Despatarre

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Parece una tontería pero no, no lo es. El movimiento anti “manspreading” o “despatarre masculino” ha llegado desde Nueva York hasta Madrid para expandirse, espero, por todas las ciudades del país.

Cualquiera que haya viajado alguna vez en transporte público lo ha visto, aunque no lo haya identificado como algo que puede molestar a otras personas. Hablamos de ese momento en el que intentas sentarte en el hueco que queda libre en un asiento pero en el que te encuentras con unas piernas (generalmente de hombre) abiertas como un compás y que ocupan su asiento y el que tu quieres ocupar.

Decía que este movimiento ha llegado hasta aquí desde Nueva York, ciudad en la que incluso en los carteles luminosos se pide que se evite el despatarre. Es simplemente una cuestión de espacio

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El colectivo feminista Mujeres en Lucha comenzó a visibilizar esta práctica bajo el hashtag #MadridSinManspreading con la intención de que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid se involucrasen  colgando carteles en metros y autobuses para concienciar sobre esta tendencia. Reto conseguido.

La Empresa Municipal de Transportes incorporará a la señalización informativa del interior de su flota de autobuses un pictograma específico para evitar el manspreading . Se pretende con esto un uso cívico y respetuoso del espacio interior del autobús para lograr la máxima comodidad de viaje para todas las personas. La imagen representa a un hombre, sí, porque son ellos quienes mayoritariamente practican el despatarre.

Por cierto, que no estaría de más que se iniciase también una campaña con el hastag #másduchaymenoscolonia …  ¿Lo habéis sufrido, verdad?

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Aquí pagamos todas

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Hace mucho que no frecuento discotecas ni locales en los que haya que pagar una entrada, pero cuando lo hacía, y han pasado ya muchos años, era “lo normal” que las chicas no pagásemos el ticket de entrada. Ellos sí, ellos pagaban y tenían derecho a consumición. Las mujeres entraban gratis y si consumían, o se lo pagaban ellas o, si ligabas, era habitual que quienes pagasen la ronda fueran ellos.

A mi aquello me parecía injusto pero reconozco que, en una época de vacas flacas como es la de la adolescencia, que pasábamos con la pequeña asignación familiar, me aprovechaba de la situación y entraba gratis a las salas sin decir ni mú. No era este un tema que, estoy hablando de principios de los 80, estuviese sobre la mesa.

Entonces vivíamos en flagrante desigualdad invisible. Estaba ahí pero nadie hablaba de ello. Que ellos pagasen y nosotras no era una norma no escrita que nadie cuestionaba. Se interpretaba como una “cortesía” de hombres hacia mujeres, cuando en realidad lo que escondía era una muestra de superioridad de ellos hacia ellas a través del dinero. Eran pocas las mujeres que trabajaban fuera de sus casas en aquellos momentos y la dependencia económica se daba prácticamente en todos los hogares. Y ¿quién manda en esos escenarios? Pues quien tiene el dinero. Así era.

Tengo grabada una escena que tiene mucho que ver con todo esto. Mi madre era de las que trabajaban fuera de casa. Hubo momentos en los que llegué a avergonzarme de ello. En el colegio, cuando había que rellenar un cuestionario en el que se preguntaba por la profesión del padre y de la madre, en el casillero de la madre todas mis compañeras ponían “sus labores”, es decir, cocinar, limpiar, hacer la compra, cuidar de la familia y las mil y una actividades que hacen las “amas de casa”. Yo mentía y hacía lo mismo. No, no ponía “matrona”. No lo hacía porque ya había quien se encargaba de decirme que mi madre le estaba robando el trabajo a un hombre. ¡Con lo difíciles que estaban las cosas, en mi familia trabajando padre y madre! No se entendía aquello, así que yo me sentía mal. Afortunadamente mi madre se encargó de explicarme muy bien que su condición de mujer no podía obligarle a dejar su trabajo y a quedarse en casa y que su formación y su capacidad eran la misma que la de los hombres con los que ella había estudiado en la Universidad de Salamanca. Ahora veo que fue ella la que sembró en mi la semilla de la militancia por la igualdad. Estoy muy orgullosa de mi madre, claro.

Cuento todo esto porque el Gobierno Vasco se plantea prohibir a las discotecas dar entradas libres o más baratas a las mujeres. Esta idea se contempla en el borrador del nuevo reglamento de la Ley de Espectáculos y Actividades Recreativas. El borrador se presentó el pasado viernes y ahora la ciudadanía tiene quince días para presentar alegaciones. Después de este proceso, la norma entrará en vigor así que para principios del año que viene, las mujeres pagarán la entrada a las discotecas de la misma manera que ahora la pagan los hombres.

Lo que es justo es justo y poco discutible.

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Cumplir 40

DEIA

Las fiestas de los 40 suelen ser de esas de “darlo todo”, de tirar la casa por la ventana porque sospechamos que entramos en una nueva etapa de nuestra vida. También suele ser un momento de duda, de cuestionarnos nuestra trayectoria y de analizar el pasado para saber qué y cómo queremos que sea el futuro.

Que un medio de comunicación cumpla 40 es motivo de alegría y de orgullo. Alegría porque quiere decir que uno de los vehículos en los que viaja la libertad sigue en marcha. Orgullo porque uno de los diarios que más se han significado en Euskadi, un país pequeño con mucha miga, sigue, 40 años después, manteniendo su objetivo de ser “Gure lurraren Deia” (La llamada de nuestra tierra). Son nuestras noticias, nuestros sentires y vivires sin perder de vista que estamos en un mundo global en el que, como bien decía Edward Norton, “el aleteo de una mariposa en el norte puede cambiar el mundo en el sur”. Es decir somos todos uno, pero cada región, cada país, cada territorio, tiene su idiosincrasia propia.

Por eso DEIA se mantiene después de 40 años, porque ha sabido incluir a unos y a otras sin dejar de lado su lema inicial, insisto, gure lurraren deia.

La fiesta de los 40 de DEIA fue un reflejo de lo que estoy contando. No faltó una sensibilidad, todos y todas reunidos en torno a un escenario y a una celebración en la que el de derechas saludaba al de izquierdas, el economista al agitador social, el representante social al político de turno, el plumilla al radiofónico…. Todos/as a una.

Pluralidad. Esa debe de ser la marca bajo la que se resguarde un medio de comunicación que quiera perdurar 40 años y más.

Yo me siento muy orgullosa de pertenecer a DEIA. Mi pequeñísima aportación diaria a través de este blog instalado en su blogosfera me hace sentir como en casa en este periódico.

ZORIONAK DEIA URTE ASKOTARAKO

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Hasta el culo

culo

No se me ocurre otro titular mejor para este post dedicado al cartel anunciador de la feria del libro de Zamora. O quien decidió lanzarlo busca provocar una respuesta como la que ha provocado o tiene sensibilidad cero hacia quienes vivimos con los ojos abiertos y atentos/as a los estereotipos publicitarios.

La concejala de Cultura del Ayuntamiento de Zamora, María Eugenia Cabezas (IU), considera las críticas recibidas como  «desproporcionadas» y asegura que representa una «especie de neopuritanismo» que viene de sectores que se consideran progresistas. Opina que la crítica puede deberse a un «neopuritanismo extremo» disfrazado de progresismo de quienes «están con la lupa a ver si ven un trocito de carne».

Yo aseguro que no voy con la lupa a ningún sitio, pero hay imágenes que te asaltan según las miras. Esta es una de ellas. ¿O no? ¿Podrían haber puesto como imagen a una autora sin más, si lo que querían era potenciar la literatura femenina?

Leer te da alas, sí, te permite vivir otras vidas y en otros mundos. Eso lo entiendo y creo que lo interpreto bien. Pero, ¿y el culo? ¿qué decís?

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Global Running Day

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Sí, los y las corredoras también tenemos nuestro “día de”. Los hay de todos los gustos y colores, no hay objeto, accidente geográfico o movimiento que no tenga su día de reivindicación y visibilización. Nosotros no íbamos a ser menos y tenemos nuestro “Global Running Day”. Se celebra hoy miércoles 7 de junio, es la segunda edición y se pretende que los y las runners de todo el mundo se unan para compartir una afición común: correr. El objetivo último es inspirar a otras personas a ponerse en marcha.

Todas las asociaciones de atletismo y la IAAF apoyan este día que, en la edición inaugural de 2016 consiguió unos datos espectaculares . Alrededor de 2,5 millones de personas de 177 países, incluyendo unos 700.000 niños, recorrieron unos 9,2 millones de millas (15 millones de kilómetros) en el primer “Global Running Day”. Para esta edición, los objetivos son incluso más ambiciosos: recorrer 10 millones de millas, que abarque a todos los países y territorios y que se sumen un millón de niños y niñas.
Precisamente la Carrera del Millón de Niños (Million Kid Run) será el centro de atención del “Global Running Day”. El objetivo de esta carrera es que los niños practiquen el “running” como forma de ponerse en movimiento y mantenerse sanos. La participación es muy sencilla y puede abarcar desde una vuelta a la manzana hasta carreras de mayor distancia.

Muchos atletas de élite apoyan la iniciativa, incluyendo el ocho veces campeón olímpico y hombre más rápido del mundo, el jamaicano Usain Bolt. “Estoy feliz de apoyar el Global Running Day y animo a todos los jóvenes del mundo a que corran el próximo 7 de junio“, ha dicho Bolt.

Para participar debes entrar en la página web de Global Running Day, rellenar el cuestionario y la distancia que vas a recorrer y contar la motivación que te lleva a ello. Igualmente puedes apoyar la iniciativa utilizando el hashtag #GlobalRunningDay.

¡Hoy puede ser un buen día para ponerse en marcha!

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