Siete millones de bombas

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Asis Haidar, Presidente de la Asociación de Víctimas de Minas Antipersonas

Aunque ahora estemos muy preocupados por la idea de Donal Trump de construir, más bien de continuar su construcción, un muro en la frontera con México, lo cierto es que en pleno corazón del desierto del Sáhara se encuentra uno de los muros más largos del planeta, el que divide al pueblo del Sáhara Occidental. Es una brecha cubierta por más de siete millones de minas anti-persona y se ha cobrado ya 6.000 víctimas desde su levantamiento por parte de las autoridades marroquíes.

Casi diez personas al día pierden la vida por culpa de las minas antipersonas y restos de municiones de conflictos, según datos de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona.

Pese a la firma por parte de 162 países del Tratado de Ottawa o la Convención sobre la prohibición de minas antipersonales, que entró en vigor en 1999, y a los avances que se han conseguido desde entonces para limpiar de minas el terreno de zonas de conflicto, todavía a día de hoy las minas son una realidad diaria para la población civil.

El viaje al Sáhara me ha servido para conocer más de cerca este problema además de para visitar ese muro que se edificó como consecuencia de la ocupación de Marruecos al Sáhara Occidental, la última colonia española en África pendiente de descolonización. En 1975 el pueblo saharaui sufrió el abandono de su metrópolis, España, que lejos de cumplir con las responsabilidades jurídicas que le exigía la ONU, repartió el territorio saharaui entre Marruecos y Mauritania. El Frente Polisario, Movimiento de Liberación Nacional Saharaui, reconocido por la Comunidad Internacional como el único y legítimo representante del pueblo saharaui, inició la Guerra de Independencia. Una guerra que provocó la rendición de Mauritania, y, más tarde, que Marruecos construyera, con la ayuda técnica de Israel y financiera de Arabia Saudí, el muro más largo del mundo.

He tenido la oportunidad de conocer a Asís Haidar, el Presidente de la Asociación Saharaui de Víctimas de minas antipersona. Perdió sus dos piernas y un brazo como consecuencia de la explosión de una de esas minas. Por cierto, España es uno de los principales suministradores de esas armas de guerra.  Asís se ha empeñado en mejorar las condiciones de vida de las víctimas entre las que hay mujeres, niños, ancianos, hombres… Para ello, y con la colaboración de organizaciones solidarias, ha creado el “Proyecto Cabras”. Estos animales son muy valiosos en el desierto. En este vídeo explica perfectamente cómo fue su “accidente” y en que consiste la iniciativa.

La contradicción saharaui

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Campo de refugiados de Smara. Foto de Xavi Maltas

Último capítulo de la aventura saharaui, hoy centrada en la sensación que yo me he traído tras una semana en el campo de refugiados de Smara.

Lo cierto es que las impresiones son contradictorias. Por una parte he aprendido mucho de la historia de este pueblo, de su expulsión, de su guerra, de su espera a la celebración de un referendum que les devuelva a su tierra. Por otro lado he visto a un pueblo resignado y cada vez más acomodado en un territorio inhóspito pero que están convirtiendo en su casa. Los miles y miles de saharauis nacidos en los campos van teniendo cada vez una visión más lejana de su verdadera tierra.

Podríamos agrupar en tres los diferentes posicionamientos ante la situación en la que viven. Los mayores están convencidos de que ha sido Alá quien les ha puesto ahí y que será él el encargado de sacarles, si es que salen. Resignados. Hay grupos de jóvenes dentro del moviento Sáhara Libre que siguen reivindicando su tierra y que estarían incluso dispuestos a empuñar las armas por lograrlo pero encuentran reticencias incluso dentro de su pueblo. Y después están los acomodados, los que han encontrado en esta situación una manera de vivir más o menos bien y de hacer dinero con el conflicto.

De hecho, las diferencias sociales entre las distintas familias es cada vez más evidente. Hay quien vive en la más absoluta pobreza y depende exclusivamente de la ayuda externa y hay quien tiene en su casa instalado hasta el wifi. Hay familias en las que los electrodomésticos son de uso más o menos normal y hay quienes sueñan con tener una rudimentaria lavadora.

Ha servido también este viaje para reflexionar sobre la ayuda que desde aquí prestamos al pueblo saharaui. Creo que la enviamos pensando más en nosotros que en ellos. Y la enviamos pero no la controlamos. Personas que llevan muchos años trabajando en el terreno me han contado cómo parte de los alimentos que enviamos se diluyen en manos intermedias, algunos acaban siendo vendidos en las tiendas del mercado porque los saharauis no los tienen entre sus necesidades y otra parte sí, llega a las familias.

Invertimos dinero en crear centros en los que una familia saharaui nunca ha pensado, como por ejemplo una residencia de ancianos. No está dentro de su cultura ingresar a las personas mayores en un centro cuando envejecen. De hecho, una vez construido uno con financiación de un ayuntamiento vasco, costó Dios y ayuda poder acercar allí a varias personas de edad para poder hacer una foto que demostrase su utilidad.

Algo no estamos haciendo bien. Mostramos nuestro lado más solidario, intentamos ayudarles pero no canalizamos bien esa ayuda. Está bien que les demos peces pero nuestra obligación es ayudarles a pescar. Y digo ayudarles y no enseñarles, porque ellos ya tienen su propia forma de hacer las cosas.

Volvemos con sensaciones contradictorias. Ahora las jaimas tienen electricidad y se rumorea que enseguida el gobierno argelino les instalará el agua corriente. La sensación de provisionalidad se va agotando, el pueblo se va asentando y el temor generalizado es que la zona acabe siendo una provincia más de Argelia.

Es un tema complejo. Todas las personas con las que he hablado estos días coincidían en la necesidad de seguir ayudando pero , eso sí, redirigir la cooperación hacia sus verdaderas necesidades.

La resignación no puede ser la solución aunque cada vez es más difícil pelear contra quien te está poniendo la vida más fácil para mantenerte callado y acomodado.

 

 

Sáhara, capítulo 4. Suplementación

Dentro de esta serie de posts en los que voy contando diversos aspectos de la preparación de la Maratón del Sáhara, hoy vamos con un aspecto tan importante cómo la suplementación.

El desgaste que supone una maratón es grande. Por mucho que lleves una alimentación sana y adecuada, necesitas un plus que te aporte más energía y te mantenga llenos los depósitos de vitaminas, minerales y nutrientes.

Así que os muestro cómo es mi suplementación diaria. No es tanto lío como parece. Se trata de coger el hábito y en un minuto lo tienes todo preparado.

Hay mucha confusión con los suplementos. Al contrario de las opiniones que  la equiparan a sustancias que mejoran tu rendimiento, la suplementación hace que tu cuerpo esté más preparado para afrontar el entrenamiento necesario para preparar una carrera tan dura como la maratón. Nada más. No vamos a correr más rápido por tomarla pero nuestro cuerpo asimilará y resistirá mejor esos entrenamientos.

La semana que viene llegará el capítulo dedicado al entrenamiento.

¡Espero que el vídeo os parezca interesante!

https://youtu.be/GP1rRNZN568

Un empujón más

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Sólo nos falta vender 16 camisetas para poder fabricar un segundo lote cuya recaudación  se convertirá en medicinas que llevaremos a la Farmacia Central de los campamentos de refugiados del Sáhara.

Las camisetas se hacen en un portal que acoge causas solidarias y requiere un pedido mínimo para poder hacer nuevas ediciones. Pues eso, estamos a falta de que compreis 16 camisetas nada más para poder llevar otras tantas cajas de medicinas allá donde se necesitan.

Os dejo el enlace a través del cual podéis gestionar la compra. Hacerlo supondrá colaborar con una iniciativa que puede suavizar las duras condiciones de vida en las que se vive en un campamento de refugiados. Hay muchos niños y niñas que necesitan tratamientos y, como el conflicto lleva abierto 40 años, empieza a haber personas mayores que tienen los mismo problemas de salud que aquí pero sin la infraestructura ni los medios adecuados para tratarlos.

Son 10 euros a cambio de una camiseta técnica de gran calidad y del agradecimiento infinito de quienes apenas tienen nada. Si tú, como dice el texto de la camiseta en euskera y castellano, también eres de los y las que corren para ser libres, ayúdanos.

¡Echadnos una manita con ese último empujón!

Este es el enlace:

https://www.crowdence.com/tecnica-sahara-marathon-2017

Habemus reto: Sáhara Maratón

niños

El 27 de febrero de 2017 se celebrará la decimoséptima edición del Sáhara Maratón. Es un evento deportivo internacional de solidaridad con el pueblo saharaui organizado por la Secretaría de Estado del Deporte del Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática con la ayuda de voluntarios/as de diferentes nacionalidades.

El objetivo de este evento es doble: fomentar la práctica deportiva entre los y las jóvenes saharauis y financiar proyectos de ayuda humanitaria.

Desde Euskadi, la organización Ferroviarios Vascos Sin Fronteras-Euskal Trenbideetako Langileak Mugarik Gabe promueve la participación en esta maratón al tiempo que lidera una recogida de fondos para comprar medicinas y llevarlas a los campamentos de refugiados saharauis.  

El verano pasado Mansur, Bachir, Sidati, Mahfud, Mohamed, Aichatu, Meka y Kabara, ocho niñas y niños que viven en esos campos, me visitaron en mi casa durante su estancia veraniega en Euskadi. Esta es otra de las iniciativas que desarrollan los y las ferroviarias, traer a menores durante un par de meses para que puedan disfrutar de un entorno diferente. En aquella visita, una de las cosas que más les llamó la atención fue saber que corro maratones. La cara de sorpresa que pusieron cuando se lo conté y los enormes ojos abiertos al máximo cuando vieron las medallas fueron increíbles. Más aún les sorprendió el asunto siendo una mujer la que se ha ganado esos metales con su esfuerzo y su trabajo.

Fue entonces cuando se fraguó el reto que ahora presento. Txus Martín, conductor de Metro Bilbao y uno de los miembros más activos de Ferroviarios Vascos Sin Fronteras-Euskal Trenbideetako Langileak Mugarik Gabe, me propuso correr como voluntaria la maratón del Sáhara y trabajar en la recogida de fondos para llevar medicamentos a los campos de refugiados. Las miradas de aquellos niños y niñas y la posibilidad de echar una mano a gente que lleva más de 40 años abandonada a su suerte en el desierto hicieron el resto. Dije que sí, claro. No iré sola. Correrá conmigo Santi Salazar Baeta. Y nos acompañará durante toda la semana que pasaremos en los campos Borja Bizkargüenaga, un gran conocedor de la causa saharaui. Todo esta en marcha ya. Incluso sabemos que nos acogerá en su jaima la familia de Aichatu Bouba, una niña que viene cada verano a Euskadi.

Según estima la ONU, entre 90.000 y 125.000 personas viven en los campamentos. Llegaron ahí en 1975 huyendo de la represión marroquí.  Aún hoy siguen teniendo una alta dependencia de la ayuda humanitaria internacional. Hay ya personas de tercera generación nacidas en los campamentos. Es un problema importante este. Primero porque delata el nulo interés de la comunidad internacional en resolver este problema, y segundo, porque la larguísima duración de la situación anómala de vivir como refugiado, y sin tierra, tiende a normalizarla para quienes nacen ahí. Y no. Los campamentos de refugiados no pueden ser la tierra de nadie ni pueden perpetuarse en el tiempo hasta convertirse en tal.

Así que me encuentro ante el reto de conseguir la máxima cantidad de dinero posible para que FarmaMundi, la ONG del medicamento, nos prepare las medicinas que se necesitan en esos campos de refugiados y llevarlos hasta allá. La misión de esta ONG es contribuir a asegurar que la salud sea un derecho universal para las poblaciones más vulnerables de los países empobrecidos mediante acciones de cooperación que favorezcan procesos de desarrollo sostenible,  campañas de  educación para el desarrollo e incidencia, con énfasis en el acceso a medicamentos esenciales y a través de la distribución profesional de medicamentos, materiales y equipos sanitarios, todo ello, procurando la implicación solidaria de su entorno social.

Os iré contando la forma de colaborar. Podréis comprar nuestras camisetas, el calendario solidario 2017 ( ya a la venta en la librería Guimera de San Ignacio en Bilbao) y hacer aportaciones en el número de cuenta que aparece en la imagen. Si le dais a “me gusta” a esta página en facebook podréis seguir la aventuras y desventuras del reto.

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