El “típico guarreo” a juicio

Hoy arranca el juicio contra los cinco miembros de “la manada” que presuntamente violaron de forma reiterada y grupal a una joven durante las fiestas de San Fermin de 2016.

“Ha sido el típico guarreo, cuando se ha dado cuenta la tía se ha visto con cinco pollas”. Así describían los amigos de los acusados lo que supuestamente sucedió aquella noche en la que, según consta en los mensajes de whastapp enviados en el propio grupo La Manada, disfrutaron “follándonos a una entre cinco”. “Una puta pasada de viaje”.

Por cierto que los mensajes escritos en ese grupo han sido rechazados por el juez como prueba. Los que sí ha sido admitidos han sido los vídeos que, al parecer, grabaron los acusados mientras se producía la violación.

Los miembros de ‘La Manada’ se enfrentan a 22 años de prisión. Ellos mantienen que nunca hubo violación porque fue una relación pactada. Sin embargo, tendrán que hacer frente a testimonios como el de la mujer que coincidió con uno de los acusados en el portal. También al parte de lesiones, que detalla las agresiones que sufrió la joven después de una violación múltiple.

La agredida no tendrá que verse las caras con los miembros de la manada. Declarará en el mismo juzgado pero no en la misma sala.

Alguien preguntaba estos días si la sentencia en este caso, si efectivamente se demuestra que hubo violación y los acusados son condenados, debía ser ejemplar. Es decir, que sirva como llamada de atención y toque para posibles casos similares.

Creo que las sentencias deben ser legales y justas. Esos son los términos en los que debe moverse la justicia. No cabe una “Ley ejemplarizante” porque entonces estaríamos convirtiendo a la justicia en algo pedagógico y la pedagogía hay que hacerla en otros lugares. Si la sentencia es justa será lo suficientemente importante como para que si alguien comete un delito como el que desde hoy se juzga, sepa que no va a salirle barato.

El juicio  se celebrará a puerta cerrada en su integridad para “proteger el derecho fundamental a la intimidad de la demandante y para “salvaguardar” a la joven y a los cinco acusados de “una indeseada e indeseable exposición pública aireando aspectos relativos a su intimidad corporal y vida sexual” que pertenecen a la esfera personal. Además, la Audiencia de Navarra ha prohibido la publicación de información relativa a la identidad de la denunciante o de datos que puedan facilitar su identificación de forma directa o indirecta, así como la obtención, divulgación o emisión de imágenes de ella o de sus familiares.

Ojalá se cumpla esta última prohibición. Demasiados teléfonos móviles en todos los bolsillos y demasiado morbo. Solo queremos justicia, nada más.

 

 

Exclusivas “La Manada”

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¡Cuánto daño puede hacer un programa de televisión a una investigación y a la imagen que se proyecta de una persona! Es lo que ocurre cuando se juega al amarillismo, al morbo, al “periodismo” rastrero y a vamos a conseguir audiencia cueste lo que cueste.

El pasado lunes, en el programa de Ana Rosa Quintana, se emitió un vídeo en el que se hablaba de esos 95 segundos de grabación que al parecer realizaron los presuntos violadores de una chica durante los San Fermines.  Los de la “Manada”, sí, los que están encarcelados por, presuntamente, haber violado, agredido y robado a una joven. Se decía en ese vídeo que la Policía Foral ha determinado tras el visionado de las imágenes que la denunciante aparece en todo momento con los ojos cerrados, no habla, le sujetan del pelo y dirigen sus movimientos. Además, se mostraba a los presuntos violadores y se detallaba que no habían utilizado preservativo y lo que habían hecho cada uno de los acusados durante el ataque, presunto.

Acabaremos viendo los vídeos. Al tiempo. La cadena que los emita se llevará el gato al agua, los medios digitales que los publiquen recogerán miles de clicks en sus páginas y la intimidad de la chica volverá a ser violada. A nadie parece importarle eso. Y si se puede dar el nombre y apellidos y enseñar la foto de la chica, mejor. Nos lo dan los medios, sí, pero no es menos cierto que los y las telespectadoras reclaman estos datos. ¿Hay que dárselos? No en mi opinión. Es un ejercicio de responsabilidad del medio y responsabilidad personal de quien informa.

Me ha hecho recordar eso el caso de la chica que fue grabada por un futbolista del Eibar mientras mantenían relaciones sexuales. Nada más publicarse el vídeo, usuarios de las redes sociales se encargaron rápidamente de dar a conocer la identidad de la mujer y de decirnos donde vivía y donde trabajaba. Lo digo en pasado porque, después de denunciar los hechos, la chica abandonó el país ante la presión de incluso ver como se llenaba el local en el que trabajaba por el morbo de verle la cara. Así somos.

Pues algo así sucede con el vídeo de San Fermín. Queremos ver más, queremos saber hasta el último detalle y no reparamos en lo doloroso que eso puede llegar a ser para una chica que ha visto su vida condicionada para siempre después de ese acto brutal, presuntamente.

Y si algo me ha llamado la atención de forma muy negativa es la manera en la que la presentadora de ese vídeo le da paso. Dice: “la chica en ningún momento abre los ojos y  en una ocasión lleva la iniciativa. Entonces ¿fue una relación consentida?” Solo esa duda, ese poner el foco sobre la mujer y no sobre los agresores, vuelve a victimizar a la agredida al poner en tela de juicio su denuncia y al dudar de si consintió todo un catálogo de vejaciones que fueron grabadas para mofa de los amigotes de los violadores, presuntos.

Tenía los ojos cerrados durante toda la grabación. Debía de estar disfrutando de lo lindo. Entiéndase la ironía.

Si quienes estamos al frente de programas de radio o televisión o escribimos de este u aquel caso no nos paramos a pensar en la responsabilidad y el significado de nuestras palabras, mal vamos. La rapidez del directo o cualquier otra excusa no sirven para sembrar la duda sobre una mujer víctima de una violación grupal, presuntamente.