Cerrado por vacaciones

Sí, a mi también me ha llegado el momento vacacional. Tres semanas. Enteras y verdaderas.

Como hay estudios para todo, me he fijado en este de la investigadora Jessica de Bloom. Junto con su equipo de la Universidad de Tampere (Finlandia), demostró que, a partir del segundo día de descanso, la salud mejora y aumentan los niveles de energía. Y que el pico de bienestar máximo se alcanza el octavo día de vacaciones. A partir de ahí, que sumemos más tiempo de ocio nos afecta poco. Asegura que el efecto saludable de las vacaciones es idéntico si duran ocho días que si duran quince.

Yo, por si acaso, me retiro tres semanitas salvo que las irrefrenables ganas de contar y de poner el dedo en la llaga me haga volver antes y me levanten de la tumbona.

Los phubbers

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Suena rara la palabrita, ¿no? Es una de esas de reciente creación pero que vamos a entender, y a poner cara a los “phubbers” que conocemos, inmediatamente.

El phubbing no es otra cosa que ignorar a las personas con las que estamos en un determinado entorno o acto social porque estamos más pendientes de nuestro teléfono móvil que de nuestro acompañante. Seguro que en estos momentos se os ocurren un montón de phubbers.

El término surgió en Australia en 2008  y más recientemente se ha investigado en la Universidad de Kent  para conocer por qué se ha convertido en una práctica tan extendida. Se realizó una encuesta a 251 personas de entre 18 y 66 años, en la que todos afirmaron practicar el phubbing en cierta medida. Una de las conclusiones de la investigación era que se trata de una práctica de imitación. Es decir, que cuando haces phubbing a alguien, esa persona tenderá a hacértelo a ti, de manera que al final acaba por ser una forma aceptada de comunicación. De incomunicación diría yo.

A mí no me gustan. Me incomodan y me hacen sentir cómo si estuviese de sobra. Y mira que, como casi todos/as, yo también consulto mi móvil cada poco tiempo pero si he quedado con alguien es para dedicarle ese tiempo. Si no, deja la cita para otro día. O das un tiempo de calidad o te lo guardas para ti y para tu móvil.

Me ha gustado mucho el plan que ha elaborado  la doctora Gissela Echeverría para evitar que nuestras relaciones se enfríen y que una reunión con amigos o familiares nos haga sentir solos por estar pendientes del móvil. Es este:

Plan básico 

1. Empiece por usted. Suelte el teléfono.

2. Apague el teléfono al llegar a casa o a una cita y concéntrese en las otras personas. .

3. Disponga un lugar específico de la casa donde se ubiquen todos los móviles antes de sentarse a comer.

4. Instituya, como norma, que nadie se siente a la mesa con el teléfono.

5. Deje el teléfono fuera de la cama.

6. Preste atención a las personas cuando hablan, antes que a su teléfono. Priorice.

Plan avanzado hacia la libertad

1. Que buscar el teléfono no sea lo primero que haga al abrir los ojos cada mañana.

2. Postergue las respuestas a los mensajes de texto o los que le lleguen al Whatsapp, si eso interrumple alguna actividad de trabajo o estudio, y mucho más si está en una comida, una reunión familiar o de amigos, a menos que se trate de una emergencia que comprometa la salud o la vida de alguien importante.

3. Apague el teléfono cuando vayan de paseo, al cine, al teatro, para que disfruten del momento. Todo puede esperar.

¿Eres phubber? Piensa en lo que te pierdes si la respuesta es sí.

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Cumplir 40

DEIA

Las fiestas de los 40 suelen ser de esas de “darlo todo”, de tirar la casa por la ventana porque sospechamos que entramos en una nueva etapa de nuestra vida. También suele ser un momento de duda, de cuestionarnos nuestra trayectoria y de analizar el pasado para saber qué y cómo queremos que sea el futuro.

Que un medio de comunicación cumpla 40 es motivo de alegría y de orgullo. Alegría porque quiere decir que uno de los vehículos en los que viaja la libertad sigue en marcha. Orgullo porque uno de los diarios que más se han significado en Euskadi, un país pequeño con mucha miga, sigue, 40 años después, manteniendo su objetivo de ser “Gure lurraren Deia” (La llamada de nuestra tierra). Son nuestras noticias, nuestros sentires y vivires sin perder de vista que estamos en un mundo global en el que, como bien decía Edward Norton, “el aleteo de una mariposa en el norte puede cambiar el mundo en el sur”. Es decir somos todos uno, pero cada región, cada país, cada territorio, tiene su idiosincrasia propia.

Por eso DEIA se mantiene después de 40 años, porque ha sabido incluir a unos y a otras sin dejar de lado su lema inicial, insisto, gure lurraren deia.

La fiesta de los 40 de DEIA fue un reflejo de lo que estoy contando. No faltó una sensibilidad, todos y todas reunidos en torno a un escenario y a una celebración en la que el de derechas saludaba al de izquierdas, el economista al agitador social, el representante social al político de turno, el plumilla al radiofónico…. Todos/as a una.

Pluralidad. Esa debe de ser la marca bajo la que se resguarde un medio de comunicación que quiera perdurar 40 años y más.

Yo me siento muy orgullosa de pertenecer a DEIA. Mi pequeñísima aportación diaria a través de este blog instalado en su blogosfera me hace sentir como en casa en este periódico.

ZORIONAK DEIA URTE ASKOTARAKO

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Yo sólo quería un pijama

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Yo solo quería comprarme un pijama pero, una vez con el en la bolsa, me he dado cuenta de que he comprado mucho más. No solo he adquirido una prenda confortable, no. Ahora tengo un pijama con el que además de cómoda voy a estar guapa y sexy. Así, como lo lees.

No me había dado cuenta hasta que sentada en el metro, leí la inscripción de la bolsa en el que me habían metido el famoso pijama: pretty, confortable & sexy. Osea que comprando simplemente ropa para dormir me convertía en una mujer bonita y sexy. Me quedé bastante sorprendida al ver que a las grandes cadenas textiles les importa bien poco que no queramos utilizarlo todo y en todo momento para seducir. Yo quería un pijama para dormir. Sentirme bien, sí, pero no necesariamente sexy.

¿Alguno de vosotros ha visto impreso en la bolsa de una tienda de ropa interior masculina un mensaje que diga que con esas prendas va a ser “handsome”, el equivalente a pretty?. ¿O sexy? He preguntado y no, ninguno lo ha visto.

Como curiosa que soy he hecho una búsqueda en google para saber que se dice de las mujeres sexis. Los titulares que me he encontrado son así:

Diez consejos infalibles para ser sexy.

Cinco razones por las que las mujeres deben usar ropa interior sexy.

Diez cualidades que nos hacen sexis.

Qué debo hacer para ser una mujer sexy.

Cómo ser sexy: seis consejos que te harán irresistible.

Razones por las que las mujeres con gafas son sexis.

Etcétera, etcétera, etcétera.

Se deduce de esto que quienes piensan en nosotras y escriben para nosotras lo hacen con la firme creencia de que nuestro deseo es ser sexis en todo momento y para todas las personas.

Pues no. Yo solo quería un pijama.

 

 

Viento y gaviotas

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No, no va de política la cosa aunque por el título de este post pudiera parecerlo. No hablaré de las gaviotas (o de los charranes, quién sabe) que simbolizan en España una manera de regular la vida de la ciudadanía o una forma de pensar, aunque bien mirado no hay nada de lo que hacemos en nuestro día a día que no tenga que ver con la política.

Desde pequeña me has fascinado los faros. Puede que sea porque he crecido cerca de uno y su presencia ha guiado muchas veces mis pasos y mis pensamientos. El mío, el de Ereaga, me ha visto crecer. A mí y a mi familia. Era una niña cuando jugaba a ser farera, a vivir en esa torre redonda, a tener una vida sin esquinas. Imaginaba cómo serían las habitaciones en las que dormían las familias fareras, o torreras, que también se llaman así. Soñaba con el viento, con escuchar las olas del mar, con oler a salitre cada mañana. Hoy, muchos años después, ese faro sigue guiando mis pasos. Recorro sus 1.090 metros casi todos los días y cuando corro una maratón, en ese momento duro de llegar al kilómetro 40, imagino que estoy en el faro y que tengo que recorrerlo ida y vuelta y estoy en la meta.

Pero los y las fareras tienen los días contados. Es un oficio en vías de extinción y dentro de quince años se jubilará el último  y el oficio desaparecerá. Ya no se pueden convocar oposiciones para el cuerpo técnico marítimo porque así lo ha decidido el Ministerio de Fomento. Los faros activos serán controlados de manera digital y los no activos se privatizarán y se convertirán en hoteles.

Una vez que se jubilen los actuales funcionarios, el oficio desaparecerá para siempre y quedará sólo en nuestra memoria.

Dicen los fareros que en pocos lugares se puede sentir de una manera tan evidente y provocadora la presencia de los cuatro elementos. Esos vientos, esos sonidos de las ventanas temblando, esos ecos que se escuchan en las torres, esos sonidos tan de faro, esa ausencia de sonido humano… Viento y gaviotas. Dulce despertar.

No es el primer oficio que se pierde con los nuevos tiempos. Seguro que no será el último, pero hoy me ha pillado nostálgica el día y he recordado la pena con la que un farero me contaba que viendo el panorama abandonó su torre y se fue a trabajar a una oficina. No ha habido un día en el que no se haya arrepentido de su decisión. O el momento en el que la última farera echaba la persiana a su torre y lloraba con desconsuelo.

El faro seguirá ahí pero ya no habrá nadie dentro. Una máquina guiará a los barcos. Eso sí, mis pasos los dirigirá la torre.

Hay un documental fantástico sobre la vida de los y las fareras. Se titula “Luz de mar”. Echadle un vistazo si podéis.