El toro es historia

Recuerdo el momento en el que se prohibió fumar en los medios de transporte, después en los locales de hostelería, en los centros de trabajo, etc.  Muchos pensaban que era una medida de cara a la galería que nunca llegaría a cumplirse, que los y las fumadoras se la saltarían a la torera y que a pesar del anuncio de fuertes multas todo seguiría más o menos como antes de la entrada en vigor de la ley.

Pasado el tiempo vemos que la medida ha sido muy efectiva, que la hemos respetado y que han sido muchos los fumadores y fumadoras que han abandonado el hábito. Algo habrá influido la Ley en su decisión, digo yo.

Ayer se celebró una nueva edición del Toro de la Vega en Tordesillas. No tuvo nada que ver con lo visto hasta la fecha en la localidad vallisoletana. Ahora se ha convertido en una suelta de astado sin muerte por parte del público, afortunadamente. Recordareis la prohibición el año pasado de ese polémico acto que, por cierto, se ha convertido en uno de los mayores hitos en la historia de la lucha en contra del maltrato animal en España.

Ayer, no hubo asociaciones antitaurinas en Tordesillas y la asistencia al evento fue mucho menor de la habitual. Es ya el segundo año en el que no se lacera al toro y parece ser que esto desmotiva al público que habitualmente acudía al festejo.

Sí ha habido manifiesto. Antes del inicio del festejo se ha escuchado a través de los altavoces del recorrido. Reclamaba el derecho de los aficionados y de los vecinos de Tordesillas a disfrutar del Toro de la Vega en su formato tradicional, con lanceros de a pie y a caballo. La proclama animaba a los vecinos y aficionados a defender el Toro de la Vega en su formato histórico por tratarse de la “tradición viva de un pueblo” y de un ritual que constituye un “pilar clave de la antigua tauromaquia, y lamentado el desamparo en que a su juicio ha quedado la población de Tordesillas.

Son las últimas proclamas. La prohibición ha llegado para quedarse. Lo recordarán como ahora recordamos esto de “¿y cuando se fumaba en los aviones?”. Historia, como el festejo con muerte de Tordesillas.

 

Matar a Rompe Suelas

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“Rompe Suelas” es un toro de casi seis años, pesa 640 kilos y está marcado con el número 114 por la ganadería pacense de Herederos de Excelentísimo Señor Conde de la Corte. En el momento de escribir este post, al animal de pelaje negro bragado meano, le quedan escasamente dos horas de vida porque, él no lo sabe, pero está condenado a muerte. A las 11 de la mañana cruzará el puente medieval que sobrevuela el Duero en Tordesillas y llegará al mal llamado “Campo del Honor” donde personas armadas, tanto a caballo como a pie, le lancearán hasta la muerte.

Los y las tordesillanas que defienden esta matanza se acogen a la tradición  para justificar su continuidad, pero cada vez son más las voces que se alzan en contra de semenjante espectáculo. No solo los partidos animalistas y las organizaciones defensoras de los animales se muestran contrarias, sino que el grito que pide su abolición se ha convertido en casi unánime.

Entiendo que a muchas personas les es difícil empatizar con sus semenjantes como para ponerse en la piel de un animal que, es su opinión, ni siente ni padece. He escuchado a una veterinaria asegurar que “los animales aún no hablan así que no pueden decirnos si sufren o no”. Decía que el toro siente dolor pero que no se puede asegurar su sufrimiento. Intentar separar los términos dolor y sufrimiento es, en este caso, un juego perverso.

Otros veterinarios, como los de la Asociación de Abolicionistas de la Tauromaquia, aseguran en su informe “El toro de la Vega sí sufre” que Rompe Suelas comenzará a sentir angustia, miedo y estrés desde el mimo momento que sea separado de su manada y que esos sentimientos se agudizarán con las condiciones del transporte, a oscuras, sin ser alimentado y sin acceso al agua. Una vez que sea liberado de su encierro se le exigirá un alto ejercicio físico que le provocará acidosis metabólica, un marcador de sufrimiento en bóvidos. Por último, el toro morirá como consecuencia de las heridas que le provocarán las lanzas y la puntilla final, método prohibido en todos los mataderos de la UE por considerarse un método cruel.

En los carteles que anuncian un año más este espectáculo, lo califican de “tradicional, famoso y único”. A mí el término “tradición” se me antoja positivo y una costumbre que tiene como fin matar a un animal tiene poco de esto;  como apunta la RAE, la tradición es el conjunto de ideas usos y costumbres que se comunican, se transmiten o se mantienen de generación y generación. En ningún sitio se apunta que sea inamovible y si una tradición atenta contra la vida de otro ser debería erradicarse sin paliativos.  Famoso si que lo es; de hecho, hoy la imagen de personas armadas con lanzas lacerando a un toro hasta darle muerte darán la vuelta al mundo. Otra vez los informativos de aquí y de allá contarán que “ en el pueblo español de Tordesillas se ha perseguido , lacerado y agredido a un toro que finalmente ha sido matado de un puntillazo”.  Afortunadamente sí que es un espectáculo único, como dicen en el cartel, porque con uno en el planeta, sobra.

Más de 150 guardias civiles ocuparán hoy las calles de Tordesillas para evitar incidentes entre los pro asesinato de Rompe Suelas y los contrarios. Hoy todos tenemos una opinión sobre el toro de la Vega y debemos mantenerla si o si. Pedro Sanchez, el secretario general del PSOE, asegura que se avergüenza de ese espectáculo. Se ha comprometido a prohibirlo si gobierna, pero no basta con no apoyar actos crueles. A los políticos se les exigen acciones y no solo palabras. El alcalde de Tordesillas también es del PSOE.