Verdades que no lo son tanto

Como la mayoría de las personas usuarias de servicios de mensajería instantánea, yo también he recibido en los últimos días docenas de imágenes mostrando lo que supuestamente sucede en las calles de Cataluña. Digo lo de supuestamente porque tal y como están las redes acabaremos por no creernos nada.

Menos mal que siempre hay alguien dispuesto a desmontar historias que se dan por ciertas y a hacer periodismo del bueno. En La Vanguardia han publicado un interesantisimo reportaje sobre la postverdad y los bulos que circulan por las redes sociales. [Enlace roto.] para leer el reportaje.

Uno de los casos de manipulación más flagrantes ha sido el de la imagen de una mujer de edad avanzada que era retirada por agentes de la guardia civil en un colegio electoral. Posteriormente se publicó una imagen de la que parecía la misma mujer abrazada a Arnaldo Otegi. Ya estaba la relación hecha. Mal hecha mejor dicho, porque no se trataba de la misma persona. Incluso el alcalde de su localidad ha salido a explicar quién es quién.  Y como este, cientos de ejemplos.

Esto nos lleva, una vez más, a la necesidad de acudir siempre a fuentes fiables. Hablo de los medios de comunicación, especialmente aquellos en los que los y las  periodistas ejercen su trabajo con profesionalidad, contrastando y sin dejarse llevar por manipulaciones. Se que esto es complicado tal y como están posicionados los medios. Son los y las trabajadoras  quienes han de denunciarlas porque, efectivamente,  sus dirigentes no lo harán. Baste como ejemplo el parón que el pasado domingo efectuaron en la redacción de TVE dado el sesgo informativo con el que se estaba tratando la cuestión catalana. Lo protagonizaron los y las redactoras y merecen el mayor aplauso por ello.

Estamos acostumbrados a utilizar filtros para modificar las fotos que queremos publicar en las redes. Esos mismos filtros debemos utilizarlos para que no nos cuelen imágenes con las que solo se pretende generar confusión.

Que nos den gato por liebre. Ese es otro de los riesgos que corremos en estos días convulsos.

 

Las cloacas de las redes

Me conmovió el sábado por la tarde la noticia de la muerte de Iván Fandiño. Llegué a entrevistarle alguna vez en sus comienzos. La empatía que provoca ser de la misma tierra, que fuese el torero vasco, nos acerca al dolor que hoy pueden sentir sus familiares y amigos.

En el momento de conocer su fallecimiento, alguien que estaba conmigo apuntó a “riesgos laborales” como justificación de su muerte. Claro, estaba en el ejercicio de su profesión y, como cualquiera, estaba sometido a unos riesgos que a veces pueden llevarnos a la muerte. Y  a otra cosa.

Además de recordar aquella entrevista de sus comienzos, inmediatamente pensé en lo que iba a suceder en las redes sociales. Sí, la afición y los compañeros de Fandiño se volcaron con sus mensajes de apoyo al entorno del torero pero de inmediato surgieron quienes mostraron su alegría porque esta vez las tornas habían cambiado. Era el toro quien mataba al torero y no a la inversa.

“Pagan entradas para ver morir y ven morir. Siempre al toro, alguna vez al torero. La es digna de psicópatas. Muere

“Hermoso. Ojalá haya sufrido mucho esa mierda de persona. Deben morir todos los toreros y los espectadores de esa masacre”

“Pues que haya sufrido mucho ese hijo de cien mil putas y que arda en el infierno por matar tanto toro”

“Vaya, ha muerto un asesino, por lo visto llamado Iván Fandiño”

“Leo sobre un matador que acaba de fallecer en el hospital. Envío mis bendiciones al toro”

Etc, etc, etc.

Dejamos de lado si la tauromaquia es un arte o no, si el toreo con muerte del animal debiera revisarse o no y nos centramos en si las redes deben de convertirse en lo que se convierten cada vez que sucede algo similar a lo que le ha ocurrido a Fandiño, en cloaca. Todo lo bueno que tienen estos nuevos medios de comunicación y de comunicarse con el mundo se viene abajo cuando leemos mensajes como los que hemos apuntado aquí.

Poco tiene que ver eso con la libertad de expresión. No todo vale. No todo puede escribirse ni con tu nombre por delante ni escondido en un nick que, a priori, no se sabe con quien se identifica. Mi libertad de expresión termina en el momento en el que insulto y falto al respeto gravemente a otra persona.

Mientras no aprendamos esto, las redes, este valiosísimo invento, se convertirán en eso, en cloacas para desalmados.

 

Meter la pata

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Cuando ayer repasé lo que se decía en twitter y vi que el hashtag  #FelizDíaDelPeriodista se había convertido en trending toppic, me puse a pensar que este año yo ya había celebrado el día del periodista. El patrón de los periodistas es San Francisco de Sales y se conmemora el 24 de enero. Por cosas de las redes sociales y de la globalización, tuits lanzados desde Argentina llegaron hasta aquí y los tuiteros, especialmente los periodistas, se lanzaron a celebrar el día y a lanzar reivindicaciones periodísticas, que, por cierto, son muchas y muy urgentes. En Argentina, el día del periodista se celebra el 7 de junio por ser la fecha en la que se fundó la “Gazeta de Buenos Aires”, el primer periódico de la etapa independentista del país.

La verdad es que es muy poco periodístico ponerse a hacer retuit y a comentar cosas sin comprobar antes si, en efecto, celebramos algo o no. Pero que tire la primera piedra quien no ha metido la pata alguna vez. De lo que nos da una idea todo esto es del enorme poder que tienen las redes sociales. Un tuit lanzado desde cualquier parte del mundo tiene una capacidad de reproducción casi infinita. En este caso no tiene una importancia capital. ¿No celebramos Halloween?, pues de la misma manera podemos conmemorar aquí el día del periodista cuando lo que hacen a miles de kilómetros y podemos aprovechar para denunciar la situación de nuestra profesión y de sus profesionales. Que se hable de nuestro trabajo es bueno y, sobre todo, que quienes consumen información sepan de la importancia que tiene que le ofrezcan una información de calidad hecha por periodistas formados y con oficio para contar.

A mi lo del periodismo ciudadano no acaba de convencerme. Porque alguien cuente algo en una red social, no se convierte en periodista. Simplemente ha contado algo y quien recibe esa información debe acudir a los medios convencionales para saber si es cierto o no lo que lee. Los profesionales tienen las herramientas adecuadas (aunque la crisis, o las ganas de ganar más dinero con menos de las empresas, las ha mermado) para contar de manera fidedigna y eficaz.

Total, que si a los profesionales nos la cuelan y acabamos celebrando algo que no es, ¿qué pasará con todas las personas que presuponen que la información que les dan es cierta?. En muchas ocasiones hemos escuchado eso de “lo ha dicho la radio” o “lo pone en el periódico” como sinónimos de certeza. Ya vemos que no siempre es así. Hay que comprobar que las cosas que nos cuentan son ciertas y más si vienen de alguien que escribe en una red social y no es periodista. Como tal, me sería imposible hacer click en  “publicar” o en “tuietar” sin tener la constancia de que lo que escribo es real.

Recomendación: hagan ustedes lo mismo. Comprueben antes de retuitear o de compartir. La información es muy valiosa, siempre que sea verdadera.

Compañeros periodistas argentinos, #FELIZDIADELPERIODISTA