ingles. Apretaba con fuerza. Yo estaba literalmente paralizada del miedo. Le pedí que me dejara bajar. Él sonreía y me decía “españolita, no te enfades”. Al final, paró y salí del coche. Él se despidió como si nada. Como si no me acabara de humillar. Llamé a un taxi llena de rabia, pero sin tener muy claro lo que acababa de pasar. Nunca más me llamó “españolita”, nunca más fue tan amable y nunca más me dijo que se me daba bien la TV. Yo nunca denuncié”.

No dudo de que todas tenemos una historia que contar, que todas hemos pasado miedo en algún momento de nuestra vida porque nos hemos sentido agredidas pero no hemos dado el paso de denunciar al agresor.

Yo, como casi todas, tendría varias historias que etiquetar con el #YoTambién. Desde la infancia.

Cada fin de semana corro por la carretera de la ría que enlaza Getxo por Bilbao. A la altura de Erandio hay una discoteca en cuyo exterior se concentran cientos de personas, en su mayoría hombres. Al pasar por ahí me cambio de carril para no escuchar las lindezas que te sueltan o para que ningún energúmeno se me ponga delante. Y no soy la única que lo hace. Nos avisamos unas a las otras. Antes de llegar a ese punto, si te cruzas con otra mujer te dirá algo así como: “ten cuidado que hoy están muy locos”. Lo de todos los fines de semana. No poder seguir mi camino libremente me disgusta y me hace sentir que la calle no es mía. #YoTambién

Seguiremos peleando por ganarla.

 

Women Boycot Twitter

Esta vez hemos sido las mujeres las que nos hemos enfadado con la red social Twitter. Nos sobran los motivos, que diría Sabina.

El pasado viernes, un grupo de personas puso en marcha la etiqueta #WomenBoycottTwitter, es decir, mujeres boicotean twitter. ¿Porqué?

Seguro que han oído hablar de Harvey Weinstein, uno de los productores más influyentes de Hollywood durante varias décadas. Una larga lista de actrices  han destapado casos de acoso sexual protagonizados por el famoso productor, algo que , al parecer, era un secreto a voces.

“No ibas a ir a la policía. No te iban a tomar en serio. No ibas a llamar a un periodista porque en ese momento Harvey tenía al mundo mediático entero en su bolsillo y nadie iba a ir contra Harvey Weinstein”, “Harvey podía destruir tu carrera”, “Todo el mundo podía ver lo que estaba haciendo. Esto era lo más asqueroso. Todo el mundo sabía de lo que Harvey era capaz y nadie hacía nada”. Estas son algunas de las palabras que ahora, destapado el escándalo, hemos podido leer y escuchar.

Y en estas que sale un famoso actor, Ben Affleck, defendiendo a Weinstein y criticando a Rose McGowan, una de las actrices que ha contado lo vivido y sufrido con el productor, sobre su actitud.  La reacción, no solo de esta mujer sino de otras muchas que han permanecido calladas hasta el momento pero que han encontrado en el grupo el arrope necesario para denunciar, no se ha hecho esperar. Incendio en twitter y un largo hilo de conversación que acaba con la suspensión de la cuenta de la actriz por parte de la red del pajarito.

Por aquí llega el boicot. ¿Por qué los dirigentes de la red deciden suspender la cuenta de la mujer? Afirman que en algún momento de la conversación Rose publicó algún número de teléfono y se escudan en eso para el cierre. Sin embargo, el movimiento ha sido imparable. Miles y miles de mujeres denunciando el acoso sexual por parte de los poderosos. Años de silencio que ahora se convierten en un clamor que pone en evidencia que, llegado el momento, si a alguien hay que silenciar en las redes es a las mujeres.

La cuenta de Rose McGowan vuelve a estar activa pero el mal ya está hecho por parte de twitter. Supongo que no midieron bien las consecuencias de intentar acallar una denuncia que ahora está en boca de todos y de todas.

Invisibilizar nunca es la forma de acallar. Parece increíble que los responsables de la comunicación social no se hayan dado cuenta aún de esto. Tenemos cientos de ejemplos a los que recurrir para demostrar que cuanto más difícil nos lo pongan, más fuertes nos sentiremos, especialmente si trabajamos juntas.

Empezamos ya a cansarnos del acoso en la red, que se ha convertido en algo tan habitual que lo dejamos pasar. Pero va dejando poso y habrá que pararlo.

Begoña

Hoy es un día grande para todas las mujeres que nos llamamos Begoña, tengamos o no vínculos religiosos. Sí, también hay algún hombre que se llama Begoña, de segundo nombre la mayoría de las veces, pero los hay.

Aunque nos felicitan cada 15 de agosto, jornada en la que se celebra el día de todas las vírgenes se llamen como se llamen, nuestro día, el de las Begoña, es el 11 de octubre.

Begoña es un nombre muy bilbaíno y por eso estoy muy orgullosa de llevarlo. Insisto, más allá de la simbología religiosa, a mí lo que me gusta es que llamarse Begoña significa que o eres de Bilbao o has nacido donde te da la gana.

Pero estamos en peligro de extinción. Un nombre común hace varias décadas se ha convertido en una rara avis en este siglo XXI. Alguien me decía ayer que Begoña es “nombre de vieja”, así, tal cual. Ahora se llevan nombres más sofisticados como Noa, Sara, Lucia o Martina, que son los más utilizados en el conjunto del Estado.

Por dar algún dato decir que hay 39.755 mujeres que se llaman Begoña con una edad media de 44,8 años. Yo soy de las María Begoña. Somos 36.648 y tenemos una edad media de 53,3 años.

Cada vez que tengo a alguien esperando una niña, le invito a pensar en la posibilidad de nominarle Begoña. Aún no he conseguido que nadie lo haga, pero seguiré insistiendo.

Hoy es un día de fiesta en Bizkaia y especialmente en Bilbao. Necesitamos más Begoñas.