Euskadi – Nueva York

Hace mucho tiempo que no escribo aquí de las cosas del correr, que quienes siguen este blog saben que es una de mis grandes pasiones. Correr, cuanto más mejor. Y saben también que dentro de muy poco, el 5 de noviembre, estaré corriendo la Maratón de Nueva York, uno de los sueños de todo maratoniano.

Hay seis majors, las seis mejores carreras del mundo (Boston, Tokio, Chicago, Londres, Berlín y Nueva York) pero es esta última la que se ha convertido en la meca de las maratones. Hay que correrla al menos una vez en la vida. A mí me ha llegado ya mi turno.

Resulta que unos días antes del maratón más grande del mundo, se organiza un desfile con participantes de todas la naciones participantes. Cada grupo desfila por la meta en el Central Park con banderas y los colores de su país.

Euskadi también estará representada en ese desfile. La Delegación del Gobierno Vasco en Nueva York recibe a los y las atletas vascos que el 5 de noviembre nos pondremos en la línea de salida y nos invita a participar en el acto tras la ikurriña.

Este es el enlace en el que aparece el formulario que hay que rellenar para participar en el desfile y la recepción. Hay tiempo hasta el 20 de octubre para hacerlo. Os dejo además el enlace a la web de la Federación Vasca de Atletismo para que tengáis más información.

Si vas a correr la Maratón de Nueva York, os espero en este acto con el que los y las vascas tendremos una presencia especial en la carrera.

Begoña

Hoy es un día grande para todas las mujeres que nos llamamos Begoña, tengamos o no vínculos religiosos. Sí, también hay algún hombre que se llama Begoña, de segundo nombre la mayoría de las veces, pero los hay.

Aunque nos felicitan cada 15 de agosto, jornada en la que se celebra el día de todas las vírgenes se llamen como se llamen, nuestro día, el de las Begoña, es el 11 de octubre.

Begoña es un nombre muy bilbaíno y por eso estoy muy orgullosa de llevarlo. Insisto, más allá de la simbología religiosa, a mí lo que me gusta es que llamarse Begoña significa que o eres de Bilbao o has nacido donde te da la gana.

Pero estamos en peligro de extinción. Un nombre común hace varias décadas se ha convertido en una rara avis en este siglo XXI. Alguien me decía ayer que Begoña es “nombre de vieja”, así, tal cual. Ahora se llevan nombres más sofisticados como Noa, Sara, Lucia o Martina, que son los más utilizados en el conjunto del Estado.

Por dar algún dato decir que hay 39.755 mujeres que se llaman Begoña con una edad media de 44,8 años. Yo soy de las María Begoña. Somos 36.648 y tenemos una edad media de 53,3 años.

Cada vez que tengo a alguien esperando una niña, le invito a pensar en la posibilidad de nominarle Begoña. Aún no he conseguido que nadie lo haga, pero seguiré insistiendo.

Hoy es un día de fiesta en Bizkaia y especialmente en Bilbao. Necesitamos más Begoñas.

El vending

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Acérquense a cualquier máquina de vending de esas que nos colocan en lugares estratégicos de nuestro centro de trabajo, de la estación de autobuses e incluso de los hospitales y hagan un ligero repaso: bebidas azucaradas, aperitivos salados, bollería industrial, gominolas, chocolates, sandwiches con salsas prefabricadas… Sí, en alguna empezamos a ver tortitas de maíz o de arroz, pero son una entre un millón.

Y si nos ponemos a analizar lo que va en las mochilas escolares para media mañana, en el hipotético caso de que haya algo, o en las bolsas de la merienda, más de lo mismo. No solo de los escolares. Los adultos hacemos más o menos parecido. Que me ataca el hambre, un bollo. Que me ataca la sed, una bebida gaseosa.

Me fijo hoy en esto porque hemos sabido que uno de cada diez niños vascos es obeso y otro 23% tiene sobrepeso. Y nos damos con un canto en los dientes porque, según el estudio Aladino 2015 sobre Alimentación, actividad física y desarrollo infantil, la tasa de obesidad infantil en Euskadi está siete puntos por debajo de la estatal y presenta una situación mucho mejor que la de otros países como Estados Unidos, Canadá o Reino Unido.

Pero como el dicho ese de “mal de muchos consuelo de tontos” no puede consolarnos, Osakidetza va a poner en marcha un plan contra la obesidad. Se va a fijar en los menús escolares, que deberán incrementar los platos de verduras y alimentos saludables, y se promocionará la salud alertando de los peligros de las bebidas azucaradas y la bollería industrial.

Es imprescindible que las instituciones pongan en marcha planes como estos, pero hay iniciativas como la de incrementar los impuestos a las bebidas azucaradas, que no son bien recibidos por la ciudadanía. Queremos que nos ayuden a mantener un peso saludable pero cuando se ponen medidas drásticas, nos rebelamos.

Es cierto que nuestra cultura alimenticia ha olvidado los alimentos de la dieta mediterránea y hemos optado por modelos americanos que no hacen más que sabotear cualquier política saludable. Pero no es menos cierto que cuanto menor es el poder adquisitivo de las personas, mayor es su riesgo de llegar a la obesidad y sobrepeso por el consumo de alimentos más baratos, procesados y de escasa calidad y muchas calorías.

Todo esto, unido al sedentarismo del siglo XXI, nos coloca ante un peligro real de convertirnos en una sociedad enferma. La alimentación es la base de nuestra salud y una dieta incorrecta impedirá el normal desarrollo físico y mental.

Está bien que el departamento de sanidad del nuestros gobiernos nos apoye y de la voz de alarma ante las crecientes tasas de obesidad, especialmente en menores, pero somos todos y cada uno de nosotros/as quienes debemos optar por una alimentación saludable alejada de esos productos que determinadas industrias nos ponen ante la vista. Productos que, además, tienen ciertos componentes adictivos que son los que perpetuaran la empresa año tras año. Crean necesidades que nuestro cuerpo no tenía.

Merece una reflexión todo esto. Somos lo que comemos y seremos lo que comimos.

www.begoberistain.com

 

 

Nuestros muros

Estos que cito a continuación son solo diez de los muros que dividen, separan e impiden la libre circulación de personas entre unas y otras partes del mundo. Habría que sumarle el muro construido entre México y EEUU, que aunque parece una idea futura de Donald Trump, lo cierto es que son dos países que ya estan separados por largos tramos de límites fronterizos.

1-Belfast, Irlanda

2-Ceuta y Melilla

3-Irak y Kuwait

4-Uzbekistán

5-India y Pakistán

6-Chipre

7-Corea de Norte y del Sur

8- Israel y Cisjordania

9-Arabia Saudita e Irak

10-Sahara Occidental

Los vallados fronterizos se construyen para evitar la entrada de migrantes, traficantes o enemigos. Tras la caída del muro de Berlín, tan solo quedaban 11 en el mundo. Hoy, la cifra se ha elevado a 70. A 70 hasta ahora, porque ya podemos empezar a hablar del muro número 71. Lo tenemos muy cerca, en casa, en Zierbana.

Me gustaría que leyéseis la opinión de mi colaborador en Onda Vasca, José Ramón Blázquez, que cada viernes pone el foco en el programa sobre un asunto concreto. El último día lo encendió sobre el muro de cuatro metros que se construye en el Puerto de Bilbao para impedir que personas inmigrantes se cuelen en los ferris y lleguen al Reino Unido. ¿Sabéis que por cada inmigrante que entra en el barco y llega a ese país, la empresa debe abonar una sanción de casi 2.000 euros? La solución que han encontrado no ha sido otra que construir un muro. Aseguran que las verjas y vallas actuales no son suficientes para atajar el problema y que la ley internacional sobre protección de buques les obliga a mantener el control sobre todas las personas que estén en los muelles.

Esto es lo que decía José Ramón y que yo comparto.

“Bilbao va a tener el dudoso honor de ser el escenario de la construcción de un oprobioso muro de cuatro metros de alto y de una aún indeterminada longitud. ¿Y para qué? No es para impedir la entrada de un ejército, ni para salvar la seguridad de las personas de alguna terrible amenaza. Es el proyecto del Puerto de Bilbao, en sus instalaciones de Santurtzi y Zierbena, para protegerse de los emigrantes, procedentes de Albania y Siria en su camino hace el Reino Unido, jóvenes que han recorrido penosamente miles de kilómetros y están dispuestos a dejarse la vida con tal de llegar a tierras británicas para reunirse con sus familias y tener alguna esperanza de futuro.

Contra este peligro mundial se va alzar ese nuevo muro de la vergüenza. Bilbao entra así en el catálogo de las ciudades con muro, como el que separará aún más a la América de Trump de México, que el presidente quiere que paguen los mejicanos. O como el de Ceuta con Marruecos. En tierras francesas, en Calais, el Reino Unido paga la construcción de un muro, también de cuatro metros de altura y de un kilómetro, a base de hormigón resbaladizo para evitar, como en el Puerto de Bilbao, el paso de emigrantes a tierras británicas. Para más inri, el paredón gigante estará adornado con flores y plantas, un poco para disimular el oprobio. En Alemania, que parecen no haber aprendido de su historia, se construye, en la ciudad de Munich, un muro, igualmente de cuatro metros para protegerse, dicen, de los huidos de Siria y otros países que ocupan a las afueras un campo de refugiados. Y más muros. El que se construye en la frontera de Ecuador con Perú, para salvarse del contrabando. Pero los muros no resuelven nada, acaso agravan los problemas de la gente. Es como la barrera que ponemos delante de las miserias para no verlas. Casi 2000 personas lo han intentado en Santurtzi. Casi ninguno lo ha conseguido.

En el caso del Puerto de Bilbao la cosa tiene su gracia. El muro de Calais lo pagan los británicos. El de Bilbao no, lo pagamos nosotros, que somos muy chulos, aunque sea para resolver un problema del Reino Unido, nuestro solo de paso. Los ingleses, que tienen una línea de ferris entre Bilbao y la ciudad de Portsmouth, con tres viajes semanales, han amenazado a las autoridades de nuestro Puerto de marcharse de Bilbao y recalar en Santander. Ah, pues muy bien. Que se vayan. Allí irán detrás, a Santander, los emigrantes a intentar subir a los camiones que cargan en los ferris en dirección al Reino Unido. Lo único que conseguirán es trasladar el problema de una ciudad a otra, pero no resolverán nada.”

 

Verdades que no lo son tanto

Como la mayoría de las personas usuarias de servicios de mensajería instantánea, yo también he recibido en los últimos días docenas de imágenes mostrando lo que supuestamente sucede en las calles de Cataluña. Digo lo de supuestamente porque tal y como están las redes acabaremos por no creernos nada.

Menos mal que siempre hay alguien dispuesto a desmontar historias que se dan por ciertas y a hacer periodismo del bueno. En La Vanguardia han publicado un interesantisimo reportaje sobre la postverdad y los bulos que circulan por las redes sociales. [Enlace roto.] para leer el reportaje.

Uno de los casos de manipulación más flagrantes ha sido el de la imagen de una mujer de edad avanzada que era retirada por agentes de la guardia civil en un colegio electoral. Posteriormente se publicó una imagen de la que parecía la misma mujer abrazada a Arnaldo Otegi. Ya estaba la relación hecha. Mal hecha mejor dicho, porque no se trataba de la misma persona. Incluso el alcalde de su localidad ha salido a explicar quién es quién.  Y como este, cientos de ejemplos.

Esto nos lleva, una vez más, a la necesidad de acudir siempre a fuentes fiables. Hablo de los medios de comunicación, especialmente aquellos en los que los y las  periodistas ejercen su trabajo con profesionalidad, contrastando y sin dejarse llevar por manipulaciones. Se que esto es complicado tal y como están posicionados los medios. Son los y las trabajadoras  quienes han de denunciarlas porque, efectivamente,  sus dirigentes no lo harán. Baste como ejemplo el parón que el pasado domingo efectuaron en la redacción de TVE dado el sesgo informativo con el que se estaba tratando la cuestión catalana. Lo protagonizaron los y las redactoras y merecen el mayor aplauso por ello.

Estamos acostumbrados a utilizar filtros para modificar las fotos que queremos publicar en las redes. Esos mismos filtros debemos utilizarlos para que no nos cuelen imágenes con las que solo se pretende generar confusión.

Que nos den gato por liebre. Ese es otro de los riesgos que corremos en estos días convulsos.