Me duele la radio.

Esta siendo ésta una mala semana para la radio. En realidad lo esta siendo para la gente que trabaja en la radio y, por extensión, para quienes la escuchan.

Ayer, compañeros y compañeras de Radio Euskadi, afectados por el famoso ERE, recibieron la llamada que les anunciaba que el día 1 de junio será su último día de trabajo. Y los colegas de la Cadena SER en Euskadi han convocado una jornada de huelga el próximo 28 de mayo como protesta por los tres despidos y la prejubilación que les comunicaron el martes.

Desde que comenzó la crisis, allá por el 2008, casi 12.000 periodistas se han quedado en la calle y algo más de 100 medios se han cerrado. En algunos casos se han aducido causas económicas para el cierre y los despidos. En los que hoy nos ocupan, los motivos deben de ser otros porque la SER dice que ha obtenido beneficios en el primer trimestre de 2015 y, me suena, que en Radio Euskadi la cosa tampoco va de dineros.

Siento en el alma el despido de todos y cada uno de mis compañeros. Pierden su puesto de trabajo, su sustento, y pierden también una forma de vivir la vida. Ser periodista es algo que uno no se saca de dentro por mucho que le despidan, pero se necesita un medio para poder vivir esa vida.

Digo que hoy me duele la radio porque respeto muchísimo a los oyentes y con estos despidos, ellos también pierden. Pierden voces, brillos, colores, calidad, objetividad, pierden la compañía de muchas personas a las que llevan pegados muchos años a través del transistor.

Hacer un programa de radio no es tarea fácil. Se requiere una agilidad, un dominio del medio y unos contactos que se van adquiriendo con los años. Muchas horas al frente del micrófono son las que te dan las tablas necesarias para afrontar con solvencia una tarde, una mañana o una noche de radio. Cada vez quedan menos “veteranos” en la radio. Su habilidad para el medio se va sustituyendo por periodistas más jóvenes que, por supuesto, merecen estar ahí, pero que necesitan el apoyo de quienes fueron principiantes como ellos y tuvieron el maestro que necesitaron para crecer en el oficio.

Uno puede multiplicarse, ser eso que piden ahora las empresas, “polivalente”, intentar hacer más con menos pero el resultado nunca será el mismo. Son las personas, son los profesionales quienes hacen grande a una emisora. A cualquier medio, pero yo hoy hablo de la radio. Quieren ser los primeros en contar, dar lo que otros no han conseguido, programas con muchas voces, una producción de lujo para hacer un programa de primera, a los mejores invitados,  innovar, inventar espacios, programas creativos, distintos, especializados… y todo eso quieren que lo hagan entre pocos, a poder ser uno que además sea capaz de resolver la parte técnica.

Me he cruzado en mi andadura profesional con muchos y muchas de quienes esta semana han sabido que se van a su casa. Va a doler no escuchar las voces de compañeras/os a los que en un momento u otro del día escuchaba y a quienes en tantas ocasiones he pedido un número de teléfono, un corte de voz, que me hagan un huequecito para algunas de mis historias o que me lo han pedido a mí. Y, sobre todo, he aprendido de ellos y ellas cada día.

Los compañeros de Radio Euskadi llevan mucho tiempo movilizándose. Los de la SER lo harán el día 28. Somos muy poco corporativistas en esta profesión. Cada uno, a lo suyo y como no hay unión, no hay fuerza. Alguien pedía ayer una huelga de periodistas para frenar esta sangría. Quedará ahí.

Ojalá quienes ahora callan por obligación vuelvan a su casa pronto. A la radio. A esta o a otra. Necesitamos profesionales que cuenten. Sin periodistas, no hay periodismo. Sin periodismo, no hay democracia.

Decía Lincoln que la posibilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar una causa que creemos justa. ¿Qué tal si la apoyamos todos juntos?.

micros

 

Puntualizando

Andamos a vuelta con las cuotas de la inmigración y creo que hay q hacer unas cuantas puntualizaciones y llamar a las cosas por su verdadero nombre.

La Comisión Europea ha propuesto un sistema de cuotas obligatorio para distribuir a los demandantes de asilo entre todos los Estados miembro. Dice que así se descarga a los países afectados en primera línea por la migración del Mediterráneo.

Hablar de la “migración” es uno de los primeros errores, porque lo que se pretende regular no son los inmigrantes económicos que llegan a cada país por diferentes motivos sino a aquellas personas que llegan huyendo de la persecución de la que son víctimas en sus países. Estamos hablando de quienes solicitan el asilo debido a temores fundados de ser perseguida en su país por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas.

A España se le ha pedido que acoja al 9% de los refugiados. Para hacer este reparto se han fijado en la tasa de paro de cada país, el PIB, el tamaño de la población y las peticiones de asilo recibidas entre 2010 y 2014.
El Ministro Margallo, el de asuntos exteriores y cooperación, dice que la tasa de paro está infrarrepresentada y que tampoco se ha tenido en cuenta el trabajo que hacen algunos países para acabar con la inmigración ilegal.

A mí me parece que el Ministro mezcla churras con merinas de una manera intencionada. Habla de inmigración y no de refugiados o demandantes de asilo, y lo hace con el fin de que la ciudadanía crea que se está tratando de regular el número de inmigrantes económicos que llega al país. Y no.

Por dar algún dato significativo, diremos que en el 2014 España recibió 5.900 solicitudes de asilo de las que solo concedió cerca de 400. A Alemania le llegaron 200.000 solicitudes, 100.000 a Italia, 20.000 a Francia… Como vemos, España no es precisamente el país al que más personas le solicitan el estatus de refugiado. 400 personas en un año dudo mucho que puedan representar un problema para el país.
En estos momento es Siria el lugar de procedencia mayoritario de quienes solicitan esta protección. La mayoría no solicitan ser refugiados porque no se da una persecución personal en sus países, sino que piden una protección especial por ser víctimas de la guerra.

Es tramposo intentar acotar el número  de refugiados que puede acoger cada Estado miembro. Tanto la Convención de Ginebra como la Declaración de Derechos Humanos garantíza la protección y un modo de vida digno a quienes son perseguidos en su lugar de origen.

Lo que intenta el Ministro Margallo no es otra cosa que generar temor entre la población y alentar ese desgraciado sentimiento de que vienen “los de fuera” a quitarnos el pan y la sal. Es crear una cortina de humo para intentar justificar su política migratoria, sus vallas en Melilla y sus acuerdos con Marruecos.

Intentar acotar el número de refugiados es tan cruel como dejar a las puertas de la salvación a alguien que se ha visto obligado a huir de su tierra por persecución política, social o sexual.

No vale llorar cuando ocurren tragedias como las de Lampedusa y mirar hacia otro lado cuando la población siria, por ejemplo, huye de la guerra y llama a tu puerta. Llámales inmigrantes, cuélgales el cartel de ilegales y ya tienes la justificación para no habilitar sistemas de protección.

Què triste que un gobierno intente confundirnos y qué veamos, en aquellos que necesitan nuestra ayuda, meros aprovechados que quieren quitarnos lo nuestro. Que insolidario y que ruín.
Hay muchos más Marotos de lo que parece.

refugiados

 

Un día sin música

Estoy pensando en las canciones que escuché ayer y son muchas más de lo que parece. Canciones que suenan en la radio, que escuchas mientras entrenas, que oyes en programas de televisión, o en películas o en series. Nunca he hecho el ejercicio de contarlas pero precisamente hoy no va a ser ese día. Y no lo va a ser porque hoy vamos a vivir “un día sin música”.

Concretamente lo que se va a apargar hoy es la música en directo, en vivo, pero podemos apoyar la iniciativa dejando de escuchar canciones. Va a ser duro, claro que sí, porque la música pone color a nuestra vida, es capaz de cambiar nuestro estado de ánimo, puede hacernos abrir los ojos antes situaciones que no vemos y , sobre todo, nos hace felices. Alguien me dijo hace tiempo que la música, al igual que la cultura, es una caricia para el alma. Me guardé la frase porque muestra muy bien lo que sentimos cuando escuchamos canciones.
Todo esto no es un mero capricho. Un día sin música es una protesta. Han pasado ya dos años desde que su subió el IVA de los conciertos y la música en directo del 8 al 21%. Así es España. Miramos a nuestro alrededor y vemos que en otros países, el IVA que se aplica a este campo es mucho más bajo. En Francia, 5,5%, en Alemania, 7%, en Suiza, 2,5% y en Noruega se protege especialmente la música en vivo y no se aplica ningún impuesto, 0%.
Que el precio de los conciertos se haya incrementado por el aumento del IVA ha traído consecuencias graves para los locales en los que se celebran. Muchos de ellos se han visto abocados al cierre. Cada vez se programan menos conciertos en salas en las que, además, se han incrementado los precios de las bebidas porque en esos locales tienen que cargar un 21% a las consumiciones cuando en el bar de al lado, sin música en directo, cargan el 10%. Total, que una cerveza cuesta el doble en un local con música que en otro en el que, por ejemplo, ves un partido de fútbol.
Y no solo llegan menos conciertos a las salas. Tambien las giras internacionales están mermando y los artistas hacen solo un concierto en España. Algo parece que tiene que ver el 21% de IVA.
Se ha creado una petición en Change.org para denunciar esta situación. Por el momento ha recibido 215.000 firmas. Quienes impulsan la iniciativa las van a presentar hoy en el Congreso de los Diputados. Los partidos políticos, salvo el PP, apoyan sin fisuras el valor de la música como derecho fundamental.
Al margen de esta acción, la jornada “Un día sin Música” ha comenzado de madrugada. Practicamente todas las salas de conciertos del Estado han cerrado sus puertas y han colocado un mensaje muy claro: Cerrado por el IVA.
Ojalá que este 20 de mayo sea el único día sin música en nuestras vidas.
Por un IVA superreducido para la cultura, apagamos hoy la música.
wop

El séptimo de chavalería. ¡Eup!

 

Se que el post de hoy me va a quedar muy vizcaíno pero es lo que toca cuando, si vives en Bizkaia, mires hacia donde mires todo es rojiblanco.

El sentimiento Athletic está más vivo que nunca desde que se supo que nuestro equipo jugará la final de Copa frente al Barca el próximo día 30. No hay escaparate, balcón, restaurante, supermercado, centro de trabajo, colegio o lo que sea, que no esté a estas alturas vestido de rojo y blanco.

No soy yo especialmente futboléra pero la verdad es que ver tanta alegría y tanta esperanza en pequeños y mayores acaba por contagiarte. Veré la final, claro, y quiero que ganen. Soy de las que vio y vivió la gabarra en la adolescencia y me gustaría que quienes no han sentido esa sensación, la sientan.

Lo que me gusta de todo esto es ver como las cuadrillas, los comerciantes, las asociaciones, etc, se estrujan la cabeza para dar con ideas originales y vivir eso que llaman el “sentimiento Athletic” hasta el último segundo, hasta que el árbitro pite el final del partido y todo este decidido. Los catalanes andan con ganas de triplete así que no lo van a poner fácil. Habrá que tirar de la fuerza de la afición y de “El séptimo de chavalería”.

Ese nombre es el que mis compañeros de deportes le han puesto a este equipo. Dicen que es un equipo formado por futbolistas emergentes que tienen la garra, el talento y la pericia necesaria para llevarse la copa. Fernando Valsega y Kevin Doyle, los de Beti Zurekin en Onda Vasca, han querido darle una vuelta más a su trabajo. Además de retransmitir los partidos, organizar programas y tertulias, quieren llegar a Barcelona luciendo una camiseta que les identifique no solo como futboleros sino también como solidarios.

En el diseño y la creación de esa camiseta han colaborado grandes de la imagen. El dibujo muestra una caricatura del entrenador, de Valverde, corriendo a lomos de un caballo y con el sable levantado. Debajo, la bandera del Athletic y la leyenda “Athletic Beti Zurekin”. El autor es el humorista gráfico Asier, de Asier y Javier.

Pero lo que más me ha gustado de esta iniciativa es que va  a servir para colaborar en la lucha contra el cáncer. La Asociación Peque Ropa , una organización de ayuda a la investigación contra el cáncer infantil, también ha colaborado en el diseño de la camiseta. Con esta colaboración pretenden hacer visible su labor, su lucha contra el cáncer y que cada vez más personas se sumen a su pelea.

Habrá pelea en el campo pero además, Kevin y Fernando equipararán esa lucha a la que llevan desde Peque Ropa para frenar el cáncer infantil.

Uno de los grandes valores del deporte es la solidaridad. Por eso no se entiende, tampoco en la final, fútbol sin causa a la que dar cobertura. Una muy buena causa la que han encontrado los de Beti Zurekin. La semana que viene tienen pensado sacar una pequeña tirada de camisetas para quienes queráis comprarlas y echar una mano a la causa de Peque Ropa.

Como dice Valsega, hoy no tocaba hablar de fútbol. Tocaba hablar del Athletic, que no es lo mismo.

eup

 

¡Motor!. ¡Acción!

Si hay algo que se me ha quedado grabado de la participación en el rodaje de la nueva peli de Kodo Serra, Gernika, han sido los ojos de todos y todas las que están trabajando en ella. Tienen esos ojos que mi amigo Mikel Renteria llama “ojos mirones”. Cuando te miran, te estudian, te ubican, te analizan y de un vistazo saben donde tienen que colocarte, cómo tienen que vestirte y peinarte, si puedes hacer algo más que aparecer en la película o bastará con tu presencia. Que ya es bastante esto, ¿eh?. Que te den la oportunidad de ver el cine por dentro es un lujo al alcance estos días en Euskadi de las personas que asisten como figurantes al rodaje.

Tenía yo ganas de esto, de ver las tripas de un largometraje de los de verdad, de los que tienen un alto presupuesto, con actores y actrices famosos y con un director con proyección internacional. Desde el 4 de mayo se rueda en Euskadi Gernika, una peli que no deja de ser una historia de amor en el contexto del bombardeo de la Villa. Y hasta ahí se puede leer.

Empieza con la imagen de un cine en el que está uno de los protagonistas. Y ahí es donde yo he hecho de figurante. A mi me tocaba entrar a la sala del brazo de mi marido de ficción que, casualidades de la vida, en la peli era un periodista. Rodar esos segundos nos llevó seis tomas y si, empezábamos a golpe de claqueta. Lo que no sabía yo es que lo de “luces, cámaras, acción” no es así siempre. En este caso, y supongo que en la mayoría, cuando dicen “Motor” hay que ir preparándose. Lo dice alguien del equipo de dirección y se replica como un eco por parte de varias personas de las implicadas en la parte técnica. Es al de unos segundos cuando dicen aquello de “Acción” y se empieza a rodar. A mí me recordó un poco a cuando en la radio se enciende la luz roja que indica que tu micrófono está abierto. Estas esperando a que se encienda y, cuando lo hace, sientes como si te transformases en otra persona, como si todo lo que tienes alrededor o los problemas o alegrías que pasen en tu cabeza desapareciesen.

Antes de ese momento el trabajo es enorme. Hay tantos detalles de los que es necesario ocuparse que el equipo de la película es muy grande. Yo no se mucho de los cargos exactos que tiene cada uno pero si he visto que casi para cada detalle hay alguien encargado. En un segundo son capaces de dar la vuelta a un cine, de convertirlo en otra cosa , de quitar y poner filas de asientos, de llenarlo todo de telas, de pantallas, de cámaras, de humo, de … infinitos detalles. Todo bajo la supervisión de esos “ojos mirones” que tanto me gustan porque te hacen ver la importancia de cada pequeño detalle. Como en la vida real.

Mi cita comenzaba a las 7 de la mañana. A esa hora, vestuario (ya habíamos hecho la prueba previamente), maquillaje y peluquería. Llegas con tus vaqueros y tu camiseta y en nada estas vestida y peinada como una mujer de 1937. Perfectamente caracterizada. Tanto para nosotras como para ellos había unas normas que no se podían saltar. Además de no tener cortes de pelo “escandalosos” y tatuajes en lugares visibles, a nosotras se nos pedía que no llevásemos las uñas pintadas y a ellos, ¡oh terror para muchos!, ir bien afeitados y sin patillas. Se de algunos que decidieron no presentarse al casting por no tener que afeitarse la barba. Hoy, que de cada 10 hombres hay al menos 6 barbudos, tener que rapársela es un precio alto. Eso si, también se de alguno que se la ha afeitado sin preocupación con tal de estar en la peli. Es muy grande que te den esa oportunidad.

Recuerdo muy bien aquellos años de mi infancia en los que se fumaba en el cine. Pues ahora he revivido aquello en el rodaje de Gernika. En el año 37 se fumaba en cualquier sitio, y especialmente mientras veías una película. Uno de los encargados del atrezzo repartía cigarrillos Camel, sin filtro, constantemente porque el ambiente de la sala tenía que estar cargado de humo. Bufff, en este caso cualquier tiempo pasado no fue mejor. ¡Cuánto hemos ganado con la ley del tabaco en este sentido!. Una cosa si me pareció curiosa; solo les daban cigarros a ellos y a las que iban vestidas de comunistas. Parece ser que las mujeres de Gernika del 37 no fumaban, al menos en el cine. Pero, ¿las comunistas?. Eso, curioso. Puede que fuese una coincidencia.

8 horas de rodaje para, supongo, no más de un minuto de película. Si llega. 8 horas intensas en las que hemos visto lo que cuesta hacer una película y la cantidad de gente que hay trabajando en ella. Salí pensando que los 8 euros del precio de una entrada tienen su razón de ser.

Tomas y tomas de escenas que se ruedan y graban desde la derecha, desde la izquierda, de frente, de lado, por detrás… todas las posibilidades para después elegir la mejor.

Y todo ello mientras veíamos trabajar a dos de los protagonistas de Gernika. James D´Arcy e Ingrid Garcia Jonsson. Faltan más. Espero verles …

gernika