Mirarse el ombligo

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Sí, hay veces que hay que mirarse el ombligo y no solo ser crítica con los demás. Así que hoy me propongo poner el ojo, más bien el oído, en frases que se escuchan en la radio del siglo XXI, la de los programas especializados, puristas, la de los podcast y la escucha a la carta. La radio digital, la radio en la que puedes participar de forma directa y activa, la radio con la misma esencia de hace más de cien años pero bien distinta.

¿Distinta? Según en qué.

Escuchar hoy una cuña publicitaria en la que se canta “no sufra usted, señora, se si estropea la lavadora. No sufra usted, señor, si se estropea el televisor” ,  chirría por todas partes. No se quién ha sido el creativo/a que ha escrito ese texto, pero lo que sí se es que la rima se le da bien pero lo de los roles masculino y femenino de antaño lo tiene bien marcado. Ella necesita su lavadora para no sufrir más de la cuenta con el trabajo doméstico; él, en cambio, necesita un televisor que le informe, forme y entretenga. Purita radio de los 50.

Los mensajes que escuchamos a través de la radio calan como la lluvia fina en nuestras mentes. Llegan a nuestros oídos varias veces al día y durante un periodo más o menos prolongado de tiempo. Esto hace que interioricemos el mensaje y terminemos dándolo por bueno. Y si el mensaje que se lanza es el que hemos visto aquí, será muy difícil que cambiemos actitudes y modifiquemos estereotipos.

Está en la mano y en la cabeza de quienes diseñan y escriben esos textos publicitarios hacer pedagogía a favor de la igualdad y en contra del sexismo.

Lo que me alegra es saber que personas jóvenes de las que escuchan la radio, que las hay, también se paran ante frases como las aquí escritas y se sorprenden de que se sigan lanzando mensajes de ese tipo en el siglo en el que estamos.

Esta vez ha tocado mirar hacia dentro, hacia mi propia casa. Quienes tenemos voz en los medios de comunicación tenemos la obligación de romper con esos roles y patrones si queremos avanzar hacia una sociedad más igualitaria.

A esa señora que sufre por su lavadora se le podía haber puesto a sufrir por la licuadora que le permite hacerse unos batidos estupendos después de hacer deporte, por ejemplo . Y a ese señor que sufre por su televisor, se le podía haber puesto en la mano un aspirador.

 

 

Viva la Radio

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Este sábado es el Día Mundial de la Radio. Yo siempre quise trabajar allí. Desde muy pequeña soñé con ponerme delante de un micrófono y contar historias. Cuando alguien me preguntaba eso de ¿tú qué vas a ser de mayor?, yo siempre respondía que iba a ser periodista y a trabajar en la radio.

Mi padre también trabajaba en una emisora de radio, así que desde bien niña tuve contacto con el medio. Los viernes íbamos a esperarle a la salida del trabajo y subíamos a la emisora. A mí  me parecía que entrábamos en otra dimensión. Saber qué lo que desde allí se estaba contando llegaba a miles de hogares era tan increíble que la lucecita roja de “on air” me dejaba hipnotizada.

Cuando, estudiando ya periodismo, me planteé buscar unas prácticas, solo lo hice en emisoras de radio. Y hubo suerte. Hice mis primeras prácticas en lo que entonces era Radio Cadena Española que al poco se fusionó con Radio Nacional. Tres meses para soñar  y aprender de los grandes, porque tuve la suerte de hacer mi primer programa con Sara Estevez y Paco Blanco. El “kiosko” se llamaba. Fue un master en toda regla. Aún hoy sigo haciendo las pautas de los programas como los hacia Sara.

Desde entonces hasta ahora no he dejado de trabajar en el radio. Y ya son años. Como unos 27, ¡madre mia!. En todos estos años he visto pasar a mucha gente por las redacciones y diría que solo quienes ya llegaban apasionados por la radio se han mantenido. La radio, como todo el periodismo, es un trabajo duro, uno de esos  que no te permiten desconectar. Hay veces que, estando de vacaciones, escucho un tema y pienso en lo mucho que me hubiera gustado hacerlo a mí. Escucho mucho a compañeros/as de Onda Vasca y de otras emisoras. De todo y de todos se aprende. Siempre hay quien te da una idea que después tu puedes adaptar o variar. O cosas que nunca harías, que de todo hay.

El fin de semana viene marcado por el Día de los Enamorados, pero no quiero pasar por alto este día tan especial para mi, el Día Mundial de la Radio,  y para todas aquellas personas que tienen dentro su veneno. No solo lo tienen quienes trabajan en el medio; lo tienen también  muchos oyentes a los que la radio les da la vida. Porque si algo es la radio es compañía. Informamos, entretenemos, contamos, pero sobre todo, acompañamos. Y espero que por muchos años.

¡Viva la radio!

Siempre la radio

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Parte de la plantilla de Onda Vasca

La tarde/noche de ayer volvió a ser la de los transistores. Supongo que muchos seguísteis las comparecencias de Patxi López, Albert Rivera o Pedro Sánchez después de que el Rey encomendase a éste último la tarea de formar gobierno. Ha pasado mucho tiempo desde aquel 20 de diciembre que dejó un mapa político inédito hasta ahora en España. Por fin hay alguien que tiene que iniciar las negociaciones para que alguien dirija el país. La ocasión merecía, como tantas otras veces, que nos pegásemos a la radio y siguiésemos las intervenciones en directo.

Los tiempos han cambiado y habrá muchos oyentes que han llegado a las distintas emisoras a través de internet o de aplicaciones móviles, pero el caso es que la tradicional radio ha vuelto a ser protagonista.

Cuando a alguien le preguntas por su relación con la radio siempre te remite a momentos históricos. Las cosas importantes se siguen a través de este medio. Ofrece inmediated y nos traslada directamente al escenario de los hechos. Una televisión no altera totalmente su programación para ofrecer las comparecencias, pero la radio sí. Tuvimos ayer la ocasión de escuchar las ruedas de prensa íntegras, preguntas de periodistas incluídas, y los análisis de especialistas simultáneamente. Eso es la radio. Voces, preguntas, respuestas, información.

A lo largo de la historia ha habido muchos momentos que nos han congregado en torno a la radio. Desde la famosa “Guerra de los mundos” que hizo creer que efectivamente los marcianos invadían la tierra, hasta la llegada del hombre a la luna, que se pudo escuchar por la radio mucho antes de verla en la televisión,  pasando por la invasión nazi en Francia, las bombas de Hirosima o los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Entre los más recientes destaca la noche del 23 de febrero de 1981, conocida como “la noche de los transistores”. El golpe de estado del comandante Antonio Tejero durante la sesión de votación para la investidura de Calvo Sotelo como presidente, fue uno de los momentos más destacados de la historia de la radio española. Sus emisiones fueron decisivas porque las comunicaciones se cortaron y solo se podía estar informado gracias a la radio.

Ni la televisión, ni internet ni las redes sociales han podido con la radio. Su cobertura potencial es del 95% de la población mundial y, como dice la ONU, es el canal idóneo para promover el acceso a la información y, por lo tanto, a una importante cota de libertad.  Y va más allá; la radio es una canalizador de emociones colectivas, es la aliada perfecta en situaciones de emergencia y , sobre todo, es un antídoto contra la soledad.

Anoche volví a pegarme a la radio. Nadie te cuenta mejor y más rápido lo que pasa y te presenta a los y las protagonistas.  Estamos ante un momento desconocido politicamente hasta ahora por estos lares. Y la radio ha estado ahí para contárnoslo.

¡Viva la radio¡

A mi sí que me la suda

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Alfonso Sánchez, ex director de Onda Madrid

Gracias a los compañeros de la Cadena SER hemos podido saber que al ahora destituido director de la emisora pública Onda Madrid, Alfonso Sánchez, “se la sudaba” el modelo de gestión de la cadena. Así, y asegurando que lo negaría en presencia de su abogado, Sánchez afirmaba literalmente : “el modelo de radio que tengamos que hacer con el dinero que nos den, me la suda”.

Duele escuchar declaraciones tan contundentes y desafortunadas, sobre todo cuando se es firme defensora de la necesidad de tener unos medios de comunicación públicos que cumplan con el objetivo para el que se crearon. Los medios públicos deben, además de informar con objetividad y veracidad y entretener, promover la propia cultura, la lengua, la realidad social y ofrecer un servicio público de proximidad. Si a quien dirige el medio todo esto “se la suda”, apaga y vámonos. Estamos tirando dinero.

Nada más y nada menos que 83.000 euros se llevaba al año Sánchez, 60.000 como retribución fija y 23.000 “por la especial calidad y cantidad de su trabajo”. Supongo que pocas personas de las que hoy lean esto tendrán una clausula de esas características en su contrato.

A pesar de que la mayoría de los medios tradicionales están perdiendo poco a poco relevancia a favor, sobre todo, del uso de internet, la radio mantiene el tipo y sigue siendo el medio más consumido a diario. La radio es compañía, cercanía, entretenimiento, información. La radio retrata la vida con palabras y con músicas, nunca para y da la posibilidad, más cada día, de interactuar de manera directa. Sitúa al oyente en el centro de su labor.

Y cuando la radio es pública tiene entre sus obligaciones satisfacer las demandas de información, cultura, educación y entretenimiento de la sociedad. Bien gestionada debe promover el pluralismo y garantizar el acceso al medio de todos los grupos sociales significativos.  Debe mostrarnos la realidad desde diversos puntos de vista y cumple con su cometido cuando contempla esas premisas. Tiene la obligación de mostrarnos todas las realidades y no solo una.

Todo esto es lo que debiera de saber quien gestiona una radio pública. O una televisión. O una agencia. Solo el desconocimiento de lo que uno se trae entre manos puede llevarle a decir que se la suda cómo se gestione el medio. “Como si tengo que cantar yo” decía el ya ex director de Onda Madrid.

Si hay algo que ha demostrado Sánchez con sus palabras es una falta de respeto absoluta, no solo hacia los trabajadores del medio sino a sus conciudadanos, aquellas personas que ponen su confianza en una emisora que creen plural, veraz, cercana y digna.

Alfonso Sanchez ha sido cesado. Y a mi me la suda.