Excéntricos  y corruptos

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Llama la atención repasar en qué se gastan el dinero quienes están implicados en tramas de corrupción. Puede ser que la ciudadanía de a pie, la que vive de su sueldo, tenga unos gustos mucho más mundanos que los implicados en casos de estafa, engaño y corrupción.

Ahora que se ha hecho público el sumario de la trama Púnica, una de tantas, vuelvo a sorprenderme por las cifras que se manejan y los artículos que se compran con el dinero de todos. Se ve que el mercado del lujo tiene  buenos clientes entre quienes , como el alcalde de Valdemoro, han reconocido que entraron en política para “tocarse los huevos”.

Ahora sabemos que el conseguidor de la Púnica se gastó seis millones de euros en plumas. Si, si, en plumas de las de escribir. Seis millones de euros. Eleva esta cifra hasta los ocho o diez millones de euros incluyendo sus inversiones en obras de arte.

Pero no ha sido el único, ni mucho menos. Conocemos casos como el del ex director general de empleo de la junta de Andalucia que gastó, junto a su chofer, 25.000 euros semanas en cocaína, prostitutas y fiestas.

Llama la atención el gusto de esta gente por las cacerías. Fincas toledanas y de Ciudad Real que acogían a promotores inmobiliarios y dirigentes políticos. Cada jornada de estas viene a costar entre 2.000 y 3.000 euros por cazador. Y son, por cierto, un suculento negocio.

Nos acordamos de Blesa, quien se armaba en La Armería de Madrid y pagaba con su tarjeta black todos sus gastos de caza, desde los hoteles hasta el combustible, en sus excursiones cinegéticas que no se quedaban en España sino que se extendían hasta Sudáfrica por el módico precio de 10.000 euros.

No le iba a la zaga Rodrigo Rato. Gastó con su plástico negro más de 3.500 euros en bebidas alcohólicas. Y la utilizaba además para enviar rosas y pagar escapadas de fin de semana en hoteles y balnearios de lujo. Necesitaba relax.

Mucho más tierno era lo de la exministra de Sanidad, Ana Mato, y su marido. Gastaban en viajes turísticos de lujo y artículos de la firma Louis Vuitton pero también en eventos familiares como fiestas de cumpleaños con payasos por valor de 11.800 euros. Fiestones, diría yo.

También es cierto que te puede pasar como a la Infanta Cristina, que maneja más de diez tarjetas de crédito diferentes y , a veces, se confunde. Así que no sabe si paga con una los 4.000 euros del cuadro del baño o con otra los 3.000 de la vajilla.

Hay quien ha comprado animales prohibidos, quien ha regalado bolsos de lujo a diestra y siniestra y quien ha gastado más de 200.000 euros en complementos para su coche.

Todo esto nos lleva a pensar en que quienes gastan el dinero público y se aprovechan de sus cargos en los económico, no solo son corruptos sino que, además, son unos excéntricos. O los demás tenemos espíritu de pobres, que también puede ser.

 

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