Día de Internet: derecho al olvido

 

Recuerdo como si fuese hoy la llegada de internet. Bueno, en realidad recuerdo muy bien incluso mi primer contacto con un ordenador. En mi época de estudiante hablar de “computadoras” era ciencia ficción. La Olivetti era nuestra gran compañera, la máquina que nos facilitaba la escritura y con la que “pasamos a limpio” páginas y páginas de apuntes.

Cuando los ordenadores empezaron a hacerse presentes en los centros de trabajo, tenerlo en casa era casi una fantasía, nos dieron miedo. Por una parte suponían una revolución en cuanto a almacenamiento de datos y facilidad para trabajar, pero, por otra, nos parecía que iba a robarnos el puesto. Afortunadamente eso no ha sido así, pero si que es cierto que ha cambiado absolutamente nuestra forma de trabajar, de vivir y de relacionarnos.

El primer ordenador que entro en la radio, en la mía, fue una novedad tan grande que hasta le pusimos nombre. Se llamaba “Montxito” y era el que trabajaba cuando nosotros no lo hacíamos. Programar la publicidad para que sonase cuando tenía que sonar, organizar programas y muchas otras cosas se podían hacer con él. En realidad, igual a alguno si que le quitó el puesto el tal Montxito.

En aquel momento yo juré y perjuré que eso no iba conmigo, que yo seguiría fiel al boli y al papel. Juré en vano. Hoy, como casi todos, me enfado cuando mi ordenador no va bien, y pensar en hacer cosas “a mano” me supone una tortura.

Ya que hoy celebramos el día de internet, recuerdo también aquellos primeros programas en los que empezábamos a hablar de la red. Venía a la radio un “experto” en internet y nos contaba para que servía. Las preguntas que le hacía entonces me parecen ahora auténticas perogrulladas, pero en aquel momento internet era como un mundo tan grande y tan desconocido que  cualquier cosa que apareciese ahí era espectacular.

Hoy no nos imaginamos nuestro trabajo sin la red. Antes, por ejemplo, buscar a una persona para concertar una entrevista requería una ardua labor de investigación. Había que llamar incluso a casas particulares de un determinado lugar para dar con alguien. Ahora, es raro que alguien no aparezca en internet y que la red no nos de pistas para localizarle. Nos ha facilitado mucho el trabajo pero….

Esta semana se ha cumplido un año de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea a favor del “derecho al olvido” o el derecho que la ciudadanía tiene a deaparecer de internet. Se materializó en la posibilidad de que los grandes buscadores no muestren algunos resultados de búsqueda que pueden perjudicarnos. Así, si el afectado/a lo solicita, Google o cualquier otro buscador está obligado a eliminar de la lista de resultados los enlaces a webs publicadas por terceros que contengan informaciones relativas a esta persona.

Esta sentencia resolvía la demanda de Mario Costeja, un empresario que aparecía en una noticia de “La Vanguardia” vinculado a un embargo de la seguridad social que ya había sido resuelto y liquidado. La aparición de esa noticia le causaba un daño grave a su reputación.

Hemos conocido otros casos de petición a los buscadores de retirada de resultados con resolución dramática. Fue terrible el caso de Amanda Todd, una joven de 15 años que se suicidó después de que un acosador colgara en la red fotos de sus pechos, lo que desencadenó el bulling de sus compañeros.

La sentencia supuso un paso importante para que la ciudadanía tenga la posibilidad de borrar sus datos personales de internet. Cuando se cumple un año de ese dictamen, ha habido casi 250.000 solicitudes de cancelación a Google. Es una cifra muy inferior a lo que el buscador preveía que iba a recibir. Esperaban una gran avalancha y por eso se mostraron reticentes a aplicar este derecho al olvido. Sin embargo, no han sido tantas como esperaban  y ejercer ese derecho se hace más fácil. Y si no se atiende la solicitud del ciudadano/a, tiene la posibilidad de recabar la tutela de la Agencia de Protección de Datos y de los Tribunales.

En este Día de Internet me parece muy conveniente recordar que tenemos derecho a no aparecer en la red y a que nadie nos cite si nosotros así lo decidimos.

Y otra cosa, nosotros somos los primeros garantes de nuestra privacidad y debemos de tener algunas precauciones. La primera, la básica, no cuelgues en la red nada que no colgarías en un cartel en la plaza de tu pueblo.

A disfrutar de la red. Tiene sus riegos, pero podemos controlarlos. Casi siempre, está en nuestras manos.

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“Soy su trapo, hace conmigo lo que quiere”.

Con la mujer hallada muerta esta mañana en su domicilio de Villaviciosa de Odón, víctima de la violencia machista, son ya 13 las asesinadas en este 2015. Hace poco le leía a alguien en twitter diciendo que no se había suspendido la campaña electoral  como consecuencia de la muerte de dos trabajadores en el tajo. No digo que no tuviese que suspenderse, pero seguro que casi nadie piensa en que se suspenda ante un nuevo asesinato de una mujer. Y van dos durante la campaña electoral. Así todo, no he escuchado a ningún político/a denunciar estos asesinatos en sus mítines. Al fin y al cabo, según el CIS, la violencia de género es algo que no preocupa demasiado a la ciudadanía. Aparece siempre en los últimos puestos de la lista de preocupaciones, o sea que la clase política tampoco parece considerar que es un problema de primera magnitud. Cientos de mujeres asesinadas en los últimos años, no preocupan.

En torno a la violencia de género, la Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR) ha publicado los datos obtenidos tras analizar las llamadas que las menores hacen a su teléfono de ayuda.  Son datos de lo más inquietantes porque constatan que , en el entorno jóven, se están normalizando las conductas violentas y que las redes sociales y los dispositivos tecnológicos están teniendo un papel importante  en ello. Durante el 2014, seis de cada 10 adolescentes víctimas de violencia de género sufrieron acoso a través del móvil. Y lo más preocupante: más de la mitad no era consciente de que estaba sufriendo violencia de género. Son estas relaciones en las que la comunicación no es presencial la mayor parte del tiempo, lo que brinda la opción de ejercer un control que acaba por convertirse en violencia psicológica.

Imaginémonos por un momento que en nuestro dispositivo móvil recibiésemos mensajes en los que se nos preguntase por nuestra hora de conexión, por las personas con las que hemos hablado, se nos recriminase que no se conteste al instante, se nos cuestionase acerca de si estamos hablando con otros contactos y , al final, terminasen por acusarnos de cosas como ser unas “putas” que andamos picoteando aquí y allá a través del whastapp, por ejemplo. Suena dura, ¿no?. Pues es lo que les pasa a algunas de las menores que han llamado al teléfono de ANAR agobiadas por ese control que se disfraza de amor pero que no es sino un intento de atrapar a otra persona y no dejarle vivir su vida. Fueron 2.000 las llamadas que durante el año pasado recibió ANAR.

“Soy su trapo, hace conmigo lo que quiere, soy su juguete”. Estremece escuchar esto de boca de una joven que siente que está perdiendo el control de su vida. No nos gusta que nos controlen, nos gusta sentirnos libres y sabemos que decirnos como tenemos que vestirnos, con quien podemos o no salir y presionarnos para que hagamos una cosa u otra, es encarcelarnos.

Sin embargo, hay parejas jóvenes que creen que la violencia es inevitale en las relaciones hasta el punto de confundir acoso y agresiones con amor, preocupación e interés.  Esto hace que no vean la necesidad de pedir ayuda hasta que la situación es insostenible. De las chicas que llamaron a ANAR el año pasado, el 51,1% no era consciente de estar siendo víctima de violencia de género.

Recuerdo la escena de una película, “Refugiada”, en la que la protagonista cuenta como su marido le amenazaba con cuchillos a los que había puesto nombre. Le decía cosas como que “Don Jose” se iba a enfadar mientras le acercaba el cuchillo al cuello. Ella lo contaba como un juego, no como una agresión. No era consciente de su condición de víctima.

Afortunadamente hay un 46,4% de las adolescentes que si son conscientes de su situación y están dispuestas a dar pasos para cambiarla.

Es una situación dolorosa y sangrante que hoy se hace más dura todavía con el cadáver de otra mujer sobre la mesa. La víctima número 13 en España en lo que va de 2015.

No se puede bajar la guardia y para quienes gobiernan no parece que la prevención y la solución de este problema sea una prioridad. Si alguien ha escuchado en algún mitin hablar de violencia de género, q me lo diga. Estaré encantada de contarlo.

Por cierto, el teléfono de ANAR de ayuda a niños y adolescentes es gratuíto, confidencial y anónimo:  900 20 20 10.

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Kilómetros de solidaridad

Hay dos conceptos que creo que deberían enseñarse en los centros escolares y en las familias desde que los niños y niñas son bien pequeños. Uno es el de solidaridad; según la RAE, no es otra cosa que la adhesión circunstancial a una determinada causa. El otro es el de empatía, que así, en fácil, es la capacidad que tenemos , o deberíamos tener, de ponernos en la piel del otro, de meternos en sus zapatos, de intentar sentir lo que siente en determinadas ocasiones.

Si conseguimos inculcarles esos valores tendremos en el futuro personas capaces de hacer de este mundo un sitio algo más habitable, hombres y mujeres emocionalmente hábiles y provistos de herramientas para saber que somos poca cosa, que duramos poco aquí y que solos, valemos para poco. Sabrán de la importancia del compañerismo y la generosidad y, seguramente, querrán iluminar su vida y la de los demás.

Todo esto viene a cuento de algo que va a pasar mañana en Portugalete y que está pasando en muchos lugares de todo el Estado. Save the Children ha organizado una carrera en la que van a tomar parte más de 1.200 estudiantes de primaria y secundaria. Saldrán del Colegio de Santa María y recorrerán el Paseo de La Canilla y una vez allí, se organizará una nueva carrera por categorías.

No van a correr por correr sino que lo van a hacer con la intención de recaudar fondos a beneficio de las víctimas del terremoto de Nepal. Cada uno de esos 1.200 estudiantes han buscado patrocinadores para sus kilómetros y se los han vendido a un mínimo de 0,50 euros la unidad. Ellos y ellas saben que ese dinero no será para su viaje de estudios, ni para sus actividades lúdicas, que estaría muy bien, pero ahora no toca. Lo que ahora toca es saber que en Nepal, después del fuerte terremoto del 25 de abril, los edificios y monumentos están destruídos, los deslizamientos de tierra han bloqueado las principales carreteras y las redes de comunicación no funcionan. Toca saber también que hasta el 90% de las instalaciones sanitarias y las escuelas han desaparecido y que los niños y niñas nepalís necesitan recibir kits de ayuda vitales. Muchos de esos menores son especialmente vulnerables y un número muy significativo de ellos han quedado separados de sus familias. Algunos han quedado discapacitados o tienen que sufrir amputaciones porque fueron heridos durante el terremoto.

Nuestros niños y niñas tienen que saber que familias como las suyas, pero que han tenido la desgracia de verse afectados por un terremoto en una zona del mundo con un nivel de vida muy inferior al que ellos tienen, necesitan ayuda. No vale mirar para otro lado. No sirve pensar que eso pasa a miles de kilómetros de nuestra zona de confort. Lo útil es ponerse en marcha y, en este caso, correr por Nepal. Lo que cuenta es que se pongan en la piel de esos menores que hoy viven en tiendas de campaña a la espera de que sus casas sean reconstruidas, algo que puede llevar mucho tiempo.

Save the Children está trabajando, al igual que otras muchas organizaciones, para que la vida de los nepalíes vuelva cuando antes a la normalidad, y lo está haciendo inculcando a los pequeños buenas dosis de solidaridad y empatía.

Me gusta que pongan a los y las estudiantes a correr y, especialmente, que corran por una causa solidaria. Calarán en ellos los valores del deporte entre los que se encuentran precisamente esos, el sumarse a acciones de ayuda y  ponerse en la piel de quienes necesitan que les echen una mano.

Hay muchos niños y niñas recorriendo kilómetros solidarios con Nepal. Yo también me sumo a esta campaña de Save the Children.

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Se buscan periodistas

Hoy viene al pelo la mítica frase de : “¡Pero si parece que fue ayer!, y ya han pasado 25 años.

Es lo que nos pasa a los y las periodistas que salimos de la Facultad de Periodismo de la UPV/EHU en el año 1990, los de la promoción 1985 / 1990. Estás dale que te pego a tu vida, a tu trabajo, a tus líos, y de repente alguien se da cuenta de que se cumplen las bodas de plata de tu vida de periodista. Te llama, te dice que hay que verse y ya está liada. En menos que canta un gallo se organiza un grupo de Whatsapp y otro en Facebook y empieza a aparecer gente de la que casi ni te acordabas.

Es emocionante ver como se implica la gente cuando le planteas la posibilidad de , casi casi, retroceder en el tiempo y recordar aquellos tiempos que, para la mayoría, fueron tan felices.

Yo estoy bastante alejada ahora de la vida universitaria pero recuerdo aquellos cinco años como unos de los mejores de mi vida. Me cuentan que de esa promoción, la del 85/90, hay un listado de 500 personas. Me parecen muchas, pero cuando recuerdo aquellas clases gigantescas pienso que si, que probablemente éramos 500.

Ahora que tanto hablamos de la crisis, pienso en aquella otra, la de los 90. Nos cazó de lleno a nosotros, pero no nos quitaron la ilusión. Algunos profesores lo intentaron, ¿eh?. Te decían aquello de que no ibas a encontrar trabajo, que el periodismo estaba muy mal, que habría que tirar por otro lado…. Menos mal que fuimos muchos quienes hicimos oídos sordos a aquello y hemos dedicado nuestra vida a contar. Yo jamás le diría a alguien que quiera dedicarse a esto que no lo haga. Es una profesión vocacional 100% y si la vives con pasión, no solo te va a dar momentos impagables sino que vas a sacar la cabeza por un lado un otro. No siempre, lo sé, pero me gusta pensar que es así. 

Juntarse después de 25 años va a ser una experiencia increíble. Alguien dice que va a ser como una “parranda vintage”, y viendo algunas de las fotos que ya se están subiendo a los grupos, lo va a ser de verdad.

El caso es que estamos buscando a los y las periodistas que salieron de la Facultad de Periodismo de la UPV en el año 1990. Queremos vernos, recordar, reírnos y saber de nuestras vidas. Si alguien de aquella promoción lee esto, que ponga un comentario y le redirijo a los grupos y a los organizadores del evento.

Salieron buenos periodistas de aquella promoción. Algunos incluso se han hecho famosos. Y lo que es mejor, lo son por su trabajo.

Por cierto, nada más y nada menos que 480 personas nos licenciamos en periodismo ese año, solo en la Universidad del País Vasco.. !Ahí es nada!.

Que salga este tipo de letra en el post no es casual. ¡Usábamos máquinas de escribir olivetti entonces!.

No estamos todos en la orla, no es demasiado bonita, pero nos va a ayudar a reconocernos.

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10 años, violada, embarazada y desprotegida.

Tiene 10 años, mide 1,39, pesa 34 kilos, fue violada por su padrastro hace 6 meses y esta embarazada. Hace más de un año su madre denunció a su pareja ante la policía por los abusos cometidos sobre su hija. Nadie le hizo caso. Hoy, la madre está en la cárcel mientras dura la investigación. Se le acusa de “omisión del deber debido”, es decir, de no haber protegido a su hija. El padrastro y presunto violador está en busca y captura.

No es una película. Es la triste realidad de una niña paraguaya que va a tener un hijo, y no de juguete. No lo está soñando, no imagina como sería tener un bebé dentro, no piensa en acunar a una niñita cuando sea mayor. Lo está viviendo y se encuentra dentro de una polémica en torno a si el gobierno de su país debe permitirle abortar o no.

No es este un tema nuevo en Latinoamérica, lugar en el que la violencia sexual e intrafamiliar está a la orden del día. Por dar algún dato, solo en Nicaragua, en el año 2012, hubo 8.000 menores de 14 años víctimas de este tipo de violencia. En Paraguay, el año pasado, 680 menores de 15 años fueron madres. América Latina es la segunda región del mundo con más maternidad infantil, después de África.

Para evitar embarazos adolescentes, las autoridades de esos países piden mayor educación sexual. Sin embargo, en los casos de embarazo infantil es improbable que exista consentimiento. Se trata, en la mayoría de los casos, de violaciones. La niña más jóven que ha dado a luz en Paraguay tenía 9 años. Había sido violada por su abuelastro.

La legislación paraguaya es muy restrictiva en torno al aborto. Solo si hay peligro para la vida de la madre o el bebé se consiente. Dicen los ginecólogos que, en el caso de la niña de 10 años, su cuerpo no esta preparado para superar un embarazo, que su útero es demasiado pequeño y que hay riesgo de parto prematuro. En el caso del bebé, se augura que puede nacer con órganos poco desarrollados y con problemas neurológicos. La propia Organización Mundial de la Salud coincide en que este embarazo supone riesgos específicos para las niñas, y que una menor de 16 años tiene cuatro veces más riesgos de morir durante el parto que una mujer de 20.

A pesar de todo esto, las autoridades paraguayas esconden la cabeza y siguen permitiendo, no solo la violencia sexual hacia las menores sino también que estos embarazos de riesgo lleguen a término. Está pendiente la Ley de Prevención y la reforma del Código Penal, que , sorprendentemente, solo castiga estas conductas cuando se comenten “regularmente”.

Amnistia Internacional ha lanzado una recogida de firmas exigiendo a las autoridades que garanticen a la niña de 10 años violada y embarazada, todas las opciones para resguardar su vida y su salud. La madre de la niña ya solicitó la interrupción voluntaria del embarazo de su hija por su temprana edad y el alto riesgo para la salud y la vida. De momento no hay respuesta, y el tiempo corre en su contra.

De momento, 150.000 personas han firmado la petición. Ojalá la presión internacional pueda frenar, no solo este caso, sino los miles que se producen cada año sobre todo en esos países. Violencia sexual e intrafamiliar con niñas menores como víctimas. Y absolutamente desprotegidas.

Hay ahora una #niñaenpeligro , pero son muchas más. Hay que firmar.

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