261, el dorsal de la libertad

Switzer

Ayer fue un día importante para las mujeres. No solo para las que somos corredoras sino para todas aquellas que luchan contra la desigualdad y las diferencias entre hombres y mujeres y que creen firmemente en la no discriminación.

Ayer se disputó la maratón de Boston. No fue una maratón cualquiera porque, con 70 años cumplidos, corrió Katherine Switzer, la primera mujer que hace 50 años se atrevió a “colarse” entre los corredores y completar esos 42 kilómetros. Digo colarse porque entonces las mujeres no corrían esa distancia. Casi ni esa ni ninguna. A lo largo del recorrido fue fotografíada como la gran curiosidad, perseguida por los organizadores para que no siguiera adelante y alcanzase la meta y, finalmente, descalificada cuando la cruzó.

Corría abril de 1967 y ella, Katherine, se convertía en una de las activistas más notorias del deporte femenino. Abrió el camino a otras mujeres atletas y se convenció de que no hay nada que no se pueda lograr en la vida.

Así es como Katherine Switzer cuenta su historia:

Empecé a correr cuando tenía 12 años porque quería ser del equipo de hockey sobre hierba. Mi papá me animó para que corriera una milla al día. Yo era una niña flaca e insegura, y cuando corrí esa milla, aunque nunca entré al equipo de hockey, me convertí en una persona muy empoderada.

Conocí a este hombre que ayudaba a entrenar en la Universidad de Syracusa (Nueva York), en el equipo de cross-country masculino. Su nombre era Arnie Briggs. Le dije que yo quería correr el maratón de Boston y él me dijo sin titubear: “las mujeres no pueden correr el maratón de Boston.

Las mujeres mismas no entendían que ellas tenían la capacidad. Tenían los temores de todo lo anticuado de las señoritas: que se agrandaran las piernas, que les saliera un gran bigote, que el útero se cayera..

Discutimos. Y él dijo “Si puedes mostrarme en la práctica que puedes correr la distancia del maratón -26 millas y 385 yardas (algo más de 42 kilómetros)-, seré la primera persona en llevarte. Un día, de hecho, corrimos 31 millas (49 kilómetros) y cumpliendo su palabra me inscribió a la carrera.

Me dijo: “No hay nada sobre género en el reglamento y no hay nada sobre género en el formulario”. Yo le dije: “bien, ok”. Pagué los US$2 y me inscribí con mis iniciales.”Los organizadores supusieron que era un hombre y me dieron el número 261″.

La mañana del maratón fue increíble. Estaba nevando con un terrible viento de frente. Yo llevaba puesta una bonita camiseta que quería exhibir, pero hacia tanto frío que no fui capaz de quitarme mi pesado suéter de entrenamiento.

Los oficiales nos acomodaron en la línea de salida, y todo el mundo se veía igual, con esos sacos calientes y anchos, así que nadie se dio cuenta que no era uno de los hombres. Le dije a Arnie: “Tenías razón, no hay problema”. Y él respondió: “Te dije que no habría problema”.

Las primeras dos millas estuvieron fantásticas. Pero la prensa me vio desde afuera, y se volvieron locos: “¡Una chica en la carrera! ¡Tiene un número!”, gritaban. Y también nos tomaban fotos. Nosotros respondimos saludando con la mano, ya que era simplemente un instante mediático.

Pero de repente, escuché detrás de mí el sonido de unos zapatos de cuero, claramente no eran zapatos para trotar. Y vi a este hombre de mirada furiosa. Fue aterrador. Me tomó por los hombros y me empujó hacia abajo, y trató de quitarme el número del pecho. “Sal de mi maldita carrera y entrégame esos números”, dijo. Y aunque me dio mucho miedo, mi novio lo cogió y lo sacó de fuera de la carrera.

Le dije a mi entrenador: “Tengo que terminar esta carrera, así sea sobre mis manos y mis pies, porque si no la termino nadie creerá que las mujeres pueden hacer esto, que las mujeres deben estar aquí”.

Cuando la terminé, sentí que tenía un plan de vida, una meta, un propósito para cumplir. Me sentí plena también porque corrí mi primera maratón bajo las circunstancias más difíciles, y después de eso nada más sería tan duro.

Después de aquello organizamos más de 400 carreras en 27 países, y usamos las estadísticas de esos eventos para hacer lobby ante el Comité Olímpico Internacional, hasta que logramos incluir en la competición el maratón femenino, en 1984.
Sabemos que si logramos empoderar a las mujeres podemos hacer cualquier cosa.

 

Antes de Katherine otra mujer, Bobbi  Gibb, había corrido la maratón de Boston, pero lo hizo sin dorsal. Eso es algo que se permite en esa carrera. Son los conocidos como “brandits”. De eso se aprovechó Bobbi para entrar en la carrera sin tener que inscribirse como mujer que era. Hubiera tenido que falsear su identidad y hacerlo como hombre.

Con dorsal fue Switzer la primera en hacerlo.

La lucha de las mujeres por ser admitidas en los maratones empezó –según algunos relatos– en la inauguración misma de los Juegos Olímpicos, en 1896. Stamata Revithi, una mujer griega, corrió los 42,150 kilómetros que separan Atenas de Marathon. Cuentan que Revithi corrió la distancia para ganarse un empleo en la ciudad, pero no la dejaron atravesar la meta: “Las mujeres no pueden correr”, le dijeron.

En 1928 los Juegos Olímpicos incluyeron la categoría de 800 metros femeninos que ganó la alemana Lina Radke, pero la visión de algunas de sus competidoras exhaustas y tumbadas en la hierba tras la carrera llevó al comité olímpico a eliminar la categoría por ser demasiado dura para las delicadas féminas. Algunos llegaron a decir que se les podía desprender el útero.

Pasaron cerca de cincuenta años, hasta que los Juegos Olímpicos de Moscú (1972) incluyeron la carrera femenina de 1.500 metros. Ese mismo año, Boston –tras la presión de mujeres como Switzer– daba un paso adelante y permitía el acceso de las mujeres al maratón. Un año más tarde, en octubre de 1973, el doctor alemán Ernst van Aaken –gran defensor de la capacidad femenina para correr largas distancias– organizaba el primer maratón exclusivo para mujeres.  Van Aaken sostenía que gracias a su mayor reserva de grasa, las mujeres podían terminar en mejores condiciones que un hombre, aunque no corrieran tan rápido como ellos.

En España fue la tolosarra Lourdes Gabaraín la primera mujer que se atrevió con la gran distancia. Lo hizo en 1977.

Gracias a la lucha de todas estas mujeres y de otras muchas hoy podemos correr libremente en la distancia que queramos. Su lucha ha abierto nuestro camino, un camino que no dejaremos de recorrer.

Os dejo el vídeo de mi llegada a la meta en la maratón del Sáhara. Es la mejor forma que yo tengo de agradecer a esas mujeres pioneras su lucha y su trabajo.

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Habemus reto: Sáhara Maratón

niños

El 27 de febrero de 2017 se celebrará la decimoséptima edición del Sáhara Maratón. Es un evento deportivo internacional de solidaridad con el pueblo saharaui organizado por la Secretaría de Estado del Deporte del Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática con la ayuda de voluntarios/as de diferentes nacionalidades.

El objetivo de este evento es doble: fomentar la práctica deportiva entre los y las jóvenes saharauis y financiar proyectos de ayuda humanitaria.

Desde Euskadi, la organización Ferroviarios Vascos Sin Fronteras-Euskal Trenbideetako Langileak Mugarik Gabe promueve la participación en esta maratón al tiempo que lidera una recogida de fondos para comprar medicinas y llevarlas a los campamentos de refugiados saharauis.  

El verano pasado Mansur, Bachir, Sidati, Mahfud, Mohamed, Aichatu, Meka y Kabara, ocho niñas y niños que viven en esos campos, me visitaron en mi casa durante su estancia veraniega en Euskadi. Esta es otra de las iniciativas que desarrollan los y las ferroviarias, traer a menores durante un par de meses para que puedan disfrutar de un entorno diferente. En aquella visita, una de las cosas que más les llamó la atención fue saber que corro maratones. La cara de sorpresa que pusieron cuando se lo conté y los enormes ojos abiertos al máximo cuando vieron las medallas fueron increíbles. Más aún les sorprendió el asunto siendo una mujer la que se ha ganado esos metales con su esfuerzo y su trabajo.

Fue entonces cuando se fraguó el reto que ahora presento. Txus Martín, conductor de Metro Bilbao y uno de los miembros más activos de Ferroviarios Vascos Sin Fronteras-Euskal Trenbideetako Langileak Mugarik Gabe, me propuso correr como voluntaria la maratón del Sáhara y trabajar en la recogida de fondos para llevar medicamentos a los campos de refugiados. Las miradas de aquellos niños y niñas y la posibilidad de echar una mano a gente que lleva más de 40 años abandonada a su suerte en el desierto hicieron el resto. Dije que sí, claro. No iré sola. Correrá conmigo Santi Salazar Baeta. Y nos acompañará durante toda la semana que pasaremos en los campos Borja Bizkargüenaga, un gran conocedor de la causa saharaui. Todo esta en marcha ya. Incluso sabemos que nos acogerá en su jaima la familia de Aichatu Bouba, una niña que viene cada verano a Euskadi.

Según estima la ONU, entre 90.000 y 125.000 personas viven en los campamentos. Llegaron ahí en 1975 huyendo de la represión marroquí.  Aún hoy siguen teniendo una alta dependencia de la ayuda humanitaria internacional. Hay ya personas de tercera generación nacidas en los campamentos. Es un problema importante este. Primero porque delata el nulo interés de la comunidad internacional en resolver este problema, y segundo, porque la larguísima duración de la situación anómala de vivir como refugiado, y sin tierra, tiende a normalizarla para quienes nacen ahí. Y no. Los campamentos de refugiados no pueden ser la tierra de nadie ni pueden perpetuarse en el tiempo hasta convertirse en tal.

Así que me encuentro ante el reto de conseguir la máxima cantidad de dinero posible para que FarmaMundi, la ONG del medicamento, nos prepare las medicinas que se necesitan en esos campos de refugiados y llevarlos hasta allá. La misión de esta ONG es contribuir a asegurar que la salud sea un derecho universal para las poblaciones más vulnerables de los países empobrecidos mediante acciones de cooperación que favorezcan procesos de desarrollo sostenible,  campañas de  educación para el desarrollo e incidencia, con énfasis en el acceso a medicamentos esenciales y a través de la distribución profesional de medicamentos, materiales y equipos sanitarios, todo ello, procurando la implicación solidaria de su entorno social.

Os iré contando la forma de colaborar. Podréis comprar nuestras camisetas, el calendario solidario 2017 ( ya a la venta en la librería Guimera de San Ignacio en Bilbao) y hacer aportaciones en el número de cuenta que aparece en la imagen. Si le dais a “me gusta” a esta página en facebook podréis seguir la aventuras y desventuras del reto.

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No hay casualidad

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La atleta Estela Navascues

No me canso de mirar esta foto. Esta vez sí que tengo que reconocer que una imagen vale más que mil palabras. Podríamos decir que en ella se resume el esfuerzo,  sacrificio,  renuncia,  ímpetu, motivación, ilusión, responsabilidad, satisfacción, experiencia, constancia, superación, tenacidad, concentración, etc, etc, etc, que requiere enfrentarse a una maratón.

Vayas a hacer una marca o vayas simplemente a terminarla, preparar y correr 42 kilómetros requiere todo eso que he escrito. Se puede resumir en tener  una dosis enorme de fuerza de voluntad. Decía Albert Einstein que si hay una fuerza que realmente mueve al mundo, esa es la fuerza de voluntad. Y creo que no le faltaba razón.

La mujer de la imagen es Estela Navascues. Ese fue su gesto al llegar el pasado domingo a la meta de la Maratón de Sevilla. La corrió en 2 horas, 32 minutos y 49 segundos. No solo le servía esa marca para colocarse como subcampeona de España ( ya había sido campeona de maratón) sino que le daba el billete para participar en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro.

Estela llevó una liebre de lujo en la maratón de Sevilla: Asier Cuevas, entre otras muchas cosas, subcampeón del mundo en 100 kilómetros con un tiempo de 6 horas, 35 minutos y 49 segundos. He hablado con él sobre lo que ha significado llevar a Estela durante toda la carrera. Dice que la noche después de la prueba se durmió con una sonrisa de oreja a oreja, que fue muy emocionante  verle cruzar la meta y conseguir su objetivo. Esto me ha hecho comprobar una vez más que el deporte, cuando se practica desde sus más profundos valores, aporta una de las sensaciones más gratificantes. Compañerismo y equipo en una disciplina tan solitaria como el atletismo.

La mayoría de los corredores pasamos muchas horas entrenando en solitario. Cada uno tiene sus pautas, sus objetivos y sus métodos de entrenamiento. Se trabaja mucho la voluntad y la fortaleza mental en esos entrenos , algo fundamental para llegar a la meta de una carrera con éxito. Me gustan mucho esas horas de trabajo en soledad, pero cuando hay una tirada larga se agradece la compañía.  Y cuando te enfrentas a una maratón, que te lleve alguien en quien confías da mucha seguridad.

Estela ha cumplido su sueño. Estará en Rio de Janeiro. Han sido meses de preparación dura, de muchas series en sesiones dobles de entrenamiento dirigidas por el gran Abel Antón y de tiradas máximas de 30 kilómetros. Pero esto no ha hecho más que empezar, a pesar de la larguísima trayectoria de la atleta. Ahora toca prepararse para vivir en agosto  unos Juegos Olímpicos.

Ya es muy grande la navarra Estela. Ahora queda ponerle la guinda al pastel. Habrá justicia porque se la va a trabajar. Nada llega por casualidad.

Cuando cada mañana suene el despertador a las 05.45 para salir a entrenar pensaré en lo que ha sentido Estela al cruzar la meta  y en su fotografía. Es una tremenda inspiración. Gracias.

Lo de la maratón de Valencia

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Con Alfonso Vega, el Mister. Antes y después. 

Los arranques de las maratones suelen ser muy bulliciosos. La gente esta nerviosa, se habla, algunos cantan, se aplaude mucho y la música esta muy alta. Los spikers animan a todo trapo y motivan a los corredores en los últimos minutos antes de dar la salida.

Ayer no pasó nada de eso en los momentos previos al inicio de la maratón de Valencia. Los terroristas se encargaron de cambiar muchas cosas con sus asquerosos atentados de París. Toda esa alegría prevista, como en cada maratón, se convirtió en cinco minutos de respetuoso silencio por las víctimas de la sinrazón y el fanatismo. Silencio sepulcral y estruendoso aplauso final.

La de Valencia ha sido mi cuarta maratón y en la que he hecho mi Mejor Marca Personal. Había dejado aquí escrito que mi intención era correrla en tres horas y 45 minutos. Cualquier cosa puede pasar en una carrera tan larga pero yo sabía como había entrenado y me sentía muy capaz de conseguirlo. De lo contrario no lo hubiera escrito. Y confieso que había soñado con hacer un tiempo incluso mejor.

El resultado no ha podido ser más positivo. Acabar una maratón en 03.40.39 es serio y no puedo estar más feliz por haberlo conseguido. Desde el primer momento me sentí bien y corrí algo mas rápido de lo previsto. Eso es algo que puso nervioso a más de una y de uno que seguian mi carrera a través del aplicación de la carrera. Todos echándose las manos a la cabeza pensando “como siga a ese ritmo, peta”, o lo q es lo mismo, se funde y no puede seguir. Pero yo me sentía segura, controlando la respiración y escuchando a mi cuerpo. A ratos con ganas de tirar un poco más rápido, pero imaginarme a mi entrenador, Alfonso Vega, diciéndome “regula, guarda, cabeza” me ha hecho frenarme. Alfonso me ayuda hasta cuando no está.

Dicen que la maratón empieza en el km 30. Tienen razón. A ese punto tienes que llegar más o menos fresca. Es el momento de jugar con tu cabeza. Tus piernas te lanzan mensajes preguntándote cuándo piensas parar y es entonces cuando tu cabeza dice cosas como: ” vas bien de caja, a estas alturas las piernas le duelen a todos los que tienes alrededor y no has entrenado duro durante tres meses para andarte ahora con bobadas”. Y sigues. Así van cayendo los kilómetros, llegas al 35, al 38, al 40 y es entonces cuando piensas “ya esta hecho, esto es como ir al faro de Arriluze ida y vuelta, disfruta”. Te plantas así en la linea de meta, paras el reloj y ves que has hecho tu mejor maratón.

Contado así parece fácil, pero no. Una maratón es cualquier cosa menos fácil. Hay muchos factores a tener en cuenta y, sobre todo, son 42 kilómetros y 195 metros que te premian o te castigan dependiendo de como te hayas preparado. La maratón te pone en tu sitio. Es mi distancia favorita. Sufro màs cuanto más corta es la distancia. En los 42 me da tiempo a conocerme mejor, a saber donde están mis límites, a gestionar situaciones de dolor. Siempre digo que la maratón te prepara para el sufrimiento. Es una enseñanza inigualable para la vida. Un camino largo, con buenos y malos momentos, con alegría y llanto, con soledad y con compañía.

Al llegar a la meta me he quedado a esperar a mi amiga Mónica. En ese tiempo he mirado mucho a las caras de quienes iban llegando y me ha emocionado ver cómo gente a la que nunca has visto antes te mira, te da la enhorabuena, te transmite su alegría, te abraza…. Es un momento impagable el de cruzar una línea de meta.

De la maratón de Valencia decir que si hay alguien pensándose si hacerla o no, deje de pensarlo y se inscriba. Por algo está la número 1 en el ranking de maratones españolas. La organización de diez, el recorrido fantástico, llano, si, llano casi del todo, un final apoteósico entrando en la Ciudad de las Artes y las Ciencias por un tramo bordeado por agua y que te hace sentir como si flotases y un público sencillamente increíble. Suelo decir que como el gipuzkoano, ninguno. Bien pues ahora tengo q decir que tienen en los valencianos unos duros competidores. Que alegría transmiten, que ilusión, cómo le pegan a las batukadas, cuántos miles de personas haciéndote pasillo. No se les puede pedir más. Me han impresionado. Me han encantado.

Valencia ha sido mi cuarta maratón y ha sido grandiosa. Ahora toca descansar un poco y pensar en los nuevos retos que ya me rondan por la cabeza.

Oh la la, París ….

Sensaciones premaratón

zapa

Acabo de recibir un mensaje a través de Facebook en el que una corredora y triatleta, Arantza Zapata, me envía toda la fuerza y el ánimo del mundo para la maratón de mañana, para Valencia. Yo le he contestado diciendo “muchas gracias, voy convencida de hacerlo bien. Muy fuerte de cabeza y bien entrenada. Salvo imponderables, saldrá el 3.45”.  Se ha quedado un poco impresionada por la firmeza de la respuesta y se que le ha gustado verme tan segura.

Me gustan mucho los días previos a correr una maratón, sobre todo cuando te has puesto un objetivo y has hecho partícipe a tu familia, tus amigos y tus compañeros de tus intenciones. Reconozco que es la primera vez que digo clara y publicamente la marca que quiero hacer. Siempre me la he guardado por si no cumplía pero he pensado que eso, no decirlo, es algo parecido a la inseguridad . Y no. Esta vez me siento muy segura y estoy convencida de poder alcanzar ese 03.45 que me he propuesto.
Decia que me gustan los días anteriores porque hay mucha gente dándote ánimos, deseándote buena carrera, preguntándote como te sientes, enviándote mensajes, etc, etc, etc. Eso te hace ir entrando en la carrera mucho antes de que comience y , a mi al menos, me hace desear que llegue cuanto antes para empezar a correr y ver como voy, como responden mis piernas y comenzar a jugar con mi cabeza. Hay que decirle que se regule, que hay unos ritmos que mantener, que guardar en los primeros kilómetros puede ayudarme en los finales, que se puede, que voy  fuerte, que, al llegar al kilómetro 21, no queda “todavía” la mitad sino que “solo” queda la mitad, que has entrenado mucho y bien, que estás descansada, que la alimentación te ha dado ese plus de energia que necesitas, etc, etc, etc.
Si, he entrenado mucho y bien. Desde el 17 de agosto no me he saltado ni un solo entrenamiento, ni siquiera me he comido una serie o unos metros. He cumplido el plan que me preparó el Licenciado en Ciencias del Deporte y Master en Alto Rendimiento, Alfonso Vega, hasta el último día. He corrido 5 días por semana (1 trote, 2 sesiones de series, una tirada media y otra larga) y he dedicado otro a ejercicios de fuerza. Los viernes, descanso total.  Sumando los kilómetros recorridos desde esa fecha me salen 830. Correr 830 para disfrutar de 42,195.
Tampoco he descuidado la alimentación. El nutricionista Endika Montiel me puso una dieta específica para preparar la maratón. Empecé con él a mitad de la preparación porque me sentia floja, sin chispa. Solo con contarle mi dieta vio lo que me pasaba. No estaba comiendo lo suficiente. “Es como si fueses de Bilbao a Madrid en coche con el depósito en reserva”, dijo. Varió absolutamente mi alimentación y pasé a incluir muchos más carbohidratos , sumar proteínas tanto en el desayuno como en la comida y la cena y no saltarme una pequeña comida a media mañana y otra a media tarde. El resultado no ha podido ser mejor. Mucha más fuerza, más energia, más alegria en los entrenos y mejores sensaciones.
El fisio, Iñaki Zubizarreta, me ha soltado muy bien las patas esta semana  así que, salvo que pase algo inesperado, estoy a punto.
Hoy es día de feria, de ver a corredores/as de otros lugares, día de abrazos, de ojos brillantes, de nervios en el estómago, de pasta party, de descanso y de pensar en esa línea y en ese momento en el que cruzaré la meta, pararé el reloj y veré si he cumplido o no el objetivo. Hoy no veo otra cosa que un 03.45. Mañana veremos.
Cuando me despierte haré la tarea que me ha puesto el nutricionista: aún sin poner los pies en el suelo sonreiré, pensaré en lo mucho que he entrenado, en los sacrificios y las renuncias que he hecho para llegar hasta aqui y en ese 03.45 a por el que voy.
No voy a dejar que se me escape. Es muy arriesgado escribir todo esto, pero motiva. El trabajo está hecho. Solo falta el premio. ¡ A por el!