¡Máquina!

A Google le damos las gracias por muchas cosas hasta que se mete en nuestro trabajo. Sí, es cierto que el periodismo se aprovecha de la inmensa base de datos del gigante buscador pero su intención de crear una agencia de noticias en la que serán robots los que elaboren los contenidos ya no nos hace tanta gracia.

La nueva agencia, a la que van a dedicar un presupuesto de 800.000 dólares, se llamará “reporteros, datos y robots”. Se estima que, cada día, estas máquinas podrían surtir a los medios de comunicación de nada más y nada menos que 30.000 historias. Cada día.

Afirman los googelianos que su intención es proveer de forma constante a pequeños sitios web que  por su falta de personal en las redacciones no tienen acceso a todas las noticias que se producen en su entorno. Ahí estarán entonces los robots, prestos y dispuestos a dar contenido local al momento.

Hay que agradecer (ironía) a Google que vaya a contar con cinco humanos que trabajarán como editores y que serán quienes escojan los temas sirviéndose de fuentes institucionales. El resto, la redacción y el envío, correrá a cargo de los robots.

El futuro se está haciendo presente.

Hoy, cuando he comentado esta noticia en la redacción de Onda Vasca, el primer comentario ha sido: “Oh noooooooooooo”. Sabíamos que tarde o temprano esto llegaría. Siempre hemos pensado que las máquinas no pueden sustituirnos como periodistas. Les falta esa relación personal con las fuentes que hace que tu forma de contar la noticia se distinga de la de los demás. Sin embargo, estos robots pueden ayudar a mejorar el alcance de sus historias a través de un mejor posicionamiento web. Aviados vamos.

La iniciativa ya está en marcha. Comenzará a implantarse el año que viene y, en principio, tendrá una duración de tres años. De cómo funcione dependerá su continuidad o no, pero mucho me temo que las empresas periodísticas no dejarán pasar la oportunidad de obtener información en cantidad, sea cual sea la calidad, de forma rápida y barata. La calidad, desgraciadamente, dejó de ser prioritaria hace tiempo.

 

 

¿Podrán los y las lectoras distinguir lo escrito por un humano o una máquina? En breve lo sabremos.

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No te dejes enredar

perioidsta

CEAR-Euskadi, la Comisión de Ayuda a las personas refugiadas, acaba de lanzar el vídeo de “Periodistas contra la Xenofobia” dentro de su campaña antirrumores “No te dejes enredar”.  

En esta ocasión, 27 periodistas del País Vasco nos hemos sumado a la campaña uniendo nuestras voces en contra de los discursos del odio, a favor de una convivencia intercultural y ofreciendo pautas para combatir este tipo de rumores xenófobos desde los medios de comunicación.

Este es el listado de las y los periodistas que hemos participado en la campaña “No Te Dejes Enredar”: Begoña Beristain, Estíbaliz Ruiz de Azua, Mikel Ayestarán, Ana Urrutia, Amaia Goikoetxea, Vanessa Sánchez, Iñaki López, Lolo Rico, Adela González, Reyes Prados, César Martín, Amaia Villanueva, Ainhoa Etxebeste, Julio Flor, Olatz Barriuso, Martxelo Otamendi, Beñat Zarrabeitia, Xabier Madariaga, Josean Izarra, Pilar Ruiz de Larrea, Eduardo Azumendi, Iñaki Iriondo, Amaia Cayero, Almudena Cacho, Iñaki Gabilondo y una persona refugiada periodista que permanece en el anonimato por motivos de seguridad.

Las y los periodistas participantes recomendamos a la ciudadanía diferentes pautas para no dejarse enredar y no contribuir a la propagación de rumores racistas y xenófobos sobre las personas refugiadas.

Estas son algunas de ellas:

– Hacer opinión desde la veracidad de los hechos, poniendo filtro a las informaciones falsas.
– No hacer caso a todo lo que se escucha o lee en internet o en las redes sociales.
– Apostar por la educación como arma de construcción masiva.
– No generalizar.
– Tener siempre presente el enfoque de los Derechos Humanos.
– Alimentar nuestro pensamiento crítico.
– No dejarnos poner una venda que nos haga personas ciegas a la realidad.

Los rumores sólo sirven para generar un clima de desconfianza y miedo entre las personas. Las personas refugiadas y migradas son parte de esta sociedad y es nuestra responsabilidad “no dejarnos enredar”. Así concluye el vídeo que se puede ver pinchando aquí.

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El culo del AS

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He escrito alguna vez que esto de denunciar actitudes sexistas, de estar alerta de lo qué se publica y cómo se publica es muy cansado, pero es que nos lo ponen a huevo. Es encender la tele o abrir un periódico y te dan las cosas al ojo. A veces, casi te lo saca de lo mucho que agrede.

Quienes ayer tuvieron la oportunidad de ver la contraportada del diario AS se dieron con esa imagen que encabeza este texto. No es que nos sorprenda porque cada día encontramos en esa página una imagen similar; la de una mujer semidesnuda que se publica con la intención de “alegrar” el ojo de quien mira y de aumentar la tirada de ejemplares.

No me gusta esa estrategia de venta, como no me gusta que los periódicos alcen la voz en contra de la explotación de mujeres y la desigualdad y, al mismo tiempo, publiquen varias páginas de anuncios de servicios de relax y prostitución. Poderoso caballero es don dinero, sin duda.

Pero es que hay veces que se cubren de gloria. Al lado de ese culo, porque la imagen reduce a esa mujer única y exclusivamente a eso, aparece un artículo de Iturralde Gonzalez titulado “Hay que alejar del deporte a los intolerantes, homófobos y machistas”. En el texto hace un repaso por distintas situaciones vividas por árbitros, hombres y mujeres, en los campos de fútbol a quienes se ha insultado o agredido bien por su condición de mujer o bien por su condición homosexual.

Es de aplaudir el artículo de Iturralde Gonzalez. Eso sí, no se cómo le habrá sentado ver su texto denunciando el machismo y la homofobia al lado de esa imagen que despoja a su protagonista de su condición de mujer para convertirla en una cosa.

O sobra la chica en esa página, como todos los días, o al artículo tendrían que haberle buscado otra ubicación.

Las servidumbres del periodismo

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Decía Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, que el periodismo es un oficio cruel. No le faltaba razón. Cada día nos enfrentamos a la difícil decisión de ejercer nuestra profesión tal y como la sentimos, es decir, con sentido ético, con humildad, coherencia, responsabilidad social, de forma objetiva y veraz y en libertad o de escuchar los rugidos de nuestro estómago y mirar las facturas que tenemos que pagar a fin de mes.

Que levante la mano el periodista que lea esto y no se haya sentido alguna vez, o a diario, presionado para hacer su labor de una u otra manera. Tenemos servidumbres, sí. Las interiorizamos tan rápido que a veces se nos olvida cual es nuestro papel, que no es otro que el de, como señalaba George Orwell, escribir lo que otros muchos no quieren leer. Añadía que todo lo demás son relaciones públicas. Tampoco a éste le faltaba razón.

Hace muy poco hablada de la profesión con Julia Navarro. Ahora es más conocida por sus novelas, pero durante muchos años, tantos como 40, ha ejercido de periodista. Me decía que cuando un periodista empieza a trabajar en un gabinete de prensa de una formación política o en una agencia de comunicación, algo muy en boga en los últimos años, deja de ser periodista porque ya no es libre sino que está al servicio de alguien o de algo. Le rebatía yo diciendo que también quienes trabajamos en un medio de comunicación estamos al servicio de los intereses de la empresa que nos paga. Incluso quienes ejercen la profesión por libre están sujetos a  la decisión de compra de su material por parte una u otra empresa y saben hasta donde pueden llegar y cuáles son las líneas que deben respetar.

Esta reflexión sobre el trabajo de periodista llega tras haber sido un compañero, Ignacio Escolar, despedido de la tertulia en la que colaboraba semanalmente en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER. Escolar es el director de eldirario.es, medio digital que ha publicado una información en la que se relaciona a la exmujer del presidente del grupo PRISA con los famosos papeles de Panamá.

Según el propio Escolar, la publicación de esa información es lo que le ha convertido en incompatible con la tertulia de ese grupo de comunicación. Así, en llano, que ha mordido la mano que le da de comer y se la han retirado. Asegura que fundó eldiario.es porque creía que era la mejor forma de ejercer su oficio con dignidad y con radical independencia, sin deber nada a nadie más que a sus lectores.

Ojalá todos pudiésemos ejercer el periodismo de esa manera. Y que quienes dicen que lo hacen, dijesen la verdad. Queremos contar de forma objetiva y libre. Es el fundamento de nuestra profesión. Lo hacemos en la medida de lo posible porque no contar, también es claudicar.

A Gabriel García Márquez el periodismo le parecía el oficio más bonito del mundo. A mí también, aunque cada día tenga que enfrentarme a dilemas éticos y, algunas veces, tragarme algunos sapos.

Me gusta esta reflexión de un periodista americano que analizaba así su trabajo:

“Si escribo un análisis en profundidad, es demasiado largo. Si lo hago condensado, es incompleto. Si tomo partido en una cuestión, tengo prejuicios. Si no, soy un cobarde. Si he pasado poco tiempo en mi puesto, carezco de experiencia. Si he pasado algún tiempo, ya es hora de cambiarme. Si no me paro a charlar (tengo que alcanzar el cierre, saben), soy demasiado grande para mis zapatos. Si me paro a charlar, no tengo mucho que hacer. Si pido consejo, soy un incompetente. Si no lo hago, soy un sabelotodo. Si cometo un error, oigo hablar de ello semanas enteras. Si no, nadie me dice nada. Si acepto una invitación social, soy un alcohólico. Si no lo acepto, soy un bicho raro e introvertido. Si cito mal su nombre, usted no lo olvidará nunca. Si lo cito bien, usted no leyó mi artículo”.

Gratis no trabajo

gratis

Hace unos días, mi compañero periodista Iñaki Benito colgaba en su muro de facebook un anuncio en el que se buscaban escritores de artículos sobre temáticas variadas (caballos, sofás, ventanas, pastelería, etc). Decían que necesitan una persona comprometida con los tiempos y con lo que redacte, que no haga corta-pega ni traducciones. Amenazan con comprobar que los artículos son originales y que, de no serlos, no se pagarán. Cada uno de ellos debe tener entre 300 y 350 palabras (estos post suelen tener entre 550 y 700, para que os hagáis una idea). Y ahora viene la broma: el precio de partida es de 0,80 céntimos de euro por pieza. Si, si 0,80 céntimos. Habéis leído bien. Aseguran que se necesitaran 3 o 4 artículos semanales, con lo que al mes se cobraran unos 12.80 euros.

La publicación de Iñaki, que para eso la colgó, recibió una catarata de comentarios hacia lo “empleadores”. Se les llamó de todo menos bonitos porque lo más fino que puede decirse de quienes minusvaloran de esa manera el trabajo de los que escriben es que son unos abusones, explotadores, usureros, vampiros, aprovechados y sanguijuelas. Restan valor al trabajo de quienes se han preparado para contar a los demás lo que pasa y para contárselo de forma creíble y seria, con calidad, con la intención de que quien lo lea pueda estar seguro de que lo que lee es exactamente lo que sucede.

No es la primera vez que vemos anuncios como estos. Se han publicado y se publican a todos los niveles de sinvergüencería. Desde los que piden “periodistas” a los que solo se les exige tener la ESO hasta los que te ofrecen al menos 3 meses de trabajo, sin cobrar, a la espera de saber si les gusta como escribes o no.

Casualidad, el mismo día que Iñaki publicaba a modo de denuncia ese anuncio, otro amigo periodista, Manu Moreno, escribía esto también en facebook:

“Una agencia me propone dar una formación a sus clientes, 2 horas, sobre uso avanzado de redes sociales. No hay remuneración, dado que es una oportunidad excepcional para ir haciéndome nombre. Me pregunto si ellos tampoco cobran a esos clientes, para ir haciéndose nombre. Me siento insultado, todo trabajo deber ser remunerado y más en un caso como este en el que ellos sí cobran. El nombre se lo hace uno con trabajo y con decencia, siendo coherente y fiel a unos principios. Hay mucho sinvergüenza”.

No quito ni una coma a lo dicho por Manu. El mundo se ha llenado de jetas que pretenden hacer negocio a tu costa con la cosa de que “te vas haciendo nombre”. No ha sido una, ni dos ni tres, las veces que me han pedido presentar un evento gratis. Y lo peor del caso es que te dicen: “a ti esto no te cuesta nada, ¿no?”, a lo que yo respondo: “es mi trabajo y me cuesta hacerlo tanto como a ti el tuyo”. ¡Pues claro que me cuesta¡. Invierto tiempo, esfuerzo, preparación, presencia, moderación en muchos casos, información, etc , etc, etc. Un trabajo en toda regla. Tengo por norma no cobrar en actos solidarios, pero jamás presentaré gratis o moderaré mesas redondas sin cobrar, cuando quienes organicen el acto vayan a sacar un beneficio económico.

Esto nos pasa mucho a las y los periodistas, pero también les pasa, por ejemplo, a los humoristas gráficos. Alguno me ha contado que no paran de pedirle “dibujitos” para este o aquel cartel. “Si total, tu lo haces en un momento”, les dicen. Pues no, no es un momento y tiene precio.

No creo que nadie vaya a la peluquería y pida que no le cobren por cortarle las puntas o que le diga al electricista que le cambie un enchufe “en un ratito que tenga y sin cobrar, que luego ya hablaré bien de ti para que te vayas haciendo nombre”. Y así infinidad de ejemplos.

Sé que estamos en tiempos difíciles y que nos hemos acostumbra al mal menor, es decir, mejor eso que nada, pero somos los propios profesionales los que debemos poner en valor lo que hacemos. Si trabajamos gratis nuestro trabajo no valdrá nada, cero, y no hay, a día de hoy, otra manera de valorar un curro que con dinero.

Este post tiene exactamente 755  palabras. Igual los que buscaban escritores de artículos a 0,80 piensan que con esa ridícula cantidad se cubre el tiempo que he empleado en pensarlo, escribirlo y publicarlo.

Gratis no trabajo. No.