La violación y la mantequilla

“No quería que fingiese la humillación, quería que la sintiese”, son las palabras de Bernardo Bertolucci para describir cuál era su verdadera intención cuando rodó la famosa escena de sexo anal de El último tango en París. Haciendo esa afirmación dejaba claro que María Schneider, la actriz, era para él un simple objeto que utilizar para alimentar su ego de cineasta “conchaveando” al mismo tiempo con Marlon Brando para no decirle nada a la actriz y perpetrar la violación.

cartel ultimo tango

He sido, lo digo en pasado porque ahora me cuesta afirmarlo, una gran devota de Bertolucci, de su Novecento, El último emperador y El cielo protector. Pero la verdad es que nunca me gustó El último tango; desde que la vi me pareció tremendamente violenta y la escena famosa de la mantequilla que tantas colas generó al otro lado de la frontera, ya desde el principio me pareció brutal. Todo ese rollo de nos conocemos y follamos sin decir los nombres en un piso vacío (quién no ha imitado lo del piso vacío en algún momento) me parecía sobrevalorado. Pero es que entonces allá por finales de los setenta y principios de los ochenta decir que aquello no te iba, sobre todo con las críticas tan sesudas que tuvo la peli, era de “estrechas”. Yo sinceramente, pude entender la atracción sexual incontenible que surgía entre Brando y Schneider (a quién no le ha pasado eso alguna vez) pero la escenificación no fue de mi gusto.

brando ultimo tango

Ahora, estas afirmaciones de pura y genuina violencia machista por parte del admirado Bertolucci, se convierten en una declaración de principios de un agresor sexual que debiera pagar por lo que hizo (Brando falleció en 2004). Es más doloroso aún, que el propio Bertolucci reconozca que ahora esto sería inaceptable pero que “entonces eran otros tiempos”. Sí, los tiempos de El Caso, donde los asesinatos a mujeres eran simples crímenes pasionales y tiempos en los que miles de mujeres maltratadas y vejadas tenían que quedarse en casa encerradas a cal y canto, muertas de vergüenza y de miedo. Y en silencio (como María Schneider) porque si iban a la policía se burlaban de ellas y si se lo contaban a alguien las consideraban culpables, condenándolas a una eterna incomprensión.

Sí Sr. Bertolucci, otros tiempos en los que usted y su amigo Marlon Brando pusieron por encima de una mujer sus superegos, y confundieron lo que debiera haber sido una ficción, con la humillación y vejación, haciendo realidad una escena de violación con mantequilla incluida (porque así seguramente hacían realidad alguna de sus fantasías sexuales) sin que la actriz lo consintiera. María Schneider que rodó esta película cuando tenía 19 años (Brando 48) lo denunció hace años, pero nadie la creyó. Como tantas mujeres que denuncian día a día su situación y se las pone en tela de juicio.

Maria el último tango

Hay veces que la perversidad machista llega a límites insospechados cuando se trata de hacer daño a las mujeres por eso mismo, porque son mujeres. Pero para algunos, de toda clase y condición, serlo significa poder cosificarlas y hacer con ellas lo que quieran. Hasta matarlas.  Yo desde luego, ya hacía pasar a muchos de los que así las consideran por la humillación a la que a menudo son sometidas. Con mantequilla… o mejor sin ella. #ErasorikEzErantzunikGabe

Publicado por

Carmen Muñoz

Feminista. En transición.

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