El síndrome de la tumbona

vacas

Tenemos esa manía de ponerle nombre a todo. No digo llamar a las cosas por su nombre, que eso está muy bien, digo poner nombre a cosas que nos vamos inventando o que la vida moderna nos pone delante y queremos creernos. Me refiero hoy a lo que algunos ya llaman  el “Síndrome de la Tumbona“.

Recuerdo mis veranos de niñez y juventud. Estábamos como locos esperando a que llegasen las vacaciones para no hacer nada, para dejar que el tiempo pasase sin más, dejándole que nos deparase sorpresas o, incluso, que no nos deparase nada.

Dice mi amiga Montse que una cosa es “ir de vacaciones” y otra “veranear”. La diferencia está en cómo afrontamos uno u otro plan. Ir de vacaciones implica programar, organizar, planificar, etc. Veranear, en cambio, es dejarse llevar, coger esos momentos de asueto y que el tiempo vaya haciendo su trabajo.

Parece que nos hemos olvidado de lo que significa “veranear”. Llenamos nuestras vacaciones de planes. En una semana queremos visitar cuatro países, trasnochar para aprovechar la noche y madrugar para aprovechar el día. Vivírlas tan intensamente que no nos de tiempo a saborearlas y después, ya si eso, pensar en lo que hemos hecho.

Y nuestros hijos e hijas … ¡pobres!. Acaban el curso exhaustos después de nueve meses de clases, de actividades extraescolares, de deportes, etc. Llega el verano y les apuntamos a cursillos de inglés, a campus deportivos, a talleres, a las colonias y a todo lo que pillamos con tal de mantenerles ocupados. A veces nos obliga la maldita conciliación, pero otras nos empuja el no permitirles “aburrirse”. ¡Con lo sano que es eso y lo mucho que desarrolla el ingenio!.  Nos hemos echado a la espalda la labor de organizar, también, el ocio de nuestros hijos. Y eso no debería ser otra de nuestras obligaciones.

Fijaros si corremos que hoy me ha contado una embarazada que ya tiene academia de inglés para cuando su hijo cumpla un año. ¡Y faltan cinco meses para que nazca!.

Total, que para cuando llegamos a las vacaciones estamos tan cansados que no podemos disfrutar de ellas. Estamos agobiados pensando lo que pasará cuando terminen, si tendremos plaza en el cursillo de padel o si podremos trabajar un poco más para llegar más alto y más lejos en nuestra empresa. No nos sentimos cómodos y llegamos a pensar que eso de las vacaciones es una pérdida de tiempo. A esto le han llamado los expertos el “síndrome de la tumbona”. Dicen que el cerebro es ordenado y organizado y que no le gustan los cambios. Aseguran que esa es la razón por lo que nos organizamos hasta el último minuto, para tener sensación de orden. Cuanto más ocupado tengamos el curso, más nos costará desconectar. Las vacaciones supondrán entonces estrés y nerviosismo.

Pasa, incluso, que nos ponemos enfermos durante las vacaciones. La razón está en que nuestro sistema inmunológico se debilita porque deja de estar alerta y los virus y bacterias nos atacan más fácilmente. El resto del año no nos permitimos ni enfermar.

Tenemos síndrome pre y postvacacional, prenavideño, postdivorcio, pre inicio del curso, post…. Y ahora también tenemos el “síndrome de la tumbona”, ese que no nos deja disfrutar de las vacaciones porque llegamos a ellas con ansiedad, estrés y nervios.

Lo sencillo sería darse permiso para relajarse. Solo hay que disfrutar del “dulce far niente”, es decir, de dejar la vida pasar sin pensar en lo que pasará mañana.

Eso son vacaciones y eso es “veranear”.

Vivir sin clítoris

FATIMA

Pasar una tarde con Fátima Djarra Sani te deja con sensaciones contradictorias. Por una parte te quedas encogida al conocer al detalle su historia como víctima de la ablación y, por otra, te da una fuerza tremenda para sumarte a la causa que ella defiende, la lucha contra la mutilación genital femenina. 

A los cuatro años, le extirparon la mayor parte del clítoris y una porción de los labios menores de la vagina a golpe de navaja en su Guinea-Bissau natal. Ese día, ella pensaba que iba a una fiesta. Las mujeres sometidas a la ablación rara vez hablan de ello, así que es prácticamente imposible que las niñas sospechen que su destino es bastante diferente al que le depararía una fiesta. 

“Como quien saluda a un rey, nos postramos ante Dado (una fanateca, mujer autorizada para realizar ablaciones). Más de veinte niñas nos repartíamos en seis dormitorios que confluían en un patio compartido por tres viviendas. Nos quitaron la ropa y nos colocaron dos paños: uno que cubría las bragas y otro alrededor de los ojos para que no viéramos nada. Me estremecí. Nos dijeron que las mujeres valientes no lloran, que si lo hacíamos, las demás chicas nos habrían ganado”.

Este es el recuerdo imborrable que Fátima tiene de aquel día, un recuerdo que le llevó a la rebeldía y al deseo de pelear cada día para prevenir la ablación. Hoy Fátima habla en nombre de los 140 millones de mujeres que, según la OMS, han sufrido la mutilación genital en su piel, de quienes no pueden desprenderse de las mordazas que las convierten en esclavas del silencio. 

De la ablación no se habla en los países que la practican. Las mujeres no cuentan su historia de dolor, los hombres creen que es algo que no va con ellos y las niñas tampoco dicen lo que sienten durante el proceso de ablación ni después. Imitando a sus mayores, incluso se burlan de las más débiles y de las que conservan intactos sus genitales. Para esas hay un insulto específico que no tiene traducción al español: son las “bulfos”.

Asegura Fátima que no solo es importante que las mujeres den un paso adelante y denuncien esta violencia. Cree que es importante que los hombres la denuncien y la empiecen a sentir como algo suyo. En la mayoría de esos países, si el hombre dice “hoy no hay comida”, no hay comida. Y si dice “en mi casa no hay ablación”, no habrá ablación. Por eso, otro de los retos de Fátima es equiparar los derechos de ellos y de ellas en África. 

Sabe que despierta admiración y odio al mismo tiempo. Odio en quienes le ven como una amenaza a la cultura de esos países y admiración en muchas mujeres que saben que está trabajando por erradicar una práctica que deja unas secuelas físicas y psicológicas en quienes la sufren muy difíciles de superar. 

Hay niñas que mueren durante el ritual, mujeres que fallecen en el parto de su primer hijo como consecuencia de la ablación del clítoris y de las auténticas barbaridades que se hacen con una cuchilla de afeitar en unas condiciones deplorables, infecciones por el virus del SIDA porque muchas niñas son mutiladas con la misma cuchilla sin limpiar ni esterilizar, etc, etc, etc.

Desde el año 2008, Fátima colabora con Médicos del Mundo Navarra dando a conocer su historia y sus consecuencias. No emplea más armas que la información y el ardor.No pretende encontrar culpables ni enjuiciar a sus ancestros sino transformar la realidad que nos rodea. 

En España viven más de 50.000 mujeres procedentes de Estados donde se perpetra la ablación, de las que 17.000 son menores de 15 años en situación de riesgo. La legislación española protege a las niñas aún cuando viajan a sus países, porque pueden llevan un documento legal en el que se certifica que si durante un viaje a su país les someten a la mutilación genital, sus padres serán castigados y encarcelados. De esa manera no podrán trabajar y enviar dinero a sus familias en su país de origen. Solo así consiguen que sus hijas no sufran la ablación. Lo que no consigue la información lo consigue muchas veces el dinero. O la falta de él. 

Fátima cuenta todo esto en “Indomable“, un libro que va a dar la vuelta al mundo gritando “NO A LA ABLACIÓN”

El icono igualitario de Facebook

logo

No nos hemos puesto de acuerdo en la tertulia tecnológica de La Tarde en Euskadi en Onda Vasca sobre la importancia que tiene el último gesto de Facebook relacionado con la igualdad.  Si vais a vuestro perfil o a vuestra página encontrareis en la parte de arriba, a la derecha, un icono que es en el que pinchamos cuando queremos responder a las solicitudes de amistad. Hasta ahora, en primer plano, se veía la silueta de un hombre y detrás, la de una mujer. Bien pues desde ayer esto ha cambiado. La mujer aparece en la parte izquierda y en hombre a la derecha de una imagen que pone a los dos, al hombre y a la mujer, en el mismo plano. Vamos, lo que vienen siendo un icono igualitario.

Curiosamente, una de las mujeres que estaba en la tertulia no daba importancia a este gesto de Facebook y lo incluía en la necesidad que tiene esa plataforma de generar noticias continuamente. La otra mujer no se había dado cuenta del cambio pero le parecía bien. El único hombre en la mesa lo vio como un paso adelante en favor de la igualdad entre sexos y lo catalogó de esa manera, de icono igualitario.

A mi si me había llamado la atención el cambio porque tambien me sorprendía que Facebook mantuviese desde el inicio una imagen claramente diferenciadora: él en primer plano y ella detrás. La responsable de este cambio ha sido Caitlin Winner, que asegura que la modificación es consecuencia de una falta de “balance” del anterior logo. Considera que no había intención deshonesta en el antiguo logo sino más bien una falta de consideración que a ella le ofendía.

Esta modificación de género refuerza una tendencia en las aplicaciones y redes sociales que buscan dar una representación fidedigna a la mujer, fuera de los viejos arquetipos. En la imagen anterior, la mujer estaba a la sombra del hombre, no en posición de primera fila. No pedimos primera fila; pedimos la misma fila.

No es el primer icono que se modifica en favor de la incorporación de la perspectiva de género. Son varias las ciudades, por ejemplo, que lucen en sus semáforos imágenes de mujeres. O señales de tráfico en las que se ha incorporado la silueta de féminas.

El mundo está lleno de hombres y de mujeres. Por eso es importante que tanto unos como otras estemos representados en igualdad.

Bien por Facebook esta vez.

Lo urgente y lo importante

bandera palestina

No se si es que tenemos la memoria frágil y corta o que la cantidad ingente de noticias que recibimos cada día nos hace olvidar muy rapidamente las que ayer considerábamos de primer orden y hoy ya son viejas. Algunos dicen que los periódicos se han convertido, el mismo día de su publicación, en libros de historia y no les falta razón. A los medios tradicionales más inmediatos como la radio y la televisión hay que sumarle las redes sociales en las que colgamos las informaciones según se están produciendo en cualquier parte del mundo. Tanta inmediatez hace que la mayor tragedia humanitaria de la historia, por ejemplo, se convierta, en un par de días, en una tragedia olvidada.

Algo así es lo que sucedió con la guerra de Gaza de la que ahora se cumple un año. Cincuenta días de operación militar israelí (Operación Margen Protector) en la que murieron 2.251 palestinos y 6 soldados y 6 civiles del lado israelí. Más de 20.000 casas fueron completamente destruidas, cayeron hospitales y escuelas y se dieron abusos que la propia ONU ha considerado “posibles crímenes de guerra”.

El enorme golpe de la guerra fue otro mazazo más en un territorio al que los años de bloqueo han dejado anclado en el tiempo. En el último año, los índices de pobreza se han disparado, alrededor del 80% de los palestinos necesitan ayuda humanitaria y el paro es el mayor de mundo con un 43%, según el Banco Mundial.

Esta situación, un año después de la última guerra, no hace sino alimentar el posible estallido de un nuevo conflicto. Cuando se pregunta a los palestinos aseguran que viven una vida horrible, una muerte lenta. Dicen que no hay hambre en Gaza, porque todo el mundo tiene comida, pero que todos viven una vida miserable. No mueren de hambre pero mueren de estres y de ira porque la situación no mejora.

Quienes no se olvidan de esta situación son los organizadores de la Flotilla de la Libertad. Una vez más han intentado, sin conseguirlo, llegar a Gaza con la intención de romper el bloque israelí que provoca que 1.800.000 personas no tengan acceso a los suministros básicos, los alimentos, las medicinas o los productos de primera necesidad. Israel ha impedido de nuevo que la Flotilla llegue a su destino, pero ha servido para que el mundo ponga, al menos por un día, su mirada sobre el pueblo palestino.

Ahora que se cumple un año de la última Guerra de Gaza, conviene recordar que esa parte del planeta continúa siendo un polvorín. La Comunidad Internacional sigue mirando hacia otro lado, hacia el lado de los más fuertes. Les deja hacer con su silencio y con su desidia.

Volviendo al principio, nos olvidamos demasiado rápido de lo que cuando sucede nos parece lo más atroz. Es difícil mantener la atención sobre un punto, por muy doloroso que sea, cuando llegan noticias cada minuto que nos hacen desviar la atención de lo importante. Nos quedamos en lo urgente. Habrá que combinar, lo urgente y lo importante.

Por tu ausencia, Nagore

nagore

En medio de la vorágine sanferminera, de la algarabía, los encierros, los conciertos, los pañuelicos rojos, Caravinagre y los guiris, en medio de todo esto, hay un acto que se lleva repitiendo desde hace siete años pero que, en esta ocasión, ha tenido algo especial.

Convocada en cada San Fermín por el colectivo Lunes Lilas, se ha vuelto a celebrar la concentración que recuerda que un día de fiesta grande en Iruña la jóven Nagore Laffage fue asesinada por Diego Yllanes. La estranguló en un piso del barrio pamplonés de Iturrama, le cortó un dedo para dificultar su identificación y enterró su cuerpo entre plásticos en Orondritz. El cadáver fue descubierto e Yllanes detenido. Reconoció la autoría del crimen ante la juez de Aoiz.

Desde entonces, cada año, las fiestas de San Fermín recuerdan a Nagore. Este año, no solo se ha implicado la ciudanía en este recuerdo. Las instituciones también han querido estar presentes y lo han hecho con la asistencia de Ainhoa Aznarez, la presidenta del Parlamento Foral, el alcalde de Pamplona, Joseba Asión, y concejales y parlamentarios de Geroa Bai, EHBildu, Podemos, PSN e Izquierda-Ezkerra.

Además, el Ayuntamiento de Iruña y el Parlamento Navarro han iluminado sus fachadas con luces lilas en señal de recuerdo y solidaridad con Nagore y con todas las mujeres víctimas de la violencia sexista.

La madre de Nagore no ha faltado nunca, ni en los momentos más difíciles, a la cita con las concentraciones que se han convocado en recuerdo de su hija. Tampoco se ha escondido nunca de los medios. Nos ha respondido en todo momento y lo ha hecho porque sabe que su testimonio es importante en la lucha contra este tipo de violencia que deja miles de mujeres muertas a lo largo y ancho del mundo cada año.

Asun Casasola lanza un mensaje tan simple como directo: las mujeres tienen derecho a decidir y poder decir NO. También tienen derecho a disfrutar en igualdad en todos los espacios y ámbitos de la vida, incluídos las fiestas, las calles y la noche. “Un No es un No, y nunca quiere decir SI”. Así de claro lo dice Asun. Y así debemos entenderlo todos y todas.

Que el alcalde y otros representantes políticos hayan estado en la concentración de este año es un importante apoyo para las mujeres víctimas de la violencia machista. Hace que se sientan un poco menos solas. Eso sí, de nada vale apoyar un día y olvidarse el siguiente. El trabajo debe de ser continuo, insistente y prolongado. Un non stop.

No a las agresiones sexistas. No es No” y “Por tu ausencia, Nagore”. Eso decían las pancartas de la concentración. Por ella y por todas las mujeres que quieren decir y dicen NO cuando quieren decirlo y SI cuando quieren decir SI, van estas líneas.