Las chicas también reman.

Hoy va a ser un día histórico para las mujeres, especialmente para el papel que jugamos las mujeres en el deporte. No es que este haya sido un papel muy reflejado en los medios, ni mucho menos. No así en los resultados, donde tenemos a grandísimas nadadoras, atletas, baloncestistas, futbolistas, etc, etc, etc.

Esta tarde se disputa la legendaria regata entre Oxford y Cambridge  y no va a ser una edición cualquiera. Hoy, después de 87 años y 70 ediciones de esta competición en la que las embarcaciones masculinas de ambas Universidades se lanzan al agua en la carrera más popular y prestigiosa del Reino Unido, hoy, por fin, habrá embarcaciones femeninas. Una hora antes que ellos, saldrán ellas y recorrerán los 6,8 kilómetros que separan los puentes de Putney y Chiswick.

No es la primera vez que las mujeres de Oxford y Cambridge se enfrentan en una regata. De hecho, lo hacen todos los años desde 1927. Pero lo hacen en el exilio, en el anonimato y en distinto día. Recorren los ríos Isis y Camb, no van por el Támesis,  que cruzan las ciudades de Oxford, Cambridge y Henley, un pueblo al oeste de la capital británica.

Hoy todo va a ser diferente. Ambas embarcaciones estarán preparadas, a las 15.50, para demostrar que su competición no es de “estilo y gracia” como decían los jueces que evaluaban al principio su regata desde la orilla, sino que es , como la de ellos, una competición de “fuerza y velocidad”.

Cuando las remeras dijeron en ese 1927 que ellas también querían participar en la regata se les dijo que aquello era imposible “anatómicamente” y hubo incluso quienes se burlaron de ellas vistiendo con mallas y zapatos de tacón. Consideraban que las mujeres eran muy delicadas y débiles para afrontar la corriente y los recodos de los ríos. Pero ellas no cejaron. Siguieron en su empeño de remar en el Támesis y el mismo día que los hombres. Y lo han conseguido. Los triunfos que en los Juegos Olímpicos ha cosechado el remo femenino y la aparición de NIM como primer patrocinador de la historia de la regata femenina han impulsado la decisión de mover a las chicas al Támesis. Bien por NIM, que puso como condición para patrocinar el evento que la competición femenina fuese en el mismo lugar y el mismo día que la masculina.

El deporte femenino va a acaparar hoy buena parte de la atención mediática. Y buena falta que nos hace porque, fijaros, las noticias exclusivamente femeninas sobre deporte no llegan ni al 5%, son breves y no llevan foto. Esta tarde, por primera vez, la BBC emitirá en directo la “Boat Race” y las previsiones apuntan a que 250.000 espectadores se acercarán al rio que atraviesa Londres.

Oye, y ya que estamos por reivindicar y hablando de embarcaciones y chicas, estaría bien que la próxima vez que las mujeres del Athletic se lleven un título, saquen la gabarra y se paseen por la Ría. A ver si nos va a parecer que fuera hacen lo que hay que hacer, y en casa vamos a mirar para otro lado.

Ya me gustaría remar hoy en Londres. Como es imposible, pues recuerdo ese momento de remar por el rio de Oxford en una visita a Estefanía Jimenez durante su estancia en esa Universidad como profesora invitada.  Bueno ahí remar, remar, no remamos nosotras. La fuerza y la “velocidad” la pone Ana San Nicolás, q además saca la foto.

Vamos chicas, vamosss

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Bares, ¡qué lugares!

Bares, ¡qué lugares!, tan gratos para conversar.

Eso dice la letra de una de las canciones de Gabinete Caligari. No son mal lugar para eso, para charlar, para encontrarse, para intercambiar cosas, para leer el periódico, para ver un partido… en fín, que los bares son como nuestra casa pero abiertos al público.

Lo que no tengo yo tan claro es que los bares sean un buen lugar para votar. Y parece que al resto de la ciudadanía tampoco se lo ha parecido a tenor del poco éxito que, en sus primera horas, ha tenido la iniciativa de Sumando-Hemen Gaude, Podemos en Gasteiz.

Ayer se daba inicio al proceso para designar a su cabeza de cartel para la lista al Ayuntamiento de Vitoria de cara a las elecciones municipales y forales del 24 de mayo. Se trata de un proceso de participación ciudadana en el que todo aquel que quiera, presentando su DNI, podrá depositar su voto en una urna móvil que recorrerá los bares Toki, Rhin, Maria Mentiras y el Fiestaleku de la capital alavesa. En principio esta previsto que estos comicios bareros concluyan el lunes 13 de abril.

Parece que la intención de quienes han puesto en marcha esta iniciativa es potenciar la “democracia participativa”. Analizando este concepto, nada que objetar. A ver quien no quiere un sistema de organización política que de a la ciudadanía una mayor, más activa y más directa intervención en la toma de decisiones. Se trata de que los y las ciudadanas asumamos un rol más activo dentro de la política. Eso si, uno de los retos de esta participación es que la ciudadanía quiera realmente ser protagonista. Y me da a mi que somos más de dejarnos llevar. Con lo que eso conlleva, claro. Queremos una sociedad y un sistema más justo, más plural y más participativo, pero nos gusta que nos lo den hecho. Votamos cada cuatro años y el resto del tiempo optamos, en la mayoria de los casos, por “dejarles hacer”.

La idea no es mala. Que todos y todas podamos votar a los candidatos a los que posteriormente les daremos nuestra confianza, o no. Ahora, una urna de cartón forrada de blanco y con el logotipo de Sumando-Hemen Gaude rodando de bar en bar para que lo hagamos, no creo que le de el toque de seriedad que esa votación requiere. Estupefactos se quedaron los/as periodistas que acudieron a registrar los primeros votos para contarlos. No llegaban. 

Los organizadores de la votación aseguran que no tienen dinero para una urna de metacrilato. Esperan que “por fin llegue la democracia” para tener más opciones. 

A mi me gustaría más poder votar con listas abiertas, poder votar a un partido y tener influencia en el orden de los/as candidatas. De momento, como decían los Celtas Cortos, “nos vemos en los bares”. A mi me gusta tomar café y leer el periódico. Para votar, prefiero otros espacios.

sumando

Gitanos trapaceros.

El colectivo gitano ha rodado un vídeo con el que vuelve a pedir a la RAE, a la Real Academia Española de la Lengua, que retire la definición que figura en el último diccionario de la palabra gitano.

Merece la pena verlo. Es una sucesión de apariciones de niños y niñas que van diciendo qué les gusta hacer y que les gustaría ser en el futuro. Les gusta jugar a papás y a mamás con sus amigas, tomar helados, pintarse las uñas, si tuviesen un barco se irían de viaje, a Hawai o a Miami. Alguno quiere estudiar derecho y a otra le van más las matemáticas, la lengua…

Son niños y niñas. Son gitanos.

En un momento de vídeo se les pide que cojan el diccionario y busquen la palabra gitano. Se encuentran con que, entre las distintas acepciones, una de ellas les equipara a “trapacero”. Y van leyendo: “trapacero, persona que emplea trapazas con astucia, falsedad y mentira con el ánimo de engañar.”

Leído esto, se les cambia la cara. Abren mucho los ojos, se quedan serios y dicen cosas como “los gitanos no hacemos eso”, “es una mentira”, “eso lo hacen también otras personas”, “no me parece justo”, “no me gusta que diga eso el diccionario”.

El uso que hacemos de la lengua nos define. Recuerdo, hace ya muchos años, haber utilizado términos como “gitanada” para referirme a algo feo y sucio. O la noche de San Juan, en la que todos y todas llegábamos a casa diciendo “huelo a gitano” porque el olíamos a humo. Afortunadamente esos tiempos pasaron y algunos hemos hecho un esfuerzo, con absoluto convencimiento, para evitar ese lenguaje discriminatorio y estigmatizante.

Desde que se publicó el nuevo volumen del diccionario, el colectivo gitano ha peleado por que esa definición de gitano desaparezca. Consideran que contribuye a mantener y reforzar la imagen social negativa de los gitanos. No ha habido suerte.

La RAE asegura que no va a censurar ni quitar del diccionario la acepción polémica porque se trata de uno de los usos del castellano actual. Se ha comprometido a buscar fórmulas para que se entienda su significado peyorativo, pero nada más.

Argumentan que el diccionario no puede sustituir a la educación a la hora de erradicar los usos inconvenientes de las palabras. Puede que tengan parte de razón, pero estarán conmigo en que el diccionario, el manejo y uso que hacemos del lenguaje, lo definen ellos. Forman también parte de la educación de la ciudadanía.

Otra de las peticiones que han lanzado desde la Fundación Secretariado Gitano es la retirada de algunos programas de televisión en los que se reproducen imágenes estereotipadas y caricaturescas de las familias gitanas. Hacer espectáculo de una comunidad étnica ayuda muy poco a combatir la brecha entre unos y otros.

Es un buen momento para hacer un ejercicio de revisión de nuestro lenguaje y de nuestras actitudes. Especialmente los y las periodistas. Jugamos una importante influencia en la sociedad y debemos contribuir a desterrar tópicos. Pongámonos a ello.

#Yonosoytrapacero

trapacero

“Ir a setas, ¿no es de maricas?”

El pan nuestro de cada día. Eso es el acoso hacia aquellas personas que tienen una sexualidad supuestamente alejada de la mayoría. Homofobia en estado puro. Y no, no estamos hablando de cosas que suceden lejos, en países poco tolerantes o directamente agresores con las personas homosexuales.

Lo que ayer denunciaban varias decenas de personas en la plaza Telletxe no ha sucedido en Rusia, ni en la India, ni en ningún Estado conservador de USA. Ha ocurrido en Getxo, en Bizkaia, en Euskadi. Un hombre fue golpeado mientras tomaba una consumición en una terraza de un bar. El agresor se acercó a él, le insultó por su condición homosexual y se inició una pelea en la que el agredido fue golpeado con una silla. Ya llevaba días siendo acosado por el mismo individuo y señalado como “maricón”. Besarse con su novio fue el “delito” que llevó al violento a pasar de las palabras a los hechos.

La concentración de denuncia la convocó la Junta de Portavoces del Ayuntamiento. Condenaban toda agresión o maltrato derivado de actitudes homófobas y denunciaban el atentado contra los derechos humanos que supone la heteronormatividad tan extendida en la sociedad.

La homofobia hay que combatirla en todos sus frentes, pero es especialmente importante su prevención y denuncia entre jóvenes y adolescentes. El acoso escolar por homofobia se extiende por todos los centros educativos, se inicia en torno a los 12-13 años, es provocado en su mayor parte por compañeros varones y suele ser el acoso verbal y el aislamiento sus formas más evidentes. En la mayoría de los casos, estos jóvenes no lo cuentan a sus familias por miedo a su reacción o por homofobia interiorizada. Es muy elocuente la frase de un joven que sufrió acoso homofóbico durante muchos años. Decía:

“Lo peor de todo es asumir que la normalidad era ese tipo de vida y ser consciente,

cuando eres mayor, de que te han robado la adolescencia y los sueños de cuando eres

joven”.

Esta situación provoca sentimientos de vulnerabilidad, aislamiento, autocastigo y culpabilidad. En un periodo prolongado de tiempo, las víctimas vislumbran que no hay solución para la situación que sufren y comienzan a pensar , en un importante porcentaje, en el intento de suicidio.

Frente a todo esto, no queda otra que educar, educar y educar en respeto e igualdad. Cuando en España se aprobó el matrimonio igualitario se pensó que el camino ya no tenía más recorrido. Error. Eso fue un paso más dentro de este itinerario largo en el que tenemos que seguir trabajando para que la sexualidad del otro, o de la otra, sea única y exclusivamente asunto suyo. ¿A quién le importa?. Nunca mejor dicho.

Al hilo de esto os cuento una iniciativa brillante que han puesto en marcha desde Arcópoli, una asociación que pertenece a la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales.  Han recorrido varias librerías y se han encontrado con varios manuales con títulos como “Comprender y sanar la homosexualidad”, “Un más allá para la homosexualidad” o “¿Puede tener esperanza el homosexual?. En muchos casos se definen como libros de autoayuda que ofrecen argumentos pseudocientíficos. Imaginemos a un padre o una madre que acudan a estos libros en busca de información en un momento de salida del armario de su hijo/a. Al leerlos se encontrarán con datos que no son veraces ni están avalados por personas cualificadas. Lo único que pueden conseguir es que se genere más sufrimiento e incluso fomentar los pensamientos homófobos.

Lo que Arcópoli propone es que estos libros estén identificados con un cartel en el que se lea:

“ATENCIÓN. El contenido de estos libros contraviene los principios básicos de la medicina y la psicología internacionales, fomenta la homofobia, la bifobia y la transfobia y se ha demostrado que puede inducir al suicidio”.

Y mientras escribo esto, en la tele pasan una serie en la que uno de los protagonistas dice: “ Y eso de ir a coger setas, ¿no es un poco de maricas?”.

No a la homofobia.

homofobia

Correr y salud.

Hoy es el Día Mundial de la Salud. Aunque la OMS ha decidido que este año lo centran en la inocuidad de los alimentos, o sea, en lograr que nuestra alimentación sea fuente de salud y no al contrario, yo, que hace unos cuantos días que no escribo de correr, lo quiero centrar precisamente en eso, en los beneficios que tiene la carrera a pie. Suena bonito eso, carrera a pie.

Podemos recurrir a muchos informes científicos, a miles de estudios, que hablan de los beneficios que tiene correr. Entre ellos hay algunos curiosos, como ese de la Universidad de Bellarmine que dice que el running incrementa el riego sanguíneo en el pabellón auditivo con lo que quienes corren preservan un oído más en forma. O ese del American College of Sports & Medicine que asegura que quienes corren al menos media hora en días alternos tienen un umbral de dolor más elevado que aquellos que no lo hacen. O el de la Universidad de Illinois, que estudió la influencia que correr tiene sobre el cerebro y concluyó que este ejercicio es el mayor estimulante del cerebro. Comprobaron que correr incrementa de forma notoria las funciones cognitivas.

Por encima de todos los beneficios físicos que podemos poner negro sobre blanco, siempre que corramos en la justa medida, claro, me interesan especialmente los beneficios que reporta a nuestra mente y a nuestra felicidad. Parece que son las famosas endorfinas que se liberan cuando ejercitamos nuestro cuerpo, las responsables de que quienes van tipi tapa, zancada tras zancada, mejoren su estado anímico.

Cuando te decides a calzarte las zapas ves como tu estrés y tu ansiedad se reduce. Pasar un buen rato corriendo ayuda a gestionar los pensamientos, nos proporciona eso que se llama “tiempo encontrado” para pensar, reflexionar y concentrarnos y nos libera de preocupaciones.

Terminar un entrenamiento o una carrera mejora la confianza en una misma y aumenta la resistencia emocional. Digamos que todo esto nos hace mentalmente más fuertes.

Hace dos meses mi amiga Belén empezó a correr. Ya corre 40 minutos sin parar. No os podéis imaginar como esta. Como una niña con zapatos, con zapas en este caso, nuevos. Le veo luminosa, alegre, fuerte, con ganas de más. Dice que ahora mismo se siente capaz de cualquier cosa. Y que no quiere parar, aunque su trabajo le obligue a levantarse a las 6 de la mañana para poder correr antes de currar.

Y ahí está Mónica, que el próximo domingo se enfrenta a su primera maratón en Brighton. Acaba de enterarse de que su compañero de carrera se ha lesionado y que tendrá que correr sola. Le apena por él, pero su fortaleza mental y la potente preparación física que lleva le hacen sentirse como si fuese Paula Radcliffe, la actual campeona del mundo de maratón. Lo hará de lujo.

En este Día Mundial de la Salud yo queria recordar algunos de los beneficios que nos da una de mis pasiones. Correr, correr y correr. Cuanto más,  y más lejos, mejor.

El lema de #mujeresquecorren es #atopedepower. El de las #irongirls, #beyourownsuperheroe. El de los #RunnersColgados es #vivaeltrueno, pero eso… eso es otra cosa. Son mis tres grupos. Está todo dicho.

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