Nuestros muros

Estos que cito a continuación son solo diez de los muros que dividen, separan e impiden la libre circulación de personas entre unas y otras partes del mundo. Habría que sumarle el muro construido entre México y EEUU, que aunque parece una idea futura de Donald Trump, lo cierto es que son dos países que ya estan separados por largos tramos de límites fronterizos.

1-Belfast, Irlanda

2-Ceuta y Melilla

3-Irak y Kuwait

4-Uzbekistán

5-India y Pakistán

6-Chipre

7-Corea de Norte y del Sur

8- Israel y Cisjordania

9-Arabia Saudita e Irak

10-Sahara Occidental

Los vallados fronterizos se construyen para evitar la entrada de migrantes, traficantes o enemigos. Tras la caída del muro de Berlín, tan solo quedaban 11 en el mundo. Hoy, la cifra se ha elevado a 70. A 70 hasta ahora, porque ya podemos empezar a hablar del muro número 71. Lo tenemos muy cerca, en casa, en Zierbana.

Me gustaría que leyéseis la opinión de mi colaborador en Onda Vasca, José Ramón Blázquez, que cada viernes pone el foco en el programa sobre un asunto concreto. El último día lo encendió sobre el muro de cuatro metros que se construye en el Puerto de Bilbao para impedir que personas inmigrantes se cuelen en los ferris y lleguen al Reino Unido. ¿Sabéis que por cada inmigrante que entra en el barco y llega a ese país, la empresa debe abonar una sanción de casi 2.000 euros? La solución que han encontrado no ha sido otra que construir un muro. Aseguran que las verjas y vallas actuales no son suficientes para atajar el problema y que la ley internacional sobre protección de buques les obliga a mantener el control sobre todas las personas que estén en los muelles.

Esto es lo que decía José Ramón y que yo comparto.

“Bilbao va a tener el dudoso honor de ser el escenario de la construcción de un oprobioso muro de cuatro metros de alto y de una aún indeterminada longitud. ¿Y para qué? No es para impedir la entrada de un ejército, ni para salvar la seguridad de las personas de alguna terrible amenaza. Es el proyecto del Puerto de Bilbao, en sus instalaciones de Santurtzi y Zierbena, para protegerse de los emigrantes, procedentes de Albania y Siria en su camino hace el Reino Unido, jóvenes que han recorrido penosamente miles de kilómetros y están dispuestos a dejarse la vida con tal de llegar a tierras británicas para reunirse con sus familias y tener alguna esperanza de futuro.

Contra este peligro mundial se va alzar ese nuevo muro de la vergüenza. Bilbao entra así en el catálogo de las ciudades con muro, como el que separará aún más a la América de Trump de México, que el presidente quiere que paguen los mejicanos. O como el de Ceuta con Marruecos. En tierras francesas, en Calais, el Reino Unido paga la construcción de un muro, también de cuatro metros de altura y de un kilómetro, a base de hormigón resbaladizo para evitar, como en el Puerto de Bilbao, el paso de emigrantes a tierras británicas. Para más inri, el paredón gigante estará adornado con flores y plantas, un poco para disimular el oprobio. En Alemania, que parecen no haber aprendido de su historia, se construye, en la ciudad de Munich, un muro, igualmente de cuatro metros para protegerse, dicen, de los huidos de Siria y otros países que ocupan a las afueras un campo de refugiados. Y más muros. El que se construye en la frontera de Ecuador con Perú, para salvarse del contrabando. Pero los muros no resuelven nada, acaso agravan los problemas de la gente. Es como la barrera que ponemos delante de las miserias para no verlas. Casi 2000 personas lo han intentado en Santurtzi. Casi ninguno lo ha conseguido.

En el caso del Puerto de Bilbao la cosa tiene su gracia. El muro de Calais lo pagan los británicos. El de Bilbao no, lo pagamos nosotros, que somos muy chulos, aunque sea para resolver un problema del Reino Unido, nuestro solo de paso. Los ingleses, que tienen una línea de ferris entre Bilbao y la ciudad de Portsmouth, con tres viajes semanales, han amenazado a las autoridades de nuestro Puerto de marcharse de Bilbao y recalar en Santander. Ah, pues muy bien. Que se vayan. Allí irán detrás, a Santander, los emigrantes a intentar subir a los camiones que cargan en los ferris en dirección al Reino Unido. Lo único que conseguirán es trasladar el problema de una ciudad a otra, pero no resolverán nada.”